Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y !DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y ¡DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Patrocinadores

 

Ayuntamiento de Salamanca

Setel Grupo

Aljomar

Colaboradores destacados

 

Colegio San Estanislao de Kostka (Jesuitas)

Mirat

Última noticia

 

Fallo XIII Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina"

Fallo XIII Concurso de Carteles

El jurado del XIII Concurso de Carteles "La San Silvestre Salmantina", ha decidido otorgar el premio a ANTONIO PONTI IBARS (LLEIDA), por el cartel titulado: "A dos metros de ti".&n...

Microrrelatos presentados al VII Concurso "San Silvestre Salmantina"

 

# 318 Belén Corcuera Botana

 

Recuerda

Desde que ella hab√≠a muerto, cada d√≠a le costaba un poco menos salir de la cama. Pero esa ma√Īana necesit√≥ hacer acopio de todas sus fuerzas para conseguirlo. Sab√≠a que aquel d√≠a la iba a echar especialmente de menos. Era ella quien le animaba a apuntarse a estos jaleos. √Čl siempre fue m√°s de quedarse en casa. Por su mente, como cada a√Īo, volvi√≥ a pasar la idea de no ir a la carrera. Demasiados recuerdos. Le dol√≠a imaginarse llegando a la l√≠nea de meta, sinti√©ndose tan solo entre tanta gente. Pero ten√≠a que hacerlo. Por ella, por su memoria, por el amor que durante tantos a√Īos les hab√≠a unido. Pero sobre todo por √©l mismo. Al o√≠r el pistoletazo de salida se repiti√≥ lo √ļltimo que su mujer le hab√≠a dicho: ‚Äúrecuerda que t√ļ sigues vivo‚ÄĚ.

# 317 Rene Wilfredo Rivera

 

Hercules el Salmantino

Javier no fue a la cita semanal que ten√≠a con sus amigos. Resulta que los √ļltimos 389 d√≠as Javier despertaba con la imagen de que √©l era h√©rcules y deb√≠a atravesar el rio sin cruzar por el ‚ÄúRomano ‚Äú Pens√≥ en repetidas ocasiones que se estaba enloqueciendo pero se calmaba pensando en la interpretaci√≥n que Francisco le hab√≠a dado a sus sue√Īos, √©l siempre le dec√≠a que eso era un gran augurio para la salmantina. Javier era amante del deporte pero la verdad nunca se interes√≥ en la carrera y ante la insistencia de francisco decidi√≥ participar. Llego la fecha esperada y esa ma√Īana Javier lucia orgullosamente en su dorsal el numero 7777 tal vez por ser el √ļltimo en inscribirse o como dec√≠a ‚ÄúH√©rcules‚ÄĚ (Javier): ‚Äúsi atraves√© el Tormes, lograre la meta‚ÄĚ y se le escucho este grito de batalla: ‚Äúa por ellos‚ÄĚ

# 316 M.Carme Marí Vila

 

Una San Silvestre m√°s

Estoy listo para la carrera. Como dec√≠a mi abuelo, todo debe estar a punto. √Čl me explicaba historias de su infancia en el pueblo, donde hacer deporte consist√≠a en correr por los campos con los otros muchachos. S√© de los agujeros en los zapatos que heredaba de sus hermanos, de c√≥mo su madre le zurc√≠a los pantalones y de la fuerza que se daban entre todos para sobrellevar la dura vida de entonces con cuatro perras. Ahora, yo lo tengo todo preparado: las zapatillas, la ropa y, este a√Īo, me faltan los √°nimos del abuelo antes de la salida. Pero en cuanto cruce la meta, levantar√© mis ojos hacia el cielo para brindarle mi esfuerzo.

# 315 Pruden R. Sastre

 

Ojos verdes

Not√© como unas manos firmes me ayudaban a levantarme, tras mi ca√≠da al pasar por el Toscano. Llov√≠a y la carrera se complicaba. Me gir√© para dar las gracias y solo pude ver unos ojos verdes, los tuyos. No me sal√≠an las palabras. Empec√© a correr de nuevo. Tus ojos, ahora, eran mi meta y tu sonrisa, el camino. El a√Īo siguiente volvimos a coincidir, esta vez en el Puente Romano. Necesitabas unos cordones y yo te prest√© los que llevaba de repuesto, ¬Ņte acuerdas? Tu sonrisa al reencontrarnos fue... ¬°uff! ¬°c√≥mo olvidarla! Y esos ojos verdes... ni te cuento. El s√°bado te pregunt√© por qu√© llevabas esos cordones de color rosa chicle. Destacan un mont√≥n. Son horribles. ‚ÄĒLos llevo conmigo desde que te conoc√≠: unen nuestros corazones ‚ÄĒ me susurraste, cogi√©ndome de la mano. Era nuestra boda y, aquellos ojos verdes, nos miraban sin pesta√Īear... son los de nuestra ni√Īa.

# 314 Leyre Murugarren Romero

 

A la carrera

-Cari, no hagas esto. ¬°No has corrido m√°s de 100 metros en tu vida!- repite Daniel. -Ser√°s plasta... he dicho que voy a la carrera y punto- le replica Irene con altivez. La linea de salida de la ruta Senior. Los corredores con la dorsal con fondo azul salen ala vez. Irene tiene problemas para seguir el ritmo. El resto de corredores oyen v√≠tores de apoyo, pero ella, a medida que avanza su ritmo card√≠aco, escucha las voces en su cabeza. ‚Äú¬ŅVas a estudiar arte, en serio?‚ÄĚ, apenas puede levantar las rodillas, ‚Äú¬Ņtodav√≠a sigues cobrando 500 euros?‚ÄĚ, la boca tiene un gusto extra√Īo, ‚Äú¬Ņpor qu√© no haces algo con tu vida?‚ÄĚ, el flato es cada vez m√°s intenso, ‚Äú¬Ņpor qu√© no tienes agallas?‚ÄĚ. Tres horas m√°s tarde, regresa al Paseo de San Antonio. -¬°Has conseguido acabar la carrera! -Sabes... creo que voy a mandar al jefe a la mierda...

# 313 Antonio Pe√Īa P√©rez

 

Ritual

Entusiasmado se√Īal√≥ en el calendario que al despertar ser√≠a. Nervioso se despert√≥ y se prepar√≥ para el gran d√≠a. Tom√≥ la ropa que dej√≥ lista antes de dormir y como si de un ritual perfecto se tratara, primero se puso el pantal√≥n, despu√©s visti√≥ su camiseta y cogi√≥ una sudadera por si refrescaba. Sigui√≥ con los calcetines y deportivas que le regal√≥ su abuela hac√≠a apenas un par de semanas por su cumplea√Īos. Tomaron un desayuno no muy copioso, un zumo de naranja y agarr√≥ la botella de agua que llevar√≠a consigo. Lleg√≥ el momento, estaba listo para salir hacia el lugar de partida. Finalmente el reloj marc√≥ la hora de salida. Por delante los momentos m√°s emocionantes para animar y acompa√Īar a pap√° en su siguiente "San Silvestre Salmantina". Por la noche, un sue√Īo. Cuando √©l repita otro ritual; el que su padre realiz√≥ por la ma√Īana.

# 312 Nuria Grau

 

De todo corazón

Desde la operaci√≥n Julio bajaba a las carreras que pasaban cerca de casa para ayudar. Unos a√Īos de voluntario en puntos de abituallamiento, otros animaba e incluso una vez se atrevi√≥ hacer de speaker. En cada carrera la ve√≠a. Siempre igual. Ella pasaba, sonre√≠a y se desped√≠a con la mano. Al principio dud√≥ cual ser√≠a el prop√≥sito. Esta vez estaba decidido, la vi√≥ estirando y se acerc√≥. -Perdona,quiero saber porque siempre que me ves me saludas y sonries. -No lo sabes... Julio se ruboriz√≥. -No. D√≠melo tu. - le dijo. -Tienes un gran coraz√≥n. -Vaya... No era lo que esperaba oir. El caso que tampoco es para tanto, por ayudar un poco... -¬ŅTe pasa desde que te operaron verdad?. -¬ŅC√≥mo lo sabes? -Mi padre... era un gran atleta. Son√≥ el pistoletazo de salida y la perdi√≥.

# 311 Juan Rafael √Čvora Ramirez

 

Cena de 12 adultos, 5 ni√Īos y 1 perro

Nunca me hab√≠a parado a pensar el n√ļmero de pisadas que son necesarias para terminar una carrera como esta. 1...2...15‚Ķm√°s de 100 pasos solo para recorrer este trozo de calle. Algunos dan pasos cortos semicirculares, mientras otros, me saltan de una zancada. ‚ÄĒ ¬°Miguel! ¬ŅQu√© haces ah√≠? - me pregunt√≥ mi hermano sofocado. ‚ÄĒ ¬°Buscar una nueva perspectiva! - me toc√≥ ironizar - ¬ŅT√ļ que crees? Llevamos cinco meses preparando la carrera. Cinco meses buscando la postura perfecta para lucir nuestros disfraces de superh√©roes en la meta. Que est√° muy bien hasta que te pisa un 45 la capa y vuelas de verdad. ¬°Y no hab√≠amos entrenado el aterrizaje! ‚ÄĒ ¬ŅQuieres que nos retiremos? - pregunt√≥ recuperando el aliento apoyado en sus rodillas. ‚ÄĒ ¬ŅY que nuestras hermanas se salgan con la suya? - Pregunt√© mientras me colocaba r√°pido la capa - ¬°Este a√Īo no fregamos nosotros!. ¬°Corre Batman!

# 310 Isabel Maria Rosa Nieto

 

La meta est√° donde t√ļ quieres que est√©.

Llego el día, se decidió. Seria, excitante...soy valiente-se dijo-. Un aplauso al unísono le devolvió la sonrisa. Su zona de confort se rindió ante el nivel de adrenalina. Demoró la salida unos segundos, con ritmo lento se abrió paso entre el tumulto, debía conseguir buena marca, era necesario. Y corrió, corrió bajo la lluvia sin mojarse por el paseo del Rollo. Conocía el final y sabía que ganaría la carrera más corta de su vida, su marcador en la superficie de glóbulos rojos marcó la meta, la unidad itinerante la esperaba para poder seguir la carrera de emergencia.

# 309 Greisy Patricia García Ballesteros

 

Corriendo como mariposa

Mi madre de una mano y mi hermana de la otra y juntas sal√≠an corriendo conmigo. Yo ten√≠a dos a√Īos y no quer√≠a caminar. Y aprend√≠ a correr. Hace poco hi hijo me dijo: -mam√° porque caminas tan r√°pido, apenas te llevo el paso-. Y le cont√© que su abuela desde muy peque√Īa me dec√≠a: ‚Äúconquista siempre tus sue√Īos, nunca descanses‚Ķ‚ÄĚ El ni√Īo me miro con ojos dudosos y permaneci√≥ en silencio esperando que le resolviera su interrogante. Yo, ya hab√≠a terminado. Luego a√Īadi√≥: - ¬Ņy, entonces?- . Cuando era la hora de dormir le dije, recuerdo tambi√©n que fue tu abuela, por supuesto, la que me ense√Īo cada noche la oraci√≥n del √°ngel de la guarda y que Dios bendiga siempre la cama donde nos vamos a acostar. Y ya es hora de dormir. Ma√Īana debo correr. Tengo una competencia. T√ļ amor, eres mi motivaci√≥n.

# 308 Juancho Plaza Gómez

 

Horizontes

Que no tenga alas no le impide ser un ángel. Hace frío y sin embargo rechaza la mano de su madre. El abrazo. Allí tan rodeada, tan próxima a gente ajena, se siente más incluida que nunca. Salta con sus pies algo torcidos. Calienta. Ya es de noche y hiere el viento de diciembre. Llaman su atención tantos colores. Los cortavientos, las zapatillas, las camisetas tan chillonas; parecen armaduras de neón. Muchos corredores se acercan por fin a la línea de salida, los que pueden, porque los más veteranos, los que están más en forma, los que quieren mejorar su marca personal, acaparan las mejores posiciones. Ella también tiene su reto, acabar los diez kilómetros, y cuando suena el pistoletazo de salida, arranca deseosa de vivir una aventura. Entonces sí, tras las primeras zancadas, busca esa mano amiga con la que alcanzar la meta.

# 307 Kevin Cordero S√°nchez

 

Salamanca '90

‚Äú¬ŅPorqu√© ahora?‚ÄĚ Le pregunt√≥ su hija mientras desayunaban. √Čl respondi√≥ con una sonrisa. La chica no pod√≠a entender que su padre, a sus sesenta a√Īos y sin haber corrido una marat√≥n por m√°s de veinte de pronto simplemente tomara esa decisi√≥n. ‚ÄúPues, ¬Ņporqu√© en Salamanca? ¬Ņporqu√© esa carrera en concreto? ¬Ņqu√© quieres demostrar?‚ÄĚ. √Čl se puso de pie y camin√≥ a su habitaci√≥n. Ella le sigui√≥. Se sentaron sobre la cama y observaron juntos a la mujer en la foto, una foto que la hija a√ļn no hab√≠a visto, que √©l guardaba en su escritorio: la madre de ella, la esposa de √©l. En la foto, la mujer junto a su esposo, ambos con el dorsal puesto, cargaba en brazos a su hija que sonre√≠a, en el reverso escritas a mano las palabras ‚ÄúSalamanca, 1990‚ÄĚ. √Čl pregunt√≥ ‚Äú¬ŅAhora lo entiendes?‚ÄĚ. Ella permaneci√≥ en silencio. Ahora lo entend√≠a.

# 306 JUAN JOSE SANCHEZ BENITO

 

EL SOLDADO Y LA SAN SILVESTRE

Se contaban sus vidas un soldado salmantino y un extreme√Īo. El charro se lamentaba que siempre corri√≥ mucho pero nunca lo pudo demostrar sobre todo para satisfacer a su abuelo que confiaba en √©l.Dec√≠a en las solanas del pueblo que su nieto corr√≠a m√°s que un galgo pero en su aldea las necesidades de casa apremiaban sobre lo dem√°s. En la Gaceta que dejaba el Coronel ve√≠an todos los d√≠as los deportes y al aparecer la San Silvestre el de C√°ceres le dijo tienes que presentarte. No tengo deportivas contest√≥ triste el salmantino; pues corres con las botas le dijo autoritario el de Extremadura. El capit√°n no le dio permiso y encima le nombr√≥ guardia pero se la hizo el amigo. Corri√≥ y gan√≥.Acudi√≥ como loco a ense√Īar el trofeo al "abuelete". La San Silvestre fue su trampol√≠n. La tumba del abuelo est√° llena de copas y medallas.

# 305 Daniel Fernández García

 

La √ļltima carrera de Paco

Paco Sanchez Mart√≠n, de setenta y dos a√Īos, cay√≥ al pavimento a escasos metros de la meta en su √ļltima San Silvestre Salamantina antes del retiro. Iba primero en su serie, casi un minuto delante de su amigo Ram√≥n Garc√≠a, dos a√Īos menor. En esos segundos de abatimiento record√≥ los diez kil√≥metros que cada a√Īo hab√≠a recorrido sin falta durante treinta y cinco a√Īos, pero nunca hab√≠a resultado vencedor, ni siquiera finalista en ninguna categor√≠a. Desesperado y sin fuerzas, a punto de abandonar, se sinti√≥ alzado por las manos de Ram√≥n. Los amigos caminaron juntos hasta la meta, pero fue Paco quien primero la cruz√≥.

# 304 ELENA OLIVELLA

 

AMIGOS PARA SIEMPRE

Abel y Carlos est√°n en la l√≠nea de salida. Se conocen desde el parvulario. Todo comenz√≥ cuando uno le quit√≥ el chupete al otro. De esta peculiar manera nac√≠a su amistad. Ambos aman el deporte. Hace tiempo que corren la Salmantina. Pero este a√Īo hay algo que la hace diferente. Un tenaz orgullo tras un malentendido ha maltrecho esa relaci√≥n. Durante la carrera Abel ha ca√≠do. Carlos se ha percatado de ello. Ha seguido corriendo pero, al poco, se ha parado en seco, ha dado media vuelta y se ha acercado a Abel para brindarle su ayuda. √Čste le ha pedido que no interrumpiese su carrera pero Carlos ha hecho caso omiso. Ambos han reanudado la marcha. Esta vez, su marca no ser√° tan buena como la del a√Īo pasado pero al llegar a meta habr√°n ganado algo mucho mejor. Recuperar esa amistad que nunca debi√≥ truncarse.

# 303 √ďscar Guti√©rrez Lacalle

 

La n√ļmero 35.

Mart√≠n sali√≥ y al abrazo del sol de invierno subi√≥ hasta arriba la cremallera de su ch√°ndal. Con paso decidido, se puso en marcha mientras el vaho sal√≠a de su boca intermitentemente. La ciudad estaba bastante animada, siendo domingo y aquellas horas. A Mart√≠n tampoco le sorprend√≠a mucho, llevaba siendo as√≠ bastantes a√Īos. Tras un rato, lleg√≥ a donde hab√≠a quedado con su amigo de toda la vida, Lucas, un hombre de edad similar a la suya, y que tambi√©n, imbuido en su ch√°ndal, peinaba canas. ‚ÄďVamos , Mart√≠n, que esto empieza. ‚ÄďYa estoy, Lucas. Hago atletismo cada dos d√≠as. Tengo los tiempos cronometrados. ‚ÄďAnda, d√©jate de cronometrar y vamos a la salida. ‚ÄďEsta vez te gano yo, Lucas, ya ver√°s‚Ķ Oye, por cierto, ¬Ņcu√°ntas llevamos ya? ‚ÄďEste a√Īo es la n√ļmero 35, Mart√≠n. ‚ÄďAh, s√≠. La 35. N√ļmero impar. En esta desempatamos, Lucas. Y comenz√≥ la San Silvestre Salmantina.

# 302 José Reinaldo Pol Garcia

 

" LOS DOS CORREDORES EN UN SOLO CUERPO"

Ibamos a participar en otra carrera juntos. √Čl, buscando la meta de mi vivir. Yo deseaba dejarlo atr√°s.Imponerme a quien me acompa√Īaba desde hac√≠a unos a√Īos, quien buscaba su victoria definitiva, la que le dar√≠a el triunfo dej√°ndome a mi acabado, extenuado, derrotado. At√© las zapatillas con suma ilusi√≥n. Aquel d√≠a en Salamanca ser√≠a la carrera de mi vida. No estuve en el p√≥dium, qued√© entre el pelot√≥n de los corredores pero, notaba en mi ser alegr√≠a por haber participado. Al otro d√≠a cuando fui junto a mi entrenador f√≠sico, mi m√©dico para hacerme el chequeo me dijo que en esa San Silvestre Salmantina lo hab√≠a vencido que hab√≠a ya dejado atr√°s, muy atr√°s a mi rival, el c√°ncer, que ya hab√≠a desaparecido para siempre. Grande fue mi alegr√≠a al conocer que en aquel circuito, a orillas del Tormes venc√≠ en la mejor carrera, vivir.

# 301 Jes√ļs F√©lix G√≥mez

 

Vecinos

Vecinos Me prepar√© mucho para el evento. Mi madre me hab√≠a ense√Īado, que el triunfo se presentaba siempre acompa√Īado del sacrificio y la constancia. Por las ma√Īanas, antes de ir a la universidad, sal√≠a a correr cinco kil√≥metros, sin importar el clima. A mi regreso a casa, listo para tomarme un ba√Īo y desayunar, me topaba con mi vecino. No cruz√°bamos palabra alguna. No llev√°bamos buena relaci√≥n. Por fin, el d√≠a esperado lleg√≥; la San Silvestre Salmant√≠na iniciar√≠an en unos minutos. Tom√© mi posici√≥n de arranque, y no acababa yo de recorrer los primeros cincuenta metros, cuando un calambre atac√≥ mi pierna izquierda, oblig√°ndome a parar. Otro competidor se detuvo y, con un masaje, me ayud√≥ a que continuara con la carrera. Cuando me incorpor√©, vi la cara de mi vecino que, sonriendo y haciendo una se√Īa con su pulgar derecho, me dec√≠a; ‚Äú√°nimo vecino que esto reci√©n comienza...".

# 300 Silvia Asensio García

 

Otra oportunidad

El a√Īo pasado despu√©s de la Carrera de San Silvestre Salmantina, al regresar a casa, tuve el accidente de coche. Mi pierna derecha qued√≥ atrapada entre los hierros del veh√≠culo. Me la tuvieron que amputar y aunque al principio temieron por mi vida, logr√© sobrevivir. Incapaz de asumir la situaci√≥n, lo √ļnico que deseaba era que me dejaran solo. Pero mis amigos no pararon hasta encontrar a un especialista en pr√≥tesis de fibra de carbono para corredores y el d√≠a de mi cumplea√Īos, me dieron la gran sorpresa. Me ha devuelto la ilusi√≥n, me ha devuelto la vida. Tras entrenar duro, este a√Īo, he entrado en meta mejorando incluso mi marca personal.

# 299 Javier Madrid

 

Alegato a pie de pista

Kiano Nyong`o, keniata y un enamorado del atletismo, logr√≥ concluir milagrosamente la Nairobi-Melilla, la prueba m√°s dura de su vida, estableciendo un nuevo r√©cord personal de setenta y cinco horas sin comer. Con solo diecis√©is a√Īos, se convirti√≥ en el cuarto saltador m√°s joven en superar el alambre de espinos con una marca de diecinueve puntos de sutura en el costado derecho. Y por si fuera poco, ganador indiscutible de treinta y dos carreras, todas en la modalidad de persecuci√≥n con obst√°culos por venta ambulante ilegal. Entienda se√Īor juez, que visto el parte de lesiones, me cueste creer que un simple bolardo al torcer una esquina termine con la imbatibilidad de mi cliente. Analice el dosier presentado por la defensa con las m√ļltiples zancadillas sufridas por el se√Īor Nyong`o desde que empez√≥ su trayectoria, y le ruego encarecidamente que recapacite antes de descalificarlo.

# 298 María José Toquero del Olmo

 

Correr en grata compa√Ī√≠a

Indomable y batallador. Fray Luis de León, baja del pedestal, se remanga el hábito y emprende la XXXV San Silvestre Salmantina. A nadie le sorprende encontrarlo entre los corredores. Conoce bien la ciudad del Tormes, hace siglos que vive en ella, y le gusta el juego limpio. No podía perderse un acontecimiento como el de hoy.

# 297 Lucía Torres Verdejo

 

Disparo de salida

Cuando le preguntaron el porqué de su afición pensó en Murakami y en los pasos de Walser hundidos en la nieve. Buscó las palabras justas y halló solo unas inmensas ganas de estar sola y comenzar a correr. La comunión con la tierra que ahora pisa es la liturgia de quien no tiene más sombra que su propia luz, un mundo de pasos detenidos en el punto inmóvil desde el que todo gira. Estratos de tiempo sostienen sus piernas expectantes. Oye el disparo y un sordo rumor inunda el universo. La distancia más corta entre dos puntos es una bala.

# 296 Alfredo Alonso Fern√°ndez

 

LAS CARRERAS

Crist√≥bal llam√≥ a su mejor amigo Juan para proponerle un planazo. -¬°Juanito! ¬ŅNos vamos pa Salamanca? -¬ŅA Salamanca, pa qu√©? -¬°¬°¬°A la San Silvestre!!! Es dentro de cuatro semanas. -T√ļ est√°s colgao. -Venga ya, as√≠ recordamos viejos tiempos de cuando estudi√°bamos all√≠. -Que no quillo. Adem√°s, a m√≠ no me gusta recordarlo. -¬ŅPor qu√©? -Porque no. -¬ŅTodav√≠a tienes remordimiento por no haber acabado la universidad? -Ehhh‚Ķ No. -S√≠ tienes, no me enga√Īes ¬ŅY por qu√© no la acabas? -Yo que s√©. Porque estoy trabajando en la empresa de mi padre y no me hace falta. -Y all√≠ est√°s bien, ¬Ņno? -S√≠‚Ķ -Pues no entiendo por qu√© tienes remordimiento entonces. -Bueno, d√©jalo. No tengo ganas de hablar del tema. Adi√≥s. Al cabo de diez d√≠as, Juan llam√≥ a Crist√≥bal. -¬°Crist√≥bal! -¬ŅQu√© pasa Juanito? -¬°¬°¬°Que las voy a acabar, ya me he matriculado!!! -¬ŅC√≥mo? No te entiendo. -¬°Las carreras Crist√≥bal! ¬°Las carreras!

# 295 Cristina Cornejo García

 

TRADICI√ďN

Tosi√≥ varias veces. No quer√≠a parar. Su cuerpo enfermo le suplicaba, pero √©l continuaba corriendo con los ojos puestos en la meta. El papel del dorsal cruj√≠a a su espalda. No se detendr√≠a, no romper√≠a con la tradici√≥n anual de superar la marat√≥n salmantina. Mir√≥ a la derecha, desafiando con competitividad a sus contrincantes, que parec√≠an igual de fatigados que √©l. Era una ma√Īana g√©lida. De repente, comenz√≥ a estornudar sin cesar. Se tropez√≥, y al verse tan cerca de la ca√≠da, salt√≥ a un lado. Apag√≥ la cinta de correr con pena y se son√≥ la nariz. Las voces de los comentaristas de la carrera se difuminaban por su gimnasio casero. Se quit√≥ el dorsal del a√Īo anterior y mir√≥ tristemente la pantalla de su m√≥vil. Estaba ardiendo y la maldita gripe no le dejaba respirar bien, pero se hab√≠a negado a perderse la San Silvestre de Salamanca.

# 294 Lucas Rodríguez Cerdán

 

Va por ti, pap√°

Pap√°, mira las rozaduras de mis talones. Se nota que las zapatillas estaban todav√≠a por gastar, no pude entrenar mucho. Pero lo logr√©. Por fin cumpl√≠ algo de lo prometido. Gracias por tu aliento corriendo a mi lado. Ahora tenemos todo el tiempo del mundo para hacerlo juntos. Lo que siempre quer√≠as y no pude darte, siempre ocupada con el maldito trabajo. Como cuando era ni√Īa y, como cada Navidad, con los nervios de la carrera no acertaba a ponerme bien el imperdible del dorsal, o cuando los abuelos, bien pertrechados contra el fr√≠o salmantino, nos animaban a media San Silvestre desde su terraza de la calle Paraguay. Se dice que la patria de uno es la infancia, y la m√≠a fue feliz por pasarla contigo‚ÄĚ. Martina, todav√≠a sudorosa y maltrecha, pos√≥ encima de la l√°pida de su padre la medalla de oro de la marat√≥n que acababa de terminar.

# 293 Francisco Bautista Becerro

 

Sí, lo conseguiste

-Entonces, ¬Ņte has apuntado a la San Silvestre Salmantina? -S√≠, acabo de completar la inscripci√≥n. -¬ŅTe gusta correr? -La verdad es que s√≠, me despeja mucho. -Y, ¬Ņcu√°ntos kil√≥metros son? -En mi modalidad son 10. -Es bastante, ¬Ņest√°s preparado? -M√°s o menos. Llevo corriendo unas semanas y hago ocho sin problemas. Pero seguir√© entrenando el tiempo que queda. -¬ŅCrees que lo conseguir√°s? -Eso espero. Aunque t√ļ lo sabes mejor que yo, t√ļ eres el narrador. -¬°Es verdad, qu√© tonto! ¬ŅQuieres conocer la respuesta? -Prefiero no saberlo. -Entonces no leas el t√≠tulo.

# 292 David Rabanillo Prado

 

Correr es vivir

Suena el despertador y amanece el d√≠a. El tiempo no acompa√Īa, fr√≠o, viento y lluvia me invitan a quedarme en casa, pero hoy toca dar lo mejor de m√≠. Los primeros kil√≥metros me ayudan a quitarme esos nervios que me agarrotan los m√ļsculos y me ayudan a ganar confianza. La lluvia y el viento quer√≠an su protagonismo pero mis piernas se negaban a d√°rselo. Poco a poco los kil√≥metros empiezan a pesar, pero no iba a ceder mientras tuviese fuerzas porque mi cuerpo, forjado a base de entrenamientos y sacrificios, me pide a gritos que no me rinda, que no pare hasta que cruce la meta. Y al final a lo lejos aparece el √ļltimo kil√≥metro, y muchas emociones se agolpan en mi cabeza, la soledad de los entrenamientos, el cansancio del esfuerzo por darlo todo y la felicidad al cruzar la meta hacen que me sienta vivo.

# 291 Raul Alberto Mazzeo

 

Renacimiento

-Nos vemos en Salamanca, en la San Silvestre ‚Äď dijo sonriendo, mientras enfilaba para el embarque de Ezeiza. Se llamaba Carmen y terminaba su pasant√≠a en la Universidad de Buenos Aires y en mi vida. Fueron los meses de gloria que preceder√≠an al terror. A la tos rara, a los escupitajos con sangre, a las inyecciones, a las caras serias de los m√©dicos. A uno, de los tantos caminos que nos depara el infierno. En las infinitas noches de insomnio, repasaba las calles del circuito de esa carrera que, hasta hac√≠a poco, cre√≠a √ļnicamente brasile√Īa. Ha pasado un a√Īo. Me ha crecido el pelo que la quimio se llev√≥. He comprado zapatillas nuevas. Recuper√© mi color de piel. Soy yo, ahora, quien se dirige al embarque con destino a esa ciudad desconocida de nombre tan bello. Ah√≠ nos veremos, Carmen

# 290 Daniela Davalos

 

Carta para un atleta

Corre amor m√≠o. No pares, t√ļ puedes superar los desaf√≠os. Avanza a tu ritmo, pero no te detengas‚Ķ Que tu paso sea firme, que tu mirada sea serena. Que encuentres en tu camino inspiraci√≥n, para que el cansancio no te venza. Esta carrera, amor m√≠o, es m√°s que una competencia. Es la vida que nos pide demostrar en esta prueba, que los retos que nos pone, los pasamos con entereza. Cree en ti, amor m√≠o... en tu dedicaci√≥n y perseverancia, en tu trabajo, en tus sue√Īos, en las ganas que pones, cuando das cada paso. Esa es tu fortaleza. Adelante, amor m√≠o. Corre, camina, vuela. Sigue fuerte, mantente en la competencia. Y yo amor m√≠o, estar√© contigo, esper√°ndote en la meta.

# 289 Jos√© Marcelino Rom√°n Mu√Īoz

 

MAS JUAN CRUZ

MAS JUAN CRUZ Supo que su colegio har√≠a carrera el √ļltimo domingo de 1984, que los barrios de su juventud: La Prosperidad, las Delicias, San Isidro y el Rollo los ver√≠a pasar. Dese√≥ participar para recordar sus aires natales, un imposible geogr√°fico pero posible imaginariamente desde el monte Caraque√Īo donde sinti√≥ Salamanca. Ese d√≠a 389 m√°s √©l eran noventa; El noventa se llam√≥ hasta el final de sus d√≠as. Supo que la tercera edici√≥n por primera vez pasar√≠a por el Puente Romano, para el campe√≥n 20 mil antiguas; desde su coraz√≥n dese√≥ suerte para para todos. √Čl una cerveza. La quinta, la m√°s espectacular cay√≥ el 31, d√≠a de San Silvestre. fue el √ļnico que disfrut√≥ buen clima por el tr√≥pico. Pasaron los a√Īos, no hab√≠a domingo sin festejar, su vida fue alegre y entusiasta. En 1997 San Silvestre lo sorprendi√≥ en las monta√Īas, lo llev√≥ feliz para el cielo, ten√≠a 89 a√Īos.

# 288 Marta Miguel Gimenez

 

Cuando el fantasma gana la carrera.

Correr o no correr, esa es la cuesti√≥n. El fantasma que me nubla la raz√≥n recorre las calles, seguramente participar√° camuflado en la carrera maratoniana. A m√≠ me ha pedido que corra, que gane, que no disfrute y que atestig√ľe mi presencia en las redes para mostrarle al mundo una vida con sentido. La semilla de la duda crece en m√≠, ¬Ņhacer caso al fantasma o no? Decido correr, pero primero tengo que aniquilar la sombra del espectro que me incita a sonre√≠r a c√°mara. Ya no veo nada, ni siquiera a los dem√°s corredores, tan solo ese mundo fantasmag√≥rico sin voluntad. El fantasma gana, y termina dedicando el premio a todas aquellas personas que a trav√©s de la imagen han compartido esa ‚Äúaparente felicidad‚ÄĚ.

# 287 Iv√°n Parro Fern√°ndez

 

Cuando sobran las palabras

Recuerdo como si fuera ayer ese d√≠a tan especial. Aquel √ļltimo domingo de diciembre en la colosal Salamanca. Hac√≠a algo de fr√≠o pero el calor de la gente lo mitigaba. Fueron muchos los que nos juntamos para la Sansil. Mi primer a√Īo. Los nervios t√≠picos de los novatos. Cuando dieron la salida corr√≠ y corr√≠ como nunca antes lo hab√≠a hecho. Algunos incluso se unieron a mi paso. Estaba feliz. Los aplausos, los v√≠tores y las ganas de darlo todo me proporcionaron las suficientes fuerzas para llegar a la meta. Cuando la cruc√© estaba exhausto pero plet√≥rico a la vez. Confieso que hasta me emocion√© un poco, porque aunque mi amo no pudiera verme, en ese momento su rostro lo dec√≠a todo. No le abandon√©, permanec√≠ a su lado como cada d√≠a, y hoy a√ļn mucho m√°s. Aquella Sansil fue el comienzo de una historia especial.

# 286 Rubén Cabecera Soriano

 

Cordones

Sudaba. El calentamiento hab√≠a sido intenso. La carrera estaba a punto de empezar. La gente saltaba a mi alrededor y se golpeaba las piernas para obligarse a entrar en calor. Mir√© mis zapatillas: ¬°los cordones estaban desatados! Ya no hab√≠a tiempo. Son√≥ el disparo y comenc√© a correr. No fui capaz de dejar de mirarme los pies durante toda la carrera. Los cordones se mov√≠an desacompasados, arr√≠tmicos, como si quisieran entrelazarse para hacerme tropezar, pero no ca√≠. Solo algunos metros antes de la meta levant√© la cabeza para disfrutar de mi llegada y agradecer los aplausos al p√ļblico. No fui el primero, pero eso ya lo sab√≠a antes de empezar. Par√©. Estaba extenuado. Mir√© hacia abajo para recuperar el resuello y all√≠ estaban los cordones, como si no se hubieran movido, perfectamente anudados... Sonre√≠ extra√Īado. Me descalc√©. Le quit√© a las zapatillas los cordones. No los he vuelto a usar.

# 285 Maria Elisa Robenolt Lenke

 

Caidas Limpias

CA√ćDAS LIMPIAS Con un sue√Īo compartido salimos tras la meta, buscando la victoria salimos a ganar. Sudor, entrenamiento, ganas, esfuerzo y compa√Īerismo, guiaron nuestro camino, a nuestro modo pero siempre juntos. Seguimos estrategias balanceando nuestras cualidades, rapidez, fuerza, altura, cada quien en su lugar. Los vi sudar dolores, cual l√°grimas de impulso, con un af√°n insistente de quererse superar. Mir√© a mis oponentes, dese√°ndoles igual suerte, con la certeza inmune de que el mejor equipo iba a ganar. Los vi intentar jugar sucio, atacando compa√Īeros, con la violencia f√≠sica que les impone el miedo de no podernos superar. Aguantamos las ca√≠das, y persistimos tras un sue√Īo, jugando limpio sin hacer trampa, con la conciencia pura, fuese cual fuese el final. Lastimaron nuestro cuerpo en juego sucio, pero obtuvimos una victoria sana.

# 284 ISIDRO CATELA MARCOS

 

LA CARRERA DE LA VIDA

Corr√≠. Pap√° me mandaba a buscar los mejores pastos para el reba√Īo y yo, descalzo, sub√≠a y bajaba el monte Entoto, a las afueras de Addis Abeba. Aquellas monta√Īas me robustecieron las piernas y el coraz√≥n. Corr√≠, m√°s tarde, para huir de la hambruna. Atraves√© otros valles, llegu√© a Tarifa en patera. √Čramos ochenta y tres, arracimados. Sobre la playa del Ca√Īuelo, hab√≠a luna llena, ten√≠amos los est√≥magos vac√≠os. Corr√≠, al fin, para llegar aqu√≠. Cuatro d√≠as a la semana, cuatro horas cada d√≠a. Un pu√Īado de hombres buenos me ense√Īaron espa√Īol, una pizca de cocina para poder trabajar como pinche en un bar, y a correr en pista con los pies calzados. Perdonen que les cuente mi vida. Es una forma de agradecimiento y, sobre todo, de calmar los nervios, ahora que estoy a punto de correr mi primera San Silvestre.

# 283 Daniel García Rodríguez

 

El custodio enamorado

Se convirti√≥ en su diosa cuando la vio recogerse el pelo por primera vez, sentada ante √©l en el autob√ļs de la escuela. Desde aquel momento la vener√≥ como una sombra silenciosa en las clases, las fiestas y los caminos solitarios por donde ella se preparaba a√Īo tras a√Īo para vencer la codiciada carrera popular. Aquel radiante domingo de invierno se decidi√≥ por fin a hacerse visible, pero para ello ten√≠a que precederla en la meta. A pesar de no ser el m√°s fuerte ni el m√°s r√°pido, su amor inmortal lo lanz√≥ como una flecha imparable en cuanto son√≥ el disparo, y lo siguiente que oy√≥ fue una ovaci√≥n desconocida hasta entonces, aquella reservada a los ganadores. Se gir√≥ para reclamar su premio, pero ella ya se hab√≠a girado para dedicarle su mirada de triunfal deferencia al tercer corredor.

# 282 María Cruz Alonso

 

Todo es Posible

Como sea que uno no elige como nace, no queda m√°s que aceptar lo que toca. Nac√≠ as√≠, muy t√≠mido y con una debilidad f√≠sica rozando lo preocupante. Preocupados estaban mis padres .Y siendo mi padre una persona decidida - terco y cabezota seg√ļn mi madre - se propuso desafiar a la naturaleza; la m√≠a y corregirla en lo que se hab√≠a equivocado. Me hice asiduo entonces de actividades de todo tipo: talleres, teatro, deportes‚Ķ Y as√≠ fue como, una tarde de invierno, vimos un cartel anunciador de la San Silvestre Salmantina. Mi padre dijo: vamos a inscribirnos. √Čl era s√≠. Algo cambi√≥ en m√≠. Ya voy por mi 25 convocatoria y con miras a dar el salto internacional. Todo es posible. Poco o nada queda ya de aquel ni√Īo t√≠mido y debilucho. El ambiente de compa√Īerismo, reto y superaci√≥n obr√≥ un milagro en m√≠El que mi padre buscaba.

# 281 Karina M√ľller

 

Chiki

Lo m√°s cercano a correr para mi, era cuando me quedaba dormida a la ma√Īana. La pista era el tramo desde la puerta de mi casa hasta la parada del colectivo. Era una fiel defensora de la f√°bula de la liebre y la tortuga. Hasta que una tarde en la playa, con el sonido del mar de fondo y el sol cayendo, sal√≠ a caminar. La brisa tibia y esos 24 grados del primer d√≠a de vacaciones me hicieron sentir inmortal. Mir√© hacia el muelle y vi un Golden que jugueteaba entre las olas. Se parec√≠a mucho a Chiki, la que hizo tan feliz mi infancia. Aceler√© el paso. Vi su collar rojo con lunares blancos. Mis pasos se hicieron m√°s r√°pidos y las pisadas m√°s fuertes. Ah√≠ fue que ella me mir√≥. Corrimos para encontrarnos lo m√°s r√°pido que alguien pudo correr alguna vez. Y nunca m√°s me detuve.

# 280 YURENA BRITO GONZ√ĀLEZ

 

Pistoletazo de salida

Puso sus pies enfundados en sus zapatillas sobre el asfalto, ensimismado, s√≥lo percibe el sonido de sus pisadas seg√ļn aceler√≥ la marcha y su respiraci√≥n entrecortada y jadeante. Era libre, sin presiones, nadie le juzgaba. √önicamente √©l, la carretera y el viento. Sin distracciones. Part√≠culas de sudor resbalaron por su frente. Exhausto por el esfuerzo cambi√≥ de ritmo para agolparse al pelot√≥n que divisaba a escasos metros de √©l. Logr√≥ sobrepasarlo debido a la capacidad de moverse a una velocidad asombrosa. Con la garganta seca y casi sin aliento supo mantener el tipo, consiguiendo una carrera de fondo, acelerando en la recta final para llegar hasta la meta. Con un prop√≥sito en la vida y un objetivo cumplido. ‚ÄĒ¬°Te lo dedico a ti, pap√°! ‚ÄĒexclam√≥ mirando al cielo.

# 279 Luis San José López

 

ILUSIONES

La polio hab√≠a dejado estragos en el cuerpo del viejo profesor. Apoyado en sus muletas, se incorpor√≥ lentamente y propuso: ¬ęHoy habr√° examen con una √ļnica pregunta. El pr√≥ximo 29 de diciembre tendr√° lugar la 36 edici√≥n de nuestra querida Sansil. Con un promedio de 5.714 participantes y 10 mil zancadas, calculad¬Ľ.

# 278 Rubén Martínez de Marigorta Menéndez

 

Cronología de una sonrisa

Amanece de nuevo a solas, ninguna sonrisa que responder. Busca por el espejo a alguien, pero no le favorece repetir a ese rostro amortiguado que hoy tampoco saldrá a respirar un ápice del mundo. Escucha leve un tumulto. Todas las ventanas cerradas, las persianas tratan de besar el suelo en su perpetuo caer; parece ser que el aire murmura fuera. Palpitan personas más allá de la pared, no obstante, perdió el interés por el latir social sin saber por qué (sí sabe por qué) y su sonrisa se esfumó para un siempre que está durando demasiado. Al fin se arriesga a contemplar el bulto de gente: irrumpe en la calle donde tantas piernas bailan dispuestas a correr sin importar la meta sino el hacer. Todos los dorsales anuncian vida. Alguien le sonríe y él responde con agrado a pesar del dolor en la boca. Empiezan a correr.

# 277 Irene Guill√©n Ruiz-Ay√ļcar

 

En dirección equivocada

Mariana est√° agotada, ya no puede m√°s. El coraz√≥n parece que le va a estallar, le pesan las piernas y jadea sin parar. Rodeada de atletas, ya ha llegado hasta el bulevar San Francisco Javier. No sabe si resistir√°. Hace a√Īos participaba en la San Silvestre con sus amigas, eran tiempos felices. Entrenaban duro y llegaban siempre a la meta. Mira hacia atr√°s y ve que In√©s se aproxima; m√°s lejos, asoma la cabeza de Mat√≠as. Ya la est√°n alcanzando. Su vida dio un brusco giro y ya no compite, huye de sus perseguidores. A empujones, sale de la carrera y se pierde entre la multitud.

# 276 EDUARDO CABEZAS LANCHAS

 

Sol y frío

Despert√≥, hoy era el d√≠a de la carrera. Se pregunt√≥ c√≥mo ser√≠a correr solo. Sin abrir los ojos palp√≥ con su mano la cama pero no encontr√≥ a nadie. Se lav√≥ la cara, all√≠ segu√≠an los dos cepillos de dientes. Abri√≥ la ventana y le lleg√≥ el murmullo de los corredores. El sol luc√≠a, hac√≠a fr√≠o. Sac√≥ el dorsal, solamente uno esta vez. Abri√≥ el armario y al ver su ropa hundi√≥ la cara en ella para olerla. Dej√≥ caer una l√°grima mientras se vest√≠a. Camiseta y pantal√≥n negro, ese era su estado de √°nimo. Estir√≥ las piernas, calor en los m√ļsculos y un escalofr√≠o en la piel. En un rinc√≥n estaban sus zapatillas usadas tal y como ella las dej√≥. ¬ŅCu√°ntas veces hab√≠an compartido esta carrera? Ni lo recordaba. Al salir por la puerta vio de refil√≥n su foto. Ya no estaba, la vida segu√≠a.

# 275 José Luis Chaparro González

 

Corres

Corres como si en mitad de la sabana te persiguiera un le√≥n hambriento; como si un grupo de can√≠bales quisiera confeccionar contigo su plato estrella. Corres como si supieras que un Inspector de Hacienda pretende darte alcance. Corres. Podr√≠as correr en muchos lugares del mundo y por muchos motivos, pero no. Que nadie te pregunte ¬ępor qu√©¬Ľ est√°s en Salamanca, en la Sansi, y te apetece seguir corriendo.

# 274 Daniel Alejandro Collazos Camilo

 

Una carrera por pap√°

La carrera est√° a punto de empezar y mientras todos estiran y se preparan, yo me coloco las mu√Īequeras que pap√° llev√≥ en las ediciones pasadas. Recuerdo que descubrimos la carrera despu√©s de mudarnos, cuando un d√≠a los corredores pasaron frente a nuestra puerta. En ese momento, pap√° me confes√≥ que quer√≠a participar para aliviar sus problemas cardiovasculares. As√≠ que comenzamos una rutina de entrenamiento y un a√Īo despu√©s nos atrevimos a participar. Entramos en la categor√≠a de disfraces para correr juntos, ya que √©l sent√≠a verg√ľenza y yo tem√≠a dejarlo solo. De esta forma, corrimos varias veces vestidos como piratas, bomberos, zombies y animales. Pero el a√Īo pasado pap√° sufri√≥ un derrame y no pudo participar. En este momento sigue en el hospital, aunque los m√©dicos dicen que estar√° bien. Y es por eso que estoy aqu√≠, porque quiero estar preparado para cuando √©l pueda volver a correr.

# 273 Eduardo Izaguirre Godoy

 

Regeneración

A los ocho a√Īos, muerto de risa, corr√≠a tras sus hermanos grandes jugando polic√≠as y ladrones, y siempre se quedaba rezagado. Pero la pandilla del Manolo, que quer√≠a quitarle sus tenis nuevos, no fue capaz de alcanzarlo a los quince. Corr√≠a asustado, con el coraz√≥n en la boca, a punto de caerse, igual que a los veintid√≥s cuando un poli, en plena redada, lo persigui√≥ porque no le gustaba su desali√Īo. Era veloz y resistente. Comprendi√≥ que para eso hab√≠a nacido cuando estuvo recluido por vender coca en la universidad. Superaba el encierro dando vueltas al patio a los veintinueve y trotar lo salv√≥. Mi carrera es la carrera, pensaba ya en libertad, al cruzar la meta de su primera San Silvestre. Nunca fue el primero, pero tampoco el √ļltimo, y ahora ense√Īa a los ni√Īos que la mejor ruta nunca es la m√°s corta. Que ganar es sonre√≠r.

# 272 SILVIA NATALIA

 

LA CARRERA INTERGALACTICA

Escapando de la V√≠a Lactea Cuando corro siento fluir mi sangre, siento que la gravedad no es parte de mi , soy et√©rea , fui expulsada por una supernova que podr√≠a viajar de galaxia en galaxia . No soy un ser est√°tico soy creaci√≥n y vida , fugaz existencia que disfruto gastando mis simples zapatillas.Podr√°s mirarme yo correr√© quiz√° delante tuyo y tocaras el suelo mirando que yo soy una ex√≥tica estrella veloz viajante de ensue√Īo . Compito con el tiempo no pretendo la victoria aunque engrandezca mi alma , solo corro para sentirme carne , para sentirme viva para recordar mi humanidad , naturaleza divina . Siento que nada me pertenece el instante me domina.No soy pasado soy solo presente carrera danzante me hago muy presente y colmare mi cuerpo de cansancio sudor y aventura para que mi alma viajera recuerde este dia .

# 271 MAIA SOLANGE SKORUPSKY A√ĎASCO

 

CUATRO OJOS Y UNA PLUMA

-¬°ESTA RAMA NO TIENE ESPACIO PARA LOS DOS ERNESTO! ¬°CORRE!¬°VETE!. -HACE CALOR, ESTAMOS PEGADOS. BUSCA OTRO SITIO, √ČSTE ES M√ćO. -TODOS ELLOS VAN EN BUSCA DE SU √ĀRBOL, ¬°S√ćGUELOS! -EST√Ā BIEN ERNESTO, VEN. CONTEMOS CABECITAS.

# 270 Yv√°n Borjes Hern√°ndez

 

Carrera hacia la sanación

Suena el pistoletazo de la San Silvestre y con las primeras zancadas los archivos de mi memoria se abren. A√Īo 1989, tengo 5 a√Īos, pap√° nos abandona. 1990 al 1993, im√°genes de mam√°: emperifollada, saliendo al trabajo de noche. 1994, un nuevo pap√°: una pesadilla. 1998, 14 a√Īos, me voy lejos de casa. Kil√≥metro 4, me detengo, respiro hondamente. Contin√ļo la carrera. A√Īo 2000, 16, el trabajo en la calle es duro. 2006, 22 a√Īos, me enamoro de Emma. 2008, 24, mi primer hijo, nuevo trabajo. A√Īo 2010, las gemelas, casa y carro nuevos,‚Ķ los d√≠as malos han terminado. Kil√≥metro 7. Me detengo nuevamente, doy gracias a Dios. Prosigo. Octubre 2019, me encuentro a pap√° despu√©s de 30 a√Īos, el odio reprimido aflora. Kil√≥metro 8, caigo al suelo, las l√°grimas tambi√©n. Perdono a pap√°. Termino la carrera y corro a buscar al viejo que encontr√© mendigando en aquella plaza.

# 269 Juan Antonio Cordoba

 

El corredor

El regocijo de aceptar el aire frio de estos √ļltimos tramos de diciembre vibraba en la mirada fija en el n√ļmero de su camiseta. Los Veteranos ‚ÄúB‚ÄĚ largaban a mediod√≠a. A poco de la partida el aire dej√≥ de ser frio sobre el rostro y una sorpresiva brasa se le adentr√≥ en el pecho, sus pies ya no tocaban la h√ļmeda calzada. Densa una nube oscura le apag√≥ el rostro de otros corredores que intentaban hablarle, asombros, palabras, silencio. S√ļbita y serena la niebla se levant√≥ y sinti√≥ que corr√≠a como nunca antes, cadencia en el ritmo, animando a viva voz a compa√Īeros que ensimismados parec√≠an no verlo. No compet√≠a, disfrutaba, la calzada suave, el aire tibio. El horizonte brillaba, silencio ondulando m√°s all√° de la llegada. Sobre el podio la cinta de llegada anudaba un par de zapatillas y un n√ļmero. A√ļn se lo recuerda.

# 268 Efrén Mateo Santos

 

Ficción o realidad.

-Dicen los rumores amigo Sancho, que en un bonito lugar de la otra Castilla existen molinos y una Dulcinea y tal vez hasta allí debamos andar, para conocer si el dicho es cierto no vayamos otra vez a errar. -No se ande con rodeos ni me quiera engatusar mi querido Don Quijote, si lo que usted quiere en realidad, es disfrutar de la famosa San Silvestre Salmantina que se disputa en la capital.

# 267 Carlos Izquierdo Hernandez

 

Corre aunque camines

Me levanto confundido como cada ma√Īana, pues te sent√≠a en sue√Īos. Pero no me importa. Sigo recordando las palabras de mi mujer. -Ahora dar√°s uso a los calcetines divorciados - Me dijo con la sonrisa mas bonita que jam√°s vi. Saldr√© de la cama he ir√© a correr. Creo que nunca me acostumbrare del todo a esta pierna. Hoy terminare la San Silvestre Salmantina. Aunque ya hace tiempo empec√© la carrera .

# 265 MARCOS P√ČREZ BARREIRO

 

Correr para creer

Los pies descalzos de Dios son aquellos que dan fe de mi entusiasmo por alcanzar la meta. Una meta que ataviada de triunfo, de euforia, de alegría compartida, convierten a los pies descalzos de Dios en algo imperecedero. Tanto, que suelen repetir el recorrido con el mismo deleite de la primera vez. Esa que dejó la impronta de su relevancia. Una relevancia que suele envolver los pies con papel de ofrenda. Ya que, los pies descalzos de Dios son aquellos a los que acuden mis zapatillas cuando están gastadas. Cuando mis zapatillas están rotas por el manto del pavimento. El que dicta la oración del entusiasmo y el placer. Un placer corrido. Tal vez, una de las maneras más valientes de afrontar la vida. Ya que, es esta la que da sentido al correr. Al correr protegido cuando la compra ha sido validada por un juez supremo llamado Dios.

# 264 Jose Conchado

 

Los anillos charros de la Sansilvestre

Ochenta peticiones de matrimonio volvieron locos a los cura-p√°rrocos y funcionarios judiciales de Salamanca en enero de 2018. Ochenta mujeres que portaban anillos charros en la carrera de San Silvestre Salmantina eran casaderas. La tradici√≥n manda: una mujer con sortija charra,solamente se puede casar cuando se caen todas las piedritas del anillo. Y as√≠ fue que,el d√≠a de la carrera esas mujeres,muchas por la desesperaci√≥n por casarse, hac√≠an esfuezos her√≥icos con las manos y brazos para hacer caer las bolitas al suelo, parec√≠a una lluvia de micrometeoritos sobre el asfalto. En la madrugada del primer d√≠a del a√Īo, las calles que conforman la ruta de la San Silvestre parec√≠an una constelaci√≥n celestial por el brillo de las bolitas.Se produjo tal impacto visual, que los ebrios de la parranda de despedida de a√Īo alucinaban con el esplendoroso manto de alquitr√°n salpicado de lucecitas que semejaban diamantes virreinales.

# 263 ELIAS

 

PERSIGUIENDO A LOS SUE√ĎOS

PERSIGUIENDO A LOS SUE√ĎOS Si la vida corre sin descanso nosotros queremos seguir su ritmo, pasos largos, mirada perdida, so√Īando con la universidad o esperando ver el futuro m√°s claro que el lazarillo caminando de la mano. Se acelera el tiempo, palpita el coraz√≥n, respiran agitados mil cuerpos a mi lado, todos esperando el futuro, rompiendo el calendario del pasado para so√Īar con las p√°ginas brillantes de un nuevo a√Īo. Saben los recuerdos construir castillos inexpugnables, la meta a√ļn lejos pero mis pasos firmes dejando el pasado en las Conchas, el presente en los soportales de la plaza mayor y el futuro en esas doce campanadas que se acercan, para seguir luchando por mis sue√Īos con las ganas que ahora busco la meta. Sabe, al llegar al objetivo, que est√° preparado para iniciar la carrera del nuevo a√Īo. Recupera fuerzas el cuerpo, satisfecho de haber conseguido el primer reto.

# 262 ISABEL GAMARRA GARCIA

 

EL SIETE

Siete a√Īos llevo participando en la San Silvestre Salmantina, entreno siete d√≠as a la semana, este a√Īo llevar√© dorsal amarillo, 37 minutos tard√© el a√Īo pasado, la edad que tengo. El siete me persigue y este ser√° mi a√Īo, entrar√© entre las siete primeras. 7777 participantes. Espero ansiosa el 29 de diciembre, mi d√≠a favorito del a√Īo, donde dejo atr√°s lo malo del a√Īo vivido y me preparo para recibir el nuevo con salud para seguir corriendo, mi pasi√≥n. Me disfrazar√© de n√ļmero, no hace falta que diga m√°s.

# 261 Carolina Fernanda Gartner Restrepo

 

Mi primera San Silvestre Salmantina

Era el juego que m√°s me gustaba cuando me reun√≠a con mis primos en diciembre. Yo estaba atento para ganar. Con las √ļltimas dos pistas siempre lo adivinaba, pero esta vez estaba dificil. Mir√© por todos los lados y vi el cuadro de la sala, de inmediato dije fuerte: ‚Äú¬°La San Silvestre Salmantina!‚ÄĚ. ¬ŅC√≥mo sabes que es eso?, exclam√≥ mi primo mayor. F√°cil, dije. Mira all√≠ la foto con el dorsal en la que mi padre siempre calific√≥ como la mejor edici√≥n de la San Silvestre. Este a√Īo yo ir√© por primera vez‚Ķ ¬°y ya s√© que tengo un buen augurio!

# 260 Jose Beato Gimenez

 

El poder de la mente

Como cada a√Īo sent√≠a un cosquilleo especial cuando se aproximaba el ultimo d√≠a del a√Īo. Correr ese d√≠a le hacia sentirse vivo. Como en un ritual empezaba a preparar encima de su cama toda su equipaci√≥n. Se esmeraba profusamente en colocar bien centrado el dorsal en la camiseta. Cuando llegaba el momento, previo al disparo, cerraba los ojos y sent√≠a sus pies avanzando sobre la calzada entre miles de sonoras pisadas que se cern√≠an junto a el intentando llegar a la meta lo mas r√°pido posible. Desde su atalaya, en la silla de ruedas que desde hacia a√Īos se hab√≠a convertido en su inseparable compa√Īera de viaje, pod√≠a visualizar cada zancada hasta alcanzar la ansiada meta. Un a√Īo mas, un sue√Īo nuevo para seguir viviendo.

# 259 Miguel Angel Cordente Triguero

 

Por miedo

Hab√≠a salido de su casa pesaroso. Hab√≠a mentido a sus padres. No correr√≠a la San Silvestre.Su meta era una tienda de tel√©fonos. Al cruzar la calle Palma observ√≥ en el cielo una nube de forma singular. No le dio importancia, hab√≠a visto cosas mucho m√°s sorprendentes. Continu√≥ hasta llegar al cruce con la calle Rabanal. All√≠ crey√≥ ver como la nube se inclinaba y descend√≠a. No se asust√≥. Minutos despu√©s escuch√≥ un estruendo. La nube chocaba contra las torres de La Clerec√≠a. Antes de llegar a la calle Cervantes ote√≥ el primer monstruo. Bajaba por la fachada de la iglesia y empu√Īaba un tridente y una espada. Durante unos instantes el miedo lo inmoviliz√≥. Luego corri√≥ con desesperaci√≥n hacia donde comenzaba la San Silvestre. Era el lugar donde m√°s gente encontrar√≠a. Se sorprendi√≥ de ganar la carrera y de que no hubiera se√Īal de los monstruos

# 258 Franz Kelle

 

Carpetazo

Mustio el √°nimo como para andarme con promesas y buenos prop√≥sitos, solo queda una opci√≥n: correr. Correr para cerrar un a√Īo de mierda, solo as√≠ lo dejar√© bien atr√°s. Elijo la ciudad en la que pas√© esos fant√°sticos a√Īos encomend√°ndome al batracio, consigo dorsal por los pelos y tampoco llego a Salamanca con mucha antelaci√≥n. Para holguras ya est√° el ch√°ndal que he rescatado del altillo. ¬ŅCon qu√© me quedo? Con el calor. No, el calentamiento global no da para tanto a√ļn, me refiero a mis sensaciones a medida que veo a la gente rumbo a la salida. Calcen zapatillas con sospechosa apariencia de estreno o troten bajo un disfraz, hay una constante: caras alegres. Me zambullo en la marea, mar gruesa de secano que ahoga pesares, buceo entre una madeja silvestre de piernas y comprendo al fin que los a√Īos 20, otro siglo m√°s, ser√°n felices. Ahora lo s√©.

# 257 Dolores Asenjo Gil

 

Me han regalado uan médula

Un cansancio tenaz me acompa√Īaba desde hac√≠a mucho. Las peque√Īas renuncias dieron paso a otras m√°s dolorosas. Cada d√≠a me costaba m√°s mover mi propio cuerpo Silenciosamente las tardes de sof√° se instauraron en mi rutina. El hemograma descifr√≥ la causa de una fatiga tan persistente. Las c√©lulas hematopoy√©ticas de mi organismo menguaban alarmantemente. Mis linfocitos las atacaban sin piedad. Los tratamientos de soporte no funcionaron. El trasplante de m√©dula se erigi√≥ como la √ļnica v√≠a de curaci√≥n. La recuperaci√≥n fue lenta y el miedo al rechazo una pesadilla constante. Pausadamente recuper√© peque√Īos placeres a los que hab√≠a renunciado casi sin ser consciente. Una vitalidad olvidada comenz√≥ a enraizarme. Renac√≠ gracias a la generosidad humana. Hoy, por primera vez, he corrido la San Silvestre. Mis millones de hemat√≠es sanos han transportada el ox√≠geno necesario a mis √≥rganos y tejidos. S√© que mi cansancio es pasajero y mi gratitud infinita.

# 256 Elizabeth Hern√°ndez Mill√°n

 

Los pies

Pie Uno y Pie Dos, pareja innata, se encuentran, junto con otros muchos pies, esperando la se√Īal de salida. Enfundados en su traje tecnol√≥gico anti impacto, al disparo, dan sus primeros pasos hacia la esperanza. Son coraz√≥n, alma y cerebro, el cuerpo est√° a merced del d√ļo. A los doscientos metros alcanzan un ritmo perfecto, conjuntan respiraci√≥n y fuerza. Para este par, cumplir la promesa es lo m√°s importante. En la primera cuesta sus pisadas cambian al un√≠sono. El asfalto plano, los ayuda a recuperarse (solo un poco). Incesantes gotas de sudor, jadeos y acuciosos latidos, causan disminuci√≥n en su velocidad. A dos kil√≥metros de alcanzar la final est√°n adoloridos, agotados. Pie Dos, alienta a Pie Uno, el m√°s cansado. Por fin ven la meta, aceleran de alegr√≠a, cruzan la l√≠nea final. Inhalan, exhalan, sonr√≠en pensando que tal vez sus peque√Īos hijos Pies, logren sanar‚Ķ

# 255 Xavier Teixidó Sansa

 

Hasta el final

Hace muchos a√Īos que lo hago por el placer de hacer. Ya no me importa ganar o perder. Ya no me importa si hay un premio o no. Despu√©s de muchos a√Īos he aprendido a disfrutar del camino sin obsesionarme con el resultado. Ya termin√≥ la √©poca de la autosuperaci√≥n, pues el mero hecho de hacerlo ya es autosuperarse. Es por eso que estoy aqu√≠, a mis ochenta y tres a√Īos de edad, al pie de la salida, a punto de correr la San Silvestre Salmantina.

# 254 FEDERICO ANDRES COSIMO

 

Preparados, listos... ¬°ya!

El nudo tieso color verde fosforescente de una de las zapatillas nuevas, modernas, de esas que se usan ahora. Parte del pavimento gris, opaco, caliente como brasas por el pesado sol de junio. Un grupo de hormigas inquietas persigui√©ndose en fila sobre peque√Īas grietas negras. Peque√Īas e incre√≠bles vegetaciones germinadas desde abajo del asfalto, denotando la infinita fuerza de la naturaleza, toda junta, en cada peque√Īo brote. Una antigua rodilla flexionada. El relieve dorado de una pantorrilla con m√°s varices que m√ļsculo. Dos brazos estirados, disimulando las arrugas, uno en cada costado de aquella pierna. Dos manos con piel de elefante abiertas de palma al suelo. Setenta y cinco a√Īos reci√©n cumplidos. Cuarenta y ocho de oficio. Una mirada igual de joven y apasionada elev√°ndose del suelo. Un camino bien marcado por delante. Una voz inconfundible. El final de un final. El principio de un comienzo. Preparados, listos‚Ķ ¬°ya!

# 253 José Manuel Dorrego Sáenz

 

Morder el polvo

Es el fantasma de la San Silvestre salmantina. Algunos aseguran que le han visto, que cada a√Īo toma la salida, que se mantiene con el grupo de cabeza en los primeros kil√≥metros, que coge la escapada buena, que llega al √ļltimo kil√≥metro entre los elegidos, que se pone en cabeza y que unos metros antes de cruzar la meta tropieza y cae al suelo. Que al final siempre, cada a√Īo, llega cuarto, escupiendo sangre y un par de dientes menos. Que maldice a Belceb√ļ y que se jura a s√≠ mismo que el a√Īo que viene s√≠: que el a√Īo que viene les har√° morder el polvo.

# 252 Tom√°s Pablo Ahumada Soneyra

 

Otra vez en Salmantina

Basta levantar la vista y contemplar los arcos del Puente Romano para comprender por qu√© la pulsi√≥n de anotarse en la carrera y abandonar Stuttgart evocando el sinsabor de un rostro odioso. Mismo r√≠o, otro atuendo, ‚ÄĒel de un legionario de la S√©ptima en fajina‚ÄĒ; otros tiempos, ‚ÄĒlos del emperador Trajano‚ÄĒ. Tuerce la cabeza y lo distingue; Spurius tambi√©n est√° aqu√≠. Aquella vez ‚ÄĒen la otra vida‚ÄĒ, quien ganaba se quedaba con la esclava; nadie gan√≥; la inesperada presencia del legado trunc√≥ la carrera. Spurius ya no se llama Spurius ni √©l Dentatus; en cuanto al premio, s√≥lo el intento de acabar lo empezado. Insuflan velocidad a sus piernas, quien primero cruce el puente‚Ķ Un incidente, Spurius gana. Tras atropellarla ruedan juntos y, en lugar del insulto, la mirada verde de esa Venus sin cadenas. Luego la sonrisa y en ella el ensayo de un final distinto.

# 251 Leticia Andrés Sánchez

 

La Meta

No me lo puedo creer, veo la meta. Si parece que fue hace una semana que empecé a correr y ya estoy aquí. Perdón por la ironía, pero tengo ganas de vomitar y las caderas no me sostienen. No sé todavía si voy a llegar, porque de verdad que no puedo más. Hay gente que sigue abandonando incluso ahora, que ya casi estamos. Pero es que el casi es fundamental a estas alturas. A ver, me voy a motivar con éste que parece muy determinado. Uy no, va demasiado rápido. Yo ya no sé si andar o seguir corriendo. Si ando voy a tardar mucho y no aguantaré y si sigo corriendo voy a reventar y no llego. Mientras lo pienso sigo corriendo e imaginándome que he acabado, que me tumbo en el suelo y que, el mejor momento de la carrera, mando un guasap a mis amigas para contárselo.

# 250 ALEJANDRO MIGUEL TOLEDO ARRUEGO

 

UN √öLTIMO ESFUERZO

Empiezo la carrera, bajo una fina lluvia, cuyas gotas resbalan lentamente por m√≠ ya sudorosa piel. Comienzan a asaltarme los primeros pensamientos negativos. Al pasar por el puente S√°nchez Fabr√©s, unas ninfas emergen del Tormes y me animan a no desfallecer. Acelero un poco mi cansina marcha. Cerca de la Cruz de los Ajusticiados, cientos de esp√≠ritus decapitados han salido antes de lo que tienen acostumbrado, y desde la frontera que separa a los vivos de los muertos, me jalean para que no me venga abajo. Saco fuerzas de lo m√°s profundo para no rendirme. Cuando enfilo el Paseo de San Antonio, los tatuajes de mi cuerpo comienzan a cobrar vida y se colocan delante para despejarme los √ļltimos metros que me faltan para cruzar la meta. Intento retener ese momento, ser√° la primera vez que consigo acabar algo en mi vida.

# 249 Darling Harrison Pérez Olivera

 

Campeón

Siempre quise participar en la carrera de San Silvestre Salmantina, mi padre hab√≠a sido campe√≥n 2 veces en esa carrera cuando era joven y yo quer√≠a ganarla tambi√©n, pero hab√≠a un problema, de ni√Īo me dio poliomielitis y qued√© con algunas secuelas al caminar. Cuando le coment√© a mi padre que participar√≠a en la carrera, me apoyo en todo momento, inclusive √©l participo tambi√©n, desde un mes antes de la carrera nos sometimos a una estricta dieta y a un r√©gimen de entrenamiento funcional. El d√≠a de la carrera mi padre corri√≥ a mi lado, demoramos mucho m√°s que los dem√°s en terminarla, pero llegamos juntos a la meta, al llegar a casa le ped√≠ perd√≥n por no ser tan bueno como √©l, a lo que respondi√≥ sonriendo: ‚ÄúT√ļ eres mejor que yo, le ganas a la vida todos los d√≠as, como buen hijo de un campe√≥n‚ÄĚ

# 248 Alberto Rom√°n Carpio

 

VIVIR SIN PRISAS

Siempre voy con prisa a todas partes:llevo a mi hijo al galope a todos los sitios:al colegio y a sus extraescolares.Nunca encuentro tiempo para ir a ver a mi madre, con mi hermana quedo poco, con los amigos menos.Hace a√Īos que no piso por mi pueblo.El curso se me pasa volando, las vacaciones tambi√©n; y siempre el temario en el colegio toca acabarlo deprisa y corriendo. Cualquier serie de televisi√≥n la veo por temporada completa en una semana.Con mi mujer apenas si hablo porque no encuentro la ocasi√≥n durante el d√≠a.Transcurren los d√≠as y sigo sin arreglar la bisagra del armario.Los gigas de mi m√≥vil los consumo r√°pidamente. En fin,nunca tengo tiempo para nada.As√≠ que ahora mismo,en la San Silvestre Salmantina, teniendo el coche escoba justo detr√°s de m√≠,es la primera vez en mi vida que disfruto y saboreo este instante y que no tengo urgencia por terminar algo.

# 247 Mateo Valencia

 

Suavecito como peluche

Tres iban lado a lado: Pikachu corr√≠a por la derecha y se ve√≠a bien para los √ļltimos metros. Pap√° Noel marcaba el centro y, aunque la barriga le hac√≠a correr con una sola brazada, avanzaba a buen ritmo. Desde la izquierda, la √ļltima de Las Meninas se hab√≠a despegado de su coreograf√≠a y les picaba arrastre. En la meta, la gente enloquecida se subi√≥ al esprint y ya escog√≠a candidato. Y entonces sucedi√≥. Pikachu se enred√≥ con su cola y se llev√≥ puesto a Pap√° Noel, y entre los dos alcanzaron a manotear el vestido de la camarera: todos de bocas. Ninguno quiso renunciar y se arrastraron sobre su pecho, jalando el disfraz del otro para no dejarlo avanzar. Justo ah√≠, con los tres gusanos a los manotazos, fue que el Botell√≥n les pas√≥ por encima, saltando sobre ellos, y celebr√≥ primero.

# 246 Dolores Rodríguez Canillar

 

Y POR FIN, GAN√Č LA CARRERA

Sal√≠ en primera fila con el √ļnico prop√≥sito de entrar el primero en la meta. Me hab√≠a preparado tanto que no pod√≠a aceptar otro puesto. Mi familia insist√≠a que me lo tomaba demasiado en serio, lo importante era participar. Fue a mitad de carrera cuando sent√≠ un dolor en el pecho, a lo que hice caso omiso, como otras tantas veces. Me percat√© del silencio de los espectadores. Mir√© atr√°s, donde un grupo de gente se arremolinaba junto al corredor que parec√≠a haber desfallecido. Llamaban por tel√©fono, supongo que al 112. A un par de kil√≥metros otro corredor y yo luch√°bamos por el ansiado primer puesto, aunque parec√≠a que todas las miradas se clavaban en √©l. Alc√© los brazos y cruce la meta el primero. Entonces me percat√© de que parec√≠an vitorear al corredor que hab√≠a entrado tras m√≠ y portaba la cinta de la victoria en sus manos.

# 245 Yolanda Nava Miguélez

 

FEROCIDAD

Este a√Īo en la San Silvestre salmantina visto un traje rojo pegado al cuerpo, es aerodin√°mico, para correr mejor. Reina el buen ambiente y disfruto de la carrera, hasta que empiezo a sentir una presencia demasiado cercana. Me giro y encuentro unos ojos inyectados en deseo y unas fauces babeando lujuria. Aumento la velocidad de mi zancada, pero un bosque de brazos y piernas frena mi avance. La bestia respira ya mi mismo aire, me rodea e intenta apartarme del grupo. De pronto una mano tira de m√≠, es una anciana que viste mallas y camiseta gris a tono con su pelo, me lleva a un lugar seguro y me ofrece una botella de agua y palabras de sosiego. La bestia, a unos metros de distancia, nos mira resabiada y se aleja, centelleantes los ojos. Entre sus piernas arrastra una cola de franela tan negra como sus intenciones.

# 244 Hugo √Ālvarez Picasso

 

El cubo que acabó por ser esférico

EL CUBO QUE ACAB√ď POR SER ESF√ČRICO Est√°bamos hambrientos luego de una tarde de remolinos y calmas. Nos hab√≠amos entrelazado como cisnes, o tortugas o elefantes en primavera. Mientras com√≠a pensaba en ese juego tan incre√≠ble que ocurre entre nosotros. Una conexi√≥n tan emocional combinada con el m√°s puro goce. Placer elemental m√°s pensamiento hecho palabras. Te recuerdo receptiva, pose√≠da o trasladada a otro mundo. Y entre gemidos dec√≠as: te odio, no puedo soportar tanto placer, ten√©is un cubo redondo, tu cubo se ha convertido en una esfera, que me horada y que me hace morir muy lentamente. Com√≠as en silencio, distra√≠da, mientras yo repasaba tus palabras que respond√≠an a un mensaje no terrenal. Hablaba de tu mundo, ese que nunca pude m√°s que imaginar de mil maneras, de las mil y una maneras en que se difumina sutilmente tu genio. Ramiro Biasi

# 243 Carlos TorresMartín de San Pablo

 

El fondo del corredor

El primer paso cost√≥ mucho, pero menos de lo que hab√≠a pensado. El docto Cheng hizo un trabajo excelente con la rodilla. Tras subir la primera cuesta, supo que ning√ļn dinero pagar√≠a la felicidad de volar por las calles como ahora. El ritmo de la zancada aumentaba y la sangre bombeaba por todo su cuerpo. Ya no hab√≠a deudas, paro ni problemas. No lleg√≥ el primero, ni entre los diez m√°s r√°pidos, pero cuando lleg√≥, sinti√≥ que nadie m√°s que √©l hab√≠a ganado el primer premio.

# 242 Pedro Mu√Īoz Rodr√≠guez

 

La verdad

Pap√°, ¬Ņpor qu√© existen las guerras? Pap√°, ¬Ņcu√°nto de grande es el sol? ¬ŅY por qu√© brillan las estrellas? Pap√°, ¬Ņa qu√© velocidad viaja la luz? Pap√°, ¬Ņde d√≥nde salen las moscas? Pap√°, ¬Ņen qu√© consiste la Bolsa? Pap√°, ¬Ņqu√© es el amor? Pap√°, ¬ŅDios existe? Pap√°, ¬Ņqui√©n crees que ganar√° la liga? Pap√°, ¬Ņen qu√© piensas cuando est√°s triste? Pap√°, ¬Ņd√≥nde conociste a mam√°? Pap√°, ¬Ņpor qu√© los chinos tienen los ojos rasgados? Pap√°, ¬Ņalguna vez has estado en Nueva York? Pap√°, ¬Ņqu√© es la felicidad? ¬ŅC√≥mo sabemos que estamos felices? ¬ŅPor qu√© hay personas que siempre est√°n tristes o enfermas? ¬ŅPor qu√©, pap√°? Bien, hijo, probemos algo. ¬ŅPor qu√© no te calzas las zapatillas, salimos a correr, y me cuentas qu√© es la verdad para ti.

# 241 Laura Nieto Franco

 

Te doy mi palabra

Mam√°, comenzamos en el puente Verrazano-Narrows, en Staten Island, cruzando la bah√≠a y conectando con Brooklyn, y el barrio de Queens, hasta llegar a Queensboro Bridge, que es donde se cruza el East River. Y entonces, s√≠, entonces es cuando nos adentramos en Manhattan, ya en la milla 16. Subimos por la Primera Avenida para llegar al Bronx, donde se hacen las pelis, mam√°, bajamos por la Quinta Avenida y finalizamos en Central Park alcanzando la m√≠tica meta en Tavern on the Green donde me beber√© una deliciosa cerveza helada‚ĶMam√°, no pasa nada, no llores, cuando salga de ese quir√≥fano volver√© a calzarme mis zapatillas y echar√© a correr. Y cuando cruce la meta, el a√Īo que viene, en el marat√≥n de Nueva York, no lo dudes, te doy mi palabra, te regalar√© un ramo de rosas y una visita al Empire State.

# 240 José Manuel Dorrego Sáenz

 

Volver la vista atr√°s

El pistoletazo da la se√Īal. ‚ÄúCuarenta kil√≥metros y la gloria‚ÄĚ, piensa el corredor local, En los diez primeros se posiciona, en el kil√≥metro 23, a√ļn con apuros, coge el corte bueno. Escruta a los rivales: el maldito Samy, que el a√Īo pasado le arrebat√≥ el bronce, un japon√©s ‚Äú¬ŅQu√© har√° un japon√©s en medio de la estepa?‚ÄĚ, un tipo pelirrojo con trotar poqu√≠simo elegante pero insistente como una gota malaya. Y un africano, ‚Äúnunca te f√≠es de los africanos‚ÄĚ, piensa. Kil√≥metro 35, aprieta los pu√Īos, cierra los ojos, dobla la zancada... Abre los ojos, mira atr√°s: sorprendentemente, nadie le sigue. No se f√≠a y acelera, √öltimos metros, va lanzado, atraviesa la meta, cierra los pu√Īos, recorre el recinto, cruza el pueblo, atraviesa la ciudad, la comarca, el pa√≠s, el continente, hasta que llega a ese punto en el que ya, a esas alturas, resulta tan dif√≠cil volver a vista atr√°s.

# 239 Elizabeth Hern√°ndez Mill√°n

 

Los pies

Pie Uno y Pie Dos, pareja innata, se encuentran, junto con otros muchos pies, esperando la se√Īal de salida. Enfundados en su traje tecnol√≥gico anti impacto, al disparo, dan sus primeros pasos hacia la esperanza. Son coraz√≥n, alma y cerebro, el cuerpo est√° a merced del d√ļo. A los doscientos metros alcanzan un ritmo perfecto, conjuntan respiraci√≥n y fuerza. Para este par, cumplir la promesa es lo m√°s importante. En la primera cuesta sus pisadas cambian al un√≠sono. El asfalto plano, los ayuda a recuperarse (solo un poco). Incesantes gotas de sudor, jadeos y acuciosos latidos, causan disminuci√≥n en su velocidad. A dos kil√≥metros de alcanzar la final est√°n adoloridos, agotados. Pie Dos, alienta a Pie Uno, el m√°s cansado. Por fin ven la meta, aceleran de alegr√≠a, cruzan la l√≠nea final. Inhalan, exhalan, sonr√≠en pensando que tal vez sus peque√Īos hijos Pies, logren sanar‚Ķ

# 238 Cristina Sánchez Martínez

 

Camino de la meta... soltando lastre

Quiz√° te parezca una chorrada, pero estoy viviendo esta mierda con angustia, con muchas reservas, con la pesadumbre de un futuro triste. Tengo muchas dudas sobre si alg√ļn d√≠a podr√© salir a tomar un caf√© o un vino con un amigo, un libro o una revista y disfrutar plenamente. Me digo; estoy tonta, pero no, estoy acojonada viva, aunque disimulo. Me digo, quiz√° si disimulo el tiempo suficiente, lo conseguir√©. Conseguir√© arrancarme esa zozobra de encima, despistar ‚Äúal mono‚ÄĚ. Esa incertidumbre que me persigue como un espectro y aparece a su antojo, s√≥lo para joder. Pero ¬°qu√© co√Īo!, ¬Ņdejar de qu√©?‚Ķ ¬°No! ¬°coger las riendas!, ¬Ņsuspirar por el humo negro de mis pulmones? ¬°Es rid√≠culo! Necesito un reto. Llega fin de a√Īo‚Ķ, su √ļltimo domingo‚Ķ, Salamanca: La San Silvestre. Si corro esos 10 kil√≥metros, que a tantos otros sirvieron para dejar atr√°s sus debilidades, brindar√© sin humo en Noche Vieja.

# 237 JUSTO GONZALO

 

7667

Otto se dirigi√≥, como todos los a√Īos desde que fuera la primera vez con su padre , a participar en la San Silvestre. Al decidirse en el √ļltimo momento, le dieron el √ļltimo dorsal. Este a√Īo no ten√≠a pensado inscribirse, no le apetec√≠a mucho correr sin √©l pero la insistencia de Ana le hab√≠a hecho cambiar de opini√≥n. La conoci√≥ en el hospital donde su padre luch√≥ contra el c√°ncer hasta que, finalmente, √©ste le devor√≥. Fue su enfermera y se hicieron amigos...m√°s que amigos pero todav√≠a no estaba preparado para declararse; esperaba alguna se√Īal que le indicara el momento y lugar. Estaba colocado en la salida, busc√°ndola entre los dem√°s corredores. Unos metros m√°s adelante la divis√≥ y sonri√≥; su dorsal era 7667, capic√ļa como el suyo, como sus nombres. Al cabo de unos segundos son√≥ la se√Īal , comenzaba la carrera.

# 236 JOAQUIN GARCIA SANCHEZ

 

El Hemeródromo

Repar√© en √©l al verlo descalzo. ¬ęCorrer no es de cobardes, sino de valientes¬Ľ, me dijo sonriendo al verme mirarle. ¬ęAfrontar con ritmo lento el primer trecho con el que prepararse para lo que viene. Acelerar cuando el cuerpo nos pide subir el ritmo queriendo ocupar los primeros puestos sin quedarnos demasiado atr√°s. Darlo todo cuando se empieza a divisar la meta, aunque el cuerpo agotado empiece a fallarnos y no nos responda como cuando empezamos. Y al final, levantar los brazos orgullosos para anunciar la victoria conseguida, antes de desfallecer agotado por el esfuerzo de haber afrontado esta evocaci√≥n de lo que realmente es la vida. Corre, como un profesional, o como un alocado bajo la festividad de unos disfraces, pero corre para disfrutar de la velocidad con la que afrontas tu vida¬Ľ. Y desde entonces corro cada a√Īo a su lado, celebrando a cada llegada nuestra aut√©ntica victoria.

# 235 Eduardo Pérez Cortés

 

La carrera so√Īada

El comienzo de la carrera fue complicado, se hab√≠a quedado atr√°s en los primeros 500 metros. Poco a poco hab√≠a recuperado terreno y a falta del √ļltimo kil√≥metro se encontraba en el grupo de cabeza con otros cinco corredores, entre los cuales estaba Juan, a quien desde el instituto llamaba ‚Äúm√≠ster perfecto‚ÄĚ. Guapo, siempre haciendo ostentaci√≥n de sus fabulosas notas y de su a√ļn m√°s fabulosa novia. Fue precisamente Juan quien realiz√≥ el terrible aceler√≥n para reventar el grupo. Con gran esfuerzo consigui√≥ seguirle. Una vez a su altura, reuni√≥ energ√≠a para lanzar el ataque ganador. Vitoreado por todo el mundo, cerr√≥ los ojos para disfrutar. Cuando los abri√≥, su madre abr√≠a las persianas y le gritaba que por qu√© no buscaba trabajo en vez de estar durmiendo la borrachera a las dos de la tarde. Le pregunt√≥ qui√©n hab√≠a ganado la San Silvestre. ‚Äú¬°Juan! ¬°Ya podr√≠as aprender de √©l!‚ÄĚ.

# 234 David Nieto Rodríguez

 

1 de Enero

Intentar llevar a tus hijos de vez en cuando al colegio. Ayudarles a hacer los deberes. Dedicarles m√°s tiempo y m√°s sonrisas. Llevar a tu mujer alg√ļn d√≠a a cenar. Ayudar m√°s con las actividades comunes. Dedicarle m√°s tiempo y sonrisas. Llamar a tus hermanos alguna vez. Dejar de estar siempre ocupado. Quedar un d√≠a a cenar aunque pagues t√ļ. Dedicarles m√°s tiempo y sonrisas. Llamar a tu madre dos d√≠as a la semana en vez de uno. Y con desgana. Tu madre jam√°s te ha fallado. Dedicarle todo el tiempo necesario y muchas m√°s sonrisas. Empezar cada A√Īo Nuevo saludando a la ma√Īana y saliendo a correr por el campo, pensando que es el mejor plan que se te ha ocurrido nunca, mientras piensas, a cada pisada, como renovados prop√≥sitos, c√≥mo regalar a todo aquel que amas m√°s de tu tiempo, m√°s sonrisas.

# 233 Omar Roll√°n

 

Lo que importa

Echando la vista atr√°s recuerdo mi primera San Silvestre con cari√Īo. El recorrido era distinto y m√°s corto, pero las ilusiones eran iguales o incluyo mayores. Apenas contaba con 15 a√Īos y pensaba que me iba a comer el mundo; hasta ten√≠a reservado un sitio destacado en la estanter√≠a de mi habitaci√≥n para colocar el ansiado trofeo que, sin lugar a dudas, conseguir√≠a, pero que la cruel realidad me arrebat√≥ sin miramientos. Los siguientes a√Īos me marqu√© metas cada vez menos ambiciosas (bajar mi marca de la edici√≥n anterior, quedar por delante de mis compa√Īeros de correr√≠as, conseguir atravesar la l√≠nea de meta dignamente...). Con el tiempo tuve que mudarme a otra ciudad y la San Silvestre gan√≥ un significado especial. No es cualquier otra carrera, ahora es el reencuentro con mi ciudad, con mi gente. Ya no importa el resultado, lo que importa es estar.

# 232 DAVID DOMINGUEZ PARRILLA

 

LA VICTORIA

El primer golpe apenas me doli√≥. Supongo que estaba anestesiada por el amor que le ten√≠a y por la sorpresa de aquellos fuegos artificiales que no ten√≠an nada que celebrar. El segundo me rompi√≥ el coraz√≥n. Corre. Castillo de naipes en el ojo del hurac√°n, sentimientos de cristal, puzle al que le falta una pieza. Corre. Rota con tantas preguntas en los bolsillos como puntos de sutura. Los que siguieron no los cont√©, simplemente llegaron con su sotana morada y arrastrando los pies de aquellos recuerdos que nos unieron. Corre. Cielo de plomo, balas de plomo, medalla de plomo. Corre. Lluvia de reproches, lluvia de culpas, lluvia √°cida. Corre. Pero un d√≠a el sol se abre paso en forma de mano amiga, de consejo, de salvavidas. Corre. Y corr√≠, corr√≠, corr√≠. Y aunque a√ļn no alcanc√© la meta estoy contenta pues, pase lo que pase, la victoria ya es m√≠a.

# 231 Sergio Cuesta Fuente

 

El tobillo corazón

Ese a√Īo le hab√≠a exprimido casi por completo, pero segu√≠a en forma. Al menos eso cre√≠a √©l, aunque tambi√©n sab√≠a que no deb√≠a fiarse de s√≠ mismo. Ya nadie lo hac√≠a. -Un leve dolor detona en el tobillo izquierdo-. Premeditadamente, ella hab√≠a decidido irse de repente y √©l no hab√≠a hecho nada para impedirlo. Hab√≠a intentado no intentarlo mientras en realidad quer√≠a hacerlo. -El tobillo sufre-. Hab√≠an estado juntos m√°s de diez a√Īos, casi todos aceptablemente felices, pero los √ļltimos hab√≠an sido insanos, crueles, prescindibles. -La articulaci√≥n chasca-. √Čl segu√≠a sin comprender por qu√© hab√≠a claudicado tan f√°cilmente. Ni siquiera un reproche o una l√°grima postrera y vinculante. -Las √ļltimas zancadas gritan contra el suelo-. Solo quer√≠a correr y correr hacia adelante, sin preguntarse, sin detenerse, sin mirar, hasta que ese a√Īo hubiese quedado muy atr√°s.

# 230 José García-Ortega Corraliza

 

La carrera del pureta

‚ÄúAhora no, broder. Ahora no‚ÄĚ, me dije desconsolado. Hab√≠a que seguir a toda costa. Todo hab√≠a empezado un a√Īo atr√°s. Paseando por la plaza vi un cartel que anunciaba la carrera y me par√© a leerlo. Desde luego que en ese momento no estaba para carreras. Incluso a veces me era dif√≠cil y costoso moverme andando por la ciudad. Y era triste, la verdad. Con cuarenta a√Īos y estar asfixiado ya‚Ķen fin, decid√≠ que deb√≠a cambiar de vida y presentarme a la pr√≥xima San Silvestre. Ese d√≠a me tom√© m√°s ca√Īas. Me fum√© m√°s cigarros. Me acost√© muy tarde. Y desde entonces no volv√≠ a fumar. A partir de ese d√≠a comenc√© con los entrenamientos. Al principio s√≥lo andar. Despu√©s de unas meses, carrera y paseo. Luego, ya s√≥lo carrera. Y ahora que estaba por llegar a meta: voy , y me despierto yo.

# 229 LUCAS ASTESANA

 

Pensamientos de campeón

Margarita que renace. Y tal vez, aburrido estoy, hablando tropicalmente, pensando en playas y en c√≥cteles, romper√≠a, ahora mismo, un coco con una cuchara, de mis primaveras se narran cuentos, un vulgar idioma, para estabilizar con un haiku, dejar√≠a esto , en estos momentos , y buscar√≠a al responsable de que mi coraz√≥n vaya lento, de apoco, romper√≠a , otro coco en homenaje al viento. ¬ŅEscuchas eso? Corre , vamos , corre, lento, as√≠ te atrapo, palabras quisquillosas, enredadas tras mi cuello, por una vez lo admitir√©, maldito mundo, yo prevalecer√©. Apreta los dientes al ver que soy, atrapado ermita√Īo, en lo profundo, sanara por fuera, ¬Ņquieren m√°s primavera? No es tarde entonces, pues yo solo quiero un coco.

# 228 Alicia Villalba

 

Volver a tus calles

Ahora que ya no est√°s, ahora que ya te has ido, echas de menos el fr√≠o salmantino, los primeros <> por el puente romano, a√ļn de noche; Salas Bajas con los primeros charcos oto√Īales, Antol√≠n con su c√°mara, la cuesta que te lleva a la calle Libreros, a Gema Mart√≠n Borgas inspirando a todas las corredoras j√≥venes, la inmensidad de la Plaza Mayor y su p√ļblico en la Media Marat√≥n. Ahora que ya no est√°s, pero vuelves en Diciembre, a tu ciudad charra, a la San Silvestre que te da el aliento para el resto del a√Īo. Ahora que no te tengo, Salamanca, pero corro por ti y recorro tus calles con el coraz√≥n.

# 227 Luis Angel Alburquerque Sanchez

 

Veterana

Ciudad de vacceos, de vetones y romanos, visigodos, musulmanes. Que se erige desde el cerro de San Vicente. Dorada del todo ¬Ņde verdad crees que a estas piedras le importan tu marca? Entonces se volvi√≥ a calzar sus zapatillas. A√ļn era muy joven, corr√≠a el 1984, pocos eran los valientes, para ella su primera vez. Pero desde entonces repiti√≥ gesta a√Īo tras a√Īo. En realidad, no entiende de categor√≠as, o no le importan, pero ella se siente veterana. Cada vez lleva m√°s ritmo, m√°s alborozo, y m√°s color. Cuando ella empez√≥ no importaba el color de tus cordones. Este a√Īo brillar√° junto a 7388 compa√Īeros y compa√Īeras m√°s. Ya se est√° preparando, siente a sus m√ļsculos nerviosos, pero sabe que estos no la fallar√°n. ¬Ņy el tiempo? ¬°Qu√© m√°s da! Cuando sabes que volver√°s el a√Īo pr√≥ximo.

# 226 PAZ DUASO DUERTO

 

¬ŅCorremos Juntas?

¬ŅTe apunto a la San Silvestre?- pregunta por tel√©fono, una insistente Sara a su madre. Era su primer a√Īo de universidad y hab√≠a elegido Salamanca para cursar Psicolog√≠a.Su padre hab√≠a fallecido recientemente, de improviso.Su madre se qued√≥ sola y joven, encerrada en un pueblecito de la Espa√Īa vaciada. Lo suficientemente lejos como para no verse a menudo. - Este es el plan- contin√ļa Sara- El 26 de diciembre te recoger√© en la estaci√≥n del tren. Dos d√≠as de entrenamiento corriendo por las calles de Salamanca. Conocer√°s el recorrido y el 29... saldr√°s con tu dorsal. A por todas. Valiente. Luchadora hasta el final. Te vendr√° bien mam√°, y a m√≠ tambi√©n. Y t√ļ puedes. Eres joven. Siempre anim√°ndome en el deporte, ahora te toca a t√≠. Nos hemos quedado solas, pero juntas. Correremos la carrera de nuestra vida. Ser√° nuestra San Silvestre, el principio despu√©s del fin.

# 225 Mar Martinez Morentin

 

TU DORSAL ES MI DORSAL

Le preguntaron cu√°l era su n√ļmero de dorsal. Todos respondi√≥. Desde el primero hasta el √ļltimo. Se dio la vuelta lentamente. Una Cruz Roja plasmada en su espalda indicaba que la carrera estaba a punto de comenzar.

# 224 Hernando Striedinger

 

El correrdor

Jorge ven√≠a de pastorear par de lesiones. Nadie daba un centavo por su triunfo. Su salida en la San Silvestre Salamandina no hab√≠a sido ideal. La meta aun estaba lejos. Como fuese a media marcha, despunt√≥ del lote. Remont√≥ posiciones. Adelante iban peligrosos contenedores. El Et√≠ope llevaba ventaja. Ello no le desanim√≥. Sus √ļltimos entrenamientos los hizo con su novia. De hecho ella lo esperaba. A cada instante sent√≠a amarla m√°s. Desde chico ya gustaba correr. Cre√≠a volar. El que iba adelante se fundi√≥. ¬°Quedaban cuatro¬°. Uno de los morenos volte√≥ a mirarle, y lo super√≥ mientras com√≠a envidias. Alguno sufri√≥ un doloroso un esguince. Iba ya entre los dos primeros. Adelante viv√≠an sus esperanzas. Alcanz√≥ a llorar tras igualar otro m√°s. El √ļnico que le aventajaba, alcanz√≥ a mirarle encima del hombro. Jorge con la respiraci√≥n volada, so√Ī√≥ estaban cabeza a cabeza. No m√°s lo imagin√≥ se hizo real. ¬†

# 223 Jos√© √Ālvarez

 

Intolerancia en el deporte

La carrera de los 200 metros planos ha finalizado. La ceremonia de premiaci√≥n comienza con las notas del himno nacional estadounidense. Los atletas norteamericanos Tom Smith y John Carlos, medalla de oro y bronce, respectivamente, alzan un pu√Īo, bajan la cabeza y cierran los ojos. Son abucheados cuando abandonan el podio. ¬ęLa Am√©rica negra entender√° lo que hicimos esta noche¬Ľ, declara Smith. Muchos afirman que el deporte no debe mezclarse con la pol√≠tica. Dos humildes atletas negros han servido de embajadores del Proyecto Ol√≠mpico para los Derechos Humanos, que no tiene nada de pol√≠tico. Ese gesto en los juegos ol√≠mpicos de M√©xico de 1968 fue un acto leg√≠timo garantizado por la primera enmienda de la constituci√≥n del pa√≠s de esos atletas. Alguien tiene que hablar por los que no tienen voz. Desgraciadamente, medio siglo despu√©s se critican actitudes similares y se levantan muros de intolerancia.

# 221 Domingo Ignacio García González

 

Herencia salmantina

Como el cielo necesita a los p√°jaros y los r√≠os precisan al pez. Como Salamanca reverencia a su Universidad y estima la carne de Morucha. Como un hijo admira a su padre y un padre ama a su hijo. Relaci√≥n biun√≠voca. As√≠ es como Mario copiaba cada movimiento que hac√≠a su padre al atarse los cordones blancos de las zapatillas. Sus ojos revelaban idolatr√≠a. No hay en el mundo nada m√°s hermoso que esa sensaci√≥n. La mirada de un ni√Īo que adora a su padre. Treinta y seis a√Īos corriendo la San Silvestre Salmantina, todas ellas, y a√ļn se emociona al recordar c√≥mo, al igual que Mario, √©l tambi√©n mir√≥ a su padre, en aquella primera San silvestre, amarrarse las zapatillas con total admiraci√≥n. Qu√© bonito legado de vida, esfuerzo y superaci√≥n en algo tan sencillamente natural como seguir hacia delante hasta la meta. Atletas de la felicidad.

# 220 Roberto Crespo Ramos somaR opserC otreboR

 

ADN SanSil: La Ruta NatuRaL: liSnaS DNA

Avanzar, empezar a correr y por fin avanzar. Es lo importante, para adelante o para atr√°s ir, sinceramente pienso que me da igual, igual da ganar o perder, se acaba el a√Īo, y en mis sue√Īos mis pisadas son livianas y me llevan lejos y me acercan dulcemente a la meta,¬°A META! !META AH¬° dulcemente me acercan mis liviana pisadas a mis sue√Īos, el a√Īo empieza, perder o ganar da igual, igual me da, para atr√°s o adelante, pienso sinceramente ir, lo importante es avanzar y finalmente correr a empezar, AVANZAR.

# 219 M DOLORES RODRIGUEZ CANILLAR

 

Y AL FIN GAN√Č LA CARRERA

Sal√≠ en primera fila con el √ļnico prop√≥sito de entrar el primero en la meta. Me hab√≠a preparado tanto que no pod√≠a aceptar otro puesto. Mi familia insist√≠a que me lo tomaba demasiado en serio, lo importante era participar. Fue a mitad de carrera cuando sent√≠ un dolor en el pecho, a lo que hice caso omiso, como otras tantas veces. Me percat√© del silencio de los espectadores. Mir√© atr√°s, donde un grupo de gente se arremolinaba junto al corredor que parec√≠a haber desfallecido. Llamaban por tel√©fono, supongo que al 112. A un par de kil√≥metros otro corredor y yo luch√°bamos por el ansiado primer puesto, aunque parec√≠a que todas las miradas se clavaban en √©l. Alc√© los brazos y cruce la meta el primero. Entonces me percat√© de que parec√≠an vitorear al corredor que hab√≠a entrado tras m√≠ y portaba la cinta de la victoria en sus manos.

# 218 Alberto Angulo Lucerón

 

La eterna carrera de relevos

Me prepar√© durante nueve largos meses. Finalmente, escuch√© el pistoletazo de salida y sal√≠ al sprint. Fue entonces cuando mis padres fueron al registro civil, me inscribieron en la carrera y recogieron mi dorsal. Era muy extra√Īa, ya que, cuando comenc√©, muchos ya la estaban corriendo, y otros cuantos ya la hab√≠an acabado. De los primeros kil√≥metros poco recuerdo. Solo s√© que mis padres decidieron acompa√Īarme en ellos, asegur√°ndose as√≠ de que manten√≠a un ritmo aceptable, y que acabaron bastante cansados. Pens√°ndolo, es l√≥gico, ya que ellos participaban en su propia carrera y, adem√°s, en la m√≠a. Es en el punto intermedio donde me encuentro ahora. A veces, se notan esos kil√≥metros ya recorridos, y cuesta m√°s levantar las piernas. Por suerte, hace poco, encontr√© a alguien que decidi√≥ correr en paralelo a m√≠, y menos mal, porque ahora, soy yo el que supervisa la carrera de dos peque√Īos atletas.

# 217 Analía Costa

 

Con la suerte en los talones

Más rápido, tengo que correr más rápido. Sé que vienen a por mí, no puedo flaquear ahora. Escucho sus pasos detrás, están cada vez más cerca. Los escucho respirar, noto que también están cansados, pero su prioridad ahora mismo es alcanzarme. Con las pocas fuerzas que me quedan obligo a mis piernas a moverse más velozmente. Escucho los gritos, no puedo detenerme. Cruzo la línea de llegada y me desplomo en el piso. Gané la carrera.

# 216 Pedro Ran Pérez

 

Tradici√≥n navide√Īa

Eran las 12:29 del √ļltimo domingo del a√Īo 2019 y como todos, desde hace 35 a√Īos, inici√© mi ritual: √ļltimos estiramientos, comprobar los cordones de mis zapatillas, dar √°nimos a los compa√Īeros y persignarme tres veces. ¬°Ya estaba listo! Dieron la salida de la XXXVI edici√≥n de esta carrera que personalmente he corrido en todas sus ediciones. Enseguida hubo mucho movimiento. Los corredores iban haciendo sus grupos dependiendo de sus objetivos. Los hay que buscan la victoria y otros se conforman con participar. Personalmente no he ganado ning√ļn a√Īo, de hecho no participo. Ser√≠a injusto para el resto de corredores. Mas no s√≥lo la corro sino que tambi√©n cuido y protejo a todos los que participan en ella. Ahora me he dado cuenta de que no me he presentado: mi nombre es Juan Gonz√°lez del Castrillo, pero desde 1690 se me conoce como: San Juan de Sahag√ļn.

# 215 FRANCISCO JUAN BARATA BAUSACH

 

"Mi padre"

Este a√Īo no quise que mi padre participara. Que hubiera cumplido los setenta era una buena raz√≥n, aunque a √©l no le convenc√≠a. Era castellano, de los ‚Äúviejos‚ÄĚ, un portento de cabezoner√≠a. Yo participo, como todos los a√Īos, aunque solo sea para que mi incipiente barriguita no se envalentone y me invada, que las ‚Äúbarrigas‚ÄĚ son muy suyas. Tengo que admitir que cada a√Īo me cuesta, ‚Äúsangre, sudor y l√°grimas‚ÄĚ, completar la carrera. Solo la ‚Äúverg√ľenza torera‚Ä̂Ķ y que mi mujer me espera con mis hijos en meta, es lo que me impele a llegar, aunque colecciono agujetas para todo el a√Īo. Cuando pasaba por la ‚ÄúCasa de las Conchas‚ÄĚ casi me cuesta un desmayo lo que vi. Ni idea de d√≥nde sali√≥, pero all√≠ estaba mi padre, corriendo, con m√°s compostura que la m√≠a. No s√©, quiz√°s me est√© haciendo viejo‚Ķ pero mi padre corr√≠a delante de m√≠.

# 214 Carmelo Julio Saavedra Montero

 

CR√ďNICA A JICOTEA

CR√ďNICA A JICOTEA La combusti√≥n de los gases reacciona los pistones del motor y los obreros corren detr√°s del cami√≥n. A Heriberto ‚ÄďJicotea- siempre le recuerda la orden de arrancada a los 100 metros planos que nunca perdi√≥‚Ķ entre corredores que clavan sus pinchos en la pista, y √©l, al galope, con su par de tenis viejos fundidos a los cascos de Pegaso, sonre√≠r a sus contrarios de la Escuela de Alto Rendimiento. Formalizan la selecci√≥n para los Juegos Nacionales, no obstante, Jicotea llega primero a la meta con los brazos en alto, unidas las manos en un pu√Īo y la carcajada de j√ļbilo que permite su inmensa boca, pero, como el hijo del Comisionado de Atletismo era de los rezagados, pierde "por indisciplina". Jicotea corre con "Los leones" y vence hasta al cami√≥n de la basura. Perdimos la Medalla Ol√≠mpica de quien ama a su familia. Limpia la ciudad.

# 213 Ayalga Mar

 

En volandas

Si las patas de gallo aparec√≠an en sus ojos cuando sonre√≠a y los ojos de gallo lo hac√≠an en sus pies cuando le apretaban las zapatillas de deporte, no deber√≠a haberle extra√Īado que todos le hubieran dicho que ten√≠a p√°jaros en la cabeza cuando dijo que participar√≠a en la San Silvestre Salmantina. Y as√≠ hoy, en la l√≠nea de salida, sabe que no est√° sola; nota cientos de mariposas en el est√≥mago y sonr√≠e abiertamente, sabiendo que todo el universo alado que habita en su interior, le ayudar√° una vez m√°s a llegar a la meta.

# 212 Tone Roma

 

Te vi

Te vi mientras corría cerca de las dos catedrales, también cuando pasé por la fachada de la Universidad, al bordear la Plaza Mayor, y reflejado en el Tormes cuando crucé el Puente Romano, dorado de la piedra labrada de Villamayor, que mantienes en tu reflejo la belleza milenaria de nuestra Salamanca.

# 211 MIGUEL PAZ CABANAS

 

La versión de Blanca

Mucho antes de visitar la torre tapizada de hiedra, de caer en el largo sue√Īo y de ser raptada; mucho antes de que el pr√≠ncipe me despertase y me apretase con sus fornidos brazos; antes incluso de cabalgar durante d√≠as y de que segase con su espada los rosales que decoraban mi alcoba (y que tanto tiempo me hab√≠a costado plantar); antes, ya digo, de todo aquel asunto engorroso, le dije al rey que no quer√≠a que me besasen contra mi voluntad, que se olvidase del cuento de la mujer sumisa, bella y durmiente y que, pesase a quien pesase, saldr√≠a a correr esa ma√Īana la San Silvestre Salmantina.

# 210 Antonia García González

 

¬°Por ti, Pablito, por ti!

Aquella ma√Īana me costaba despertarme. Hab√≠a amanecido con sol, pero fr√≠o. De pronto, record√© que hab√≠a prometido a mi hijo que ese d√≠a iba a ser un d√≠a muy especial. Abr√≠ los ojos ya muy despierto: ‚ÄúS√≠, hoy va a ser un gran d√≠a‚ÄĚ, pens√©. ‚ÄúPor ti, Pablito, por ti.‚ÄĚ Fue en ese instante cuando record√© un personaje, que casi ten√≠a olvidado: ‚Äú--Corre, Forrest, corre. S√≠, era Forrest, Forrest Gump. Por ti, Pablito, porque tu papi hoy te va a llevar consigo.‚ÄĚ *** Miguel se puso una camiseta muy leve, ligera, tanto como el amor que inspiraba su imagen: la foto de Pablito. Luego, se coloc√≥ la camiseta para ir a correr la marat√≥n de San Silvestre. Diez mil metros ¬°nada menos! Pablito vibraba bajo el dorsal m√°s que el coraz√≥n de Miguel; tanto, que de vez en cuando, hasta cantaba: --¬°La medalla, Pablito, la medalla!

# 209 Ra√ļl Clavero Bl√°zquez

 

Intimidad

Participar en la San Silvestre fue una de las primeras cosas que compartimos, y ahora es la √ļltima que nos queda en com√ļn. Solemos encontrarnos a mitad de carrera, yo te doy alcance y acompaso mis zancadas con las tuyas. Entonces dejamos que nuestras manos se rocen y que nuestros alientos se mezclen, dibujando una impenetrable intimidad entre la muchedumbre. A veces puedo escuchar tu coraz√≥n, latiendo preciso y vigoroso, tan distinto al ritmo desbocado del m√≠o, y en ocasiones, simplemente, busco tu mirada, sin que me la ofrezcas jam√°s. Me gustar√≠a que alg√ļn a√Īo cruz√°ramos juntos la meta, pero t√ļ siempre aceleras unos metros antes de llegar, corriendo hacia tu esposa, que te espera al otro lado, que te besa y que te abraza, y yo, al verte, freno el paso y camino hacia la m√≠a, que me espera al otro lado, que me abraza y que me besa.

# 208 Maria Jose Aguilar Suarez

 

Dos extra√Īos compa√Īeros

Hoy no ha venido. Le esperar√© 5 minutos m√°s por si se ha retrasado un poco. Es la primera vez que falla a nuestra cita diaria en 6 meses, todos los d√≠as recorremos juntos el camino que va junto a la playa hasta el faro y vuelta. En silencio, no necesitamos decirnos nada. Aqu√≠ lo que importa es el camino que tenemos por delante. ¬ŅLe habr√° pasado algo? No tengo forma de saberlo, nunca nos hemos contado nada personal m√°s all√° del ‚Äúya ha llegado el buen tiempo‚ÄĚ. Ma√Īana volver√© puntualmente, y espero que √©l tambi√©n.

# 207 Jes√ļs Gella Yago

 

GENERACIONES

¬°Ah√≠ llega mi nieto! Es aquel rubito, el peque√Ī√≠n con ch√°ndal azul. Le hace mucha ilusi√≥n que le haya tocado un dorsal capic√ļa. El coraz√≥n no me cabe en el pecho cuando atraviesa la plaza de San Antonio y encara la recta final. Sonr√≠e de oreja a oreja porque ya est√° convencido de poder acabar. Pero se detiene. El p√ļblico aplaude cuando levanta a una ni√Īa que ha tropezado. Cruzan juntos la meta. Mi nieto no ganar√° la carrera, ni siquiera estar√° entre los primeros. Pero acaba de ganar una amiga. Me aseguro de que mi dorsal azul sigue en su sitio y me voy trotando hacia la calle Honduras para tomar la salida con otros veteranos y veteranas. Me encanta como suena. Hace que cualquiera olvide su edad y se enorgullezca de su experiencia. Espero que, al verme pasar, mi nieto tambi√©n exclame: ¬°Ah√≠ llega mi abuela!

# 206 Rub√©n Mu√Īoz Ortega

 

Un desayuno sin mí

No hay infancia que uno pueda olvidar cuando desayuna para pasear en la calle. Ah√≠, me siento m√°s meta que espectador. No huir√≠a de esta carrera vocacional y diaria, es decir, la ciudad no huye en m√≠. Disfruto cuando mi espalda se convierte en la √ļnica plaza que no puede prohibir las ramas del sol. ¬ŅQu√© es una carrera popular? Corresponder a las familias que han desayunado para s√≠ mismas. Ver nacer el sufrimiento inocente en la ra√≠z de todas las espaldas que encarcelaran la meta. Otro a√Īo m√°s, el deporte no se ha destruido en la celebraci√≥n de su uniformidad. Sigo siendo el relevo de mi desayuno. Comprobando que desayunar no es la meta del espectador sino de toda la ciudad.

# 205 Natalia Garcia Labrador

 

La necesidad de recordarte

Han pasado cincuenta noches desde nuestro √ļltimo abrazo, con sus correspondientes cincuenta ma√Īanas. No es la primera vez que nos separamos, ni la primera que no duermo a tu orilla, pero s√≠ es la primera que te pierdo cuando m√°s bonita est√°s. Echo de menos tu calidez, ese color que te invade cuando salimos casi al atardecer. Echo de menos tu olor por la ma√Īana al despertar, cuando nadie m√°s te observa y en m√≠ aparece un escalofr√≠o, mezcla de la escarcha y la emoci√≥n de verte. Echo de menos la niebla que nos rodea y me hace ser parte de ti. Pero, sobre todo, echo de menos lo que me haces sentir. A m√≠ y a quien tiene el privilegio de recorrer las rarezas de tu mirada, esas que solo se pueden apreciar cuando llevas un dorsal en el pecho y en √©l est√° escrito tu nombre, Salamanca.

# 204 Jorge Fraga Su√°rez

 

Claudio

Claudio es diferente, y cuando sale a la calle es consciente de ello. Las personas suelen poner las mismas expresiones al ver a alguien con s√≠ndrome de Down: sorpresa y pena. Pero hay un d√≠a del a√Īo en el que parece que ya no es diferente. Un d√≠a en el que todo el mundo le trata de igual y lo √ļnico que recibe son √°nimos y caras felices. Ese d√≠a es la San Silvestre Salmantina. Ese es el momento que espera con ilusi√≥n a√Īo tras a√Īo. Un evento en el que se ve arropado por personas que comparten la misma pasi√≥n: el atletismo. No le podr√≠a importar menos el quedar por el final. √Čl ya ha ganado antes de empezar la carrera, ha ganado amigos, felicidad, ilusi√≥n. Salir a correr le ha cambiado la vida. Le hace feliz.

# 203 Juan Manuel Hernandez Roncal

 

Correr

Corr√≠ por caminos abandonados y tembl√© al percibir, bajo mis pies, el rugido del interior de la Tierra. Ascend√≠, trotando, por monta√Īas y sent√≠ terror de las alturas aullantes que, a mi alrededor, se extend√≠an. Descend√≠, algo acelerado, por valles en penumbra donde el murmullo de antiguas casas abandonadas hicieron que un temblor primigenio recorriera mi cuerpo. Recorr√≠ descalzo la orilla del mar y sent√≠ como el oleaje del mar intentaba agarrarme para llevarme a sus profundidades atroces. Corr√≠ por el desierto hasta el l√≠mite de mis fuerzas perseguido por el silencio vociferante que merodeaba en torno m√≠o con actitud amenazante. Pero fue aquella vez cuando hui lejos de ti cuando m√°s pavor sent√≠. El esfuerzo fue tan grande que no pude ni volver la cabeza. Desde entonces no he parado de correr‚Ķ

# 202 Miguel Angel Molina Jiménez

 

La camiseta oficial

A√ļn no se ha extinguido el eco del pistoletazo de salida cuando me sobrepasan Batman, Supergirl y otros h√©roes de c√≥mic. Mientras cruzo la Plaza Mayor son un grupo de Picapiedras, tres legionarios y Bob Esponja los que me adelantan. Metro a metro, las borlas blancas de los gorros de Pap√° N√∂el se multiplican como esporas delante de m√≠. Por la R√ļa Antigua, ya me han dejado atr√°s cientos de corredores. El pirata, la novia barbuda y Elvis lo har√°n antes de enfilar la √ļltima recta. Al llegar bajo la pancarta de meta, esprinto animado por un residuo de orgullo. A pesar de ello, no puedo evitar que un logrado incre√≠ble Hulk me gane por un cuerpo. El p√ļblico de la San Silvestre aplaude mi esfuerzo. Sin embargo, he decidido que la pr√≥xima vez usar√© la camiseta oficial de la carrera. Cuelgo definitivamente el disfraz de Homer Simpson.

# 201 José Mariano Seral Escario

 

Superación

Tres minutos antes de dar la salida, levanto mi brazo derecho y agilo mi mano sobre los fragmentos de cientos de conversaciones y saludo en la distancia a Pablo, no me reconoce, pero esboza un moh√≠n asim√©trico. Su padre le limpia los labios con un pa√Īuelo de papel. Comienza la carrera, a los cien metros vamos corriendo a la par, hab√≠amos coincido el mes pasado en la marat√≥n de New York. Pedro empuja con entusiasmo la silla adaptada de aluminio de su hijo. Nos miramos a los ojos, no puedo evitar que las l√°grimas afloren en mis pupilas, √©l, con el reverso del antebrazo seca las suyas. Recuerdo nuestra √ļltima conversaci√≥n: ‚Äú¬°Corro porque s√© que mi hijo es feliz!‚ÄĚ. Miro a Pablo, que sonr√≠e al mismo tiempo que levanta su brazo izquierdo y roza con la yema de sus dedos las de los espectadores, recibiendo un solidario saludo de √°nimo.

# 200 Alba Chaves Martínez

 

Perseverancia

PERSEVERANCIA Creo que una maldita piedra se me ha colado en la zapatilla. S√≠, noto como se clava en mi tal√≥n a cada pisada, pero no puedo pararme. Intento no pensar en ella ¬°Eso est√° mejor! ¬ŅY ahora qu√©? ¬ŅUn calambre? ¬ŅEn serio? ¬°Madre m√≠a como quema! Convierto el imperativo ‚Äúno pares‚ÄĚ en un mantra, pongo la mente en blanco y me concentro en mi respiraci√≥n. Noto como mi vientre se hincha y expulso el aire lentamente. Me despisto y oigo a la gente jalear excitada. Estoy cerca, puedo ver la meta ¬°Todav√≠a no ha llegado nadie! Me felicito emocionada mientras devoro los √ļltimos metros. Empapada en sudor y con las piernas doloridas, me desplomo sobre una de las vallas y me arranco la zapatilla donde est√° la piedra. Me da tiempo a calzarme cuando aparecen los primero rostros de la carrera. ¬°M√≠rala! ¬°Ah√≠ est√°! Es mi nieta.

# 199 ALMUDENA GONZ√ĀLEZ CABALLERO

 

Y YO, COMO T√ö

Y yo, como t√ļ S√© que ma√Īana es el d√≠a. Lo s√© porque ha preparado sus zapatillas, y las m√≠as. Porque me ha abrazado con m√°s fuerza al llegar a casa. Lo s√©. Siempre pretende que sea una sorpresa, y la ilusi√≥n le delata. Ha mirado el tiempo. Ha dicho eso de: ‚Äúahora vuelvo, que nadie me pregunte‚ÄĚ. Y, en su habitaci√≥n, a escondidas, se ha mirado en el espejo con la camiseta puesta. Ha cantado en la ducha y me ha gui√Īado un ojo al salir. S√© que a los pies de la cama me dejar√° la peluca. Como la suya. Me dormir√° con un beso en la frente. Ma√Īana me abrigar√°n y de la mano volver√© a esa esquina para verlo pasar. S√© que ma√Īana es la San Silvestre que lleva preparando todo un a√Īo. Y cuando termine, como siempre, le dir√© al o√≠do: ‚ÄĚpap√°, yo quiero ser como t√ļ‚ÄĚ.

# 198 Jorge Arce Marijuan

 

PASADO, PRESENTE Y ...

En mitad de la carrera un rayo centellea cerca de m√≠, apenas restan doscientos metros para cruzar la meta, caigo y me levanto, aturdido y asustado continuo corriendo. Miro hacia los lados, el p√ļblico se ha transformado, son personas ilustres, Rafael Farina, ‚ÄúEl Viti‚ÄĚ, Del Bosque, Fray Luis de Le√≥n, Juli√°n S√°nchez ‚ÄúEl Charro‚ÄĚ y muchos m√°s animando efusivamente a los competidores. El coraz√≥n se me sale del pecho, mis piernas me queman. -¬°Venga, un poco m√°s! -me dice una voz en mi interior. Cuando llego a meta, el sonido de una charrada interpretada por el Mariquelo sustituye la m√ļsica y la voz del speaker. Arrodillado, respiro agitado recuper√°ndome del esfuerzo. Me van rodeando, felicit√°ndome por la carrera y cit√°ndonos para el pr√≥ximo a√Īo. Luego parpadeo y‚Ķ ya estoy de vuelta, me encuentro junto a mi mujer e hijos. Pero a lo lejos un Unamuno sonriente se despide de m√≠.

# 197 Pablo Ernesto Montoya Juli√°n

 

¬°Vamos!

¬°√öltimos cien metros!‚Ķ Ya queda nada‚Ķ Ostia, y la rodilla parece que no me duele‚Ķ Endorfinas seguro‚Ķ Esto es runner‚Äôs high‚Ķ ¬°Vamos, co√Īo!... Joder, pero no estoy respirando bien‚Ķ Me duele el lado‚Ķ Vamos a bajar un poquito, un poquito aunque sea‚Ķ ¬ŅY de pulsaciones?... 170‚Ķ Ok‚Ķ Esto est√° hecho‚Ķ Pero que sed tengo‚Ķ Voy a potarla‚Ķ ¬ŅC√≥mo?... ¬ŅViene alguien por detr√°s o soy yo?... ¬°Joder, el t√≠o al que pas√©!... ¬°A m√≠ no me adelantas!... ¬°Vamos, joder!... Abrir zancada y echar cuerpo‚Ķ ¬°Ostia no!‚Ķ ¬°Os‚Ķ! ¬°Aprietaaa!... ¬°Y‚Ķ! ¬°Siii!... ¬°Jajaja!... ¬°Dios!... ¬°No me lo creo: he ganadooo!

# 196 √ďscar Garcia Sampedro

 

Canto Rodado

San Antonio remoloneando. Canalejas riendo. Desde la Alamedilla, las mujeres de Casillas nos van mirando; una escucha, otra dibuja, la tercera lucha. Por los Hotelitos de don Casimiro un pececillo vivaz y fino. San Marcos lirondo. La Plaza, un aplauso barroco, sugerente, hondo, envolvente. Medio circuito cumplido. Saludando al maestro Vitoria, ya sudo que da gloria y percibo, algo ido, que a√ļn queda roc√≠o. Retrospectivamente camina mi mente, no mis rodillas y tendones, que al llegar al Puente Romano expresan sus intenciones. El halc√≥n peregrino de la torre remendada, sobre la c√ļpula de Sagarvinaga est√° cernido. La Fonda, San Mill√°n, Libreros y la cuesta del industrial Moneo ¬°Virgen, qu√© meneo! Por aqu√≠ sub√≠a el tren de un tir√≥n hacia las estaciones de Victorino Garc√≠a Calder√≥n. Parece que noto algo de ox√≠geno en un pulm√≥n. Tras la meta, un trago de agua y una reineta. Ya enfrente, el 2020.

# 195 Alberto Palacios Santos

 

San Silvestre 'noire'

Soy polic√≠a de profesi√≥n y corredor por pasi√≥n. En la √ļltima San Silvestre tuve la misi√≥n m√°s inquietante de mi vida, el tipo al que deb√≠a detener era mi doble perfecto, con mi cara y mis gestos. Le busqu√© por todas partes, en la salida, en cada calle, en cada rinc√≥n‚Ķ parec√≠a que se lo hab√≠a tragado la tierra. Cuando regres√© a casa lo encontr√© sentado en mi sof√°, viendo el final de la carrera por la tele, con una sonrisa y una cerveza en la mano. Estaba fr√≠o, se le hab√≠a quedado la sonrisa congelada y la cerveza caliente. En el dormitorio, mi mujer me esperaba con una pistola humeante en las manos. ‚Äí ¬ŅC√≥mo supiste que ese tipo no era yo? ‚Äí Fue f√°cil, llegaste entre los cien √ļltimos y √©l acept√≥ la derrota con una sonrisa. Aquel pobre hombre no sab√≠a que siempre fui muy mal perdedor.

# 194 M¬™ luisa Pi√Īeiro Fdez de la Reguera

 

Correr para volar.

Siempre estaba pensando en eso. No podía quitármelo de la cabeza. ¡Era el gran concurso San Silvestre Salmantina! Así que corrí, corrí y volé. Volé hasta que mis rodillas me dolían de verdad, hasta que los pies me quemaban. Así es como yo empecé la nueva carrera de mi vida. Y así espero que siga. Hasta que no me canse, no voy a parar, porque quiero volar por Salamanca, y que la gente me vea. Espero eso…

# 193 Fedra Spinelli

 

Coloso

Un hombre hace flexiones bajo el rayo del sol, su pecho late acelerado y su cerebro también. Puedo sentir en mí su cercanía, los fluidos de mi ser también se expanden con él. El sol brilla sobre las cabezas de los otros corredores, en sus cabellos negros, rubios, color ceniza, y en el sudor de sus mejillas y brazos, me veo reflejada como en un espejo, el azul de la remera, mi parche de asignación. Siento que una misma fuerza nos atraviesa, el rumor de la sangre es motor que nos enciende. Y tengo la certeza de que somos eslabones de un cuerpo mayor, hecho de todos nosotros, cuerpos individuales creando al Coloso Silvestre, centenares de miembros que se extienden y se contraen, piernas y brazos, pechos que se inflan y desinflan. La carrera es una mecanismo, un maquina humana en perfecta de sincronía, el sol la materia que une.

# 192 ESTEBAN PERELL√ď RENEDO

 

COMPA√ĎERO

COMPA√ĎERO Iba el primero. ¬°√Ānimo! ¬°Corre! O√≠a una y otra vez. Doscientos metros, cien. ¬ęGano el premio¬Ľ Con cada zancada se imaginaba lo que iba a hacer con el dinero. El coche, una cena, ese viaje,‚Ķ Ni supo c√≥mo, el hecho era que estaba en el suelo, con la rodilla y el brazo raspados. Quiso levantarse, pero no pudo. La meta estaba a veinte metros, con la cinta blanca, y √©l all√≠, en el suelo. El segundo corredor lleg√≥ demasiado r√°pido. ¬ęAdi√≥s coche, cena, viaje‚Ķ¬Ľ, pero se par√≥ jadeante y le tendi√≥ la mano. ‚ÄĒ¬°Vamos compa√Īero! Mientras le ayudaba a levantarse les adelant√≥ el tercero y el cuarto y otro y otro y otro. Renqueante, atraves√≥ la meta en el puesto treinta, apoyado y ayudado por el que hab√≠a sido segundo, que entr√≥ el treinta y uno. Se sentaron a un lado, se miraron y su sonrisa lo dijo todo.

# 191 Juan Carlos Luzardo Morales

 

Una meta hasta el alma

Lo hab√≠a planeado para participar en aquella carrera y encontrarme con ella. S√© que dedicaba mucho tiempo a entrenar para ese momento, la San Silvestre Salmantina. Para ella era algo m√°s que una simple prueba, era una forma de superarse, de sentirse viva, de amarse a s√≠ misma. La vida la hab√≠a tratado muy mal y sent√≠a que su dolor, su rabia y frustraciones iban resbalando por el camino a medida que avanzaba hacia su meta. Las suelas de sus zapatillas, atadas a su alma, iban lamiendo el asfalto, perdonando al pasado, que se iba disolviendo con cada latido de su coraz√≥n. Me situ√© al final, junto al resto de corredores, y poco a poco fui cogiendo resuello hasta alcanzarla. Al verme, sus l√°grimas se desbordaron como una lluvia temprana, fue a abrazarme. ‚ÄĒA√ļn no amor, coge mi mano y vayamos juntos hasta la meta, hoy comenzamos una nueva vida.

# 190 Alejandra Sevilla López

 

Gracias

√ďscar estaba exhausto, acababa de completar su primera marat√≥n. Sus pulmones trataban de recuperar el aire exprimido, mientras su estructura √≥sea recordaba c√≥mo mantenerse en pie. Cada insistente golpe del coraz√≥n le recordaba que estaba vivo. Todo su cuerpo esbozaba una sonrisa, y con cada paso que daba se dejaba entreo√≠r un ‚Äúgracias‚ÄĚ. ‚ÄúGracias por aquello que nos empuja a correr, aquello que nos lleva a alcanzarnos.‚ÄĚ

# 189 Patricia Collazo Gonz√°lez

 

Después

‚ÄúNo deb√≠ cambiar de zapatillas‚ÄĚ, ‚Äú¬ŅTambi√©n aqu√≠ me lo ten√≠a que encontrar? ¬Ņdesde cu√°ndo los cerdos asquerosos corren?‚ÄĚ, ‚ÄúLa rozadura no existe, no existe. Es tu imaginaci√≥n‚ÄĚ, ‚ÄúEsta cuesta es una mierda‚ÄĚ, ‚ÄúInspiro uno, expiro un dos tres‚ÄĚ, ‚ÄúEspero que nos crucemos en la meta, qu√© guapa est√°‚ÄĚ, ‚ÄúDeb√≠ entrenar un poco m√°s‚ÄĚ, ‚ÄúVamos, Paco, vamos. Demuestra qui√©n eres‚ÄĚ, ‚ÄúCuando los ni√Īos me vean llegar‚Ķ‚ÄĚ, ‚ÄúLa rodilla, joder con la rodilla‚ÄĚ, ‚ÄúSi llego, me animo y se lo pido‚ÄĚ, ‚ÄúVan a flipar‚ÄĚ, ‚ÄúNo parecen mis piernas. Cu√°nto pesan‚ÄĚ, ‚ÄúDos kil√≥metros. Solo dos‚ÄĚ, ‚ÄúComuneros, Rollo, no queda nada‚ÄĚ. El cami√≥n de la limpieza recorre las calles tras la carrera. Juan va recogiendo las botellas de pl√°stico, los papeles, las pieles de pl√°tano, alg√ļn dorsal perdido, y en la mara√Īa de cosas olvidadas, los pensamientos que los corredores fueron diseminando a su paso. Ellos, vencedores o vencidos, ya los han dejado atr√°s.

# 188 SARA RODERO BORREGO

 

Mi primera San Silvestre

Miro el reloj. Queda un minuto. Mi cuerpo refleja los nervios por mi primera San Silvestre. 3, 2, 1‚Ķ Comienza el reto. Intento no emocionarme para controlar el ritmo. Hace fr√≠o, pero poco a poco voy notando c√≥mo sube mi temperatura. Sin darme cuenta he llegado a la Plaza Mayor. Los aplausos del p√ļblico me insuflan mucho √°nimo. Llega la primera cuesta abajo. Numerosos corredores me adelantan. Intento no ponerme nerviosa. En breve llegar√© al Puente Romano. Los adoquines repercuten en mis tobillos. De nuevo, prueba superada. De repente, mi mente comienza a pedirme que pare. Intento alejar esos pensamientos enfoc√°ndome en una farola al final de la calle. Sin darme cuenta subo Comuneros. Otra vez el p√ļblico es mi aliciente. Al girar, me tropiezo y caigo al suelo. ¬°RINGGGGGGG! Suena el despertador. Miro el reloj. Son las 8 de la ma√Īana. Debo prepararme para mi primera San Silvestre.

# 187 Jos√© Luis Ba√Īos Vegas

 

ULTIMO

S√≠, es cierto que fui el √ļltimo en llegar a la meta en la San Silvestre. Que nadie se lo explica porque soy un consumado corredor de fondo, tambi√©n es verdad. Pero, siendo sincero, no pod√≠a dejar pasar la oportunidad de pararme cada dos por tres para admirar una ciudad como Salamanca, donde solo hab√≠a estado en la nochevieja universitaria para salir de marcha (marcha de gominolas, amiguetes y risas, no deportiva), y ya se sabe que por la noche todos los edificios ‚ąíal igual que sucede con los mininos, incluido el gato Silvestre‚ąí son pardos.

# 186 Ana Garrido Gonz√°lez

 

Los ojos de plata

Como si de la lente de una c√°mara se tratase, unas pupilas forjadas en plata ven pasar fotogramas de distintas generaciones que se suceden. Al contrario de cualquier creencia, algo que he observado con el paso de los a√Īos es que la energ√≠a de los atletas no es destruida, incluso tampoco creada en ning√ļn momento, sino que en ambos casos es transformada, como dec√≠a Lavoisier si la memoria no me falla. Por ende, la lucha y la espera, la ilusi√≥n y las ganas; unidas a una fuerte autoestima que sea capaz de discernir entre comentarios constructivos e irrelevantes, ha hecho que cada ma√Īana de entreno cobre sentido. Ahora ya retirado, respecto a este peso, siento una mayor ligereza. Percibo que nada ha sido en vano y que, ahora, cuando aprieto las manos a las nuevas promesas, soy capaz de volar como ellos hacen en pista.

# 185 José Javier Zaplana Martínez

 

Como la vida

Entre dos aguas. A un lado hablaban de ‚Äúfirmeza y tes√≥n‚ÄĚ, al otro de ‚Äúmarcar objetivos‚ÄĚ ‚Äďsobre todo los m√°s j√≥venes- pero yo sab√≠a que mi discurrir iba al trote de la propia vida. Una carrera de altibajos, como los sentimientos, o quiz√° un slalom, como el que construyen tus hijos. Rachas, como las del viento, impredecibles. Todo se supera, bendita constancia. He salido sin toalla para no tirarla ‚Äďme dije-. No pensaba coronarme en aquella San Silvestre Salmantina, ya lo estaba orgulloso con mi sombrero navide√Īo. √Čramos muchos, tambi√©n como en la vida, curtidos en el autoconvencimiento. Y lo conseguimos. Por fin, bajo la l√≠nea de meta aparece el rostro de satisfacci√≥n pero el ausente ahora es el aliento. Misi√≥n cumplida. Por la √©poca y ante los tenues rayos de sol remat√© mi magna proeza con un traguito de mistela‚Ķ ¬°porque tambi√©n es la vida!

# 184 Gloria Arcos Lado

 

CUMPLIENDO PROMESAS

Le hab√≠a prometido a su madre, en el lecho de muerte, que iba a superar las secuelas que las intervenciones quir√ļrgicas le hab√≠an dejado, al tratar de curar el c√°ncer. Por eso se hab√≠a fijado un objetivo: correr la San Silvestre Salmantina, y no estaba dispuesta a que nada se lo impidiera, ni siquiera el hecho de carecer del m√ļsculo sartorio. Como le hab√≠a dicho su cirujano: ‚Äúnuestro cuerpo es tan sabio, que cuando desaparece una parte que realizaba una funci√≥n, otro, pr√≥ximo, la sustituye‚ÄĚ. Durante un tiempo acudi√≥ al fisioterapeuta para que fortaleciera sus piernas, luego contrat√≥ a un entrenador y despu√©s, pese al dolor, se prepar√≥ cada d√≠a para la carrera. Hoy, cuando ha llegado el d√≠a, y aunque le tiemblen las piernas, sabe que ser√° capaz de recorrer los 10.000 metros de la carrera M√°ster, pese a sus 59 a√Īos y a su maltrecho cuerpo.

# 183 Francisco Javier S√°nchez Gonz√°lez

 

Desde la valla.

‚Äú¬°√Ānimo chicas! ¬°√Ānimo chicos! ¬°Ya no os queda nada! ¬°Campeonas y campeones!‚ÄĚ Mis gritos de alegr√≠a y aliento se unen a los de las dem√°s personas que me acompa√Īan, aplaudiendo todos al un√≠sono y sin cesar seg√ļn va pasando cada participante en la carrera. ¬°Pero qu√© precioso ver c√≥mo se esfuerzan y se entregan para acabar, sea el m√°s r√°pido, sea el menos r√°pido, en solitario, en grupo o en familia. El pasado a√Īo estaba ah√≠ con ellos, en el fragor de la participaci√≥n, tan sonriente como ellos. Qu√© sana envidia me da veros, c√≥mo echo de menos el poder estar ah√≠ gastando zapatillas. Algunos compa√Īeros me reconocen y se acercan hasta m√≠, chocando su mano con la m√≠a, portando la camiseta con mi nombre y lloro sin poder contenerme por lo mucho que ha dado este deporte en mi vida. Os animar√© cuantas veces pueda desde mis dos ruedas.

# 182 manuel varo pozo

 

Abundancia de cierres

Hay quienes escriben un poema para apurar el a√Īo, igual que otros deambulan por las oscurecidas calles buscando una meta, m√°s metaf√≥rica que real. Distintas maneras de encarar un d√≠a especial, como todos los que rematan un periodo de nuestra existencia, provisional cierre. La magia de San Silvestre, que clausura otro ejercicio destinado al humano olvido. Y sigo corriendo mientras pienso en el fracaso, el √ļnico tema que me preocupa, mientras las luces encienden mis zancadas, cada vez m√°s cortas. Disfrutando de cada exhalaci√≥n, percibiendo la especial electricidad de un momento irrepetible. Vibrando con cada pisada, intuyendo que nada importa demasiado, que todo ser√° pronto polvo y ceniza que el caprichoso viento encumbrar√° sin demora. Encaro la recta final, no hay prisa por llegar, como dice Lapido, no hay que adelantar el seguro cierre, la meta quedar√° atr√°s, como todo lo que nos import√≥ en alg√ļn momento.

# 181 Carmen María Fernández Casas

 

Salmantino soy desde que me casé

Salmantino soy desde que me cas√© Llegamos a Salamanca un d√≠a antes. La noche de San Silvestre, mi suegro cumpl√≠a a√Īos. A√Īo tras a√Īo, todo era una repetici√≥n del mismo acontecimiento: comida en exceso, cinismo y mi cu√Īado. Las tres ‚ÄúCes‚ÄĚ que juntas finalizaban un calendario y comenzaban el siguiente. Atrapado, me acord√© de Forrest Gump, libre al correr, de la San Silvestre Salmantina, todo encaj√≥. La camisa no me llegaba al cuello. Baj√© a la calle, necesitaba aire fresco. Mir√© mis zapatos, sopesando su resistencia. Regres√© al piso, y dije que me iba. No entend√≠an nada, yo tampoco; pero sab√≠a que era ahora o nunca. Eleg√≠ correr, sin dorsal, sin preparaci√≥n, con un coste posterior; pero entend√≠ que cada uno de mis pasos era mi libertad, hasta donde llegase, algo aprender√≠a en el camino, seguro. Aquella noche fui libre en Salamanca, por primera vez. Bendita noche.

# 180 Maria mayorga llorente

 

Mi nueva amiga y sus zapatillas rosas

Claudia es una ni√Īa de ojos verdes de ocho a√Īos que le gusta correr un d√≠a participando en la carrera sansilvestre salmantina al salir de la salida una ni√Īa de su misma edad se cayo al suelo y empez√≥ a llorar claudia que iva la primera no dud√≥ en darse la vuelta y la pregunto con su voz que te pasa proque lloras como te llamas ella la dijo me llamo Elena y me he ca√≠do y tengo una herida en la rodilla claudia la tendi√≥ su peque√Īa mano y la digo venga valiente levantate y ven conmigo a la meta a por las chuches Elena se seco las lagrimas y se levanto y cruzaron la meta juntas ellas ganaron m√°s que todos los premiados de ese d√≠a su gran admistad que fue para siempre.

# 179 Pedro Ran Pérez

 

Tradici√≥n navide√Īa

Eran las 12:29 del √ļltimo domingo del a√Īo 2019 y como todos, desde hace 35 a√Īos, inici√© mi ritual: √ļltimos estiramientos, comprobar los cordones de mis zapatillas, dar √°nimos a los compa√Īeros y persignarme tres veces. ¬°Ya estaba listo! Dieron la salida de la XXXVI edici√≥n de esta carrera que personalmente he corrido en todas sus ediciones. Enseguida hubo mucho movimiento. Los corredores iban haciendo sus grupos dependiendo de sus objetivos. Los hay que buscan la victoria y otros se conforman con participar. Personalmente no he ganado ning√ļn a√Īo, de hecho no participo. Ser√≠a injusto para el resto de corredores. Mas no s√≥lo la corro sino que tambi√©n cuido y protejo a todos los que participan en ella. Ahora me he dado cuenta de que no me he presentado: mi nombre es Juan Gonz√°lez del Castrillo, pero desde 1690 se me conoce como: San Juan de Sahag√ļn.

# 178 Natalia Redero Hern√°ndez

 

Carrera de ranas

Por jubilaci√≥n anticipada de la guardiana actual, se convoca, por Decreto Real, a todas las ranas de la ciudad a participar en la carrera popular, con el fin de encontrar a la m√°s r√°pida y vivaz, quien tendr√° el honor de ser: ‚ÄúLa nueva guardiana de la Universidad‚ÄĚ.

# 177 Pedro José Jiménez Sánchez

 

S√ďLO HAB√ćA UNA FORMA DE AVERIGUARLO

Mentiría si ocultase que correr la San Silvestre Salmantina formaba parte de una promesa. Cuando pesaba más de ciento cincuenta kilos, no sabía si el desprecio sexual que mi esposa sentía por mí se debía a mi deforme aspecto físico o a que ya hubiese dejado de amarme. Sólo había una forma de averiguarlo. Así que me puse en manos de profesionales y fui a un psicólogo nutricionista. Perder ochenta kilos es algo más que recuperar un amor, me dijo: es una auténtica proeza, es recuperarte a ti, volver a ganarte tu propia confianza y respeto. Hace falta mucho valor para ello. Date un premio enorme si lo logras, apostilló. Si lo consigo, podré hacer deporte: correré alguna carrera en la ciudad que más me gusta. Y aquí estoy, expectante y emocionado, con mi dorsal manchado de lágrimas, esperando en el Paseo de San Antonio a que den la salida.

# 176 Lorena Barrionuevo

 

Galardón

La mujer bes√≥ el n√ļmero de orden con cari√Īo y alegr√≠a;como a un viejo amigo a quien le daba la bienvenida.Sab√≠a que le esperaba un circuito desafiante,pero nuevamente la tan ansiada San Silvestre iba a ser suya otra vez.Primero se propuso mantener un buen ritmo e intentar no perder fluidez en la carrera, aunque tem√≠a no poder llevar c√≥modamente los kil√≥metros. Sudor,l√°grimas y ansiedad le sucedieron mientras corr√≠a y recordaba. Tuvo que entrenar mucho por el placer y el respeto que sent√≠a al participar en toda competici√≥n.Y fue emocionante cuando alcanz√≥ la meta; ya que cuesta mucho volver despu√©s de parir...y al concretarse poder besar la frente de su hijo; el galard√≥n m√°s grande que con una sonrisa en los brazos de su abuelo la esperaba.

# 175 Gabriel Pérez Martínez

 

Carrera interior

El cintur√≥n de mi padre, rabonas en el colegio, broncas con los compa√Īeros, alcohol, mar√≠a, pastillas, agresiones a alumnos y a un profesor, cinco robos de coche, dos correccionales, m√°s broncas; salida, ‚Äúfarlopa‚ÄĚ, crack, asaltos a viandantes y a dos gasolineras, arresto; cuatro a√Īos en la c√°rcel; libertad, atraco a un banco, un herido, diez mil euros, fuga, detenci√≥n del sospechoso equivocado, prisi√≥n para √©ste; Mar√≠a (de carne y hueso), desintoxicaci√≥n, amor, cines, cenas, dependiente en un supermercado, mudanza a un piso para ambos, embarazo; d√≠as felices, noches de remordimiento; estreno en la San Silvestre‚Ķ Llevamos tres kil√≥metros. Las piernas me flaquean. No voy a terminar, pero me siento fuerte: por primera vez en la vida, corro sin huir de nadie y menos, de m√≠. En mi meta, me entregar√© a la polic√≠a.

# 174 Juan Manuel Velasco Centelles

 

Con ganas

Compactada contra miles de cong√©neres pol√≠cromos de indumentaria. Saltando sobre mi posici√≥n para extirparme el fr√≠o que la persistencia de la niebla impone al mediod√≠a salmantino finidecembrino. Caj√≥n 2, indicativo de mi mediocridad f√≠sica en materia de zancadas. Sola. Lo he preferido as√≠. A mi rollo, le traslad√© con determinaci√≥n a mi marido cuando propuso sacrificar sus potenciales 37 minutos para acompa√Īarme. Caj√≥n 1 para √©l. Me meo. O eso creo a resultas de la presi√≥n vesical. Me meo y no me sorprendo, aunque acabe de mingitar hace solo siete minutos. No obstante, se me antoja tarde para retornar porque resta un minuto para la salida. Si me urge me dejar√© ir. Las mallas absorber√°n. Y no, me desdigo, no es psicosom√°tico, pero no me pod√≠a perder mi d√©cima San Silvestre patria consecutiva solo por atravesar el tercer mes de mi primer embarazo, aunque mi vejiga se haya vuelto hiperactiva.

# 173 Fernando Facundo Alvarez

 

Los Pasos

El primer paso es el m√°s f√°cil, entiendes que solo es el comienzo. El segundo debe ser preciso, seguro y firme para darle entrada al tercero. El circuito es largo, la respiraci√≥n debe ser concisa y regulada para que, al momento de la explosi√≥n, tengan el rendimiento esperado. En connotaci√≥n con la vida, cada paso es un d√≠a, los primeros no los recuerdas. A veces, se termina la carrera y no te diste cuenta de cada paso que diste y miras para atr√°s y te arrepientes de no contarlos, de no disfrutarlos, no vivirlos. Entonces ahora, que llevo 217 pasos, s√© que he vivido 217 vidas, con un paisaje distinto, con un aire singular, con una energ√≠a diferente. A√ļn as√≠, tengo una idea de que me espera al final, pero hasta que no llegue, no sabr√© que es.

# 172 Raquel Lozano Calleja

 

¬ŅPronas o supinas?

Y as√≠, como un ‚Äúcueces o enriqueces‚ÄĚ, o como un ‚Äúde ciencias o de letras‚ÄĚ, me hiciste esa pregunta desde el asiento de al lado en la sala de espera, y yo, absorto √ļnicamente en tus labios y olvidando el callo bajo el pulgar derecho, que me hab√≠a llevado a aquel pod√≥logo, acert√© a contestar casi por inercia‚Ķ Prono. Yo, prono; que no s√© ni lo que es pero que, para m√≠, fue como si pudiera contestarte ‚ÄúS√≠, quiero‚ÄĚ, as√≠, sin conocerte de nada pero ansiando saber todo de ti. Entraste t√ļ primero en la consulta y pegu√© mi oreja a la puerta. Descubr√≠ tu nombre, tu exploraci√≥n articular y muscular, tu an√°lisis din√°mico de la postura y de la huella del pie. Quise ser tus nuevas plantillas y acompa√Īarte a esa carrera que no recuerdo bien si te escuch√© decir que era de Piol√≠n o de Silvestre.

# 171 Alberto Mu√Īoiz Garc√≠a

 

LECCI√ďN SALMANTINA

Me coloqu√© en la parte de atr√°s de la larga cola de salida. Tras el pistoletazo, sal√≠ como una bala, serpenteando entre atletas, adelantando. A media distancia, me adelant√≥ un cojo. Para colmo corr√≠a cantando y tocando la guitarra. A√ļn sufr√≠ una humillaci√≥n mayor: poco antes del final me sobrepas√≥ otro que cargaba, a modo de disfraz, con una reproducci√≥n en madera de la torre Eiffel, como de tres metros de altura. Me anim√≥: vamos, vamos. Lo imagin√© cayendo de bruces y la torre hecha a√Īicos. Al traspasar la meta, los vi y me arrepent√≠. El de la torre me aplaud√≠a y el cantante actuaba para quienes iban llegando, que se un√≠an al coro. El estribillo de la canci√≥n dec√≠a: los √ļltimos ser√°n los primeros en la puerta de los cielos. Y me qued√© con ellos, cantando y aplaudiendo hasta que entr√≥ el √ļltimo, es decir, el primero.

# 170 HECTOR MARCELO REMON

 

HACIA M√ć.

Me inscribí en la San Silvestre Salmantina porque sí, porque me dijo un amigo, porque quería desafiar mis metas, porque..... No lo sé. Quizá porque quería correr de mí mismo hacia el olvido, tal vez porque quería llegar a mí y reencontrarme con el que alguna vez fui cuando más joven, en zapatillas, gorra y sudadera. La sensación de estar en soledad cuando me presenté en la competencia, se disipó de inmediato ante los corredores que amablemente me saludaron. Amabilidad, contención y camaradería, tres prácticas pocos practicadas eran compartidas por un grupo numeroso que competía hacia la meta: superarse a sí mismos, ni ganar una carrera ni triunfar sobre el otro. Correr y llegar a destino. Correr y llegar, correr y ser viento, paisaje, libertad, plenitud, naturaleza. Tu recuerdo enjugó mis lágrimas de emoción. Competí, corrí.... y me gané.

# 169 JAIRO MANUEL S√ĀNCHEZ HOYOS

 

LA FOTO DE 1984

Estaba acostumbrado a ganar las carreras en mi barrio y ahora me llegaba la invitaci√≥n para La San Silvestre Salmantina, ¬°que monstruosidad! No ten√≠a ni zapatillas. Pero me fui. Los dem√°s atletas se burlaban de mi aspecto monta√Īero. Rec√© mucho para que me arropara el sue√Īo. Al siguiente d√≠a deb√≠a enfrentarme a los poderosos. Deb√≠a agradecer al Club Padre Basabe, quien me invit√≥. Salimos casi al mediod√≠a. Cuando dejamos el barrio la prosperidad, iba entre los √ļltimos. ¬°Qu√© verg√ľenza!, me pellizqu√©. Ahora mis piernas eran poderosos remos. Cuando entramos al Rollo, mis talones ten√≠an alas, ya no sent√≠a mis pies. Del miedo pas√© a las ansias, despu√©s a la sorpresa. ¬°Loas al ganador, Antonio Rivas! Grit√≥ una voz por altoparlante. Ese soy yo, dije en mis adentros, con una t√≠mida sonrisa. Es la misma foto que guardo de aquel glorioso d√≠a.

# 168 Arturo Perelló Yatim

 

SOLITARIO

La multitud se va agrupando paulatinamente. La imponente situaci√≥n hace de m√≠ un manojo de nervios. El aire h√ļmedo de la ma√Īana, impregnado de un olor a naturaleza, recorre las calles de la emblem√°tica Salamanca que penetra en m√≠ dej√°ndose deslizar por la tr√°quea. Siento un g√©lido escalofr√≠o en mis entra√Īas que se traduce en el tiritar de mi piel. La espera me est√° matando, y son las ganas de alcanzar la meta lo que me desespera. Por un instante vuelvo la vista y admiro la atm√≥sfera que a m√≠ alrededor se desenvuelve. Es la cercan√≠a afectiva entre los diferentes individuos lo que me exalta, ya no soy yo y mis objetivos, ya no existe una meta que alcanzar, sino que me dejo embriagar por la pasi√≥n del momento y poder as√≠ sentirme parte de un prop√≥sito a√ļn mayor,disfrutar en compa√Ī√≠a la San Silvestre Salmantina.

# 167 Alicia Perdigones Borderías

 

Una liebre en Salamanca

Este a√Īo ser√° muy especial, llevamos desde el verano entrenando, bajando por el Paseo de Canalejas, siguiendo el recorrido oficial de la San Silvestre Salmantina. Atr√°s qued√≥ aquella carrera en la que descubri√≥ que lo m√°s importante no es ganar. Todav√≠a lo recuerdo, habiendo hecho mi mejor tiempo de siempre, entr√© en la meta m√°s all√° del puesto tres mil. C√≥mo explicarle, con s√≥lo siete a√Īos, que estaba tan contenta habiendo quedado tan lejos del primero. No me dar√≠an una medalla, que para √©l entonces era lo m√°s importante, casi lo √ļnico. C√≥mo explicarle que todos los d√≠as tengo mi premio, al poder entrenar y liberar de mi mente los problemas del d√≠a a d√≠a, el estr√©s, el trabajo, los malos momentos. Estos meses he disfrutado m√°s que nunca entrenando a su lado, estamos preparados. Ser√° una carrera especial, nuestra primera carrera, mi hijo y yo juntos.

# 166 Nuria Rozas √Ālvarez

 

El ritmo del amor

Qued√≥ para conocerle en la San Silvestre por fin, despu√©s de semanas chateando por la aplicaci√≥n. Le temblaban las piernas como cuando era adolescente solo con pensar en el encuentro. Se hab√≠a enamorado. Los dos llevar√≠an una braga de color p√ļrpura al cuello. Si no se ve√≠an entre el gent√≠o de la salida, se buscar√≠an en la Plaza Mayor, cuando la gente se dispersara. Y all√≠ estaba √©l, justo en el centro. Era tal y como se lo hab√≠a imaginado. Morenazo, en forma y sudado. ¬ę¬ŅMiguel?¬Ľ, le pregunt√≥ con una timidez impostada. Poco m√°s hablaron. Al rato estaban en la ducha juntos. Una ducha que dio paso a una noche m√°gica, lejos de las redes y muy muy lejos del tal Miguel.

# 165 Rodrigo Hernáez Léon

 

Rodando

Un a√Īo m√°s estaba emocionado en la salida de la San Silvestre Salmantina. Para m√≠ siempre ha sido una fecha se√Īalada en mi calendario. Faltan dos minutos para que comience la competici√≥n pero mi coraz√≥n y mi mente hace tiempo que est√°n en ella. Desde el mismo a√Īo en que nac√≠ mi madre me llevaba rodando en mi carrito, luego empec√© a correr de la mano de mi padre, luego acompa√Īado de mis primos y as√≠ hasta las √ļltimas ediciones en la que compet√≠a contra mis amigos bajando de los 30 minutos. Faltan veinte segundos, me ato fuerte los guantes con los que har√© rodar las ruedas de mi silla con la que pienso deslizarme a gran velocidad entre el resto de los corredores. Es el primer a√Īo que intentar√© finalizarla despu√©s del aparatoso accidente que por primera vez en mi vida, no me permiti√≥ disputarla el a√Īo pasado.

# 164 JESUS PEREZ BENITEZ

 

EL OR√ĀCULO

Llevaba toda la vida soportando que tuviese raz√≥n. Siempre. Una vez tras otra. Adem√°s, alardeaba de ello. Y me espetaba, altivamente, un ‚Äúte lo dije‚ÄĚ. Y aquellas palabras perforaban mi cabeza y rebotaban entre mis sienes. Maldec√≠a que nunca se equivocara. Y todo me sal√≠a mal: trabajo, amor, proyectos...; cualquier cosa que me hubiese desaconsejado, predici√©ndolo como un or√°culo. Esa ma√Īana, cuando me anudaba las zapatillas para correr la San Silvestre, me anunci√≥ que tendr√≠a un papel protagonista. Corr√≠ como nunca. Encarando el arco de meta luchaba por ganar... y record√© sus palabras. Me distraje, pis√© mal y ca√≠ a plomo sobre el asfalto. Qued√© tendido mientras una veintena de corredores me adelantaban. Con la clav√≠cula fuera, y la boca ensangrentada, re√≠ satisfecho. ¬°Hab√≠a fallado su pron√≥stico! Mientras un remolino de gente se formaba a mi alrededor y era el foco de atenci√≥n, yo, segu√≠a riendo como un loco.

# 163 María Isabel de Partearroyo Calvo

 

El protagonista

Creo que se fij√≥ en m√≠ cuando cruzamos el primer kil√≥metro de carrera. Le ped√≠ perd√≥n por un traspi√©s. Yo ya me hab√≠a enamorado de √©l en la salida. El segundo kil√≥metro lo hicimos juntos. Ten√≠a el pelo corto y los ojos verdes. Cuando cruzamos el puente romano le pregunt√© su nombre. Felipe. Del cuarto al s√©ptimo kil√≥metro nos pusimos al d√≠a de costumbres y aficiones. Le gustaba viajar y amaba los gatos. Bingo. En la Avenida de Portugal cambi√≥ sorprendentemente el ritmo y se peg√≥ a una chica joven que le hac√≠a m√°s gracia. No me import√≥. Segu√≠ corriendo a su lado. Llegamos al octavo los tres, sudando la gota gorda. En el noveno dejamos atr√°s a la rubia cuando le coment√© a Felipe mi afici√≥n por escribir. No falla. Todos so√Īamos con ser los protagonistas de una novela, o al menos en este caso, de un microrrelato.

# 162 FRANCISCO BARRIOS GIL

 

La escusa

Lleg√≥ el d√≠a,otro a√Īo m√°s cumpliremos con la costumbre de correr la San silvestre Salmantina.El d√≠a del a√Īo que las calles de Salamanca nos pertenecen y son los coches los que se tienen que esperar a nuestro paso.El d√≠a en que miles de corredores nos sentimos felices y libres al disfrutar de la ciudad. Este a√Īo es diferente,muchas noches sin dormir d√°ndole vuela a la cabeza.Pocos meses atr√°s el doctor fue tajante cuando me dijo ‚Äúolv√≠date de correr‚ÄĚ y aqu√≠ estoy yo, mirando el techo de mi habitaci√≥n y d√°ndole vueltas‚Ķ cuando se abri√≥ el plazo de inscripci√≥n fue f√°cil decidir, pues casi de forma instintiva me deje llevar por la emoci√≥n compartida de mis amigos, que como cada a√Īos presionaban para que ningunos de los habituales nos qued√°ramos sin dorsal. Ahora no lo veo tan claro‚Ķ sigo pensando la escusa que le pondr√© al doctor en mi pr√≥xima visita.

# 161 Rom√°n Ignacio Ksybala

 

El trofeo

Mi √ļnica ambici√≥n era no salir √ļltimo y lo iba logrando, cuando sucedi√≥ algo inesperado: mi pie derecho se hundi√≥ en la tierra y tropez√≥ con algo s√≥lido. Rod√© por el suelo sin ninguna elegancia, y me torc√≠ el tobillo en el proceso. Todos me sobrepasaron. Furioso y frustrado, mir√© ese pedrusco extra√Īo mientras masajeaba mi tobillo. Luego me arrodill√© a su lado y cav√© con las manos hasta que aparecieron dos orificios, y comprend√≠ con un escalofr√≠o que era un cr√°neo. Record√© los antiguos hallazgos arqueol√≥gicos en la zona, y el coraz√≥n me salt√≥ en el pecho‚Ķ ¬ŅSer√≠a posible? ¬ŅAll√≠, casi a ras del suelo? Olvid√© por completo la carrera y regres√© cojeando a donde se hallaba la gente. Hab√≠a perdido ignominiosamente, s√≠, pero salvo la mand√≠bula inferior, tra√≠a en mis manos un cr√°neo completo del Homo Antecessor. Eso es un trofeo.

# 160 JUSTO GONZALO BURCIO

 

7667

Otto se dirigi√≥, como todos los a√Īos desde que fuera la primera vez con su padre , a participar en la San Silvestre. Al decidirse en el √ļltimo momento, le dieron el √ļltimo dorsal. Este a√Īo no ten√≠a pensado inscribirse, no le apetec√≠a mucho correr sin √©l pero la insistencia de Ana le hab√≠a hecho cambiar de opini√≥n. La conoci√≥ en el hospital donde su padre luch√≥ contra el c√°ncer hasta que, finalmente, √©ste le devor√≥. Fue su enfermera y se hicieron amigos...m√°s que amigos pero todav√≠a no estaba preparado para declararse; esperaba alguna se√Īal que le indicara el momento y lugar. Estaba colocado en la salida, busc√°ndola entre los dem√°s corredores. Unos metros m√°s adelante la divis√≥ y sonri√≥; su dorsal era 7667, capic√ļa como el suyo, como sus nombres. Al cabo de unos segundos son√≥ la se√Īal , comenzaba la carrera.

# 159 Miguel √Āngel Moreno Ca√Īizares

 

Hermanos

De los a√Īos vividos, recuerdo los d√≠as de guarder√≠a junto a mi hermano gemelo. Desde la tierna infancia √©ramos inseparables. Recuerdo los juegos en el parque de la Alamedilla, donde nos pon√≠amos hasta las cejas de barro las tardes de lluvia. Y recuerdo a mis padres pendientes de las clases, los deberes y las notas de ambos. Pasado el tiempo, recuerdo canturrear los dos con los auriculares puestos, camino de la universidad, donde curs√°bamos la misma carrera. Eran d√≠as de horizontes paralelos prendidos de sonrisas y alg√ļn que otro desenga√Īo amoroso. Recuerdo las primeras noches de discoteca, con los esqueletos a punto de saltar en mil pedazos. Recuerdo, con nostalgia, la creciente afici√≥n a las carreras populares y las salidas por el monte sorteando hojarasca. Siempre juntos, siempre me ganabas‚Ķ Recuerdo, entre l√°grimas, los trofeos de la San Silvestre salmantina. Fue un privilegio correr a tu lado, hermano.

# 158 Javier Puchades Sanmartín

 

A DIEZ MIL METROS DE TI

Desde que te conoc√≠, no pude evitar sentir una gran atracci√≥n por ti. Pero no me atrev√≠a a dar el primer paso, debido a nuestra diferencia de edad. T√ļ, a punto de cumplir los treinta y yo, un veintea√Īero sin experiencia. A m√≠ me gustaba juguetear en las distancias cortas, pero t√ļ me impon√≠as respeto. Pese a las dificultades, no deje de observarte para conocerte. Sab√≠a que est√°bamos hechos el uno para el otro. Que, en alg√ļn momento, nuestros caminos se cruzar√≠an. Ha pasado el tiempo, ahora tengo la preparaci√≥n necesaria para ir a tu encuentro. No me dan miedo tus treinta y seis a√Īos. Hoy, he decidido que nos veamos cara a cara. No buscar√© excusas. Lo importante es disfrutar sin importarnos el tiempo. En el instante que encaro el Paseo de San Antonio, y te veo ah√≠, s√© que ha valido la pena correr la San Silvestre Salmantina.

# 157 Laura Pi Gutiérrez

 

La √ļltima carrera

Le regalamos un dorsal porque tras tantos a√Īos corriendo no pod√≠a perd√©rselo, y al fin y al cabo se estaba muriendo. Le dijimos que as√≠ pod√≠a participar en la distancia, desde la cama del hospital, ataviado con su ch√°ndal azul marino. Mi hermano correr√≠a con su gopro, que transmitir√≠a las im√°genes directamente al port√°til que le llevar√≠a yo misma a la habitaci√≥n. ‚ÄúSer√° como si corrieras t√ļ mismo‚ÄĚ, le convencimos a rega√Īadientes. Por esta raz√≥n, cuando vi la cama vac√≠a, lo primero que hice fue buscar el dorsal, pero en cambio encontr√© su nota: ‚ÄúLo siento, ten√≠a que hacerlo‚ÄĚ. Lo encontramos cuando llegaba a la meta, sudoroso y debilitado, y fuimos testigos de como levantaba los brazos triunfante antes de caer y exhalar su √ļltimo suspiro.

# 156 AMPARO MART√ćNEZ ALONSO

 

MELLIZOS: la unión hace la fuerza

-¬ŅPor qu√© nos manda callar? -Porque le molestamos. -¬ŅC√≥mo lo sabes? -Por su cara de enfadado. -¬ŅY si no es por eso? -Pues dime t√ļ por qu√©. -No s√©‚Ķ -Entonces es por eso. -¬ŅNos castiga por estar enfermos? -Pssss‚Ķ Que te va a o√≠r. -¬°No chistes t√ļ tambi√©n! ¬ŅC√≥mo me va a o√≠r? ¬°Hay m√°s ruido fuera que dentro de casa! -Es verdad. Seguro que nos manda callar para escuchar la calle. -¬°Halaaa! -¬°La San Silvestre Salmantina! -Pero, la San Silvestre es una carrera, no un concierto. -¬°Lo s√©! Y es el primer a√Īo que no participa. -Para cuidarnos... -¬°Claro! -La culpa es tuya por contagiarme la gripe. -¬ŅA qui√©n le importa el que enferm√≥ antes? -A m√≠. ¬°Desde que naciste me llevas la delantera! -¬ŅQuieres que animemos a mam√° juntos, en equipo? -¬°Vale!... ¬°Al a√Īo que viene participaremos con ella en la San Silvestre! -¬°Eso! ¬°Que no est√© triste!

# 155 Marta María Cruz Martín

 

El camino es la meta también

Diciembre siempre fue un mes largo para ella, lleno de cenas y brindis con aquellos que regresan a casa en Navidad. Despu√©s de la carrera brindar√≠an tambi√©n, pero en ese momento estaba sola. Y es que no distingu√≠a entre la aglomeraci√≥n de corredores, ninguna cara conocida. Le pesaban demasiado las piernas y adem√°s un poco el alma. Deseaba terminar el recorrido pero durante unos minutos no se crey√≥ capaz. Hasta que levant√≥ la cabeza y los vio. All√≠ estaban, sus compa√Īeros de vida y de viaje,vestidos con un disfraz del a√Īo anterior, esperando para llevarla de la mano hasta donde quisiera llegar. Respir√≥ hondo y, todav√≠a sin alcanzar a ver el final, comprendi√≥ que con ellos llegar√≠a a la meta por muy lejos que estuviera. Y ella tambi√©n sonri√≥.

# 154 JOSE LUIS ROBAS DURAN

 

"9mm"

Le sorprendi√≥ el poco peso de la pistola, mientras contemplaba absorto el brillo del oscuro metal del arma. Luego mir√≥ al cielo. Era una ma√Īana soleada. Una ma√Īana perfecta para correr. Apenas hab√≠a pasado un a√Īo de aqu√©l maldito accidente que no s√≥lo hab√≠a sesgado una de sus piernas, sino muchas ilusiones y proyectos. Sin embargo, all√≠ estaba, en el Paseo de San Antonio‚ĶDe una forma u otra iba a ser part√≠cipe de la ‚ÄúSan Silvestre‚ÄĚ ‚Ķ Introdujo la bala de 9 mil√≠metros de una forma casi ceremoniosa, observando c√≥mo √©sta se deslizaba suavemente al fondo del cargador. Antes hab√≠a sido corredor y la San Silvestre su carrera favorita. Hab√≠a derramado mucho sudor y dolor sobre aquel asfalto. Ahora el desaf√≠o era m√°s duro‚Ķpero se sab√≠a sobrado de fuerza. Alz√≥ la pistola, apuntando al cielo salmantino, emocionado. ‚Ķle hab√≠an concedido el gran honor de dar la salida a SU carrera‚Ķ

# 153 Jaime Alfonso Romero Garzón

 

A CIENTO CINCUENTA DEL FINAL.

Respiro pesadamente. Quinientos. Todo me duele, desde la cabeza hasta la punta de los pies. Sobre todo, los pies: queman con fuego inextinguible. Cuatrocientos. La respiraci√≥n se acelera, los brazos ya no quieren ayudar. Trescientos. Cada uno de los entrenamientos de los √ļltimos meses, semanas y d√≠as, pasan por mi mente. Doscientos. Las banderas ondean, las pancartas publicitarias brillan, la gente llena todo con sus gritos de √°nimo. Cien. El peso del recorrido se acumula en cada fibra de mi cuerpo, pero el deseo de llegar es m√°s fuerte que cualquier dolor. Cincuenta. El sudor no me impide ver el final. Cuarenta. Un √ļltimo esfuerzo, me repito, un √ļltimo esfuerzo. Treinta. Mi incredulidad es reemplazada por una peque√Īa alegr√≠a que crece r√°pidamente llen√°ndome de una profunda satisfacci√≥n. Veinte. Voy a lograrlo, voy a lograrlo, ¬°no lo puedo creer! Diez. Miro al cielo, levanto los brazos. Y llego a la meta.

# 152 ROBERTO G√ďMEZ DE SAN JUAN

 

Aquella foto.

Aquella foto, de aquel cr√≠o de cuatro a√Īos encaramado a duras penas sobre una valla, con medio cuerpo fuera y con la mirada perdida en el horizonte entre una multitud de atletas; es lo primero que se me viene a la mente cuando pienso en Salamanca. La misma que me lleva a recordar a√Īos despu√©s, cuando se agach√≥ para susurrarme al o√≠do: ‚Äú¬°No son diez kil√≥metros! , ¬°Son nueve doscientos! que no es lo mismo‚ÄĚ. Era la distancia que separaba la l√≠nea de salida de aquella valla. Tantos a√Īos esperando en el mismo lugar nos hac√≠a conocer hasta el olor de nuestro peque√Īo reino de memoria. Cuenta mi madre, que embobado y con los ojos mir√°ndolo todo esperaba paciente la llegada de mi padre para extender la mano y chocarla con √©l. Me hab√≠a prometido a m√≠ mismo que catorce a√Īos despu√©s no iba a faltar a mi cita.

# 151 Marta Toda

 

La meta

Antes de ir al punto de salida he pasado por la meta para ver esa cinta horizontal. Por primera vez, tengo la certeza de que, antes de caer rendido, hoy, por fin, la rompo yo. En la l√≠nea de salida hago estiramientos mientras los minutos corren la cuenta atr√°s. Visualizo mentalmente la llegada abarrotada de gente. Me imagino cayendo al suelo una vez cruzada la meta, y tumbado en el suelo todos me miran y los fot√≥grafos se me acercan para inmortalizar el momento. Suena el pistoletazo y corremos animados por los espectadores. La idea de ir en cabeza es muy tentadora, pero debo guardar fuerzas para aguantar toda la carrera. Voy subiendo el ritmo progresivamente y voy adelantando a otros corredores m√°s r√°pidos. Giro la esquina, y ah√≠ est√°. Corro los √ļltimos 100 metros m√°s tensos y veloces que nunca he recorrido. Y llego, y cumplo un sue√Īo.

# 150 José Enrique Catalá Catalá

 

MI META no es tu meta

Suena el silbato y mis m√ļsculos, ansiosos por vencer, parecen √©mbolos de acero que empujan tit√°nicamente mi cuerpo hacia la victoria. Muy pronto empiezo a distanciarme de los dem√°s corredores, y, como siempre, correr√© en solitario. El sol cae en vertical. Mi cuerpo se tambalea grotescamente. Por fin, veo el lienzo, atado a las farolas, anunciando la META. Siento un nudo en la garganta. Este a√Īo puedo conseguirlo, estoy seguro. De pronto, dos operarios con unas largas varas, amenazan con derribar el lienzo cortando las cuerdas, pero yo grito desesperadamente: ‚Äú¬°Por favor, esperad!‚ÄĚ. Al verme, empiezan a gritar y aplaudir. Lloro por la emoci√≥n. Tras ocho a√Īos participando, por fin voy a pasar, con mis 120 quilos, por debajo del lienzo. Voy sorteando a unos barrenderos que recogen el confeti que tiraron hace dos horas. Levanto los brazos y grito: ‚ÄúS√≠√≠√≠√≠√≠√≠√≠‚ÄĚ. Hoy, el verdadero ganador he sido yo. Estoy orgulloso.

# 149 Gabriel √Āvila Gonz√°lez

 

Conciencia

Marianela lleg√≥ a casa sonriendo;¬°Mam√° participar√© en la San Silvestre Salmantina!-Pero hija, le dijo la madre, para eso ¬°tienes que practicar antes! tu nunca has practicado antes, har√°s el rid√≠culo, si te miras al espejo ver√°s que te sobran algunos kilos.La muchacha pareci√≥ ignorar las palabras de la mujer y el d√≠a de la carrera, junto a centenares de personas se aprest√≥ para salir a correr, entre ellas vecinos y compa√Īeras de instituto. Cuando termin√≥ la carrera, muchas vecinas y amigas felicitaban a la madre de la improvisada corredora. Esta asombrada, despu√©s de agradecer las felicitaciones, pregunt√≥ a su hija ¬Ņen qu√© puesto quedaste?. Esta respondi√≥; no tengo ni idea, muchas llegaron antes que yo, apenas logr√© cruzar la meta, pero eso no importa, lo importante es participar, ser parte de la sociedad y as√≠, contribuir a vivir en un mundo solidario y en Paz

# 148 Belén Kruppa

 

El conejo

Se acelera mi respiraci√≥n, las piernas hacen su √ļltimo esfuerzo y me visualizo llegando triunfante al final de la carrera. No queda nadie entre esa l√≠nea y yo. Todas las dem√°s figuras humanas son distantes. La meta me espera con los brazos abiertos listos para envolverse en mi cuerpo. Probablemente todos pensar√°n lo mismo pero yo soy la m√°s cercana. La ambici√≥n de ganar me hace un poco ego√≠sta. ‚Äú¬°No!‚ÄĚ grito con el √ļltimo aire que queda en mis pulmones. La meta se convierte en una nube de tierra. Me tropiezo con los cordones de los zapatos. El silencio de mi triunfo anticipado es reemplazada por las respiraciones cortadas y las pisadas de los dem√°s. Algunos se detienen para ver si estoy bien y otros toman relevo de lo que sent√≠a antes de caerme. Algunas veces ganas, otras pierdes. La vida es c√≠nica pero divertida.

# 147 AMPARO PANIAGUA

 

√ďrganos

Iba en cabeza, concentrado, con dos minutos de ventaja. Despu√©s de dos horas corriendo los m√ļsculos se resienten, las piernas ya no obedecen igual. S√© que nac√≠ para competir. Y conozco de sobra el precio que hay que pagar: el sudor, las privaciones, las horas de entrenamiento, la disciplina. Tambi√©n s√© que la recompensa tarde o temprano llega. Necesito sentir la adrenalina dentro, esa euforia de ‚Äúllegar un poco m√°s lejos‚ÄĚ, los brazos en alto al cruzar la meta. El triunfo es lo √ļnico que da sentido a esto. No fue culpa m√≠a. La moto surgi√≥ de la nada. √Čl cruzaba como siempre, a la misma hora, en direcci√≥n a su casa. Ni yo le vi, ni √©l pudo esquivarme. El golpe fue brutal, yo fallec√≠ en el acto, en cambio √©l salv√≥ la vida. Lleva mi coraz√≥n y mis ri√Īones dentro.

# 146 Héctor Ortega Giménez

 

Zapatillas

Despertaron debajo de la cama. Esperaron pacientes a que su due√Īo desayunara y fue entonces cuando les prest√≥ atenci√≥n. Sintieron c√≥mo tir√≥ de los cordones con fuerza e hizo un nudo doble. Salieron a la calle en aquella fr√≠a ma√Īana salmantina y, tras un agradable paseo, llegaron a la l√≠nea de salida. Desde su perspectiva no ve√≠an m√°s que una mara√Īa de calcetines altos y zapatillas de colores; ellas eran de un lustroso blanco. Tras la se√Īal se pusieron en movimiento. Hab√≠an sido creadas para aquello, goma flotando sobre el asfalto. Al rato pisaron un charco, avanzaron a buen ritmo y, tras algo m√°s de media hora, cruzaron la l√≠nea de meta. No hab√≠an ganado, pero estaban orgullosas de su trabajo. Al llegar a casa volvieron a su lugar bajo la cama, all√≠ dormir√≠an satisfechas aguardando la promesa de una pr√≥xima carrera.

# 145 Miguel Nombela Bl√°zquez

 

Invencible

Ante su exhibici√≥n de seguridad se desvanecer√≠a la de los dem√°s. Ese era su convencimiento. √Čl estar√≠a en el podio. Arriba. Aunque anduviera en medio del grupo. Su ilusi√≥n se situaba en una zona imprecisa pero s√≥lida, que desplazaba la realidad o la dejaba colarse a sabiendas de sus limitaciones. Pero no hab√≠a duda, ni asomo de turbaci√≥n o inquietud. Ganar√≠a. Tarde o temprano. Ten√≠a todo el tiempo del mundo. Era un ni√Īo. Y por lo tanto, inmortal.

# 144 ESTEBAN TORRES SAGRA

 

PALABRA DE COYOTE

S√©, de buena tinta, que est√° inscrito en la San Silvestre salmantina. Estoy seguro que llegar√° el primero, con su aire de superioridad y el respaldo de su velocidad endiablada, y que humillar√°, sac√°ndoles much√≠sima distancia, sin esfuerzo aparente y sin apenas entrenamiento., a sus m√°s inmediatos perseguidores. √Čl tiene la certeza, siempre la tuvo -con la colaboraci√≥n de los ilustradores, claro- de que no podr√© alcanzarlo nunca; pero mi √ļltimo plan es infalible: me he comprado una goma de borrar dibujos -por supuesto marca Acme- y le esperar√© en la meta, camuflado entre el p√ļblico. Esta vez acabo con el Correcaminos. Lo juro. Palabra de Coyote.

# 143 Diodati Mercedes Sara

 

¬ŅEstoy lista‚Ķ o no lo estoy?

¬ŅEstoy lista‚Ķ o no lo estoy? ¬ŅEntren√© suficiente... o tal vez no? ¬ŅAtleta yo‚Ķ qu√© se yo? Ser√° mi primera vez en la carrera‚Ķ nunca estuve en una cursa tan masiva... 10 km parecen inalcanzables‚Ķ ¬Ņpodr√© modificar a tiempo mi plan de entrenamiento? Despu√©s de todo, puedo no participar en la carrera principal‚Ķ y cursar en una categor√≠a inferior. Seguramente pasar√© por el Paseo de San Antonio, por la Plaza Mayor, tal vez por el Puente Romano o quiz√°s por el Paseo del Rollo‚Ķ ‚Äúlo que las piernas me den‚ÄĚ... Las zapatillas no pueden hacerlo todo‚Ķ por m√°s nuevas que sean, servir√°n como alas y mejorar√°n (solo un poco) mi performance. Ya me han anotado‚Ķ con tan solo un par de euros‚Ķ

# 142 RAFAEL JOSE NIVISELA DÀVILA

 

¬°QUITA EL SEGURO!

Como escritor de microrrelatos no pegaba una. As√≠ que colgu√© la pluma, mejor dicho apague el ordenador y me volv√≠ fot√≥grafo. La Sansil ser√≠a la prueba de fuego y ya era diciembre. As√≠ que un curso r√°pido online de fotograf√≠a. Aprend√≠ que el Photoshop no era un show de fot√≥grafos y que foto era luz. Conoc√≠ a la distancia al fot√≥grafo del corredor de la Calle Compa√Ī√≠a, esa foto nocturna con pleno sol a sus espaldas. El d√≠a de la competencia atraves√© el puente romano, cruc√© la Plaza Mayor y al llegar hasta la fachada de la universidad de Salamanca el momento preciso hizo presencia, la postal de mi vida como fot√≥grafo; la rana salt√≥ sobre un corredor, apunte la c√°mara, ajuste la lente y el disparador se ator√≥. Record√© a mi abuelo que dec√≠a: ‚ÄúLo que Natura no da, Salamanca no lo otorga‚ÄĚ. El pr√≥ximo a√Īo voy de atleta.

# 141 Susana Leiva Serrano

 

A divertirse

Roberto, que ya hab√≠a cumplido siete a√Īos, estaba de los nervios por participar otra vez en la San Silvestre Salmantina, desde el accidente. ‚ÄĒ¬ŅVamos a llevar a mam√° a la carrera? ‚ÄĒ¬ŅPor qu√© lo preguntas? Claro que s√≠ ‚ÄĒle contest√≥ su padre, Jos√©. ‚ÄĒComo no puede correr‚Ķ ‚ÄĒAnda, v√≠stete y vamos a desayunar. ‚ÄĒPap√°, pap√° no encuentro las deportivas. ‚ÄĒEstar√°n debajo de la cama, como siempre ‚ÄĒle dijo sonri√©ndole. El ni√Īo mir√≥ de reojo a su madre mientras desayunaban. Se le acerc√≥ y la bes√≥. ‚ÄĒMe da igual llegar el √ļltimo, mam√°. ‚ÄĒ¬ŅY eso, cari√Īo? ‚ÄĒPap√° me ha dicho que lo importante es acabar la carrera y que ganar es lo de menos. ‚ÄĒVoy a animarte mucho. ‚ÄĒNo, quiero que corras con nosotros. ‚ÄĒ¬ŅC√≥mo voy a correr con la silla de ruedas? ‚ÄĒSin prisa, mam√°. Vamos a divertirnos los tres, juntos.

# 140 Olga Martínez Clavijo

 

La magia de la San Silvestre Salmantina

Correr es una experiencia gratificante pero correr la San Silvestre Salmantina es m√°s que eso. Es situarse en la linea de salida y nada m√°s llegar respirar alegr√≠a. La alegr√≠a de ese grupo de amigos y amigas disfrazados de bombillas, o la de los abuelos con los nietos que sonr√≠en porque los ojos de sus peque√Īos brillan. La de familias enteras, perro incluido. Parejas, compa√Īeros de trabajo, vecinos... El a√Īo acaba y en el horizonte se vislumbran las ilusiones que el a√Īo nuevo trae, Casi se tocan. Y aunque haya preocupaciones, en la San Silvestre, se disipan. Es la magia de esta carrera divertida y tambi√©n ben√©fica. Correr fortalece el coraz√≥n, tonifica los m√ļsculos y oxigena el organismo pero correr la San Silvestre dibuja una sonrisa en el alma, imprime una felicidad que se irradia. ¬°An√≠mense este a√Īo, h√°ganse ese regalo! ¬°La San Silvestre Salmantina les est√° esperando!

# 139 Nacho Tapia Vicente

 

Homenaje sin Escultor

Hab√≠a corrido todas las ediciones. Siendo ni√Īo hasta gan√≥ una medalla. Recordaba la admiraci√≥n de sus amigos del colegio el d√≠a que comenzaron las clases y se present√≥, orgulloso, con la enorme presea. √öltimamente, la admiraci√≥n de esos amigos se hab√≠a tornado en burlas, debido a su estado f√≠sico; m√°s propio de un medall√≥n de solomillo, que del conquistado anta√Īo. Por eso, aquel a√Īo se prepar√≥ concienzudamente. Se sent√≠a plet√≥rico, su cuerpo nuevamente musculado. Tanta confianza le empujaba a la exhibici√≥n; se desnud√≥. El fr√≠o decembrino de Salamanca hizo el resto: cuando todos los participantes hab√≠an partido, no consigui√≥ moverse de su posici√≥n, en medio de la calle. La carrera termin√≥ y √©l ah√≠ continuaba. El Ayuntamiento aprob√≥ su permanencia definitiva, con la √ļnica oposici√≥n del concejal de Tr√°fico. Al fin y al cabo, tambi√©n un escritor se hab√≠a quedado sentado para siempre en un caf√© de la Plaza Mayor.

# 138 Alejandro Olazabal

 

En su marcas, listos, fuera.

El cartero corr√≠a por las callejuelas aleda√Īas a la Facultad de Econom√≠a, escapando del perro, sin saber que a unas cuadras se iba a encontrar, cerca del Puente de la Universidad, con el pelot√≥n de avanzada de la carrera, encabezado por una joven Tere Recio. Fue embestido por una masa de piernas largas que galopaban a ritmos constantes. Ante esa situaci√≥n no le quedaba otra cosa que seguir corriendo que era, de todas formas, su intenci√≥n desde que entreg√≥ la carta. Pod√≠a ver, detr√°s suyo, como aquel perro sarnoso y, para su sorpresa, atl√©tico, le segu√≠a el paso, incentivando, al tiempo, a los dem√°s atletas que iban dejando atr√°s al cartero. Vinieron un par de curvas, un par de peque√Īos descensos y subidas y el cartero, cansado, estuvo a punto de rendirse. Pero, viendo a la templanza de sus compa√Īeros de carrera, encontr√≥ la fuerza suficiente para seguir en pie.

# 137 Osayis

 

LAS REGLAS

Tras el disparo, los corredores no se empujaron. Paseaban sin prisa y,aunque el p√ļblico animaba,iban mirando ac√° y all√°, par√°ndose para realizar selfies, firmar aut√≥grafos y sonre√≠r sin saber por qu√©. A los grandes velocistas les costaba andar tan despacio pero las reglas eran las reglas -dijeron cuando les preguntaron los organizadores. Al coger el dorsal no hab√≠a dudas. Ganar√≠a la San Silvestre el corredor m√°s lento. Tiempo hubo para echar instancias e interponer recursos a unas normas tan absurdas.De pensar que solo siendo el peor y menos competitivo se consigue ganar. Nadie se ha hecho responsable de la travesura porque si confiesa,tambi√©n pierde el anonimato.

# 136 JAVIER RUIZ BENEYTO

 

El camino irreverente

Aunque mi coraz√≥n danzaba al son del reguet√≥n, no parec√≠a que las piernas fueran a seguirme el ritmo. Mientras realizaba estiramientos, a mi lado, un Bob Esponja cutre y algo estr√°bico hac√≠a pompas de jab√≥n entre risas chirriantes. De otra parte, unos piratas en su barco superaban la barrera del sonido con su ron, ron, ron, la botella de ron. M√°s lejos, una vaca parec√≠a se√Īalarme con las ubres y decir: tengo mala leche; junto a ella, una deste√Īida Peppa Pig gru√Ī√≠a al cielo a lo Heavy Metal. A pocos pasos, el Joker bailaba desacompasado mientras trataba de recolocarse el dorsal. Al fin son√≥ el disparo y todos nos pusimos en marcha. Apenas comenzaba la carrera y ya sudaba, pero es que nunca antes Lucifer y su tridente hab√≠an seguido tan de cerca a la princesa Elsa de Frozen por el Paseo de San Antonio.

# 135 Maximiliano Jarque Blasco

 

LITURGIA

Ahora que ya se acab√≥ la liturgia de la noche anterior (sobre la colcha: la camiseta, el pantal√≥n, los imperdibles, el dorsal‚Ķ; a los pies de la cama: los calcetines, el chip, las zapatillas‚Ķ), el repaso minucioso para que nada falte en la mochila, para que ning√ļn imprevisto arruine la carrera. Ahora que ha desaparecido la √ļltima visita al ba√Īo, los nervios en la salida, la emoci√≥n al vislumbrar la meta. Ahora que s√© que no voy a poder correr nunca m√°s desde aquel fundido en negro, ambulancia, urgencias, quir√≥fano‚Ķ Ahora que tengo que mimar mi coraz√≥n, que terminaron rodajes, series, largos‚Ķ Ahora que quedan tan lejos los entrenamientos (fr√≠as ma√Īanas de invierno, calurosas sesiones estivales), los tragos en las fuentes, el olor a ropa sudada. Ahora, s√≠ ahora, toca disfrutar de otra manera, tras las vallas, y animar, y aplaudir, y dar el aliento que una vez me dieron.

# 134 JOS√Č A. GAGO MART√ćN

 

REGRESAR, DE NUEVO

Hac√≠a cinco a√Īos que no corr√≠a la San Silvestre. Ya estaba resignado, dispuesto a tirar la toalla. Pero, tras incontables avatares, all√≠ estaba otra vez, en la l√≠nea de salida. Bueno, supongo que en la l√≠nea estar√≠an los africanos y los que ten√≠an posibilidades, yo estaba al fondo, a salvo de codazos y empujones. Para m√≠ estar ya era un triunfo, me limit√© a recorrer a trote cochinero un par de kil√≥metros y continuar caminando. Me bastaba contemplar aquella gente que se agolpaba en las aceras, sentir el fr√≠o en la cara, respirar,... Otro de los corredores, que avanzaba renqueando, me mir√≥ con el ce√Īo fruncido: -No s√© a qu√© viene esa cara, -me dijo; parec√≠a enfadado con el mundo-, si vas de los √ļltimos. Yo he cometido la estupidez de estrenar zapatillas. -Bueno, -le replique, con mi mejor sonrisa-, yo estreno pulmones.

# 133 L. √Ālvarez G√≥mez

 

Correr era la meta

El ritmo acelerado de sus latidos, y el ritmo regular de sus pisadas, y el ritmo acompasado de los aplausos de la multitud. Y el aire limpio y frío del invierno en Salamanca. El corredor concentrado en cada uno de sus latidos, cada una de sus pisadas, cada uno de los aplausos, restando con la suma de cada uno de ellos distancia hasta la meta. Un latido más, una pisada más, un aplauso más, convertidos en un aplauso menos, una pisada menos, un latido menos para llegar. Pero cuando el corredor cruce la meta, se dará cuenta que no la ha cruzado para llegar, sino para entender que la verdadera meta no estaba en la meta, que la verdadera meta estaba allí donde el latido, la pisada y el aplauso se medían de uno en uno, y se sumaban. En el aire limpio y frío del invierno en Salamanca.

# 132 Maximiliano Sacrist√°n

 

Un buda de las distancias

Si hay algo que le sobra a los ultramaratonistas es tiempo. En 160 kil√≥metros a recorrer hay tiempo de sobra para pensar. El atleta no quiere desconcentrarse, pero es inevitable que la mente divague cuando el tiempo desborda por todo el cuerpo. Refutando la apor√≠a de Zen√≥n y su flecha eternamente inm√≥vil, el ultramaratonista demuestra el movimiento sencillamente ech√°ndose a andar. Esto con respecto al espacio. ¬ŅPero c√≥mo vencer al tiempo? Cierto atleta de las distancias desmesuradas ide√≥ un m√©todo que distra√≠a a la mente mientras los m√ļsculos hac√≠an su trabajo: se propuso recordar un a√Īo de su vida por cada diez kil√≥metros recorridos. Imaginaba pasajes de su infancia ocurriendo a los bordes de la carretera. Pobl√≥ su soledad con fantasmas queridos que acud√≠an desde el pasado para consolarlo en su traves√≠a. Con la mente vac√≠a, como un buda sudoroso, el ultramaratonista se transformaba en una m√°quina de correr.

# 131 Rafael Fuentes Pardo

 

Las cosas

Lo había intentado todo durante varias ediciones. Tomarse un vaso de noventaiocho, en ayunas, justo antes de la carrera. Seguir el ritmo a dos constructores que corrían convencidos de que al ganador le concederían una recalificación de terrenos. Correr detrás de un equipo de campeonas de atletismo y delante de otro de policías. Incluso había llegado a entrenar. Pero nada. No había forma de ganar la San Silvestre. Lo daba todo por perdido cuando, a quince días de celebrarse la carrera, se enteró de la noticia. La organización había decidido cambiar el punto de salida. En esta edición estaría a diez metros escasos de la casa de su jefe. Ya solo le quedaba decirles a su mujer y a su hija que le esperasen en la meta para celebrarlo. El resto sería dejar atrás las cosas que siempre había odiado y acercarse cuanto antes a las que más quería.

# 130 José Luis Zárate González

 

¬ŅCual es la meta?

La sensación de la tierra bajo los pies, el aire que acaricia los rostros, el sudor que corre libre sobre la piel casi tan libre como la gente que despega paso a paso en la pista, por unos momentos esas sensaciones son el mundo entero, la nueva forma de la realidad. El observador descuidado puede creer que la meta está al final de la carrera, en el acero y listones, pero lo que no ve es que la meta se atravesó cuando los atletas volvieron a su verdadero hogar rodeados de sus hermanos y hermanas. La meta es ese segundo antes del primer paso, ese instante que se ha compartido por siglos desde Grecia hasta la San Silvestre Salmantina, en que el horizonte está al alcance de la mano, sólo es cuestión de correr hacia él.

# 129 LUCAS ASTESANA

 

Carreras experimentales

es una carrera. Repito, no lo es. Dejamos parte de vida en esas piernas, que se zambullen hasta lo profundo de la aventura, llegar a la meta no es el merito por el que corremos, Gloria tal vez, desde 1984, venimos buscando algo que solamente ella nos da, llegar a finalizarla es un placer, un reconocimiento personal, la misma sinton√≠a de disfrutar la vida y agradecerle por lo que nos deja hacer con ella, es espectacular, la respiraci√≥n, aqu√≠ dentro guard√°ndola y sacarla como si fueran sorbos de agua, nuestra Mente en blanco, nuestros ojos agudos, el coraz√≥n ya nos espera en la meta, nos abandon√≥ desde el principio y se ha adelantado tal vez una o dos noches antes, el resto es el latido nuestros sentidos los que tal vez a√ļn no tenemos bajo control, es el impulso, que nos har√° regresar cada a√Īo, y cada vez m√°s felices.

# 128 José Agustín Blanco Reondo

 

Piel de escarcha

La escarcha se abate sobre el r√≠o Tormes. Y esos encajes de hielo atenazan los labios de los corredores, tambi√©n sus p√≥mulos, las sienes, su mirada. Nada que la emoci√≥n por el comienzo de la carrera no pueda disolver. El fr√≠o ser√° quiz√° una an√©cdota al subir la cuesta del Palacio de Congresos, la voluntad trocar√° las azagayas de la escarcha en perplejas, sumisas trochas de sudor que resbalar√°n por la piel de los que compiten por la gloria, o por solidaridad, o por razones festivas, o por esa determinaci√≥n que hace a los humanos cada vez m√°s fuertes. La Plaza Mayor espera. Tambi√©n la bajada de San Pablo y el devenir milenario del Puente Romano. Luego acudir√° el descanso a cobijarse entre la fatiga de tendones, m√ļsculos y coyunturas. El descanso y la satisfacci√≥n por tanto esfuerzo entregado a la ciudad de Salamanca.

# 127 Jimmy Castro Zambrano

 

LA RAZ√ďN

Gracias por preguntar. Había una chica que me gustaba, intenté hablarle un par de veces, pero parece que no lo hacía en el momento adecuado, porque sentía que no me veía. Como no encontraba la forma de poder conocerla o interactuar con ella me sentí muy frustrado. Por aquellos días un amigo me vio de muy malos humores, me habló de la carrera, dijo que podía ayudarme a despejar mi mente. Mientras corría me imaginaba que la persona que iba delante de mí era la chica que quería conocer, cuando la alcanzaba, me imaginaba que era otra que iba más adelante, y así hacía la carrera, llevado por las ganas de conocer a una chica que me gustaba. Luego de un tiempo haciéndolo, un día se me acercó la misma chica diciendo que quería conocerme. Y si tienen alguna otra pregunta al respecto, pueden preguntarle a mi esposa.

# 126 Isabel Serrano Hern√°ndez

 

El corredor y la meta

Toni sinti√≥ como las l√°grimas resbalaban por sus mejillas, al notar el viento seco y fr√≠o de la ciudad. Participaba en una carrera y quedar√≠a bien clasificado. √Čl estaba en forma por su entrenamiento semanal. Adem√°s era un hombre joven y atractivo. Sus amigos le envidiaban porque era un triunfador en el deporte, el trabajo y con las mujeres. Sin embargo, √©l se sent√≠a un completo fracaso. Hab√≠a conocido tantos cuerpos como carreras hab√≠a realizado. A pesar de todo, un gran des√°nimo reca√≠a sobre √©l. Cada carrera supon√≠a un triunfo, una superaci√≥n personal. Despu√©s de cada encuentro sentimental, exist√≠a un gran vac√≠o que no hab√≠a forma de llenar. ¬Ņ De qu√© hu√≠a? ¬ŅA qu√© ten√≠a miedo? Cada nueva zancada, supon√≠a un nuevo avance. ¬ŅAlcanzar√≠a alg√ļn d√≠a su meta en todos los aspectos de su existencia? Aceler√≥ el paso levant√≥ los brazos y cruz√≥ la meta entre los primeros puestos.

# 125 JOS√Č MAR√ćA HERMOSO Y COBO

 

La San Silvestre Salmantina, m√°s que una carrera

Cruz√≥ la puerta del CES. Quedose a su espalda. Comenz√≥ a correr. Sus lentos pasos pesados iban dejando atr√°s, tirados sobre el suelo pisado, pedazos de jirones de su alma destrozada. Mientras avanzaba, una extra√Īa sensaci√≥n rebosaba la plenitud de su coraz√≥n. Con la √ļnica compa√Ī√≠a del aturdimiento, en ese luengo paseo de pasos perdidos, no lograba comprender a d√≥nde le llevar√≠a‚Ķ Tras un per√≠odo ocupado de d√≠as, semanas y meses‚Ķ Fiel, repiti√≥. Tom√≥ aquel suelo pisado, encarado; y posey√≥ sus pasos lentos y pesados, convertidos en r√°pidos y ligeros, que guardaban dentro de sus genes los pedazos de jirones que atrevidamente en secreto florecieron en aquello que no esperaba. Dulcificado aleteo de mariposas flu√≠a por su interior. Una edici√≥n m√°s. La misma puerta, ahora de frente, se abri√≥. Cabalmente, trescientos sesenta y cinco d√≠as de gestaci√≥n, y otra vez, nuevamente, dejaron un antes avivando el parto de un despu√©s.

# 124 ANNA ANTO√ĎICO MUNTAL

 

LA CARRERA

La voz de salida antecede al disparo. Cabeza alta, pecho fuera y respiraci√≥n acompasada. Primero un pie despu√©s otro. Paseo de San Antonio, Paseo del Rollo. No nos puede vencer la fatiga, debemos ocupar la mente. El tiempo de preparaci√≥n ha sido duro. Levantados de madrugada, el sue√Īo invade nuestros sentidos, pero vamos a correr..., correr sin parar. Las dietas son un aut√©ntico calvario, s√≥lo prote√≠nas y todo para ganar. Nos fijamos en la ruta, el Puente Romano, la Plaza Mayor y vuelta al Paseo de San Antonio. ¬°Falta poco para la meta y sue√Īo conseguido! ¬°Huuuy!... La cabeza se afloja, el pecho se hunde, la respiraci√≥n se altera. S√≠ntomas de cansancio..., no puede ser... les pies se desequilibran, quiz√°s una rampa..., nooo, falta poco..., ya lo veo, se acaban las fuerzas..., tambi√©n yo que soy tu sombra te he abandonado y yazgo a tu lado sin aliento.

# 123 Amador Dominguez Sanchón

 

SIEMPRE ETERNA SALAMANCA , DESDE LA CIUDAD IMPERIAL

Donde corremos la San Silvestre, pregunto Agus con un interés que me hizo dudar, a juzgar por su expresión de duda, que ya conocía, como afirmativa. En la lejanía de tu ciudad natal o queriendo la de tu ciudad de adopción, nos miramos ambos y sin lugar a dudas sabíamos que la decisión estaba tomada antes de cruzarnos una palabra, por supuesto que en ambas, un día Salamanca y al día siguiente Toledo, que magnifico sentimiento al recorrer ambas ciudades históricas, vivirlo aunque solo fuese una de ellas es extraordinario, no dudes nunca. ¡ Ven !

# 122 Santiago Eximeno Hernampérez

 

Final

En la foto de llegada, tomada por un fotógrafo de la organización, vemos el rostro de papá, enrojecido y enrabietado, que contempla cómo mamá, con una zancada elegante y una sonrisa, cruza la línea de meta un instante antes que él lo haga. Después tenemos medio centenar de fotos más, en las que mi hermana y yo aparecemos abrazados a mamá, sonriendo, alegres, emocionados por esa carrera tan bonita que ha hecho, que a pesar de no conllevar trofeo a los tres nos sabe a gloria. En ninguna de esas otras fotos aparece papá.

# 121 Natalia de Tom√°s Lux√°n

 

Correr es mi vida. Para Mercedes Marín

Tengo 60 a√Īos y hoy, √ļltimo d√≠a del a√Īo, me dispongo a recorrer la distancia de 10 kil√≥metros de la San Silvestre Salmantina, en la categor√≠a femenina para mayores de 45. Respiro hondo y cierro los ojos visualizando el recorrido como si volara sobre el asfalto. Me siento ligera, aunque mis zapatillas parezcan aferrarse al suelo. Desde que era peque√Īa, me veo corriendo a todas partes- haciendo recados a mi madre- como si el mundo fuera diminuto o se ampliara a mi alrededor en cada zancada. Correr es estar con uno mismo y con los dem√°s, es solidaridad y sacrificio, aunque desde mi lesi√≥n, me suponga m√°s esfuerzo. Me concentro en la respiraci√≥n, mientras el aire fr√≠o me da en la cara. Escucho los latidos de mi coraz√≥n y el eco de los gritos de √°nimo. El tiempo desaparece y vuelvo a tener diez a√Īos al llegar a meta.

# 120 PILAR ALEJOS MARTINEZ

 

PLAN B

En cuanto suena el disparo, empiezo a correr. Me tiemblan las piernas a pesar de tantos meses de preparaci√≥n. Ante el fracaso del ¬ęPlan A¬Ľ, decido cambiar de estrategia y me mimetizo entre la multitud participante en la San Silvestre Salmantina. Se respira un gran ambiente solidario, donde lo que prevalece es la deportividad. Sin querer, poco a poco, me voy viniendo arriba. Motivado por los gestos de compa√Īerismo que observo a mi alrededor, acelero el paso. Parece que tengo alas en lugar de pies. Avanzo un puesto tras otro hasta alcanzar a los corredores de cabeza. Por primera vez, corro por una buena causa sin miedo a ser alcanzado. La euforia se apodera de m√≠ y me lleva en volandas. Al cruzar la meta, con los brazos en alto, celebro mi victoria. Ahora me alegro de haberme despojado por el camino del mono rojo y la careta de Dal√≠.

# 119 Marta María Cruz Martín

 

El camino es la meta también

Diciembre siempre fue un mes largo para ella, lleno de cenas y brindis con aquellos que regresan a casa por Navidad. Despu√©s de la carrera brindar√≠an tambi√©n, pero en ese momento estaba sola. Y es que no distingu√≠a, entre la aglomeraci√≥n de corredores, ninguna cara conocida. Le pesaban demasiado las piernas y adem√°s un poco el alma, deseaba terminar el recorrido pero durante unos minutos no se crey√≥ capaz. Hasta que levant√≥ la cabeza y los vio. All√≠ estaban, sus compa√Īeros de viaje y de vida, vestidos con un disfraz del a√Īo anterior, esperando para llevarla de la mano hasta donde quisiera llegar. Respir√≥ hondo y, todav√≠a sin alcanzar a ver el final, comprendi√≥ que con ellos llegar√≠a a la meta por muy lejos que estuviera. Y ella tambi√©n sonri√≥.

# 118 Margarita del Brezo

 

AS√ć EN LA TIERRA COMO EN EL CIELO

Aprend√≠ a correr casi antes que a gatear. Y no es de extra√Īar pues la primera vez que particip√© en la San Silvestre Salmantina iba montado en un cochecito de beb√©. Desde entonces he acudido puntual a la cita y he cruzado siempre la l√≠nea de meta, incluso cuando corr√≠ con una pierna escayolada. Tan solo fall√© el a√Īo pasado, por mi enfermedad y todo eso. Pero esta edici√≥n no me la pienso perder as√≠ que entreno duro a diario, diluvie, haya borrascas, anticiclones o abrase el sol. Sin embargo, por m√°s que me esfuerzo, no veo muchos progresos. Y es que correr aqu√≠ arriba es complicado; sin apenas fuerza de gravedad y teniendo que esquivar todo el rato nubes, p√°jaros y aviones llenos de gente no hay manera de ir deprisa. Eso s√≠, menudo ambientazo hay: todav√≠a no ha empezado la carrera y ya no cabe ni un alma.

# 117 JUAN LORENZO COLLADO G√ďMEZ

 

glamur

Por fin iba a correr mi primera San Silvestre. Prepar√© la equipaci√≥n de todo aquel material que hab√≠a comprado para la ocasi√≥n: Me puse la ropa interior Asics, unos calcetines Nike azul el√©ctrico y la camiseta interior X-Bionic Radiactor. Para las mallas y la camiseta eleg√≠ el conjunto Bellavista de Adidas. Finalmente las zapatillas Brooks Ghost 12, gafas Oakely y el reloj Polar V Tit√°n. Unas gotas de colonia y una pulserita me mostraron fant√°stica frente al espejo. As√≠ me dirig√≠ al Paseo de San Antonio pero al mirarme en un escaparate me di cuenta de que hab√≠a olvidado el dorsal. Cuando llegu√© a la salida, con mi dorsal perfectamente colocado, ya se hab√≠an marchado todos. No s√© si los aplausos que escuch√© durante toda la carrera me los dedicaron por ser la √ļltima corredora en llegar a meta o por todo aquel despliegue de glamur.

# 116 B√°rbara Monz√ļ Casamay√≥n

 

En mi perfil

Mam√° volvi√≥ a su ciudad natal para verme correr despu√©s del accidente y darme muchos besos en la l√≠nea de meta. Ella fue la que me ense√Ī√≥ a hacer las cosas con pasi√≥n. A√Īos antes, dej√© la nataci√≥n por el atletismo y pas√≥ aquello. Se mud√≥ a un pueblecito gallego donde pasaba las vacaciones de ni√Īa para cuidar de sus padres, y yo ya era mayor para asumir la situaci√≥n y buscar otro sue√Īo. La echaba much√≠simo de menos. Necesitaba sus palabras durante la rehabilitaci√≥n y sus abrazos durante las siestas. Entones me compr√© una pr√≥tesis y me inscrib√≠ en la San Silvestre Salmantina, como era costumbre en nuestra familia. Mi madre apareci√≥ con un dorsal en los pechos hecho por ella misma y me acompa√Ī√≥ los √ļltimos cien metros hasta la meta. Fue incre√≠ble. ¬°La foto est√° en mi perfil! ¬ŅPod√©is votarme? Solo ser√° un minuto ¬°Gracias!

# 115 Cristina Grieguez Alvarez

 

La promesa de Hugo

La San Silvestre era todo para su padre desde que los presentaran aquel 30 de Diciembre de 1984, pero justo el d√≠a de su trig√©simo cuarto aniversario √©l falleci√≥ dej√°ndola plantada, vestida y alborotada. Afligido, esa misma noche, volvi√≥ de entre los muertos, col√°ndose en sus sue√Īos, para pedirle que a partir de ese momento cortejara en su nombre a tan en√©rgica y decidida dama, pues no pod√≠a permitir que ella sintiera su ausencia como sin√≥nimo de indiferencia. Y Hugo, sin forma ni condici√≥n, acept√≥ de coraz√≥n, buscando enseguida al mejor instructor. Resultaba duro ponerse las deportivas despu√©s de un largo d√≠a de trabajo, mas no pod√≠a fallarle a su h√©roe. Sin apenas darse cuenta el d√≠a de la carrera lleg√≥ y ella, agradecida, le premi√≥ tan noble gesto gui√°ndole hasta el √°ngel con el que compartir√≠a su vida, exactamente c√≥mo hizo con su padre treinta y cinco a√Īos atr√°s.

# 114 Alvaro Abad San Epifanio

 

Lo que se dice correr…

En toda mi vida solo he corrido una vez con ganas: su marido nos pill√≥ y no me apetec√≠a probar esos b√≠ceps tama√Īo cami√≥n. Corr√≠ escaleras abajo, calle arriba y me encaram√© a la c√ļpula la catedral. Tres d√≠as me espero abajo el Sr. B√≠ceps. Al final se rindi√≥, creo que le entr√≥ el mono de anabolizantes. ¬ŅPues no recibo un whatsapp semanas m√°s tarde para correr la San Silvestre? ¬ŅCreer√° que soy masoquista? A√ļn tengo pesadillas con esos m√ļsculos. Y agujetas. Pero me promete una buena siesta‚Ķ El ch√°ndal me queda como una patada en los bajos, pero me lo enfundo. La veo en la salida, con esas mallas ajustadas‚Ķ al lado del esposo, marc√°ndolo todo. Creo adivinar qui√©n envi√≥ el mensaje. Pistoletazo de salida. Tras dos horas corriendo voy el primero por el carril derecho de la Autov√≠a de la Plata, seguido del esposo encabronado. No se cansa.

# 113 Isabel Garc√≠a Vi√Īao

 

NO ES EL CUENTO DEL DINOSAURIO

Se despierta con las im√°genes de las llamas en los ojos. Unas llamas que el d√≠a anterior podr√≠an haber acabado con la vida de una ni√Īa. Hoy no se viste el uniforme azul ni el casco de bombero pues es la fecha de la San Silvestre. La jornada anterior corri√≥ por el bosque como un loco para sofocar el fuego, mas el esfuerzo le recompens√≥. En un camino cercano, una mujer con la camiseta de la Cruz Roja recogi√≥ a la ni√Īa. La mirada orgullosa del bombero se encontr√≥ con la de la mujer de la instituci√≥n humanitaria. Entre sus ojos se interpuso el dios del amor, Cupido. Hoy, el bombero, a la salida de la carrera, se siente extenuado. El esfuerzo del d√≠a anterior hace que caiga desfallecido en el Puente Romano. Despierta con la sirena. Al despertar, ella todav√≠a est√° all√≠.

# 112 FRANCISCO JAVIER AGUIRRE GONZ√ĀLEZ

 

PROYECTOS

El a√Īo pasado no pudo ser. Se me olvid√≥ y llegu√© tarde. Se agotaron los 7.667 dorsales disponibles para la San Silvestre Salmantina. Este a√Īo he de espabilarme. Faltan solo unos d√≠as para que se abra el plazo de inscripci√≥n. Lo tengo todo a punto, el cuerpo entrenado y el √°nimo dispuesto. Para calentar motores, se me ocurre contar por escrito lo que me pas√≥ el a√Īo anterior. En realidad, no iba con intenciones de ganar, solo de participar. A estas edades es suficiente. Pero apenas he retenido los detalles de lo que me ocurri√≥. Hay que resignarse a que el tiempo pasa inexorablemente. A√ļn tengo las piernas √°giles y los m√ļsculos tensos, pero la memoria‚Ķ ¬°ay, la memoria! No importa. Escribir√© lo que recuerde y enviar√© el relato. Me dice mi nieto que se ha convocado un concurso.

# 111 Víctor López Camacho

 

Motivación

Pi-Pi-Pi‚ĶPi-Pi-Pi‚ĶPi-Pi-Pi‚Ķ son las 7:07 de la ma√Īana, y el despertador destroza la calma de la habitaci√≥n, aunque Julian, ya despierto desde hace rato, lo espera con ansia, ha llegado el momento de ponerse las zapatillas de deporte y salir a correr como cada ma√Īana. Es su momento preferido del d√≠a, cuando sale a correr todav√≠a es de noche, pero cuando acaba ya es de d√≠a, adem√°s, hay dos cosas que le incentivan, el reloj gps que se ha comprado de segunda mano y que muestra claramente sus progresos, y el culo de la chica que le gusta a lo lejos, pero cada d√≠a m√°s cerca, que confirma su mejor√≠a. Este a√Īo tambi√©n se ha apuntado a la San Silvestre Salmantina. No cree que vaya a ganar, pero si va ella, seguro que mejorar√° la marca.

# 110 Javier López-Bueno Ramos

 

Pap√°

Con el dorsal 270, estiraba en el c√©sped, cerca de la parroquia de San Jos√©, junto a un tipo grande de pelo cincelado y nariz prominente, un tal Constantino, seg√ļn me dijo con voz firme y magn√°nima como si se tratara de un emperador romano, mientras mi padre, Rufino, saludaba desde el otro lado de la valla con ojos fraternales. Supongo que dulcificado por las fechas y la estampa que compon√≠amos mi padre y yo, Constantino, el Grande, me inst√≥ a tomar posiciones junto a √©l y gracias a este encuentro, dir√≠a yo que providencial, pas√© a la historia. No llegu√© a meta el primero, entr√© en el puesto 33, que es igual de importante en esta carrera, pero s√≠ fui portada de la Gaceta de Salamanca con una fotograf√≠a, junto a tantos otros participantes, de la popular carrera que lleva mi nombre, Silvestre, y que enorgulleci√≥ a mi padre.

# 109 Silvia MAngas

 

El atleta

Corre; suda; est√° entrenado para ser atleta y sabe que no s√≥lo el cuerpo debe estar adiestrado; tambi√©n fortifica su esp√≠ritu. Corre detr√°s de sus sue√Īos; busca una calidad de vida superior y en ese trajinar, se engolosina con el aire, con sus ansias de triunfar. Mientras, corre la extensa marat√≥n de su vida, piensa en los distintos legados salmantinos, los afectivos y los culturales; entre ellos, rescata a su gu√≠a espiritual, el que lo marc√≥ con el esfuerzo y la simplicidad. Primero, deposita sus plegarias en San Silvestre y se pone a su servicio. √Čl escucha su aliento; sabe que puede caer, porque nadie est√° exento; pero tambi√©n, sabe que debe incorporarse y seguir. En los momentos cruciales, eleva su mirada al cielo y entre los pliegues de las nubes, adivina el rostro protector de su Santo, quien lo estimula. Adelante, Atleta, contin√ļa con tu marat√≥nica carrera.

# 108 Alfredo Pérez Berciano

 

La magia de la San Silvestre

Aquel d√≠a se apost√≥ en la terraza y dej√≥ caer sus ojos hacia el enjambre de corredores que a esas horas ocupaba la calzada. Ten√≠a cincuenta y ocho a√Īos y mucho miedo. - Pap√°, venga, que no llegamos, no te olvides el tel√©fono - Mi padre hab√≠a entrenado mucho para correr la San Silvestre aquel a√Īo. Ganar la batalla al miedo se hab√≠a convertido en un verdadero reto para √©l. Una hora y cinco minutos m√°s tarde, emocionados los dos, cruzamos la META y nos fundimos en un abrazo infinito. El eco de un grito de orgullo son√≥ en mi coraz√≥n. La magia de la San Silvestre hab√≠a vencido al miedo. Pero el destino, caprichoso como pocos, ten√≠a un √ļltimo as en la manga y quiso que ese domingo tambi√©n sonara el tel√©fono para nuestra eternidad. - ¬ŅHip√≥lito Yag√ľe?, por favor. - S√≠ soy yo. - Hemos encontrado un donante.

# 107 Francisco Yuste García

 

La emoción más veloz

El √ļnico sonido del piso era el de la alarma a las seis de la ma√Īana. S√≥lo unos pocos de los que se divorcian llegan alguna vez a enderezar su rumbo. Los recuerdos y sentimientos son los mismos espectros que transitan de sus sue√Īos a su realidad, a trav√©s de las sombras de la habitaci√≥n. Lo envuelven como una nube ominosa. Tratan de trepar por sus tobillos. Forcejean en una mel√©, para atenazarle la garganta y paralizarlo. Por eso √©l corre. Porque aunque no lo crea posible, ser√° qu√≠micamente feliz. Porque f√≠sicamente su cuerpo se aferrar√° a la vida tras el abandono personal pasado. Huye de sus fantasmas. A diario corre y su mente funciona con mayor claridad, m√°s r√°pido. La pena sigue, pero la vida tambi√©n. Un d√≠a inesperado el tel√©fono suena. Una vieja amiga dice estar pasando por lo mismo. √Čl corre. Corre a ahuyentar a sus espectros.

# 106 María Posadillo Marín

 

Conectados

Madre Tierra sobrevive a estaciones solitarias en las que nadie atiende sus lamentos. Pero existe un rinc√≥n en su cuerpo roca donde, al llegar el oto√Īo, percibe la pulsi√≥n del coraz√≥n del hombre como en ning√ļn otro lugar. Las plantas de mil pies hacen vibrar el suelo en feroz carrera, cuando los m√ļsculos se tensan, y la excitaci√≥n que precede a la lucha empapa la superficie de quien los alienta desde el principio de los tiempos. Ya no hay presa frente a ellos al iniciar el galope; las bestias dejaron de ser cazadas hace milenios, pero las emociones m√°s puras se traducen en pasos seguros hacia una meta que no alimenta los est√≥magos, pero s√≠ sus esp√≠ritus. Solo entonces, planeta y hombre conectan como uno solo. La Tierra cesa su p√°lpito furioso y da una nueva oportunidad a la naturaleza que ella misma engendr√≥. Despu√©s de todo, nada ha cambiado. ¬†

# 105 Claudia Alejandra Morales

 

Relatividad

Lleg√≥ primero a la l√≠nea de la "San Silvestre Salmantina". Luego del festejo, al volver a su casa, su chica le dijo que lo de ellos hab√≠a terminado. Se hab√≠a enamorado perdidamente del que hab√≠a llegado √ļltimo. Un Cupido ebrio, un flechazo inoportuno, ganar, perder y esa bella iron√≠a en el misterio de lo relativo.

# 104 Miguel Sánchez Martínez

 

MALOS H√ĀBITOS

Abraham siempre fue perezoso, nunca terminaba lo que emprend√≠a. A los veinticinco a√Īos un halo de madurez se pos√≥ en su mente. Se propuso finalizar todo proyecto que iniciara. Correr√≠a la San Silvestre Salmantina. Fue constante durante los seis meses de entrenamiento. El d√≠a de la carrera lleg√≥ confiado. En cuanto dio inicio la popular competencia tom√≥ la punta. Era un galgo. Pasaban los kil√≥metros y cada vez se alejaba m√°s de sus perseguidores. En el kil√≥metro nueve se empez√≥ a sentir cansado. Volvieron sus viejos fantasmas. Record√≥ lo agradable que es ver la televisi√≥n mientras se bebe una cerveza. Faltaban 300 metros para llegar a la meta. ¬ŅQu√© hac√≠a ah√≠ corriendo 10 kil√≥metros? ¬°Qu√© flojera! Era una distancia enorme. Arrepentido dio media vuelta y regres√≥ hacia el punto de partida.

# 103 David Maga√Īa Centelles

 

Atemporal

Nadie crey√≥ a Sof√≠a cuando dijo que dejaba el atletismo. Su carrera era demasiado prometedora: hab√≠a ganado un par de maratones a nivel nacional e iba a competir internacionalmente. Todo ello era demasiado como para echarlo a perder "para formar una familia". Los buenos deportistas no abandonan. Pero cuando desapareci√≥ del foco medi√°tico, todos empezaron a tomarla en serio. Quiz√°s por eso, 20 a√Īos despu√©s, el mundo se sorprendi√≥ tanto cuando la vieron entre los participantes de la San Silvestre Salmantina. All√≠ estaba, de nuevo, exactamente igual que hac√≠a 20 a√Īos, y con las mismas zapatillas de deporte. Solo que su nombre era Laura, y las zapatillas eran de su madre.

# 102 Javier Roa Gil

 

Alma solitaria

Cruzo la meta y paro mi cron√≥metro por debajo de treinta, algo peor que el a√Īo pasado. Una nube de vaho me rodea de inmediato y me acompa√Īa mientras estiro hasta que logro recobrar el aliento. Tras guardar cuidadosamente el dorsal en la mochila, me abrigo bien antes de regresar a casa bajo la amarillenta luz de las farolas. Despu√©s de la reparadora ducha pongo el despertador a las ocho para que me d√© tiempo a tomar un chocolate con churros antes de coger un buen sitio en el Paseo de San Antonio y animar a los corredores, como cada √ļltimo d√≠a del a√Īo.

# 101 Sol García de Herreros

 

RUNNERS

Casi nadie lo sabe, pero en realidad es una condena. Su pena consiste en recorrer las calles r√°pida y silenciosamente, vigil√°ndonos a todos y dando sensaci√≥n de normalidad. Si no fuera as√≠: ¬Ņc√≥mo se entiende alguien corriendo, sin que nadie le persiga, por el Puente Romano a las siete de la ma√Īana de un lunes de enero? Descartado el masoquismo, ¬Ņqu√© raz√≥n puede existir para ese sufrimiento reflejado a menudo en sus caras, en su respiraci√≥n jadeante y en su trote cansado? No hay otra explicaci√≥n, est√°n condenados, y a final de a√Īo deben justificar un n√ļmero determinado de horas. Por eso cuando acaba diciembre es frecuente verlos llenar avenidas y paseos, todos corriendo, todos afanados en el √ļltimo momento. Pero no cre√°is que es por gusto, no; algo malo habr√°n hecho

# 100 Osvaldo Israel Ca√Īete

 

De igual a igual contra uno mismo

Inhala y exhala. Inhala profundamente y exhala lentamente. Repite. Con los ojos cerrados se a√≠sla del mundo y se concentra en su cuerpo. Se percibe en toda su extensi√≥n, relaja las tensiones que registra y se prepara para la carrera. Correr es la actividad que m√°s disfruta. Por el desaf√≠o de superaci√≥n que implica. Siempre corre contra √©l mismo. Aunque sean cientos de participantes siempre es contra su sombra, exigiendo un poco m√°s a su cuerpo para autosuperarse. Y lo hace solo. Nunca siente la presi√≥n del p√ļblico, los gritos, silbidos y aplausos le son ajenos. Los otros corredores son compa√Īeros y no adversarios. As√≠ siempre gana.

# 99 Rosa Mateos García

 

EXPEDIENTE X(ALMANTINO)

Buenas noches, amigos del misterio. Soy Iker Jim√©nez y aqu√≠ comienza Cuarto Milenio. Hoy recordaremos los escalofriantes hechos acaecidos durante la ‚ÄúSan Silvestre Salmantina‚ÄĚ del a√Īo 2019. Y es que, tiempo despu√©s, nadie ha sabido explicar qu√© es lo que realmente ocurri√≥ aquel maldito d√≠a. Corredores veteranos que conoc√≠an perfectamente el trazado, aparecieron desorientados en los soportales de la Plaza Mayor, otros se perdieron en las laber√≠nticas calles del Casco Hist√≥rico de la ciudad. Y la gran mayor√≠a huyeron aterrados, cruzando el Puente Romano, tras ser perseguidos por una abominable criatura con cuernos. ¬ŅFue un caso de histeria colectiva, una abducci√≥n o un viaje en el tiempo? Desconozco las respuestas. Lo √ļnico cierto es que aquella ma√Īana de diciembre, m√°s de siete mil personas tomaron la salida en el Paseo de San Antonio. Y s√≥lo una logr√≥ llegar a la meta. Se llamaba Teseo.

# 98 Modes Lobato Marcos

 

SE AVECINA UNA TORMENTA

Cuando vi anunciada la "SAN SILVESTRE SALMANTINA DE NUBES", entr√© en la Protectora y, rechazando los cirros y nimbos de pura raza, adopt√© una peque√Īa nube callejera, hija de mil gases diferentes. Entren√°bamos cada ma√Īana para la carrera, y conmigo aprendi√≥ a mantener un ritmo constante, sin dejarse arrastrar por las bajas presiones. Pero las semanas pasaron, ella creci√≥ y me mostr√≥ su lado m√°s rebelde. Dej√≥ de entrenar y, cuando la re√Ī√≠a, hinchaba sus vapores, ennegrec√≠a su color y me amenazaba con sus truenos. Y desde hace unos d√≠as ha empezado a arrojar, sin previo aviso, agua de lluvia por toda la casa. Ayer habl√© con un meteor√≥logo y me dijo que tuviese cuidado, pues la nube ya ha empezado a marcar su territorio. Creo que el pr√≥ximo a√Īo me inscribir√© en la "SAN SILVESTRE SALMANTINA DE CARACOLES". Quiz√° no suene tan po√©tico, pero mi salud lo agradecer√°.

# 97 Alfonso Modro√Īo M√°rquez

 

¬°San Silvestre "bruxas fora"!

‚Äú¬°San Silvestre, ‚Äúbruxas fora‚ÄĚ!‚ÄĚ; grit√≥ Manuel, cuando dieron la salida, y se puso a correr como si en ello le fuese la vida. Ven√≠a de Pontevedra. Corr√≠a como el viento del mar de La Lanzada. Hab√≠a elegido Salamanca para purificarse. Aquella carrera habr√≠a de suponer un antes y un despu√©s definitivo. No sab√≠a por qu√© corr√≠a, a d√≥nde corr√≠a, por quien corr√≠a‚Ķ S√≥lo percib√≠a la necesidad de correr, como una huida, como una liberaci√≥n. La meta ya se presum√≠a. Ahora, el esfuerzo pasaba su factura a unas piernas pesadas y aun pecho jadeante. Pero estaba feliz, reconfortado. Algo desconocido lo impulsaba. ‚Äú¬°Bruxas fora!‚ÄĚ; volvi√≥ a gritar al llegar a la meta. No la cruz√≥. Dio media vuelta y sali√≥ corriendo hacia donde ven√≠a como un pollo sin cabeza. Corr√≠a‚Ķ Corr√≠a como si lo comieran los demonios. Hab√≠a visto en la meta a Maruxi√Īa, la vecina con quien no quer√≠a casarse.

# 96 Nelson Gutiérrez Solana

 

Punto de hidratación

‚ÄĒDo√Īa, un agua, que el calor me viene persiguiendo. ‚ÄĒUff, mijo, ya pas√≥ por aqu√≠ y las vaci√≥ toditas. ‚ÄĒ¬°Qu√© problema con ese calor! ‚ÄĒNi me lo recuerdes, mi Julia se retir√≥ el a√Īo pasado por √©l. ‚ÄĒ¬°C√≥mo as√≠? ‚ÄĒS√≠, la perjudic√≥. ‚ÄĒNo le conoc√≠a esos alcances a ese bandido. ‚ÄĒF√≠jese, la hizo salir ya casi llegando. ‚ÄĒ¬°Llegando ya casi? ‚ÄĒPara que vea usted. ‚ÄĒNo, ese me las paga: primero su sobrina y luego me deja sin agua. Solo le falta ganar la carrera. ‚ÄĒTranquilo, mijo, all√° en Salamanca, en la San Silvestre, cuando este m√°s bajito te lo alcanzas.

# 95 Pablo Dragovetsky

 

La Naturaleza de los participantes

La familia de caracoles jam√°s se enter√≥ que hab√≠an participado en la Salamantina. O mejor a√ļn: De haber sabido que eso era una competencia, ellos hubieran recorrido la ciudad, incluso m√°s despacio.

# 94 Esperanza Tirado Jiménez

 

Acuse de recibo en línea de meta

Su dorsal cruzó en un tiempo muy ajustado, quedando constancia de su gran entrega como corredora.

# 93 JUAN ANTONIO TRILLO LOPEZ

 

TODA UNA VIDA

He practicado atletismo desde peque√Īo. Primero hice velocidad, huyendo del perro que me azuzaban unos ni√Īatos de mi barrio. Luego en la mili practiqu√© fondo, cuando el cabo Flores nos invitaba amablemente a dar interminables vueltas en el patio del cuartel. Despu√©s prob√© la marcha, pero la tuve que dejar porque me produc√≠a resaca. Al final, comprob√© que lo m√≠o era el Decathlon, donde trabajo desde hace muchos a√Īos. Ahora en serio, con el tiempo he comprobado que se me da bien lo de correr y estoy en un club de veteranos. Me encanta salir con mis compa√Īeros y picarnos de vez en cuando, conocer gente y lugares donde competimos, la cervecita de despu√©s del entreno y lo bien que te sientes estando en forma a pesar de que los a√Īos van pasando factura. Ahora toca la San Silvestre Salmantina para cerrar el a√Īo, y que sea por muchos m√°s.

# 92 Jorge Dario Santarelli Piriz

 

La maratón de Carlitos

- ¬ŅC√≥mo fue que estoy en una marat√≥n si me canso de solo ver correr alguien en televisi√≥n?. Adem√°s las ca√Īas, pinchos y pizzas me parece no son compatibles con correr maratones. Me duele todo, hasta el pelo. Ni idea quien mueve mis piernas porque ya no las siento. Me distraigo con otro competidor a mi lado que parece no llegar√° al pr√≥ximo puesto de agua que est√° a 200 metros. Pobre hombre, est√° peor que yo, y es mucho decir. No se como llegu√© pero estoy en el puesto 8 o 9 y eso que solo entren√© una semana antes. - ¬°Soy un h√©roe! alabo mi ego, veo el cartel de llegada all√° lejos. Ya casi llego, apuro el paso, siento una brisa fresca ahora. Desde alguna parte escucho a mi mujer que dice mi nombre alent√°ndome seguramente. - ¬°Carlitos despierta que te has ca√≠do de la cama!

# 91 HEBERT POLL GUTI√ČRREZ

 

¬ŅLA VERDAD?

¬°Est√ļpido! ¬ŅAmas el atletismo m√°s que a ti mismo? ¬°Traidor! ¬ŅPracticas culto a deidades for√°neas? ¬°Cobarde! ¬ŅInvocas a una musa para convertirte en un maratonista famoso? ---Solo‚Ķ ¬°Quiero ser el corredor m√°s notable de la San Silvestre de Salmantina 2019! Tengo el derecho‚Ķ ¬ŅDerecho? ¬°Pides demasiado! Consu√©late con el honor que yo estoy aqu√≠ para... ganarme un lugar en la historia de la IAAF.

# 90 Alejandro Pablo Robino

 

EL T√ćO SE HINCH√ď

Y el t√ćo se hinch√≥. ¬°Al carajo! con las expensas pagadas a expensas de su involuntaria abstemia. ¬°Al carajo! con las facturas del gas, la luz, el tel√©fono. A cualquiera le pasa y despu√©s le pasa. Sali√≥ rugiendo del edificio. ¬°Al carajo! dijo, y tom√≥ la decisi√≥n de comprarla. Regres√≥ bramando. Un silencio extra√Īo. Quinto piso, ascensor. Portazo. Al carajo con las expensas y a la mierda con el corcho. Un beso obsceno, vidrioso y el timbrazo. -No lo joda, don Alberto. A cualquiera le pasa y despu√©s le pasa. -Es mi deber prevenirle... -¬°Que se vaya al carajo! -Tranquilo viejo. Hoy d√©jelo, don Alberto. A cualquiera... -¬°Dec√≠le que me deje de joder ese portero de mierda! -Encargado y m√°s respeto. Cumplo con estrictas disposiciones del consorcio. Y el t√≠o se hinch√≥. Era l√≥gico. Mucha espera. Cinco d√≠as en el foso del ascensor calcul√≥ el forense.

# 89 Tomás Ferrando Agulló

 

"Cambio de ruta"

Jes√ļs era un comercial que apenas ten√≠a tiempo para nada, su vida se centraba en el trabajo y en la ambici√≥n por llegar a ser el mejor de su empresa. Sin embargo, se hab√≠a propuesto llevar una vida m√°s sana y fue entonces cuando comenz√≥ a entrenar en el Parque de los Jesuitas de Salamanca. All√≠ conoci√≥ a Rosa, una maestra desmotivada que hab√≠a encontrado en el atletismo un motivo para seguir teniendo ilusi√≥n. Gracias a ella, sus carreras por el hermoso parque y los alrededores se convirtieron en la mejor de las formas de sonre√≠rle a la vida. Aquella ma√Īana, al terminar la San Silvestre salmantina cogidos de la mano, supo que ella era la mujer de su vida. A la ma√Īana siguiente, Jes√ļs telefone√≥ a su jefe y le dijo: ‚ÄúLo dejo. Quiero empezar a vivir‚ÄĚ. La siguiente persona a la que llam√≥ fue a Rosa.

# 88 ALBA MARIA GARCIA MARCOS

 

Una carrera mental

Nadie entend√≠a como la m√°s sedentaria del mundo mundial pod√≠a estar corriendo ahora mismo, por primera vez, la San Silvestre. Hasta ella misma lo pens√≥ cuando los calambres empezaron a aparecer, pero sab√≠a que, si pod√≠a llegar a la meta, aunque fuera la √ļltima, podr√≠a conseguir todo lo dem√°s. En los tiempos del "coaching" moderno, sudar la camiseta corriendo kil√≥metros, era sin lugar a duda, la mejor f√≥rmula de superaci√≥n personal.

# 87 Catherine Periscal Julien

 

Mi León

Al doblar la esquina las piernas me fallaron, la respiración cortada, el sudor innundaba mi vista y fué allí donde mi esperanza flaqueó, me dí el privilegio de fantasear con la dulce idea de tumbarme bajo un cascada de agua fría, esto duró apenas unos segundos cuando divisé la línea de la meta. Tan solo unos metros la separaban de mí, mi victoria, mi lucha, mi león. Y cuando por fín crucé las lágrimas brotaron de mis ojos, no pude darme percatarme de la avalancha de emociones que me sobrecogieron hasta que vinieron a mí, todas juntas. Ese fué el momento más felíz de mi vida.

# 86 Javier Cabrero Vaquero

 

UN PASO POR DELANTE

El reloj marcaba las 7:00, pero Adri√°n no pod√≠a alargar su sue√Īo, por sus venas corr√≠a adrenalina, esperaba que su padre despertase. Hace cinco meses le hab√≠a prometido correr esos 10km por las calles de Salamanca. Adri√°n siempre iba un paso por delante de su padre, giraba y lo ve√≠a sudar, sufrir, pero una sonrisa adornaba el rostro de ambos. La meta asom√≥ al final de la larga cuesta, Adr√≠an, que iba un paso por delante de su padre, pudo verla antes, avisando a su padre con gritos. Esto anim√≥ a su padre, Adri√°n sinti√≥ un empuje extra a la silla que lo hab√≠a transportado por las calles de Salamanca. Una bonita medalla adornaban las lagrimas que corr√≠an las caras de padre e hijo. Adri√°n desde su posici√≥n, desde esa silla que era parte de su cuerpo, recorri√≥ su sue√Īo, recorri√≥ 10 km un paso por delante de su padre.

# 85 Catherine Periscal Julien

 

Orgasmo

En ese punto exacto, en el que los secretos del universo estallan en un r√≠o de placer, un √°guila inmensa me agarr√≥ del pecho, elev√°ndome y dej√°ndome caer mientras bat√≠a sus enormes alas, eran tan grandes que todo se elevaba con el viento producido por su sacudir. Mi pelo se enmara√Ī√≥ en un remolino vertical. Todo a mi alrededor estall√≥ silenciosamente en pedazos que al llegar al suelo se derritieron. Extend√≠ mis brazos, mis manos, mis dedos hasta que la pared los par√≥.

# 84 CARLOS BUIS√ĀN GIL

 

ELOGIO DE LA SOMBRA

Ismael es mi amigo. Todo cuanto hago, √©l lo hace tambi√©n. Si acelero, Ismael acelera; si bajo el ritmo, √©l lo baja. Incluso cuando caigo tiene la lealtad de caerse conmigo. Si no fuera por Ismael, habr√≠a abandonado la competici√≥n hace tiempo. Me angustia correr. Desde ni√Īo no he podido librarme de esa sensaci√≥n. Soy r√°pido y resistente, mi espr√≠n es un latigazo dif√≠cil de aguantar. Pero el est√≥mago se me encoge despu√©s de unos minutos corriendo. Empiezo a ara√Īar la cuerda, que entonces siento como un grillete, me la quito‚Ķ Ismael pronuncia mi nombre con suavidad, luego recompone la cuerda y acelera. De ah√≠ hasta la meta, la angustia desaparece de mi est√≥mago. A veces llegamos los primeros y a veces no. Gracias a mi amigo, mi sombra, ya no pienso en otra cosa que en correr.

# 83 Noemi Portela Prol

 

La carrera de su vida

Ya faltaba poco. Estaba cansado, pero no se iba a dar por vencido. Un paso m√°s. Al fin, hab√≠a llegado. El p√ļblico lo victoreaba, pero Rodrigo era ajeno a todo lo dem√°s. Se agach√≥. En el suelo su hermano se agarraba con fuerza el tobillo. Parec√≠a un esguince. Rodrigo se hab√≠a dado cuenta a diez metros de cruzar la meta. Un grito desgarrador y los murmullos del p√ļblico situado a ambos lados del carril, le hab√≠an alertado. Al girarse vio a su hermano en el suelo. Retrocedi√≥ sobre sus pasos. Le ayud√≥ a levantarse con cuidado y carg√≥ el peso sobre sus hombros. Mientras cruzaban la meta juntos, en su cabeza resonaba con fuerza el diagn√≥stico. El maldito c√°ncer. Las horas de hospital, de quimio, de p√°nico. Pero all√≠ estaban. Sonri√≥. Una batalla m√°s que ganaban uno al lado del otro.

# 82 ANA ISABEL VELASCO ORTIZ

 

APRENDER

APRENDER Mi vida ha sido aprender y transmitir conocimientos. Una lucha feroz por ocupar el lugar que cre√≠, me correspond√≠a en la alta disciplina de la ense√Īanza. Al cabo de tanto tiempo, he contemplado el devenir de esta ciudad y sus gentes. Ahora, se me antojan m√°s sinceras, leales. M√°s buenas. Cada a√Īo, miden fuerzas en justa competici√≥n. Corren y no ans√≠an recompensa alguna. Riqueza, prebendas. La glor√≠a ef√≠mera de la alabanza ajena. El triunfo reside en ejercitar los nobles valores del esfuerzo, el compa√Īerismo. La ilusi√≥n compartida por llegar a la meta. En este d√≠a de del a√Īo de gracia de mil y novecientos diecinueve, decido participar en lo que llaman La San Silvestre. Desciendo del pedestal. Dejo atr√°s el Patio de las Escuelas y‚Ķ Al fin, corro‚Ķ Y tengo la certeza de que, esta competici√≥n, es la ense√Īanza m√°s hermosa que mi esp√≠ritu puede alcanzar.

# 81 Purificación Ruiz Gómez

 

PIERNAS A SUS SUE√ĎOS

Porque correr no es huir sino pisar fuerte por la vida, sab√≠a que ten√≠a que participar en la San Silvestre Salmantina. Avituallarse de energ√≠a y elevar su zancada por la esclerosis m√ļltiple de su amiga, que no pod√≠a hacerlo. Mantener el ritmo por todas las mujeres aquejadas de c√°ncer de mama , a quienes la quimioterapia se lo rompe. Acelerar en la carrera por el apoyo a las enfermedades raras, marginadas en la cuneta. Y llegar a la meta, quiz√° con flato y calambres, pero satisfecha de haber llevado en su dorsal las vidas de aquellos que no pueden avanzar solos, y necesitan ponerles piernas a sus sue√Īos.

# 80 Ignacio Cortina Revilla

 

PROMESA

Ismael corr√≠a los √ļltimos metros de la San Silvestre casi sin fuerzas y con los pulmones a punto de estallar por el esfuerzo. Su coraz√≥n parec√≠a querer salirse por la boca, pero tampoco importaba. La l√≠nea de llegada estaba a solo veinte metros. No iba a ganar, ni siquiera estar√≠a entre los doscientos primeros, pero le daba lo mismo porque su guerra era otra. Cuando estaba a punto de cruzar la meta, algo inesperado sucedi√≥. Todo se difumin√≥ a su alrededor, como si se volatilizara por arte de magia. Ismael abri√≥ los ojos y se encontr√≥ de nuevo en la cama de su habitaci√≥n, todav√≠a convaleciente del accidente de tr√°fico que hab√≠a sufrido hac√≠a dos meses y que le hab√≠a costado una pierna. Mir√≥ el mu√Ī√≥n y se prometi√≥ que al siguiente a√Īo participar√≠a en la carrera, aunque fuera en una silla de ruedas.

# 79 Nuria Soriano Salvador

 

Campeona

Con los nervios atenazando el est√≥mago y la ilusi√≥n en la boca, √©l esperaba a que ella apareciese con su camiseta naranja, los pantalones de lycra y las zapatillas de correr que sus hijos le hab√≠an regalado. -Eres una campeona, mam√°- le dijeron. As√≠ lo cre√≠a √©l desde el primer d√≠a en que la conoci√≥. Ahora, apoyado en la fr√≠a valla, ve√≠a sin ver a los cientos de atletas pasando, arco√≠ris en movimiento, esfuerzo, gritos de √°nimo y j√ļbilo. En sus manos, el cartel que sus nietos hab√≠an hecho con todo el amor y todos los rotuladores del mundo. En su garganta, un nudo de emoci√≥n. Cada vez menos corredores, m√°s mayores y m√°s lentos. ¬°Ah√≠, ah√≠! ¬°Abuela, abuela! All√≠ pasaba ella. Despacio, al ritmo de su tiempo, de su esfuerzo, de su ilusi√≥n. Hacia la meta. Los ojos llenos de l√°grimas. ‚ÄúMi campeona.‚ÄĚ, pens√≥.

# 78 Antonio Martín Ullán

 

Mi sue√Īo, corregido porque hab√≠a fallos gramaticos.

Vamos pasando el camino que tenemos establecido intentando que sea de nuestro agrado, aunque a veces nos toque resbalarnos y caer, cuando yo hacia atletismo tuve momentos donde disfrute mucho cuando lograba conseguir mis objetivos, una de esas ocasiones fue un a√Īo corriendo la San Silvestre, donde hice mi mejor marca en la prueba, me sent√≠ radiante y lleno de placer al ver como todo el esfuerzo hab√≠a merecido la pena. En mi ciudad hab√≠a hecho realidad mi sue√Īo y por eso durante el recorrido disfrute de cada rinc√≥n que iba pasando, como algo √ļnico y hermoso que manifestaba belleza, para mi instantes como este me llenan de orgullo y satisfacci√≥n, porque me hacen comprender que con sacrificio todo es posible y as√≠ podemos alcanzar los objetivos que nos propongamos, para ver que la vida merece la pena disfrutarla.

# 77 Jorge Delmonte Vergara

 

SUPER√ĀNDOME

Los apuntes salieron volando por la ventana, √ļltimamente me faltaba el aire. Los m√©dicos diagnosticaron depresi√≥n. Me recomendaron hacer ejercicio para superar el ‚Äúno puedo‚ÄĚ. Aunque mis padres hab√≠an imaginado un futuro brillante como abogado, yo estaba acabando la carrera de fisioterapia. En la universidad ella me dec√≠a, es una droga sana, engancha, y hay muy buen rollo entre los participantes. Con constancia y sacrificio comenc√© a entrenarme, a sumar kil√≥metros y mas kil√≥metros. Hasta que lleg√≥ el gran d√≠a del pistoletazo, me parec√≠a una locura, divertida, estaba euf√≥rico. Mientras recorr√≠a kil√≥metros rodeado de otros corredores, escuchaba gritos de aliento, que bonito, gente que ni me conoce me animaba, no puedo mas con esa cuesta, me dec√≠a. Pero no me paro, la meta es el final. Sufrimiento, tengo que llegar. Y el subid√≥n de adrenalina fue cuando vi la meta, es la felicidad, all√≠ estaban mis padres y ella esper√°ndome.

# 76 LUIS DAVID SAN JUAN PAJARES

 

ENTRE V√ćTORES

Silvestre siempre fue un tipo simp√°tico. Y un buen papa. Unos meses antes de ser elegido, la ma√Īana en que Constantino firm√≥ el edicto de libertad de culto para los cristianos, se uni√≥ al pueblo que corr√≠a alborozado por las calles. Pero no estaba en Roma ni corr√≠a el siglo IV. Fuera de su tiempo y su lugar, decidi√≥ aprovechar la oportunidad y divertirse un rato. As√≠ que se sujet√≥ la mitra, se arremang√≥ los faldones y decidi√≥ darlo todo en aquella locura de carrera camino del Tormes. Estaba en la Lusitania. Muchos de los que lo jaleaban no eran cristianos pero compart√≠an con √©l la necesidad de libertad que hace mejores a los buenos hombres. Lleg√≥ exhausto a la meta. Entre v√≠tores. A alguien se le ocurri√≥ entonces la idea: -¬ŅOs hab√©is fijado en ese hombre? ¬°Qu√© buen santo ser√≠a para celebrarlo corriendo el √ļltimo d√≠a del a√Īo!

# 75 Alberto de Frutos D√°valos

 

Camaleón

Un recorte de peri√≥dico en la carpeta donde archivo los recuerdos me informa de que yo gan√© la San Silvestre salmantina en 1994. Es curioso, porque yo nunca he disputado esa carrera, no he estado jam√°s en Salamanca y echo el bofe para alcanzar el autob√ļs que sale del campus Unamuno hacia Prosperidad. ¬°Un momento! Entonces, es que vivo en Salamanca y hasta puede que ganara esa carrera. Leo la noticia con detenimiento y me reconozco en la foto del podio. Sonr√≠o orgulloso y voy a ense√Īarle la p√°gina a mi mujer, que est√° viendo la tele en el sal√≥n. -Para que luego digas que nunca he hecho deporte... A ver, ¬Ņqui√©n es este Adonis? -T√ļ no, cari√Īo, eso desde luego. Te acaban de matar en Dallas.

# 74 David López-Cepero Mateos

 

Los otros campeones

Dicen que lo importante es participar, pero ¬Ņacaso no compiten todos por ganar? Porque en la San Silvestre se corren muchas carreras, faltar√≠an premios para tantos ganadores. Manolo corre para forzar su cuerpo; dice que as√≠ el c√°ncer estar√° inc√≥modo y se ir√° de √©l; tanto entrenamiento le da fuerzas para vencer... a su enfermedad. Leiza ya gan√≥ por correr, aqu√≠ no lo hace para escapar de las bombas; y Mar√≠a corre por placer, no por huir de un maltratador; por eso ambas se sienten triunfadoras. Jaime, Evaristo y Juan participan disfrazados de locomotora; su trofeo es haberse reconciliado tras tantos a√Īos de ruptura... ¬°Ah! Algunos ganan por su velocidad y se les premia sobre un podio; es agradable el aplauso de la gente y los v√≠tores, pero ellos saben que en esta carrera rebosante de vida no son los √ļnicos campeones.

# 73 M. Salvador Mu√Īoz

 

Aires de libertad

Soy un androide dom√©stico, parezco humano, solo mis facciones carecen de expresi√≥n. Con matem√°tica eficacia limpio el √°tico de mis propietarios. Cuando desde mi atalaya de soledad, a√Īo tras a√Īo, veo la San Silvestre, algo corroe mis circuitos. Quiero participar, puedo ganar, soy especial. Me afano en modificar mis servosistemas; el d√≠a se acerca. Equipado para la ocasi√≥n y con el falso dorsal atravieso el umbral prohibido al exterior. Tras el pistoletazo, pronto mis engranajes cogen ritmo. Conecto la bomba de sudor, nada va a delatarme. Una sensaci√≥n nueva acaricia mi piel sint√©tica, quiz√° lo que siento es lo que los humanos llaman libertad. He logrado la victoria, con los biorritmos descontrolados, pero feliz. A lo lejos, diviso a mi due√Īo se√Īal√°ndome ante los jueces. Mas el vasallaje ha acabado, el trofeo es m√≠o, nadie me lo arrebatar√°. Abrazo mi copa y activo el dispositivo de autodestrucci√≥n: 10‚Ķ, 9‚Ķ, 8‚Ķ

# 72 Lucas Posada Gonz√°lez

 

Los guerreros del agua

Olas en el viento recuerdan las huellas de h√©roes en el Olimpo viajando en el tiempo al desierto de Basabe. Como carrozas salvajes a los pasos, y r√≠os torrentosos al sudor, una guerra para los m√ļsculos y una victoria para el alma, tocan los tambores de la sangre m√ļsica para el coraz√≥n. Camina r√°pido como el fuego, que la oda para los atletas de la salmantina es de convicci√≥n. Susurra el esp√≠ritu del empe√Īo para llegar a tan anhelada meta en espiral por el debido esfuerzo. Porque aqu√≠ en este espacio y tiempo los corredores son los guerreros del agua que luchan por darle gracias a la vida y un abrazo a la tierra.

# 71 Matilde Mendo Vicente

 

Carnaval de San Silvestre

Has encontrado el ritmo, las piernas responden ligeras, acompasadas con el respiro. La euforia, efecto de las endorfinas, te provoca una sonrisa y cuanto m√°s corres m√°s ligero es el pensamiento y m√°s te sumerges en los colores y en el burbujeo de la multitud. Te adelantan las veloces aviadoras, ni te inmutas. Poco despu√©s los bailarines del tut√ļ celeste te dicen adi√≥s. No compites, es una carrera para ti, s√≥lo para disfrutar. Te relajas, aunque si un leve resquemor, que intentas in√ļtilmente aplacar, comienza a insinuarse cuando te deja atr√°s una familia de dinosaurios. Por tu flanco izquierdo, una criatura brillante y rechoncha intenta sobrepasarte. Un pinchazo agudo en tu pundonor te obliga bruscamente a acelerar. Competici√≥n o no, no puedes consentir que un huevo k√≠nder llegue a meta antes que t√ļ.

# 70 Joaquín Grosso

 

Para el amor no hay edad

Muchas veces el mundo social condena a quienes quieren romper con estereotipos impuestos a lo largo del tiempo, m√°s all√° de que estos puedan estar bien o mal. Uno de los casos m√°s particulares es el de creer que la edad es un l√≠mite para determinadas situaciones o acciones y eso ha atentado a lo largo del tiempo con la inclusi√≥n y la predisposici√≥n de las personas a diferentes actividades. Por suerte hay eventos como la San Silvestre Salmantina que dan la oportunidad a personas, de cualquier edad y sexo, de realizar lo que aman, en este caso, la pr√°ctica de atletismo. Y lo importante es que esta posibilidad, de que participen ni√Īos nacidos hasta 2010 e incluso personas mayores de 60 a√Īos, da la pauta de que para el amor no hay edad.

# 69 Carlos Miguel Herrera Molpeceres

 

ESP√ćRITU LEGIONARIO.

¬° Leche de pantera !. Un brebaje de leche de pantera y a la marat√≥n de Nueva York; y all√≠ con los ganadores, campeones, de principio a fin. Y aqu√≠, en Espa√Īa, exhibiendo el esp√≠ritu guerrero, de lucha, el √ļltimo domingo del a√Īo, y en la San Silvestre de Salamanca. Como en los Viejos Tercios de Flandes, con Gonzalo Fern√°ndez de C√≥rdoba, el Gran Capit√°n, y Alejandro Farnesio, los atletas combatimos, sufrimos, luchamos y quedamos exhaustos exhibiendo el esp√≠ritu legionario de combate y lucha, a lo largo de los kil√≥metros, los diez, con el car√°cter que imprime la Legi√≥n y su fundador Mill√°n Astray. ¬° Enhorabuena a los legionarios por sus cien a√Īos de vida !, que se cumplir√°n el a√Īo que viene, en el 2020.

# 68 Enrique Benito Pe√Īalva

 

LA DESPEDIDA DE JULI√ĀN

Juli√°n acaba de cumplir 80 a√Īos, y ya ha puesto fecha para su √ļltima carrera atl√©tica, la San Silvestre Salmantina, ya que es su ciudad natal, y al vivir en Barcelona desde hace sesenta a√Īos, nunca anteriormente la pudo correr. Cada vez le cuesta m√°s salir a entrenar, y antes se fatiga, aunque sigue derrochando ilusi√≥n en el atletismo, una ilusi√≥n muy contagiosa, pues anim√≥ a correr a sus hijos y nietos. Entrena al menos tres veces por semana con vistas a su √ļltima carrera; En Salamanca no correr√° solo, pues sus hijos Guillermo, Enrique y Celia le acompa√Īar√°n en carrera, y tambi√©n sus nietos Alberto y Sara. Faltan m√°s de dos meses para la carrera, pero √©l ya est√° expectante, como si se tratara de su primera carrera. Con Juli√°n, decimos adi√≥s a cuatro d√©cadas de atletismo.

# 67 Antonio Martín Ullán

 

Mi sue√Īo

Vamos pasando el camino que tenemos establecido intentando que sea de nuestro agrado aunque a veces nos toque resbalarnos y caer, cuando yo hacia atletismo tuve momentos donde disfrute mucho cuando lograba conseguir mis objetivos, una de esas ocasiones fue un a√Īo corriendo la San Silvestre donde hice mi mejor marca en la prueba, me sent√≠ radiante y lleno de placer al ver como todo el esfuerzo hab√≠a merecido la pena, en mi ciudad hab√≠a hecho realidad mi sue√Īo y por eso durante el recorrido disfrute de cada rinc√≥n que iba pasando como algo √ļnico y hermoso que manifestaba belleza, para mi instantes como este me llenan de orgullo y satisfacci√≥n porque me hacen comprender que con sacrificio todo es posible y as√≠ podemos alcanzar los objetivos que nos propongamos para ver que la vida merece la pena disfrutarla.

# 60 MARIA SERGIA MARTIN GONZALEZ

 

ANIVERSARIO

Sidney. Le pillaron fumando en vestuarios y fue amonestado. Atenas. Se tom√≥ un gin-tonic para celebrar su marca en atletismo. Pek√≠n. Una lesi√≥n de rodilla le impidi√≥ viajar con el equipo a sus primeras olimpiadas. Londres. Entrenaba sin descanso para recuperar su pierna. Adri√°n abre los ojos y levanta torpemente la cabeza. Mam√° ha subido la persiana de su cuarto y una sonrisa se cuela en su cara cuando el sol le acaricia el pecho. Bosteza mientras pide su pelota de tenis favorita, esa que tiene llena de firmas. Mam√° rasca su espalda, estira sus dedos y ambos se introducen en la ba√Īera como en un c√°lido seno materno. San Silvestre Salmantina. Este a√Īo la veremos desde casa. Celebramos el cuarto aniversario desde que la moto lo cosi√≥ al asfalto. Mam√° est√° bordando un babero con su nombre y yo tendr√© el inmenso honor de ayudarle a soplar las velas.

# 59 Guido Daniel Fern√°ndez

 

El vaivén de la mente y el cuerpo

La primera vez que corrí había tropezado tras una zancada. En Sansil fui el primero. Fue el vaivén de mi cuerpo y la mente. Mi espíritu se fortaleció…

# 58 Hector Castro Barraza

 

La revancha

Corr√≠ y corr√≠ dejando atr√°s mis fantasmas, este a√Īo s√≠, me lo promet√≠ y no pod√≠a fallar, deb√≠a terminar la carrera sin abandonar ni lesionarme, concentraci√≥n y calma, me dec√≠a a m√≠ mismo, no pierdas el foco, segu√≠ hacia adelante d√°ndolo todo, me fui sintiendo mejor conmigo mismo, con mi cuerpo, los dolores quedaron atr√°s y comenc√© a disfrutar la carrera, cuerpo, mente y esp√≠ritu, por fin alineados, venciendo a la carne, siento el viento en mi cara y mi coraz√≥n a mil, se acerca la meta, cada vez m√°s, ahora s√≠, ¬°Vamos!.

# 57 Maria del Mar Pedreira Fraga

 

El Despertar

El despertar Salamanca despierta con San Silvestre, estamos listos, preparados y emocionados. Todos juntos recorreremos esas calles llenas de vida, recorreremos con ilusi√≥n cada paso a lo largo de todo el recorrido, mirando a cada lado, descubriendo a ese vecino o a ese desconocido, descubriendo que cada a√Īo es mejor que el anterior. No es lo principal llegar el primero lo principal es la aventura, el ambiente, la buena gente, la gran ciudad donde todos unidos creamos un todo.

# 56 JES√öS GARC√ćA CAUREL

 

Todo va sobre ruedas

No es la primera vez que participo en esta prueba. De hecho, ya es la d√©cima. Mi mejor puesto fue un octavo lugar, a un minuto del ganador, despu√©s de un tremendo sprint contra otros dos atletas. Pero no se muy bien por qu√©, me da que hoy va a ser diferente. Este a√Īo he entrenado muy duro, y me veo c√≥mo ganador. Ya nos llaman para que nos situemos en la l√≠nea de salida. Espero nervioso a que el juez de la se√Īal... Y cu√°ndo lo hace... Propulso mi silla de ruedas con las manos. Hoy hace un a√Īo del accidente que me dej√≥ parapl√©jico. Pero no me rindo. Se que esta va a ser mi carrera.

# 55 Paula Ortiz S√°enz

 

Deseo

Cada 31 de diciembre hac√≠a una lista de deseos para el pr√≥ximo a√Īo. Esta vez, en su hoja solo hab√≠a uno escrito: ‚ÄúParticipar en la carrera de San Silvestre Salmantina‚ÄĚ. Su madre sol√≠a decirle que cuando tuviera seis a√Īos podr√≠a competir con otros corredores, y con la ilusi√≥n de estas palabras, se prepar√≥ por casi un a√Īo entero. Aquel 29 de diciembre de 2019, cuando por fin lleg√≥ el tan anhelado d√≠a, se acerc√≥ emocionado al puesto de inscripci√≥n para recibir su dorsal. - ¬ŅPodr√≠as decirme tu nombre, fecha de nacimiento y edad? ‚Äď pregunt√≥ amablemente una persona al otro lado de la mesa. - Sebasti√°n G√≥mez. 1 de enero de 2013. ¬°6 a√Īos!

# 54 JUAN JOS√Č P√ČREZ P√ČREZ

 

A√Īo nuevo vida nueva

Llevaba tiempo preparándose en secreto para la carrera con entrenamientos furtivos cuando él no estaba en casa. Estaba cansada de gritos e insultos, de amenazas y desprecios y tenía que escapar antes de que llegaran los golpes. Se sentía protegida entre la multitud. Apretó los dientes, aceleró en la recta de meta y siguió corriendo sin detenerse a mirar atrás cuando cruzó la línea de llegada. Para ella no era el final de una carrera sino el principio de una nueva vida en libertad.

# 53 José Antonio Manso González

 

Un sprint para el recuerdo

Un sprint para el recuerdo Como todos los a√Īos, diciembre asomaba por Salamanca con su g√©lido traje. En aquel . mes muchas tradiciones se cumpl√≠an.Las luces, los villancicos, las albercanas con sus puestos que ol√≠an a turr√≥n y miel en los portales de San Antonio, y desde hac√≠a varias d√©cadas se hab√≠a sumado la de correr la San Silvestre. Andr√©s, un muchacho , alto ,con su ondulada cabellera morena y su aspecto desgarbado, , tambi√©n lo har√≠a este a√Īo ,como lo ven√≠a haciendo desde hac√≠a muchos. Siempre hab√≠a acompa√Īado a su padre, pero en esta ocasi√≥n correr√≠a en solitario. Aquella maldita enfermedad, borr√≥ su sonrisa para siempre.√Čl le hab√≠a ense√Īado que lo importante no era ganar, sino correr para superarse, correr para ser mejor, no el mejor. La carrera llegaba a su fin.Andr√©s sac√≥ fuerzas para avanzar m√°s deprisa, no era por vencer, sino para dar un sincero homenaje a su padre.

# 52 Héctor Bayón Campos

 

Helmántica mítica

Ya se oyen los ecos de Farina, y la arenisca de Villamayor se engalana. Es diciembre, ‚Äúun fr√≠o que pela‚ÄĚ. Nuestra hero√≠na an√≥nima se prepara‚Ķ Se ata los cordones con esmero, su camiseta azul y negra la delata. Se da el pistoletazo de salida. El ritmo de carrera es trepidante. Sin embargo, los dem√°s corredores de ‚Äúla San Silvestre‚ÄĚ se preguntan ‚Äú¬Ņpero qui√©n es esta mujer que a todos nos aventaja? La respuesta no era sencilla. Pero en la entrega de premios se descubri√≥ el secreto: era la mism√≠sima Atalanta, ataviada con la camiseta de f√ļtbol de su equipo favorito.

# 51 David Lao Gallardo

 

La √ļltima carrera del a√Īo.

Ajustas los cordones con la presi√≥n necesaria siguiendo esa rutina que te ense√Īaron desde peque√Īo para hacer el lazo. La corredora que tienes a tu lado sonr√≠e, no sabes si de fr√≠o o por simpat√≠a, aun as√≠, le devuelves la sonrisa. Enciendes el MP3 justo en el momento que se inicia la carrera. Corres, te la traen floja los tiempos, el tiempo‚Ķ no compites, disfrutas. Sientes el esfuerzo en cada musculo de tu cuerpo, te sientes vivo. Avanzas en una bacanal de sentimientos que te hacen entrar en comuni√≥n con ese entorno y con sus pasos, te integras en un solo plano. Suena esa canci√≥n, la piel se eriza y sin darte cuenta pasas la meta. Estiras y el sudor te resbala por el cuerpo, gotea y muere en un peque√Īo charco como el a√Īo que termina. Te sientes bien, satisfecho.

# 50 Ra√ļl Mu√Īoz Gonz√°√Īez

 

Deshoras

Ambos, apoyados en la fachada de la t√©trica fachada de la calle Bordadores, estiran sus m√ļsculos isquiotibiales. - ¬ŅEn qu√© puesto vas a quedar? - Eso no depende de m√≠. Hay muchos corredores. - Esa no es la mentalidad de un ganador. - Una cosa es ser positivo y tener motivaci√≥n. Pero lo que me pides es adivinaci√≥n. - Vale. ¬ŅCrees que este a√Īo mejorar√°s la marca de la √ļltima edici√≥n? - Creo que s√≠. ¬ŅY t√ļ? - Creo que no, este a√Īo te has pasado con el hornazo. - Muy amable, amor m√≠o. - Yo me veo bien. Es posible que, por primera vez, no abandone a mitad del recorrido. - Nacimos para esto. - Sin duda. Desde su posici√≥n, observan como un primer grupo baja a toda velocidad en direcci√≥n a la Clerec√≠a. Se miran, con los ojos muy abiertos. - ¬ŅDe verdad? ¬ŅLlegamos tarde otra vez?

# 49 Alberto Iranzo Sarguero

 

Libertad

Siente la velocidad correr por sus venas y es una felicidad que lleva incrustada en los huesos. Corre porque es lo que le llena, tensa sus m√ļsculos y siente la presencia de sus rivales, tambi√©n hermanos, compiten pero son uno, en ese peque√Īo universo en el que sus cuerpos se ponen a prueba tanto como sus esp√≠ritus. No hay nadie m√°s, solo ellos, una ruta, una meta, que tal vez, solo tal vez, no desea que llegue demasiado pronto.

# 48 David Redín Jiménez

 

Corre que te mato

Su intención era ganar a toda costa. Sabía que sus contrincantes se habían estado preparando durante mucho tiempo; habían contratado a los mejores entrenadores, se habían musculado y estaban convencidos de su victoria. Habían llegado muy lejos, pero no tanto como Thomas. Contratar aquel sujeto no había sido fácil, pero al fin a través de una carta anónima había contratado sus servicios. Ahora huía de él, pero de eso se trataba. Escapar de un asesino a sueldo era la mejor motivación para correr hasta la extenuación.

# 47 Melanie Belmonte

 

Las zapatillas de mi generación

Pertenezco a una generaci√≥n cuya fuente de agua brava emanaba del valor de la disciplina, el esfuerzo y el rigor; meritoriaje que traspasaba con ardor el umbral de la fatiga y amplias gotas de sudor. Pertenezco a una generaci√≥n cuya justicia po√©tica cincelaba, entre botadores y contorneadores de gruesa piel, la memoria y el car√°cter de sus zapatillas de correr; √©sas que, como gacelas entre el gent√≠o de la competici√≥n, se enriquec√≠an un a√Īo m√°s, en la San Silvestre Salmantina con cada vivencia y af√°n de superaci√≥n.

# 46 MAR√ćA JOS√Č VIZ BLANCO

 

ELLA

¬ęSeguir√©‚Ķ, porque nadie cree en m√≠, salvo ella. Quemar√© las zapatillas con el ardor de mis pisadas. Este dorsal que me han puesto ser√° el primero en la meta y acallar√° a los que siempre les he parecido invisible. Lo juro¬Ľ. (Atenci√≥n, vemos que el corredor con el dorsal n√ļmero 105 se ha ca√≠do). Postrado y exhausto, el atleta abre su pu√Īo derecho. La foto de su esposa, arrugada y empapada de sudor, sobre el asfalto. (Parece ser que ha traspasado la meta, por tan solo unos cent√≠metros‚Ķ). √Čl esboza una sonrisa. (Efectivamente. Los jueces lo han verificado. ¬°Ya tenemos al flamante ganador de la San Silvestre Salmantina 2019!)

# 45 juan manuel cosentino

 

desespero

Desespero Cae la tarde, el resplandor c√°rdeno ilumina nuestro desespero. Ya no podremos salir. Lo √ļltimo que supimos por la radio, antes de que se interrumpiera la transmisi√≥n, fue que la ceniza llegar√≠a desde el norte en unas horas. Estamos incomunicados, cerramos puertas y ventanas. Mi padre est√° en el √°tico esperando al gato del vecino, ya no tenemos comida. Hemos almacenado agua en baldes pero tiene un gusto extra√Īo. Mi madre desde que se escucharon las explosiones casi no habla. Quiero salir pero mi padre se opone. Necesito saber de quienes son esos gritos ya no lo soporto. Me pareci√≥ ver algo parecido a la se√Īora Jones merodeando nuestr

# 44 María del Carmen Pavón Rodriguez

 

Hoja de Excel

¬°Hola Mar√≠a! Una hoja de Excel, tras la puerta de la cocina, es mi p√≠ldora salvadora que inyecta fuerza a mi deca√≠do √°nimo Hoy comienzo. Te lo he prometido, aunque llevo dos a√Īos de retraso victimiz√°ndome entre estas cuatro paredes. Anoto: Trescientos d√≠as, pasos, kil√≥metros‚Ķ Ahora ya no camino y soy capaz de correr un kil√≥metro sin detenerme. Cada vez estoy m√°s cerca de conseguirlo. He dejado de llorar y la risa me acompa√Īa a diario. Descubro, en mis recorridos, que no estoy solo en mi tristeza. Hoy es el gran d√≠a. Porto, con orgullo, el dorsal n√ļmero 13. Estoy feliz de no desfallecer y lo celebro en aquel bar de la esquina, que tanto te gustaba Mi mente y cuerpo se han enganchado de nuevo a la vida. Reemplazo la hoja de Excel por otra m√°s ambiciosa, fortalecido por tu recuerdo, quiero ganar la pr√≥xima carrera.

# 43 JOS√Č LUIS LUNA RAM√ćREZ

 

"EL OLVIDO"

EL OLVIDO Jam√°s dej√≥ de pensar en Mar√≠a, la bella mujer que conociera hac√≠a tantos a√Īos en la ‚ÄúSan Silvestre Salmantina‚ÄĚ y con la que pas√≥ a√Īos de apasionado amor epistolar. El coraz√≥n se le sal√≠a del pecho al participar cada a√Īo con la esperanza de volver a verla. Pens√≥ que ya hab√≠a llegado el momento de pedirle en matrimonio una vez concluida la San Silvestre de este a√Īo. Pero el tiempo pas√≥ y la respuesta no llegaba. Un d√≠a el coraz√≥n le jug√≥ una mala pasada; el enamorado falleci√≥ despu√©s de tantos a√Īos esperando la carta. Sus familiares se encontraron una carta, franqueada correspondientemente, pero sin matasellar, dirigida a una se√Īorita llamada Mar√≠a. Al darle la vuelta observaron que el remitente era su familiar y dentro del sobre encontraron: la carta que Jos√© pens√≥ haber enviado en su d√≠a al amor de su vida.

# 42 Liset Reyes Aldereguía

 

Correr

Correr en la San Silvestre Salmantina fue el sue√Īo de Lucas, posiblemente, desde que se estaba implantando en el √ļtero materno. Lograrlo, sin embargo, inclu√≠a rebasar dos mil kil√≥metros y cierto nivel de miseria. Por eso hab√≠a arrimado a los sesenta a√Īos con las aspiraciones frustradas. Aquella ma√Īana Lucas despert√≥ extra√Īamente decidido. En el plazo de un mes empez√≥ a aceptar todo tipo de trabajos. Luego inici√≥ la venta de libros, manualidades, ropas, utensilios y muebles. Incluso ofert√≥ la casa. Invadido por la desesperaci√≥n puso en alquiler a su mujer e hijos. El √ļltimo domingo de diciembre lleg√≥ y Lucas se regocijaba con su breve fortuna en Salamanca. Minutos antes de iniciar la carrera y una vez ubicado en el punto de partida record√≥ algo: tambi√©n hab√≠a vendido las piernas.

# 40 Francisco Germán Vayón Ramírez

 

La historia se repite

Lo cuento todos los a√Īos, pero nadie me cree: soy el mejor corredor de la falange. Tras la batalla, el estrategos Milc√≠ades me hizo el urgente encargo. Y hacia ac√° part√≠, desnudo, como se corre en los Juegos en honor de Zeus Ol√≠mpico, para recorrer los cien estadios que nos separan de Maraton por caminos desolados, huidos los habitantes por miedo a los persas. Y siempre me pasa igual. Cuando agotado, turbia la vista, creo distinguir la muralla de mi patria comienzo a escuchar gritos y ruidos extra√Īos. Dos hombres con vestimenta azul, cubiertas las testas por endebles cascos de tela, me toman por los brazos. Otro me echa encima un manto. ‚ÄĒ¬°Atenienses, hemos vencido! ‚ÄĒgrito. ‚ÄĒTranquilo, Vicente. ‚ÄĒFid√≠pides, se llama Fid√≠pides ‚ÄĒdice el otro con un gui√Īo‚ÄĒ. Anda, campe√≥n, vamos al templo de Atenea como todos los a√Īos. Y en esos momentos, una multitud multicolor cruza ante nosotros.

# 39 Lázaro Domínguez Gallego

 

ORGULLO

Corr√≠a como un galgo. Cada zancada suya era una profec√≠a de triunfo. Llegu√© a perderlo de vista enseguida. Las quincea√Īeras de piernas √°giles y veloc√≠simas, los veteranos de musculatura envidiable forjada en los gimnasios, y muchos estudiantes de filolog√≠a, como yo, con el slogan grabado en el cerebro "mens sana in corpore sano", alucinamos al ver c√≥mo volaba por el asfalto.Centenares de espectadores aplaud√≠an sin cesar la San Silvestre Salmantina. Lleg√≥ de los primeros y me esper√≥ pacientemente. Tan pronto lo vi, me acerqu√© sudoroso y fatigado a felicitarle y a abrazarle con infinita satisfacci√≥n, con gran alegr√≠a y orgulloso de ser su nieto.

# 38 Luis Hern√°ndez S√°nchez

 

Séquito popular

Los dorsales hac√≠an de las calles una larga lombriz multicolor. En las papeleras se amontonan las mondas de pl√°tanos. Los ojos fijos de los espectadores en los balcones vigilaban que la lombriz siguiera su l√°nguido y viscoso recorrido. El largo y ronco zumbido de un helic√≥ptero se paseaba por los aires, rompiendo las nubes en pompas de gas. Los estramb√≥ticos alaridos de un grupo de corredores deshicieron al escurridizo animal, deteniendo al mismo tiempo la atl√©tica procesi√≥n. El dorsal ‚Äú583‚ÄĚ estaba boca abajo en el suelo, bajo un charco de gomosa sangre. Las piernas y espalda de aquel atleta presentaban una forma envidiable. Un joven atleta rubio se acerc√≥ al cuerpo y lo volte√≥. Se llev√≥ las manos a la boca para ahogar una larga n√°usea. El rostro deformado de aquel anciano de setenta y seis a√Īos con algunos cabellos a√ļn rubios, luc√≠a una bonita sonrisa de paz nost√°lgica.

# 36 José Alfredo Bojacá Zambrano

 

¬°CORRER, ESA ES LA CLAVE!

La ilusi√≥n de mi vida era estrenar unos tenis de marca. El d√≠a de mi cumplea√Īos mi padre me dio esa gran sorpresa. Los acariciaba. Evitaba usarlos. Mi padre me enfatiz√≥ que pronto crecer√≠a y no los podr√≠a usar. El profesor de educaci√≥n f√≠sica me dijo que yo serv√≠a para el atletismo. Con ese √°nimo, empec√© a madrugar para ir al estadio. Entren√© todos los d√≠as. Se me acabaron los tenis. Los pies ya no aguantaban los callos ni los apretones. Mi padre, con gran sacrificio, me compr√≥ otros. Estoy recibiendo mi primera medalla de oro en los intercolegiados. Las l√°grimas hacen un nudo en todo mi ser. Mis padres se abrazan y tambi√©n lloran de emoci√≥n. Mis compa√Īeros y todo el barrio brindan de inmensa felicidad. Ma√Īana me levantar√© a seguir estrenando‚ĶCorrer es la clave. Ya me visualizo en el podio n√ļmero uno de la San Silvestre Salmantina.

# 35 ROSA ALARC√ďN CASAL

 

CORAZ√ďN ATLETA

Le dije a Juan que le llevaría conmigo en la próxima San Silvestre. Arrancaríamos juntos desde el Paseo de San Antonio, circunvalando glorietas, plazas, avenidas. Ganaríamos velocidad sobre el adoquinado del Puente Romano, con la Clerecía a lo lejos rompiendo el cielo azul y el Tormes discurriendo apenas como un riachuelo bajo nuestros pasos enérgicos y metódicos. Arrasaríamos por las calles, dejando atrás otros dorsales y sudores y empujaríamos todo el cansancio apelmazado con nuestras ganas hasta la llegada a meta. Todo eso le prometí a mi viejo amigo. No sabía ni por asomo que sería él quien me llevara a mí después del trasplante. Bombeo fuerte. Bombeo, rojo, vivo. Me siente y le siento tan cerca, que esta carrera la vamos a ganar.

# 34 √Āngel Saiz Mora

 

REDENCI√ďN

La llamada se produjo a la hora prevista. Activado el altavoz de un tel√©fono m√≥vil, los dos matrimonios de edad madura escucharon c√≥mo, al otro lado, un corredor de la San Silvestre Salmantina dec√≠a que ya estaba con su dorsal de fondo azul en el punto habilitado para quienes participan por primera vez. Sus palabras no cesaron durante todo el recorrido. Diez kil√≥metros despu√©s, pese a completar la prueba con un tiempo discreto, el corredor lo celebr√≥ como una gran victoria. Con respiraci√≥n a√ļn agitada, expres√≥ su agradecimiento a la familia de un joven estudioso, deportista, muerto en accidente de tr√°fico y cuyo coraz√≥n le permit√≠a vivir, a √©l, que estuvo enganchado a drogas y malas compa√Ī√≠as. Dijo que cada latido le recordaba su prop√≥sito de ser mejor, paso a paso, zancada a zancada. Sus padres y los del donante, hermanados para siempre, se abrazaron.

# 32 MERCEDES PEDRAZ PINGARRON

 

MI AVENTURA DE LA SAN SILVESTRE SALMANTINA

No soy una atleta, yo soy m√°s de andar, pero participar en la San Silvestre, es un hecho singular. Esta carrera es de todos, es muy especial, la gente sale a la calle a correr o animar. La entrada en la plaza Mayor fue ‚ÄúTriunfal‚ÄĚ, una fotograf√≠a al pasar por ella, es un recuerdo primordial. ¬°Qu√© bonito el puente romano! y las vistas de la catedral, es un recorrido hist√≥rico que solo Salamanca nos puede mostrar. Me qued√© atr√°s con los ‚Äúdisfraces‚ÄĚ y con los ‚ÄúPicapiedra‚ÄĚ consegu√≠ ‚Äúapretar‚ÄĚ. ‚ÄúBlancanieves‚ÄĚ y ‚Äúla bruja‚ÄĚ ¬°qu√© miedo me dan!. A lo lejos ‚ÄúEl Roc√≠o‚ÄĚ con su m√ļsica y cantar, me entretuve demasiado y qued√© la √ļltima en llegar. Fui muy feliz aqu√©l d√≠a, imposible de explicar. Disfrut√© como una ‚Äúenana‚ÄĚ, despu√©s la Nochevieja a celebrar. Si quer√©is una aventura, no dej√©is de participar, San Silvestre os espera, ¬°listos ya para el ‚Äúdorsal‚ÄĚ!.

# 31 Jorge Luis Gonz√°lez Castro

 

La carrera so√Īada.

La noche antes de la carrera tuve un sue√Īo prometedor. So√Ī√© que pisaba el Paseo del Rollo con una ventaja ganadora. Despert√© euf√≥rico. Imposible perder con este augurio. Confirm√© temprano que era la San Silvestre Salmantina imaginada. Sobrepas√© los mismos corredores, id√©nticos tiempos por etapas. Cerca del Paseo de San Antonio sucedi√≥ lo inesperado: un competidor de aspecto medieval me alcanz√≥. Corrimos hombro con hombro, luego me entreg√≥ una tarjeta con algo anotado. Perd√≠ el paso y fui rebasado. En la meta diger√≠ su sonrisa de campe√≥n. Mir√© la tarjeta, hab√≠a profetizado mi tiempo: ¬ŅNo record√°is?, dijo con acento franc√©s, tambi√©n corr√≠ en su sue√Īo, usted despert√≥ apresurado y yo segu√≠ so√Īando. Qued√© en shock. Para colmo, insisti√≥ en autografiarme el dorsal con unos versos tan enigm√°ticos como su nombre: El que pretenda ganarme debe aprender sudando: cuando debe despertarse, y cuando seguir so√Īando. ¬ęCon cari√Īo, Nostradamus¬Ľ.

# 30 Nerea Bartolomé López

 

Lo que no se ve

Iba primero. Las gotas de sudor corr√≠an por mi frente. Las piernas me dol√≠an. El aire apenas me llegaba a los pulmones. "Un √ļltimo esfuerzo que ya llego al Paseo de San Antonio" pens√©. ¬ŅEn qu√© momento se me ocurrir√≠a? Sent√≠ el suelo en mi espalda. Me hab√≠a desvanecido. Entonces, dos personas me agarraron (eran el segundo y el tercero) y me llevaron hasta la meta. Qued√© primero gracias a su esfuerzo. Lo que no sab√≠an era... que yo ya hab√≠a llegado.

# 29 JOSE CARLOS LOPEZ GONZALEZ (GUERRA)

 

m√ļsica

Comenz√≥ a bailar dej√°ndose llevar por el ritmo negro y dulz√≥n. Nada le importaba de cuanto acontec√≠a a su alrededor, de quienes la miraban y de cuantos colgaban sus ojos √°vidos de deseo sobre sus pechos o su culo. Se llen√≥ de m√ļsica, sustituy√≥ dentro de sus venas la sangre para hacer hueco a las notas sincopadas que la arrastraban haciendo fluctuar su cuerpo como una fr√°gil barquilla amarrada a puerto en tarde de temporal. Bailaba sola. Para nada echaba de menos el roce de otra piel que provocara una verbena de deseos. En aquel momento s√≥lo le importaba la m√ļsica y a ella se entregaba consintiendo ser por ella penetrada y por ella pose√≠a. ¬ŅPara qu√© el contacto con el tacto? ¬ŅPara qu√© el sabor del otro sabor? ¬ŅPara qu√© licuarse en un sue√Īo en el que ni se sue√Īa? Ella creaba su propia m√ļsica Ella, bailaba sola.

# 28 JOSE CARLOS LOPEZ GONZALEZ (GUERRA)

 

LA M√öSICA

Cada uno de nosotros podemos crear nuestra propia m√ļsica que nos lleve lejos

# 27 Esther Hurtado Pina

 

Martina es salmantina

Veintinueve de diciembre, la San Silvestre. Se ató las zapatillas y no paró hasta finalizar. Nunca había corrido. Le motivó el chip solidario así que corrió con el corazón.

# 26 Sarai Rojas Rojo

 

Querida yo

Querida yo, Te escribo porque acabas de cruzar la l√≠nea de meta de tu primera San Silvestre Salmantina y nunca quiero que olvides este sentimiento. Estoy escribiendo porque incluso los mejores recuerdos se desvanecen. Asumiste un desaf√≠o y lo conquistaste. Encontraste la voluntad de correr a horas extra√Īas de la ma√Īana, en aguaceros torrenciales y temperaturas heladas. Te volviste m√°s disciplinada y dedicada que nunca. Quiero que recuerdes a los amigos que corrieron a tu lado y te levantaron cuando m√°s lo necesitabas, los espectadores que te animaron, los entrenadores que otorgaron su sabidur√≠a e hicieron de tu √©xito su prioridad, y los seres queridos que entendieron la importancia de este objetivo, ya que ayudaron a hacer posible este sentimiento. Dentro de unos a√Īos, posiblemente no recuerdes tu n√ļmero de dorsal, tu clasificaci√≥n, o incluso tu hora de finalizaci√≥n, pero nada de eso importar√°. Quiero que recuerdes este sentimiento.

# 25 Jorge Guasp Spetzian

 

El sue√Īo de ganar la San Silvestre Salmantina

Advert√≠ que no hab√≠a corredores delante de m√≠; tampoco me segu√≠an de cerca. Me sobraba el aire y corr√≠a c√≥modo, mientras el p√ļblico me aplaud√≠a y vitoreaba mi nombre. Aceler√© el paso, y atraves√© la Plaza de San Antonio. Entonces corr√≠ a√ļn m√°s r√°pido, llor√© de emoci√≥n, y cruc√© la meta con los brazos en alto, ante la algarab√≠a de la multitud. ‚ÄאּGan√©! ¬°Gan√©! ‚Äďexclam√© con todas mis fuerzas, hasta que mi propio j√ļbilo me despert√≥. ‚Äď¬ŅQu√© has ganado? ‚Äďpregunt√≥ mi mujer, recostada a mi lado en la cama. Observ√© con desconsuelo mi pie derecho, inmerso en una bota ortop√©dica que me record√≥ mi exclusi√≥n de la San Silvestre Salmantina debido a un esguince. Y a pesar de que la actividad on√≠rica acababa de compensar mi desdicha con un primer puesto ficticio, contempl√© desde la habitaci√≥n las luces del Paseo del Rollo, y so√Ī√© despierto que ganaba la hist√≥rica carrera.

# 24 Carmen Julia Zamora Martinez

 

El Sabor de la Victoria

Un ligero aire helado recorri√≥ mi espalda cuando me posicion√© frente a mi respectivo carril, ¬°estaba nervioso! Pero una voz interior me dijo que este era mi gran momento y que deb√≠a estar confiado. Al comenzar a correr lleg√≥ a mis o√≠dos el sutil sonido de mis propios latidos y mi respiraci√≥n, y aunque el lugar estaba abarrotado de gente, por instantes sent√≠ que aquella pista y yo, lo √©ramos todo en este mundo. Supe entonces que las largas horas de entrenamiento y el rechazo rotundo a hamburguesas y gaseosas, tendr√≠a al fin su recompensa; pues sin importar si llegaba de primero o de √ļltimo, al cruzar la l√≠nea de meta conocer√≠a el dulce sabor de la victoria, ¬°y aquella sensaci√≥n de triunfo ser√≠a por siempre m√≠a!

# 23 Luciana Vicente Romero

 

VIVE

Todo cae en un instante. Un grano de arena dentro de un reloj, una hoja arrancada por el voraz viento, un p√©talo marchito de una flora punto de perecer, pero, ¬ŅY antes de ese instante?

# 22 Alejandro

 

Alpha y omega

10000 metros por delante. Los relojes y los puls√≥metros de los runners m√°s expertos ya est√°n coordinados. El p√ļblico, situado en las orillas de la carretera, murmulla y calienta sus manos en los bolsillos, reserv√°ndolas para aplaudir m√°s tarde. Entre los participantes no corre el aire, apenas tienen espacio para moverse. Tampoco corre el tiempo, pues los corredores est√°n abstra√≠dos, fuera de √©l. Todo est√° listo. Entonces suena el disparo y empieza la carrera. Los corredores se olvidan de todo salvo de correr: no pueden hacer nada m√°s que lo que est√°n haciendo. Entonces, el encargado de hacer el disparo inicial guarda, un a√Īo m√°s, la pistola ya descargada en el estuche. ‚ÄėSolo se centran en la meta‚Äô, piensa. ‚ÄėSe olvidan del inicio, de las ra√≠ces. Llevo desde 1984 disparando la nada, pues cuando algo empieza ha de acabar. El nacimiento del final es la muerte del principio‚Äô.

# 21 Zoila María Molinet Carrazana

 

La prosperidad

‚ÄúLa prosperidad‚ÄĚ Se sentaron frente a la ca√Īada. ‚ÄĒ ¬ŅEs lindo? ‚ÄĒdijo ella. ‚ÄĒS√≠, mira los peces ‚ÄĒsigui√≥ √©l. A sus espaldas, la ciudad: atr√°s el ruido, los discursos, los corredores‚Ķla civilizaci√≥n; lejos y cerca, muy cerca. Ella le propuso seguir corriendo. √Čl le dijo que esperar√≠a. ‚ÄĒ ¬ŅSer√° esto la prosperidad? ‚ÄĒpregunt√≥ Aim√©. Tendr√≠a cerca de 40 a√Īos pero parec√≠a tener m√°s. Ram√≥n era ya muy viejo. ___Si, definitivamente esto tiene que ser la prosperidad ___ripost√≥ √©l ____Vamos, tenemos que llegar a la meta.__ le dijo Aim√©. Ram√≥n asi√≥ las manijas del sill√≥n de ruedas y continuaron juntos la marat√≥n.

# 20 Juan Aguilar Moreno

 

No habr√° otra

Hac√≠a tiempo que compiti√≥ con alg√ļn √©xito, tan solo le quedaba el recuerdo. Se acercaba a mirar c√≥mo otros lo hac√≠an, no quer√≠a olvidar, pero no se atrev√≠a a volver. Entrenaba todos los d√≠as, le gustaba, pero no ten√≠a un fin, tan solo por mantenerse. Un a√Īo m√°s se convoc√≥ la carrera de su ciudad. Esta vez los √°nimos de familia y amigos la hicieron dudar un tiempo. Se inform√≥ de categor√≠as, del recorrido, de marcas. Se prob√≥ varias veces, no ganar√≠a pero no har√≠a mal papel. Por fin se decidi√≥ ‚ÄēNo habr√° otra ocasi√≥n ‚Äēse dijo intentando disipar las dudas, y se inscribi√≥. Seg√ļn llegaba la fecha el entrenamiento y la incertidumbre eran m√°s duros. El aliento de su entorno la impulsaba, su interior no. Lleg√≥ el d√≠a de la prueba, lloviznaba, fue la excusa para rehusar, aunque la verdadera raz√≥n era seguir manteniendo el recuerdo.

# 19 CARMEN RUIZ RUIZ

 

LA SAGA/FUGA DE T.B.

Aburrido de permanecer sentado durante tanto tiempo, Gonzalo descruz√≥ las piernas y abandon√≥ el local. Nunca hab√≠a sido un hombre de acci√≥n, pero se sent√≠a totalmente agarrotado, tras el largo per√≠odo de inactividad transcurrido desde que ocupara de forma permanente aquel lugar privilegiado en el caf√© Novelty. Un cuarto de siglo hab√≠a bastado para que el admirado profesor alcanzara la condici√≥n de hijo adoptivo de aquella ciudad hist√≥rica. Muchos hab√≠an sido los premios y galardones concedidos en vida, pero sent√≠a una espinita clavada aguijoneando su reposo eterno. Nadie hubiera reconocido al prol√≠fico escritor sin sus gafas de gran miope, el elegante bast√≥n y el cl√°sico traje de pa√Īo. Ataviado con ropa deportiva y luciendo lentillas, escudri√Īo, clarividente, la calle abarrotada e impaciente y se dispuso a correr su primera San Silvestre, antes de que Castroforte de Baralla notara su desaparici√≥n y se ensimismara en descubrir la causa.

# 18 Jacinto Benito Martín

 

¬ŅQu√© es lo importante?

Respiro hondo, ya falta poco para empezar. S√©, que no conseguir√© una gran posici√≥n. ¬°Da igual!, mi objetivo solo es participar, ayudar, colaborar. Mi meta; no es llegar, es acompa√Īar y disfrutar. No me queda duda que en su recorrido, me enamorar√© aun m√°s, de nuestra maravillosa ciudad. Se acelera el coraz√≥n, con aplausos, √°nimos, me hacen sentir como si fuera el campe√≥n. Antes de alcanzar el final‚Ķ Ya consegu√≠ mi premio, sin duda.

# 17 SILVIA ROBLES MARTINEZ

 

Carrera de Fondo

Siete de la ma√Īana. Ducha r√°pida. Ropa limpia en la silla. Mam√° en la cocina, desayuno, hambre voraz. Instituto, muchas ganas, entrenamiento duro. Amigos, saludo r√°pido, entrenador nervioso, √ļltimas consignas. Carrera terminada, desilusi√≥n tremenda. Vuelta a casa. Tarde en la cama, ropa en el suelo, indiferente ante los gritos de mam√°. Timbre. Alex en la puerta, sonrisa en mi cara, sonrisa en su cara. En la cafeter√≠a con Alex, competici√≥n muy lejos. Acercamiento, beso corto, respiraci√≥n agitada, separaci√≥n, nuevo beso. Felicidad casi completa. Vuelta a casa, habitaci√≥n recogida, medalla de plata en carrera, de oro con Alex.

# 16 luis uriarte montero

 

viaje

Viaje interior Voy corriendo en la San Silvestre de Salamanca, valores de esfuerzo y resiliencia, dura y hermosa prueba. Una mujer se pone a mi altura en la carrera, me mira con ojos duros; se parece como un calco a los ojos de mi esposa que estrangulé por servirme la sopa fría.

# 15 MANUEL S√ĀNCHEZ VICENTE

 

EL CORREDOR DE LARGA DISTANCIA

El corredor retrocede desde la meta hasta 1936 y escucha una voz: ‚ÄúVencer√©is, pero no convencer√©is‚ÄĚ. Junto a la rana se cruza con un soldado herido en Arapiles en 1812, justo antes de tropezarse en 1729 con Churriguera revisando unos planos. En 1577, el fondista pasa frente a un aula del que sale un nost√°lgico ‚ÄúComo dec√≠amos ayer‚ÄĚ. Cuando el runner est√° en 1492, Nebrija lee orgulloso: ‚ÄúGram√°tica castellana‚ÄĚ. Acelera y en 1486 Col√≥n se dirige al confesor de la reina en los Dominicos: ‚ÄúSer√° un viaje hist√≥rico‚ÄĚ. A la altura del siglo XIII piensa en retirarse en las obras de la Catedral Vieja, pero recibe el aplauso de varios legionarios en el Puente Romano: ‚Äú¬°Victoria enim tua!‚ÄĚ. Cuatro siglos antes, tres vetones tallan un verraco junto al Tormes y le animan en celta. Cuando Antonio Rivas llega a la salida en 1984, sabe que ganar√° la primera San Silvestre.

# 14 Ra√ļl Garc√©s Redondo

 

LA LOCOMOTORA HUMANA

En el parque ol√≠mpico de Lausana, el oto√Īo arroja sus hojas secas ante la mirada de bronce del laureado fondista checo Emil Zatopek. No te preocupes, compa√Īero ‚Äď le anima c√≥mplice el barrendero - que ya mismo te despejo la pista.

# 13 Alejandro Andrés Garavito Echeverría

 

Probando

Lo intent√©, lo segu√≠ intentando. Nada se pierde con tentar a la suerte. Ya no puedo correr, mis 64 a√Īos y la artritis pesan y no aguanto.

# 12 Andre Urbuhy Rojas Puentes

 

Lluvia

Nunca me impidió correr

# 11 José Elías Durán Roa

 

A tu ritmo

Todas las tardes sal√≠amos a correr. S√≠, los dos, lo recuerdo perfectamente. Era una costumbre que ten√≠amos de anta√Īo, cuando te conoc√≠. T√ļ sonre√≠as a tu modo al sentir el viento fresco. Apretabas el paso al pasar por aquel parque como pidiendo con tus ojos risue√Īos que te persiguiera. Yo siempre estaba ah√≠. Siempre a tu ritmo. A veces llov√≠a pero nunca nos import√≥, corr√≠amos hasta quedar exhaustos y cuando ya no pod√≠amos m√°s nos sent√°bamos en aquel banco. Yo te hablaba y t√ļ me respond√≠as a tu manera, convers√°bamos. ¬°Qu√© tiempos aquellos! En fin...quer√≠a contarte que ya saqu√© la dorsal, s√≠ la de la carrera que tanto te gustaba. Pero no tengo ganas de correr. Me aterra correr solo. Es m√°s, me he dado cuenta de que no s√© c√≥mo hacerlo. S√≥lo s√© correr a tu ritmo. Te lo aseguro... extra√Īo tus ladridos.

# 10 Miguel C√°rdenas Del √Āguila

 

7 minutos sin verte

Termin√≥ el primero la carrera, descalzo, el premio lo recibi√≥ cuando sus zapatillas cruzaron la l√≠nea de meta, aunque fueran las √ļltimas, entonces ambos exclamaron, ¬°cu√°nto tiempo Silvestre!.

# 9 Maximiliano Giménez

 

Juventud veloz

Hoy cumplo setenta y dos a√Īos, como todos los d√≠as voy a correr cinco kil√≥metros, nadar una hora y luego almuerzo con amigos, uno especial ¬Ņpor mi cumplea√Īos? No, no: hoy vuelve Clara al grupo, el amor de mi vida. La encant√≥ un atorrante hace cuarenta a√Īos, era t√≠mido en ese entonces y no me anim√© a decirle nada porque es la hermanita de un amigo y porque, bueno ya no importa. La cosa es que enviud√≥, nunca un ejercicio ese rufi√°n, mucho alcohol y cigarrillo, no le dur√≥ demasiado el gal√°n. Cuarenta a√Īos despu√©s y Clara viene derecho a estos b√≠ceps torneados, su sonrisa en tri√°ngulo se despliega y me atrapa otra vez, pero ya no soy ese flaquito inseguro, pongo mi brazo y ella lo toma con suavidad. Su casa queda a dos horas de la m√≠a, estoy seguro que esta noche corro esa distancia.

# 8 María Soledad García Garrido

 

Instinto animal

Dieron la se√Īal de salida y echamos a correr. Volv√≠a a sentir mariposas en el est√≥mago, como cuando la conoc√≠. A la altura del bulevar comprob√© que todo el mundo nos adelantaba; √≠bamos m√°s lentos que una tortuga. Decid√≠ acelerar el paso y comenc√© a sentirme como pez en el agua. Marisa se re√≠a sin parar. Dec√≠a que est√°bamos como cabras. Ella me hac√≠a olvidar que nuestro futuro era negro como boca de lobo. Siempre me hab√≠a comportado como un gallina. En cambio, Marisa rebosaba energ√≠a, igual que un caballo desbocado. Se notaba que era una Leo de libro. En el Paseo del Rollo mir√≥ hacia atr√°s. Se extra√Ī√≥ de mi silencio. Pero sus ojos de gato y su sonrisa fueron suficientes para que recuperara el aliento. Empuj√© la silla con fuerza. Tuve, firme como una hormiga que soporta un gran peso, un presentimiento: aquella carrera la √≠bamos a ganar.

# 7 Paloma Hidalgo Díez

 

Paloma Hidalgo Díez

SALIR DEL BARRIO Llevo el dorsal 18, caprichoso destino, sobre esta camiseta que deja al descubierto el diario de la vida que desperdici√©. Una mujer hermosa, parecida a mi madre, observa seria la telara√Īa tatuada en mi hombro. Mi madre, en cambio, sonreir√≠a vi√©ndome aqu√≠, en esta carrera en la que no llevar√© a la polic√≠a detr√°s. La Virgen de Guadalupe, el alambre de p√ļas, y los tres puntos que en mi mano delatan mis a√Īos en la mara, hacen que el joven que tengo al lado se aleje de m√≠, no le culpo, mi piel es el mapa de mi verg√ľenza. Por fin, una pistola, en lugar de detenerme, me libera, y tras tomar la salida, con cada zancada siento que dejo atr√°s el miedo, que he tomado la decisi√≥n correcta, que puedo cambiar, y corro con todas mis fuerzas en pos de la meta.

# 6 Mar√≠a Jos√© Lombra√Īa de los R√≠os

 

Esfuerzo cotidiano

Raquel se levanta antes del amanecer, se pone las zapatillas de deporte y corre durante una hora, d√≠a tras d√≠a , de lunes a domingo, siempre por la orilla del r√≠o Tormes. Despu√©s se ducha y va al trabajo. Ense√Īa espa√Īol para extranjeros en una de esas academias que se han puesto de moda en los √ļltimos a√Īos, muy cerca de la plaza Mayor. Sigue esta rutina desde que le diagnosticaron un tumor en el pecho izquierdo. El onc√≥logo recomend√≥ hacer ejercicio diario y Raquel lo sigue al pie juntillas. Kil√≥metro tras kil√≥metro, su m√°xima aspiraci√≥n es ir al marat√≥n de Nueva York pero mientras tanto se conforma con la San Silvestre Salmantina que, para qu√© enga√Īarnos, no est√° nada mal.

# 5 Gonzalo Prieto Barrera

 

CAMBIO DE PIEL

Era vencer o morir pues ella solo se casar√≠a conmigo si regresaba con la medalla del primer puesto. Entonces entren√© salvajemente adicionando una artima√Īa que fiaba mi triunfo: Me embadurn√© con pintura negra buscando contagiarme de la fortaleza de los hombres de color quienes siempre ganaban las carreras y para partir con ellos ya que como favoritos, tienen prelaci√≥n. Los alinean primeros evitando ser estorbados por los dem√°s precisamente por el respeto que infunden sus zancadas... Alineado all√≠, son√≥ el pistoletazo y la calle limpia era nuestra, m√°s promediando, el sudor derrib√≥ la pintura y blanco nuevamente, me atacaron todos y llegu√© √ļltimo tres horas despu√©s en medio de aplausos y, llorando, recib√≠ una medalla de consolaci√≥n de mi amada entarimada y all√≠ deduje que el fin no justifica los medios sino que es m√°s gratificante competir honestamente as√≠ se pierda pues fundida la medalla, de ella salieron nuestras argollas.

# 3 Ana Isabel Herrero Duque

 

Mientras todos dormimos

La anestesia a la que esta sometida una sociedad sumida en el momento,en el ahora, mientras el mundo secahoga se quema y se derrama... Pero el dulce sue√Īo del ahora provocara la pesadilla de el ma√Īana

# 2 alejandro jose pozo de la c√°mar

 

PROP√ďSITO

El a√Īo pasado entr√© con el control cerrado detr√°s de uno que iba de dinosaurio, bueno, ya no quedaba nadie y me fui con √©l de copas. Empec√© a entrenar en Enero, abandon√© los malos h√°bitos y para abril ya llegaba hasta la avenida Villamayor con un buen trote. All√≠ me sentaba en una terracita a descansar hasta que un d√≠a sacaron jeta para otro. Primero tapa, luego media y despu√©s raci√≥n entera y me habitu√©. Engord√© y en Mayo llegaba malamente a Ram√≥n y Cajal, encontr√© un sitio muy majo, el √°nade creo, un d√≠a churros, otro tortilla. En Junio, al otro lado del r√≠o, pasando el puente romano, unas alubias viudas como para casarse de nuevo. En verano descans√©. En Septiembre aparcaba en el paseo de San Antonio y tomaba dos kebab, tengo el coche lleno de migas. Otro a√Īo ser√°, hoy uno de Octubre devuelvo el dorsal.

# 1 Rubén Lopez

 

El r√°pido

Durante todo el a√Īo se preparo para correr la Sansil, diariamente se repet√≠a, eres r√°pido, eres el mas r√°pido... pero tambi√©n era el mas despistado y un a√Īo m√°s, se quedo sin dorsal.

 

Buscador de tiempos

 

Introduce el dorsal a buscar, visualiza tu resultado y ¡DESCARGA TU DIPLOMA!

Buscar

Patrocinadores

 

Ayuntamiento de Salamanca

Setel Grupo

Aljomar

Colaboradores destacados

 

Colegio San Estanislao de Kostka (Jesuitas)

Mirat

Última noticia

 

Fallo XIII Concurso de Carteles "San Silvestre Salmantina"

Fallo XIII Concurso de Carteles

El jurado del XIII Concurso de Carteles "La San Silvestre Salmantina", ha decidido otorgar el premio a ANTONIO PONTI IBARS (LLEIDA), por el cartel titulado: "A dos metros de ti".&n...