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Microrrelatos galardonados en el XI Concurso "San Silvestre Salmantina"

Microrrelatos galardonados en el XI Concurso

PRIMER PREMIO Las ma√Īanitas, de Gustavo Forcada Chabrera, de   SEGUNDO PREMIO Foto Finish de Tom√°s Piedra P√©rez   TERCER PREMIO 120 de Jes√ļs Franc√©s Due√Īas   Puedes v...

Microrrelatos presentados al XI Concurso "San Silvestre Salmantina"

 

# 329 Marta Juanes

 

Este, es mi a√Īo

Y all√≠ estaba yo, el treinta y uno, el d√≠a de la sansil, tras 12 meses de dieta y entrenamiento... Mi reto, mi lucha... All√≠ estaba yo, en la sala de espera del universitario... Con una bolsa de hielo y el tobillo como un bote... Ma√Īana a√Īo nuevo... menos mal que este, es mi a√Īo.

# 328 Keren Go√Īi

 

Perdí pero a la vez Gané

Nunca he podido olvidar a ese chico, por el que perdí la carrera de San Silvestre de Salmantina por estar pensando en él, pero me sentí tan feliz como una Campeona, por que él me eligió a mi. Ahora me enfoqué denuevo, pero con la fuerza que da el amor.

# 327 PELAYO GARCIA GIL

 

Dos maneras y un trazado

Hay dos maneras de enfocarlo, dos maneras de concebirlo mentalmente, de poder asimilar lo que te queda por encima de lo que llevas, dos maneras de llegar al final, dos maneras de converger en uno mismo. ¬ŅTu eres de sumar o de restar?, yo resto, prefiero pensar cuantos metros me quedan, prefiero tener el objetivo claro y saber que necesito para alcanzarlo, necesito tener las cosas a corto plazo arraigadas. Pero, ¬Ņy si no sabes a√ļn donde tienes que llegar, y si no tienes ni objetivo? Entonces creo que prefiero sumar, simplemente acumular, sin expectativas, ni agobios, me dicen y ejecuto, solo act√ļo, sin especulaciones ni dudas, libre y en manos de mi destino con fe ciega en √©l. Siempre con fe, ya que he sido fiel a mi proceso, fiel, a pesar de tener un historial de sacrificios desmedidos por el camino.

# 326 Ra√ļl Clavero Bl√°zquez

 

Como nuevo

Llev√°bamos unos meses de relaci√≥n cuando me lo dijo. -Suelo participar en la San Silvestre salmantina. Me hace sentir renovado. Entend√≠ a qu√© se refer√≠a la primera vez que lo vi cruzar la meta, mucho m√°s alto que en la salida. Poco despu√©s nos casamos, y hube de acostumbrarme a sus cambios tras cada carrera. Durante mucho tiempo fueron f√°cilmente asimilables, kilos de menos, ojos de color distinto, cosas as√≠, pero √ļltimamente sus mutaciones se volvieron extravagantes. Hace seis a√Īos se convirti√≥ en preadolescente, hace cinco en anciana con incontinencia, y hace dos en un pescador dan√©s con el que resultaba imposible conversar. Harta, en la pasada edici√≥n decid√≠ apuntarme con √©l. Nada m√°s empezar not√© mis piernas m√°s ligeras, hacia la mitad mis brazos se llenaron de plumas y unos metros antes de la llegada se termin√≥ de formar mi pico. Ahora soy golondrina. Mi marido, por desgracia, cazador.

# 317 Tom√°s del Rey

 

CONSEJO N¬ļ 9 PARA CORREDORES: S√Č CONSTANTE Y ENTRENA TODO EL A√ĎO

‚ÄĒSalgo a correr, mam√°. La cena est√° en el microondas. ‚ÄĒSalgo a correr, mam√°, vuelvo pronto. No, yo te preparo la cena al volver. ‚ÄĒVecina, ¬Ņpodr√≠as echarle un ojo a mi madre mientras salgo a correr? √öltimamente se desorienta. ‚ÄĒChicos, hoy no me esper√©is, que mi madre anda regulera. Entrenar√© en casa. ‚ÄĒFernando, hermanito, ¬Ņsabes ya qu√© d√≠as vienes a ver a mam√°? Es por organizarme los entrenamientos. ‚ÄĒSalgo a correr, mam√°. Te dejo con Fernando. No, no va a hacerte da√Īo, es tu hijo‚Ķ ‚ÄĒNo llores, mam√°, ya estoy aqu√≠. Solo estaba corriendo. ‚ÄĒNo, mam√°, no se me han olvidado las uvas ni el champ√°n. Ma√Īana por la noche trasnochamos t√ļ y yo. Qu√© va, Martes y Trece tampoco act√ļan este a√Īo. ‚ÄĒChicos, finalmente no va a poder ser. Ha llamado mi hermano, que no llega a tiempo. Y mi madre anda nerviosa pensando en Nochevieja. ¬°Buena carrera!

# 316 Ana Rosa Abad Salas

 

La concentración del atleta

Te despiertas con la ilusi√≥n de que hoy puede ser el gran d√≠a. La ma√Īana en Salamanca te recibe con una ligera nevisca, pero t√ļ est√°s tan concentrada que apenas la sientes. Empiezas a calentar y tus m√ļsculos comienzan a desentumecerse. Rodeada de cientos de participantes, respiras suavemente mientras en tu cabeza se instala una melod√≠a que te acompa√Īar√° durante toda la carrera. Es la concentraci√≥n del atleta: calentar el cuerpo y sosegar la mente. T√ļ y tu dorsal, la comuni√≥n perfecta. En la l√≠nea de salida respiras hondo y arrancas con decisi√≥n, r√°pida pero segura. Miras al frente, aun a sabiendas de que puedes encontrar obst√°culos en el camino. Debes ser constante, mantener fr√≠a la cabeza y repetirte que t√ļ puedes, que siempre consigues lo que te propones. Llegas a la meta sin resuello. Calada y cansada, pero feliz de haberlo conseguido; aunque este a√Īo tampoco seas la primera.

# 315 Juan Salado Rodríguez

 

Ninguno como este

Un hombre enfila los √ļltimos metros del Paseo de Canalejas. A su paso, la muchedumbre le mira con ternura y grita su nombre. Cruza la l√≠nea de meta y siente el calor de sus compa√Īeros y amigos, que le abrazan emocionados. Son ya muchos a√Īos corriendo esta carrera, pero ninguno como este. Se despide de ellos, no sin antes rechazar las √ļltimas invitaciones para esa noche. A pesar de la multitud, camina en soledad hasta llegar a casa. En la televisi√≥n est√°n poniendo im√°genes de la carrera. Otros a√Īos sol√≠a prestar atenci√≥n. Pero este lo hace con indiferencia, como quien mira por la ventanilla del tren. Regresa de su ensimismamiento y levanta la mirada hacia una fotograf√≠a en la estanter√≠a. En ella, aparecen √©l y una mujer abrazados, ambos con dorsales sobre sus camisetas. Mientras la observa, una l√°grima empieza a correr por su mejilla.

# 314 Juan Francisco Mur√ļa

 

El pacto

El √ļnico d√≠a del a√Īo para sentir el sol en la piel. Para respirar el aire puro. Libre de azufre. El clima festivo de la ciudad, el p√ļblico clamando por los participantes de la carrera, los deportistas de todas las edades compartiendo risas y alegr√≠a. Risas y alegr√≠a‚Ķ Al pasar por la Universidad, como todos los a√Īos, Elvira acudi√≥ a mi mente. Dej√© pasar la imagen como vino, y me refugi√© en el colectivo que me acog√≠a y me hac√≠a sentir parte de algo m√°s grande. A mitad del camino, consciente que tendr√≠a que esperar todo un a√Īo m√°s, aminor√© la marcha. Disfrut√© de cada metro. Respir√©. Aminor√© a√ļn m√°s la marcha. Tuve la esperanza, como cada a√Īo, de que esta vez las cosas fuesen distintas. Detr√°s de la l√≠nea de meta, como todos los a√Īos, me esperaba el Comendador.

# 313 Omar Marulanda

 

Trotamundos

Somos saltarines con ag√ľita y trotamundos sin equipaje . Nos encanta correr como locos por las pendientes empinadas de los bosques . Deseamos desvanecernos en medio de una gran competencia y ver de nuevo un camino hacia la gloria . De ahora en adelante no nos seguiremos lamentando por naderias y gozosos nos alegraremos con nuestros triunfos . Que bueno que hasta los discapacitados pueden correr con todas sus fuerzas . As√≠ sea que lleguemos en los √ļltimos lugares seguiremos disfrutando con las carreras de atletismo .

# 312 Rubén Moratalla Mayo

 

M√°s que suelas, ardillas

Siempre fueron mis animales favoritos; las ve√≠a tan despreocupadas, con esos saltitos que me costaba seguir con la vista. Era una √©poca en la que no hab√≠a atisbo de ansiedad en m√≠. Solo era un ni√Īo moviendo sus suelas por los montes, que volv√≠a a casa y ve√≠a a los grandes atletas en las Olimpiadas de Barcelona. Hoy el atletismo ha bajado al mundo de los mortales, y con un par de suelas te puedes sentir ardilla, derramar sudor por las calles de Salamanca y volver a recorrer kil√≥metros de manera solidaria. Soy consciente de que motivos hay miles, y tambi√©n s√© que la ansiedad se achanta cuando mira a los ojos al deporte. Soy una ardilla terminando el a√Īo, saltando a un nuevo √°rbol, matando miedos y tratando de dar vida a nuevas esperanzas.

# 311 Concepci√≥n Pe√Īa C√°rdenas

 

DORSAL VEINTE

Cada noche me propongo correr la San Silvestre Salmantina. Me viene de herencia, mi padre es un forofo de ella. A√Īo tras a√Īo desde su balc√≥n y ataviado con su gorro rojo de Pap√° Noel anima a conocidos, extra√Īos y a todo corredor participante en la carrera; desde el Paseo de San Antonio hasta la plaza del mismo nombre. Despu√©s de colocarme el equipo para hacer mi entrenamiento nocturno me preparo un saludable avituallamiento: unos aperitivos salados y alguna bebida energ√©tica. La distancia que me separa de tal √°gape, no supone demasiado esfuerzo, me niego a hacer estiramientos a semejantes horas.... Lleg√≥ el gran d√≠a y mi ilusi√≥n iba en aumento, escucho murmullos de corredores desde mi localidad preferente (mi sof√°). Veinte cap√≠tulos de mi serie favorita en Netflix finalizan, cuando llega el primer corredor a l√≠nea de Meta, ¬°Con el dorsal veinte! ¬° Bravo! Otro a√Īo ser√°.

# 310 ERNESTO P√ČREZ ESTEVE

 

OBSESI√ďN

Siempre igual. Primeros pasos y voy tranquilo, a mi aire. Pero enseguida presiento que me siguen. No, no miro atr√°s‚Ķ pero lo s√©, ahora ya incluso creo escucharlos. ¬ŅO soy yo, que voy tarareando tunas que van marcando mis pasos? Eso s√≠, a un ritmo m√°s bien r√°pido, para que no me pillen. ¬ŅSon ellos, los tunos, los que me persiguen, lanzando sus cintas y capas al viento? No lo s√©, porque no me atrevo a girarme, pero noto muchos ojos, panderetas, incluso guitarras, clavadas en mi espalda como pu√Īales. Aprieto el paso, pero da igual, Ellos hacen lo mismo. No es man√≠a persecutoria, lo juro. Ni creo que su intenci√≥n sea deleitarme con una serenata. Pero me siguen. Adrenalina al principio, miedo despu√©s. Al final, puro terror‚Ķ tengo que correr, correr, correr‚Ķ hasta que llego a la meta. Cada uno se motiva como puede. Y casi siempre gano.

# 309 Irene Barchino Ca√Īamas

 

La Danza e la Velocidad.

Sale a la pista y solo puedes ver como sus pies desaf√≠an a la gravedad. Cada zancada se siente como un latido de emoci√≥n, una respiraci√≥n de determinaci√≥n. El viento acaricia su cuerpo mientras este se desliza por la pista, intentando escapar de su sombra. El p√ļblico lo anima a continuar, a conquistar esa batalla que sus pies luchan. Y en ese √ļltimo instante, en ese mismo en el que llega a la meta, siente como todo se ralentiza. El reloj parece congelar sus mancillas y, en ese ef√≠mero momento, supo que hab√≠a logrado llegar a la cima. El atletismo, como un baile perfecto en el que el comp√°s lo marcan los pies y el ritmo el coraz√≥n. Y justo en ese instante lo siente, el atleta y la pista se convierten en uno para hacer la melod√≠a perfecta que solo el atletismo es capaz de componer.

# 308 María Eugenia Manzano

 

A√Īo Nuevo

Corre, escuchaba, y yo corr√≠a. Corr√≠ a pesar de la lluvia, del barro que salpicaba, del fr√≠o al atravesar la Plaza. Corr√≠ contra todo pron√≥stico, mi primera San Silvestre, y sobre todo contra ti, que me hab√≠as abandonado una semana antes. La gente nos animaba, yo corr√≠a. Llegamos a Tentenecio y me embal√© cuesta abajo. Como contigo, pens√©. Tal vez ni siquiera tanto. Te est√°s enco√Īando, t√≠o, se hab√≠a burlado Javier. Y yo ah√≠, erre que erre, haciendo hueco en mi armario y comprando cada vez m√°s kiwis. Alcanc√© el r√≠o, iba en cabeza. Envidiosos, presum√≠a yo, si pudi√©rais follar con ella hubierais hecho lo mismo. Entonces par√© de correr. De debajo del disfraz saqu√© la mu√Īeca pintada y al estilo de Kokoschka la puse en el Puente Romano. No tard√© en rebanarle el cuello con la navaja suiza, pero perd√≠ posici√≥n. La gente se puso hist√©rica. Y me descalificaron.

# 307 Dolores Asenjo Gil

 

Evasión

Un pinchazo agudo en los aductores y la respiraci√≥n entrecortada me obligan a bajar el ritmo. ¬°Con lo bien que iba! Tengo que distraer mi mente para no sentir el dolor, pensar en cualquier cosa‚Ķ ¬ŅC√≥mo ser√≠a seguir el recorrido de la multicolor procesionaria desde arriba? ¬ŅApreciar desde una nueva perspectiva los lugares cotidianos? Mi mirada juguetona se remoja en el Tormes y se cuela entre los veintis√©is ojos del puente. Las torres de las catedrales, como celosos imanes, reclaman mi atenci√≥n. Me detengo parsimoniosamente en el cimborrio de la Vieja. Desde aqu√≠ el cuadril√°tero irregular de la Plaza Mayor casi parece la peque√Īa cancha de un colegio. Los edificios que delimitan el Patio de las Escuelas, sin embrago, no pierden nada de majestuosidad. Una espont√°nea palmada en el hombro y la liviandad se disipa. Me reciben con aplausos. ‚ÄĒPero si a√ļn no hab√≠a acabado el vuelo ‚ÄĒ refunfu√Īo.

# 306 Alejandro Paredes

 

LOS RELEVANTES GIRATORIOS DE LA VIDA

Salamanca esperaba el nuevo a√Īo con la tradicional carrera de San Silvestre. Nadie se fijaba en unos seres extra√Īos que se hab√≠an inscrito: un orco jorobado de ojos verdes, un √°rbol caminante, un caballero de vidrio, un vaso de hierro con patas y un ni√Īo con barba. Al comenzar la carrera, los seres extra√Īos no siguieron el circuito establecido, corr√≠an gritando: ‚Äú¬°Corro por el oeste, con la esperanza del mundo!‚ÄĚ, ‚Äú¬°al este, donde nacen el sol y el aire!‚ÄĚ, ‚Äú¬°al centro, donde est√° la catedral y el coraz√≥n de Salamanca!‚ÄĚ, ‚Äú¬°al sur, donde el Tormes y la historia fluyen y se bifurcan!‚ÄĚ, ‚Äú¬°por el norte, donde el saber se estrella con titanes de hierro!‚ÄĚ Los salmantinos quedaron estupefactos al ver a estos seres sobrenaturales, que desaparecieron por las calles de la ciudad, clamando con fiereza sus c√°nticos de la sangre, en busca de alguna verdad m√°s all√° de los versos.

# 305 Francisco Javier Yuste

 

LA CLASE DEBE CONTINUAR

Corr√≠a a toda velocidad por las calles salmantinas, dejando f√°cilmente atr√°s a todos sus competidores. A pesar de su intenso ritmo, no denotaba s√≠ntomas visibles de cansancio y no parec√≠a percibir el desbordante entusiasmo que jalonaba su recorrido. M√°s bien ten√≠a un singular rictus de preocupaci√≥n, como si le preocupase no ir m√°s r√°pido. ‚ÄĒ¬°√Ānimo Fray Luis, que esta San Silvestre la ganas seguro! ‚ÄĒrug√≠a un enfervorizado p√ļblico. ‚ÄĒ¬ŅC√≥mo? Si yo lo √ļnico que quiero es llegar a tiempo a mi aula para continuar la clase, ahora que me han soltado ‚ÄĒrespond√≠a sorprendido‚ÄĒ. Pero, espera‚Ķ ¬°Ay, que me he equivocado de √©poca!

# 304 Inmaculada Bosch Racero

 

Por amor

Me hab√≠an pedido de todo mis parejas, pero nunca espacio. Yo, que me beb√≠a los vientos por ella, constru√≠ una nave espacial. Vol√© alto, hasta la luna. Cada noche, desde un cr√°ter, le preguntaba si era suficiente. Entonces, me dijo que necesitaba tiempo. Yo, que nunca fui ducho en atletismo, me compr√© unas zapatillas para ir corriendo al trabajo, al supermercado, a las clases de franc√©s. Le regal√© cada segundo que ahorraba. Me gustar√≠a poder decir que aquello funcion√≥, pero no; se llev√≥ hasta su foto de la entrada. Eso s√≠, dej√≥ el marco, y es del tama√Īo perfecto para el dorsal de mi primera San Silvestre Salmantina.

# 303 FERNANDO ESCUDERO OLIVER

 

Mi primera -¬°Y √ļnica!- vez en la San Silvestre Salmantina

S√≠, a mis a√Īos. Ya 70‚Ķ, y mi primera vez en la San Silvestre Salmantina. No s√©, tal vez por amor. S√≠: fui alumno del Kotska, luego profesor, m√°s tarde pas√© a la universidad. Fue una apuesta tonta de los Antiguos Alumnos: Participamos todos juntos‚Ķ, los que se puedan mover, y los que estamos vivos‚Ķ Porque algunos faltan ya ¬°Ay, To√Īo Buend√≠a!, mi compa√Īero de pupitre, mi √ļnico amigo‚Ķ Me calzo las zapatillas y a correr sobre el granito salmantino‚Ķ He llegado hasta la Puente Mayor: ¬°Vamos, ese abuelo!, y veo a L√°zaro estrellando al pobre ciego contra el verraco del puente ¬ŅDe d√≥nde sacar√≠a valor el muchacho?: del hambre, claro‚Ķ No s√© de d√≥nde voy a sacar fuerzas, pero To√Īo, m√≠rame desde el cielo que yo no me rindo. Entre estas duras piedras est√°n tambi√©n tus huellas, sobre las que derramo mi sudor, el caldo de nuestra amistad‚Ķ

# 302 FRANCISCO JAVIER MENDIETA CALLE

 

DISFRUTANDO SAN SILVESTRE

A√Īorando tiempos pasados, inspiro mi mente, para que los momentos gozados, vuelvan rememorados, a mi presente. Respirando la carrera, como lo hice ayer, disfruto la competencia, "SAN SILVESTRE SALMANTINA", en el mundo‚Ķ, la m√°s fina, diciembre 31, imagin√°ndolo, transporto mi ser. A cientos de millas, compitiendo enso√Īado, correr√© y correr√© como venado asustado, dispuesta la marat√≥n, desde mi techo hasta el poblado, para cubrir los 10 km, ¬°oigo el pistoletazo‚Ķ, hemos arrancado!. Simult√°neamente con los Atletas de SAN SILVESTRE, acalorados, sudorosos, volando m√°s que en carrera ecuestre, ¬°triunfadores!, somos..., colosos vencedores. Lo mejor del a√Īo, es esta inolvidable competencia, zancada a zancada, florecen amistades en su esencia, hasta los que no estamos all√≠, la disfrutamos, aviva recuerdos solemnes‚Ķ, todo el a√Īo la memoramos. Competencia SAN SILVESTRE SALMANTINA, mundialmente conocida, alegra la vida, une campeones, bendice acciones. ‚ÄúSAN SILVESTRE SALMANTINA volver√© a tus lares, para disfrutar tu originalidad y competencia divina‚ÄĚ.

# 301 Neus GAVILAN

 

Transf√≥rmate en lo que t√ļ quieras.

C√≥mo cada a√Īo, hay una fecha en la que la gente se transforma en s√ļper h√©roes y s√ļper heroinas, en pr√≠ncipes y princesas, en hadas, en magia, en deseos en vibraci√≥n, el √ļltimo domingo del a√Īo y de cada a√Īo, todos pueden sentir esa emoci√≥n de ponerse unas zapatillas y un disfraz y transportarse a un mundo de fantas√≠a, que te recorre el cuerpo y todo en unas fechas tambi√©n m√°gicas. El riesgo es la puerta hacia esa corriente que te impulsa a llenar las calles de color, diversi√≥n y alegr√≠a, inundando todo con luces y colores, se trata de sentir y vivir una fiesta que es m√°s incluso que una fiesta, una tradici√≥n, eso es la San Silvestre Salmantina, nos llena de humanidad y de vida.

# 300 SAMUEL JESUS SUAREZ HERRERA

 

Ensue√Īo en la v√≠spera de A√Īo Nuevo

Desde el calor del hogar me asomo a la ventana. Una multitud abarrota la Plaza Mayor, donde la San Silvestre Salmantina est√° a punto de comenzar. Recuerdo la √ļltima vez que particip√©, hace ya mucho tiempo atr√°s. Bajo el volumen del televisor para escuchar el murmullo. Estoy preparado para que d√© comienzo la carrera cuando alguien toca en la puerta; es mi nieto, y trae una silla de ruedas consigo. En un abrir y cerrar de ojos, y sin dejar espacio para negarme, estamos con el resto de participantes. Da comienzo la carrera. Me empuja y siento el aire en mi rostro; vuelvo a ser joven, vuelvo a vivir. Los recuerdos me invaden en tropel cuando pasamos cerca de la Universidad de Salamanca, divisamos el r√≠o Tormes, o cruzamos ante la fachada iluminada de la Catedral. Nunca pens√© que la ilusi√≥n y la felicidad me pudieran volver a visitar.

# 299 A√Įda Romero Inglada

 

N√ļmero 95

Paso. Brinco. Salto. Un oc√©ano de personas frente a m√≠. Los dorsales bailando al comp√°s del viento. La luz serpenteando entre brazos y piernas en movimiento. La respiraci√≥n agitada y el chasquido del arc√©n, tantos pasos que auguran la llegada. La carrera de San Silvestre Salmantina es un regalo que precede al nuevo comienzo, donde la meta se presenta como un dulce meloso almibarado. Centenares de rostros desconocidos buscan sus prop√≥sitos, ocultos bajo un n√ļmero al azar. Las historias de vida centellean en el olvido. Soy el n√ļmero 95 y he venido para demostrarme a m√≠ mismo que pod√≠a hacerlo. Y puedo.

# 298 Amauris Torres Cintra

 

La Visión

‚ÄúLa Visi√≥n‚ÄĚ L√°zaro lleg√≥ el primero al Puente Romano. Crey√≥ m√°s en ella cuando toc√≥ el granito rojo gris√°ceo del Verraco; sent√≠a tibia la √°spera piel del animal descabezado. Tembl√°banle las piernas; sent√≠ase abrumado por todo el ceremonial, la premiaci√≥n, las fotos, las declaraciones jadeantes‚Ķ Trat√≥ de no perderla de vista, aunque sab√≠a que Ana no soltar√≠a su mano. Volvi√≥ hasta el monolito despacio, en medio de la algarab√≠a de la celebraci√≥n. - ¬° Beatriz! Ella volvi√≥ la cabeza hacia donde proven√≠a la voz, alarg√≥ una mano para que L√°zaro la alcanzara. - ¬° Te lo dije, que ganar√≠as!- exclam√≥ contagiada de alegr√≠a- ya lo hab√≠a visto‚Ķ Ven aqu√≠. Lo dej√≥ acurrucarse en su seno, donde lat√≠an su coraz√≥n y la certeza de que esa larga carrera, la terminar√≠an juntos, en la Bas√≠lica. √Čl la ayudar√≠a a subir los diez escalones, y le dir√≠a c√≥mo se ven el cielo y el Tormes.

# 297 Patricia Collazo Gonz√°lez

 

Correr para vivir o vivir para correr

El doble exacto de Javier malvive en una favela de Río. Sin luz ni agua corriente, roba para comer y corre para vivir. Así ha sido desde crío, de ahí su gran sprint, aunque le falte resistencia. Javier y él (como buenos dobles) son dos gotas de agua y se llaman exactamente igual. Pero en el resto, no coinciden. Javier tiene un piso luminoso en Salamanca y cada día entrena resistencia persiguiendo su obsesión: la San Silvestre Salmantina. Vive para correr, pero su sprint es francamente mejorable. Por eso, ninguno de ellos sobrevive cuando el día de nochevieja un cruce sideral los transmuta. El de poco sprint, calzando las mejores deportivas del mercado, es incapaz de escapar de dos hombres armados entre chabolas cochambrosas. El de escasa resistencia, descalzo y aterido, prueba con los dientes el asfalto del Paseo de San Antonio mucho antes de alcanzar el arco de meta.

# 296 ALEJANDRO CARTUJO VILLAR

 

A un paso

A un paso. Por fin ha llegado el d√≠a. Me he preparado a fondo. Decenas de carreras a lo largo del a√Īo, no han sido m√°s que preparaci√≥n para este momento. Estoy en la l√≠nea de salida, una fila detr√°s de los m√°s fuertes. Incluso han conseguido traer a unos cuantas figuras que van a estirar la goma desde el pistoletazo de salida. Apenas escucho el disparo de salida y salimos volando. Una ligera llovizna cubre el pavimento provocando que varios corredores se vayan al suelo en una curva cerrada. Ya estamos cerca, por primera vez voy en el grupo de cabeza y bien posicionado. Cien metros, setenta, empiezo acelerar jug√°ndomelo todo, cincuenta metros. - ¬°¬°Nooooo!! ‚Äď sale de mi boca un grito desesperado al apagarse la televisi√≥n. ‚Äď Pero mama ‚Äď - Te llevo llamando hace un rato. No te lo vuelo a decir, apaga ese cacharro y vente a cenar.

# 295 María del Carmen Gazzera de Goette

 

PISTA INTERIOR

Corr√≠ la marcha de los valores y me nutr√≠ de cosas bellas para llegar triunfante. Atraves√© campos con pensamientos et√©reos en mi fase a√©rea. Tuve adversarios a mis costados pero mi respiraci√≥n agitada se confund√≠a con los euf√≥ricos pasos. Cada m√ļsculo m√≠o fue fuerte. Nunca tuve relevos; s√≠ grandes saltos y lanzamientos en el campo del amor. ¬ŅVi laureles como corona?. ¬ŅFui ganadora?. Ol√≠mpicos son mis anhelos. Invento cada d√≠a saltos de altura. Soy atleta de la paz, trasmuto energ√≠as y veo impulsos luminosos de discos de armon√≠a. Planifico la locomoci√≥n de mis comportamientos. Escuch√© voces en las llegadas y mi coraz√≥n era como un salto con p√©rtiga. ¬ŅTendr√© un duende interior que corri√≥ por m√≠?. ¬°Yo nunca particip√© en San Silvestre Salmantina!. ¬ŅEs mi gran evasi√≥n o es un hada, que anida en mi alma?. Trasciende y se proyecta en el deporte y hacia el infinito.

# 294 ERNESTO P√ČREZ ESTEVE

 

OBSESI√ďN

Siempre igual. Primeros pasos y voy tranquilo, a mi aire. Pero enseguida presiento que me siguen. No, no miro atr√°s‚Ķ pero lo s√©, ahora ya incluso creo escucharlos. ¬ŅO soy yo, que voy tarareando tunas que van marcando mis pasos? Eso s√≠, a un ritmo m√°s bien r√°pido, para que no me pillen. ¬ŅSon ellos, los tunos, los que me persiguen, lanzando sus cintas y capas al viento? No lo s√©, porque no me atrevo a girarme, pero noto muchos ojos, panderetas, incluso guitarras, clavadas en mi espalda como pu√Īales. Aprieto el paso, pero da igual, Ellos hacen lo mismo. No es man√≠a persecutoria, lo juro. Ni creo que su intenci√≥n sea deleitarme con una serenata. Pero me siguen. Adrenalina al principio, miedo despu√©s. Al final, puro terror‚Ķ tengo que correr, correr, correr‚Ķ hasta que llego a la meta. Cada uno se motiva como puede. Y casi siempre gano.

# 293 Héctor Ortega Giménez

 

Rebobinar

Detuvo el cron√≥metro de su reloj de pulsera con un gesto mudo de satisfacci√≥n. Vislumbr√≥ la l√≠nea de meta y, ajeno al ritmo del mundo, al fr√≠o de la ma√Īana, al viento que mec√≠a las copas de los √°rboles del Parque de los Jesuitas, apret√≥ el paso para ara√Īar unos segundos. Se sobrecogi√≥ al saberse parte del cuerpo de aquel ser improbable y multicolor que ahora cruzaba la inmensidad de la Plaza Mayor. El manojo de nervios que anidaba en su est√≥mago se desvaneci√≥ en el preciso instante en que el disparo de salida romp√≠a el cielo salmantino. Se calz√≥ las deportivas antes de salir de casa de su abuela. Sentado junto a su cama supo que ya no iba a estar all√≠ cuando volviera, que apenas quedaba nada de lo que era; la agarr√≥ entonces de la mano y le prometi√≥ en un susurro que ese a√Īo tambi√©n correr√≠a.

# 292 Mª ESTHER RUIZ ZUMEL

 

"ESFUERZO SALMANTINO"

Tierra charra recorriendo sus calles la San Silvestre un deporte para la sociedad recorriendo las calles con testigo mudos con elegancia observan la carrera diciendo adi√≥s a un a√Īo donde la meta esta en esa l√≠nea tan fr√°gil de un nuevo a√Īos corriendo para olvidar los momentos malos so√Īando con un futuro esperando buenas noticias. Corriendo desechamos en el sudor aquello que produce dolor humano entre decoraci√≥n navide√Īas en los edificios m√°s emblem√°ticos. Las aguas del Tormes aplauden a esos valientes en el invierno g√©lido salmantinos. Ni√Īos/as se baten en otra categor√≠a abriendo las puertas al deporte sinti√©ndose importantes cuando atraviesan la meta sonriendo a su ciudad premiado su esfuerzo de esa infancia sabiendo que se est√°n cogiendo el testigo de una tradici√≥n pasando de generaciones. Esos son deportistas del futuro oteando a la ancianidad presente La meta espera con los trofeos del esfuerzo olvidado premiado en ambiente claramente navide√Īo.

# 291 Elías Rodríguez Valdelvira

 

Viejas costumbres

Agazapado, esperaba la se√Īal, con una calma digna de una anunciada tormenta. El rugido sirvi√≥ como pistoletazo de salida. La sangre se dirigi√≥ a las piernas, el suelo se volvi√≥ borroso bajo mis pies mientras sorteaba arbustos, piedras y dentelladas. Escuchaba pasos atronadores en mi espalda, respiraciones entrecortadas, m√≠as y ajenas. Pas√© el relevo a mi compa√Īero, lo agarr√≥ fuertemente entre tendones y fibras. Mi rival estaba tras de m√≠, amenaz√°ndome con la muerte. Un abismo delante de mi, con las mismas intenciones. Cog√≠ impulso como un ejercito ante el grito de batalla y salt√© sin miramientos. Si consegu√≠an llegar con la pieza intacta podr√≠amos celebrar la victoria con un fest√≠n. Llegase o no, ma√Īana se repetir√≠a la misma carrera, la emoci√≥n, la adrenalina, la lucha con tu propio cuerpo por sobrevivir y con la naturaleza que, aunque siempre ganadora, nos daba treguas para disfrutar peque√Īas victorias.

# 290 Carlos Curiel Palomino

 

Lapsus

Es San Silvestre, las calles de Salamanca cobran vida con la emoci√≥n de los corredores. Entre el bullicio de la multitud, Rosa, una joven atleta con sue√Īos en sus zapatillas, siente la adrenalina corriendo por sus venas. La carrera comienza y Rosa avanza rodeada de corredores de todas las edades. El esp√≠ritu de solidaridad y superaci√≥n se palpaba en el aire. Cada paso que daba, Rosa encontraba apoyo en las palabras de aliento de los espectadores y compa√Īeros corredores. Mientras cruzaba la meta, agotada pero radiante, Rosa comprendi√≥ que la San Silvestre Salmantina no era solo una carrera, sino una celebraci√≥n de la comunidad, la determinaci√≥n y el esp√≠ritu deportivo. Aquel d√≠a, m√°s que una medalla, se llev√≥ consigo el valor de la perseverancia y la alegr√≠a de compartir una experiencia inolvidable con miles de almas afines. Sobre todo al darse cuenta que ha estado corriendo en Vallecas.

# 289 Martin Alberto Sakamoto

 

Preparados, listos

Ya no pod√≠a contar los d√≠as prepar√°ndose para el evento ni las noches so√Īando con la carrera. El piso h√ļmedo por el roc√≠o, el olor a caucho de las zapatillas, la adrenalina de los participantes. Las miradas c√≥mplices pero enemigas en ese √ļnico momento antes de la largada cuando la uni√≥n y las ganas de llegar a la meta son comunes a todos, los mismos que en pocos metros empezar√°n a tratar de marcar la diferencia, respirando cada ves m√°s r√°pido, calculando milim√©trica mente cada zancada. Y lleg√≥ el bendito d√≠a. Tiene que haber otro que ha pasado tambi√©n la noche en vela, pens√≥. Pero ya no importaba. Todo lo que hab√≠a hecho, hecho estaba. Y cuando lleg√≥ la orden, tens√≥ la mano derecha e hizo el disparo de la largada.

# 288 Nehuen Pe√Īaloza del Cerro

 

El Club de Amigos

Los s√°bados por la tarde corr√≠amos en una pista de polvo de ladrillos con todos los alumnos de nuestra promoci√≥n. La salmantina era el calentamiento antes del clasista cl√°sico salmantino. Medir√≠amos nuestro talento en una carrera ol√≠mpica: los irreverentes del Rollo contra los ortodoxos de San Isidro para defender la legitimidad y supremac√≠a barrial. Nosotros √©ramos deportistas y ellos intelectuales. La explosividad de Toni Dybala contra el genio de Constanzo Calamar eran escolatados respectivamente por la liebre enrollada Nacho Kon mientras que Fer Saltiel rebotar√≠a los ataques del arrollado Billy Villa. En el √ļltimo tramo se tropieza con el tercer pulm√≥n del paria Jos√© de Le√≥n que en lugar de darle vuelta a la tortilla los desmadra a todos cual pa amb tomaquet, rabas, conejo con fresas a la mostaza y guacamole aplastado al aj√≠. Esa comilona fue la mejor de toda la San Silvestre.

# 287 Claudia Morales

 

EL LOBO SIEMPRE ES EL MALO SI QUIEN CUENTA LA HISTORIA ES CAPERUCITA

Debo esperar hasta el 31 de Diciembre. Lo imposible s√≥lo tarda un poco m√°s y a veces no cuesta m√°s que 11 euros. Tengo mi inscripci√≥n, mis zapatillas, mi dorsal. Mi madre por fin me ha dicho su nombre en la terapia, antes de morir. Y por lo que s√©, un hombre puede cambiar de ciudad, de equipo de f√ļtbol, de partido pol√≠tico, de esposa, pero no puede cambiar una pasi√≥n. As√≠ que ir√© a buscarle a la San Silvestre. ‚ÄúHola pap√°‚ÄĚ, dir√©. Y entonces podr√© escuchar su versi√≥n del cuento.

# 286 Ignacio Micó García-Tapia

 

El primero bajo el cielo

Es fin de a√Īo y mi coraz√≥n late en la carrera, con la mirada en el cielo y los pies sobre el asfalto. A ocho mil kil√≥metros habr√° alguien que est√© corriendo igual que yo, y que se est√© dando cuenta de lo mismo. Ser primero ya no importa, ni segundo, ni √ļltimo. Solo importa seguir corriendo y avanzar. El a√Īo que viene habr√° otra carrera, el mismo d√≠a a la misma hora, y yo estar√© all√≠, ya que nunca habr√© parado de correr.

# 285 Vianny Liesel Correales López

 

A vuelo de colibrí

Sacud√≠a su cuerpo como un resorte bailar√≠n. Una ma√Īana reg√≥ mi caf√© sobre los panecillos. Ismael, con su corpulento armaz√≥n de quince a√Īos, se pavoneaba por el comedor del hotel donde me hospedaba en Salamanca. Proven√≠a de La Alberca y se preparaba para la carrera San Silvestre. Durante esa semana lo hab√≠a visto entrenar en mis recorridos que realizaba cerca del hotel para intentar alargar alg√ļn pedacito de vida en mi ajado cuerpo. Era como ver un colibr√≠ sacudiendo sus alas en cada paso que asentaba a mi lado. Corr√≠a con tanta voracidad que mi cuerpo se arrastraba en su remolino de pasos. El d√≠a estaba soleado, Ismael triste porque su madre no vendr√≠a me pide que lo acompa√Īe y grabe la carrera,con voz quebradiza acepto. No sent√≠ cuando inici√≥, solo corr√≠ a su lado. A vuelo de colibr√≠ mi cuerpo se desvaneci√≥ mientras sus pies ganaban la carrera.

# 284 Javier Rio Rodríguez

 

¬ŅQu√© tal?

Fase 0: 3km de calentamiento y 10 X 300 mts debajo de un minuto. La carbonilla es ahora purpurina. Ma√Īana la San Silvestre Salmantina, ser√© imparable, 4 semanas intensas de preparaci√≥n. Fase 1: Ya de ma√Īanita, salgo apresuradamente del recinto sagrado, hace un fr√≠o que pela, nadie me ha visto, bien, me subo hasta la barbilla la chaqueta del chandal. A duras penas me puedo deshacer de las cera adherida a mis u√Īas, espero que las velas de diferentes colores ofrendadas a S.Juan de Sahag√ļn, funcionen hoy. Fase 2: Vaselina, dorsal, chip, lazada de las zapatillas, caliento, troto, me cruzo con amigos - contrincantes ¬°s√≠! - y me posiciono apretando codos en la l√≠nea de salida. - Hombre Juli√°n ¬Ņqu√© tal est√°s? - es Pando el de los crosses. - Nada, fatal estaba en cama, llevo una semanita que ni te cuento, pero a ver que tal‚Ķ

# 283 Joaquin Borbalan Palencia

 

La √ļltima carrera

Era la √ļltima San Silvestre Salmantina que corr√≠a. Lo sab√≠a desde qu√© le diagnosticaron la enfermedad. Pero no quer√≠a rendirse. Anhelaba despedirse de la ciudad que lo hab√≠a visto nacer, crecer y correr. Deseaba sentir una vez m√°s el aliento de los miles de participantes, el calor de los aplausos, el orgullo de cruzar la meta. Quer√≠a dejar una huella en el asfalto, en el aire, en el coraz√≥n de Salamanca. Se puso el dorsal, el gorro y las zapatillas. Se coloc√≥ en la salida, junto a su hijo, que lo acompa√Īaba por primera vez. Escuch√≥ el disparo y ech√≥ a correr. No le importaba el tiempo, solo el recorrido. Pas√≥ por la Plaza Mayor, la Catedral, la Universidad, el Puente Romano. Record√≥ su infancia, su juventud, su vida. Llor√≥, rio, agradeci√≥. Lleg√≥ a la meta. Abraz√≥ a su hijo. Le dijo que lo quer√≠a. Cerr√≥ los ojos. Sonri√≥.

# 282 Alfonso José Prado Rey

 

La apuesta

El perdedor pagar√≠a las inscripciones y realizar√≠a un donativo a una ONG elegida por el vencedor. Esta fue la apuesta concebida en Halloween por Luis y Dami√°n, dos amigos cuarentones siempre dispuestos a retarse. Como cl√°usula, acordaron que har√≠an el recorrido oficial disfrazados, sin revelar su identidad al otro. San Silvestre amaneci√≥ fr√≠o pero despejado. Iniciada la carrera, buscaron entre los enmascarados un gesto que revelase la impostura del otro. El recelo sirvi√≥ de motivaci√≥n para acelerar, adelantar a sospechosos y quemar kil√≥metros. Junto a la Catedral, sin embargo, las fuerzas empezaron a flaquear haciendo del recorrido restante una ag√≥nica lucha. Encarado el Paseo de San Antonio se reconocieron: el fantasma con ri√Īonera y el capuchino al trote. Hubo un momento de competitiva tensi√≥n. Despu√©s, rompiendo en carcajadas, la apuesta se quebr√≥. Cruzaron la meta de √ļltimos, exhaustos, abraz√°ndose por el hombro: sinti√©ndose verdaderamente ganadores.

# 281 Gonzalo Gómez Martín

 

Los buenos motivos

Dicen que correr es de cobardes pero ahora avanzaba en la popular carrera de San Silvestre. No iba lento, pero tampoco demasiado rápido. No quería conseguir un récord, ni llamar la atención de nadie, por lo menos de nadie que no fuese él mismo. Mientras avanzaba, pensaba en que no pudo correr cuando aquellos perros lo atacaron. Tampoco huyó de aquellos que se reían de su manera de ser ni pudo escapar cuando le metieron la paliza en aquel callejón. Ahora las cosas habían cambiado. Cada zancada continuaba con una exhalación de aire que le daba vida, mientras se cruzaba con otros participantes. miles de personas con miles de motivos y él tenía muy claro el suyo. Entonces volvió a pensar que si correr es de cobardes, no tenía sentido que hubiese tanta gente allí. Todos viviendo, corriendo y sintiéndose libres.

# 280 Marta Navarro Ros

 

Correr por dos

De correr solo recuerdo gente, mucha gente. Y sudor. Falta de aire. De correr recuerdo el fr√≠o de la Navidad y los turrones atascados en medio de la garganta al terminar de correr cuando todav√≠a no he digerido los dos vasos de agua. De correr solo recuerdo perder. Llegar de las √ļltimas y, aun as√≠, sentirme la mejor. Porque siempre corr√≠a contigo. El pr√≥ximo a√Īo no estar√°s y correr ser√° mucha gente, sudor, falta de aire y la Navidad m√°s fr√≠a. Pero tambi√©n ser√°s t√ļ. Seremos t√ļ y yo corriendo cada a√Īo desde antes de que yo tuviera uso de raz√≥n hasta que dejaste de poder moverte. Correr, a partir de ahora, seremos t√ļ y yo para siempre.

# 279 Fernando Almez García

 

Monterroso y yo

‚ÄĒCu√©ntame un cuento, anda, sobre la carrera. ‚ÄĒCuando termin√≥ de correr, el dinosaurio todav√≠a estaba all√≠.

# 278 Carlos Alberto Sánchez García

 

Muy de ganar

En su casa se habla demasiado de triunfo, como si en esa palabra se intuyera la crudeza de la infelicidad. Por eso, cada San Silvestre, Romeo espera paciente a los √ļltimos, el final del recorrido, el paso del coche escoba. Ella apareci√≥ luminosa, como un punto final lejano en la noche, con su dorsal encendido, anclada a la meta. Julieta entr√≥ en su vida despacio, condecorada. √Čl es el √ļltimo en una estirpe de salmantinos ganadores. Su abuelo fue amigo de Unamuno, gan√≥ la carrera el a√Īo de lo de Shakespeare; tambi√©n venci√≥ su padre y sus hermanos. En su familia eran muy de ganar. Por eso no corre, por rebeld√≠a. Las gacelas abandonan juntas por el puente romano, como arquetipo de los corredores desventurados. Solo los que pierden miden los segundos de la felicidad.

# 277 Mar√≠a Ib√°√Īez Monasor

 

31 de diciembre

Treinta y uno de diciembre, domingo. Como cada a√Īo, me dirijo hacia el Paseo de San Antonio y mientras me aseguro de que mis zapatillas est√©n bien atadas, recuerdo aquello que le√≠ sobre la primera San Silvestre Salmantina, en 1984, y me pregunto si aquellas cuatrocientas personas tambi√©n sintieron este arropamiento de gente, este ambiente de comunidad y esta ilusi√≥n. Miro a mi alrededor sonr√≠o. La espera ha merecido la pena.

# 276 Tomas García Merino

 

Una carrera, otra vida

Suena el disparo y arranco a correr. No miro hacia atrás. Amplío la zancada, sorteo los cuerpos, avanzo rápido, mi respiración se acelera, mis fuertes piernas me hacen volar. Ya no siento el temblor de las bombas, a mis pulmones no llega el aire cargado de muerte. Un gentío se agolpa en las aceras. Me atrevo a mirarlos a los ojos, no veo miedo, ni odio en sus rostros, solo entusiasmo y alegría. Un rumor creciente llega a mis oídos: son aplausos, gritos de ánimo. Alguien se fija en mi camiseta, pronuncia mi nombre a voces, otros lo imitan. Cada vez la meta está más cerca, no sé si ganaré la San Silvestre Salmantina, pero no me importa. Solo quiero correr, correr en libertad por las calles de esta magnífica ciudad que me ha brindado una segunda oportunidad. Esta carrera me ha devuelto la vida.

# 275 Francisco Sacrist√°n Romero

 

Vientos de San Silvestre

Se present√≥ una accidentada San Silvestre Salmantina con una r√°faga de viento que arranc√≥ los dorsales a todos los atletas. Durante unos minutos los n√ļmeros quedaron flotando varios metros por encima de la tierra, como una bandada de aves que no se atreviera a emigrar, hasta que comenzaron a caer, poco a poco, sobre los espectadores, sobre el suelo, sobre m√≠. Un tembloroso cuarenta con bandera brasile√Īa me abraz√≥ y me fue imposible arranc√°rmelo, de modo que no tuve m√°s remedio que terminar la carrera. Entr√© en tercer lugar. Desde entonces vivo en Brasilia y entreno a diario. Ya me he acostumbrado a la caipiri√Īa, pero sigo echando de menos Salamanca y pronto anunciar√© mi retirada. Eso s√≠, lo har√© con orgullo, en este tiempo he competido por todo el mundo y he logrado varias medallas. No creo que le pueda pedir mucho m√°s a una humilde rana de piedra.

# 274 Ricardo Hern√°ndez Blanco

 

Corre por tu salud

-¬ŅFernan quedamos ma√Īana y echamos unos tragos?, es el √ļltimo d√≠a del a√Īo. - No puedo Javi, ¬Ņno te acuerdas que corro la San Silvestre? - Pero tio, ¬Ņni en fin de a√Īo vas a parar de hacer deporte? -Ya sabes que necesito mi chute de endorfinas, as√≠ que har√© la carrera larga. -Te entiendo y te envidio a la vez por defender tus ideales de salud y tener esa convicci√≥n por decidir no beber alcohol y hacer deporte. -Eres un ejemplo a seguir por tu determinaci√≥n, mira, pues voy a ir a verte correr me gusta el ambiente de la carrera. -¬°No te machaques mucho y disfruta!, que no es tanto competir, como disfrutar. -Gracias Javi, me alegra que lo entiendas, entones, ¬Ņte veo en la carrera?, ya me conoces, para mi, es un placer correr en mi Salamanca natal. -Siiii, te animar√© desde el puente romano cuando pases. Fin

# 273 CARMEN ROSA MONZON DELGADO

 

MI CARRERA EN LA SILVESTRESALMANTINA

Hoy participo con mi carrera en la San Silvestre Salmantina desde uno de los mil puntos posibles. C√≥mo ser√≠a la carrera del 1925 en Sao Paulo, Brasil. √Čsta promete competir arduamente por un magn√≠fico puesto ganador. Estoy entusiasmado. Sonr√≠o solo al pensar en el dulce momento en que me pondr√© a prueba. Mi novia la seguir√° desde las gradas. Esta carrera ha ocupado mi ser desde que se convoc√≥ con casi una obsesi√≥n. No se si ganar√© pero tengo grandes expectativas. Despu√©s mi novia y yo vamos a casarnos. Un gran colof√≥n. ¬°si resultara!

# 272 Samantha Deler Mozo

 

El nacimiento de un sue√Īo

El sudor le descend√≠a por las sienes, el coraz√≥n le lat√≠a desbocado y los m√ļsculos de las piernas le dol√≠an horrores. Su mente gritaba que se detuviera, sin embargo, sus gritos, en comparaci√≥n con el: ‚ÄĻ‚ÄĻ¬°Y aqu√≠ llega el dorsal n√ļmero setenta y dos, acerc√°ndose a la meta con un esprint, a reclamar la primera posici√≥n!‚Äļ‚Äļ, eran un mero susurro. Un √ļltimo aliento le permiti√≥ sentir la cinta en el abdomen, abrazando sus esfuerzos con delicadeza. Dedic√≥ unos segundos a regalar sonrisas al p√ļblico que lo vitoreaba, antes de que su cuerpo lo dejase caer‚Ķcaer en una silla de ruedas ubicada tras el vallado de la competencia, lugar desde el cual ve√≠a llegar al ganador, al verdadero ganador. Ese d√≠a un sue√Īo naci√≥ en su interior, por eso, en cada entrevista que conced√≠a en los juegos paral√≠mpicos, la San Silvestre Salmantina se asomaba.

# 271 Adiany Tartabull Ruiz

 

Alas Mundanas

(...) Duele el t√≥rax, en aquella parte que tanto le preocupaba a ella.„ÄäPerd√≥n, mamita, este es mi sue√Īo„Äč. Acelero el paso. No miro a mis espaldas y solo disfruto la sensaci√≥n. Ellos corren por reconocimiento, yo por placidez. Veo mi destino, el sufrimiento de la carne se extiende como una plaga. En el suelo, mi cuerpo encuentra la plenitud, tendido por completo en la l√≠nea de meta. Mis ojos est√°n a punto de cerrarse. No me arrepiento de nada.

# 270 María Sofía ABARCA

 

Zapatillas para un corazón

√Čl era un corredor. El entrenamiento, el pelot√≥n y el recorrido oficial D de 10000 metros lo hab√≠an adaptado funcional y morfol√≥gicamente. La cardiomegalia y la hipertrofia ventricular eran solo dos de los s√≠ntomas de aquel coraz√≥n que, antes de la competencia de la Sansil, se acerc√≥ a las inmediaciones del Parque Picasso. Ten√≠a la porfiada intenci√≥n de comprar un par de zapatillas pero‚Ķ¬Ņcu√°nto calza un coraz√≥n? ¬ŅEn qu√© parte del pericardio pensaba pon√©rselas? Dada la visible dificultad, nadie pudo atender a su pedido. Solo, en el medio del circuito, llam√≥ desesperado al cerebro y le pregunt√≥ c√≥mo pensaban correr. ‚ÄúCon las piernas, grandote‚ÄĚ, le respondi√≥ el otro. El coraz√≥n, aquel m√ļsculo al que los dem√°s √≥rganos hab√≠an apodado ‚Äúel grandote‚ÄĚ, se qued√≥ pensativo y eligi√≥ cuidadosamente sus palabras: -Bueno- sonri√≥- pero ni creas que las voy a dejar correr solas-.

# 269 David Bravo Dur√°n

 

Promesa

El d√≠a de la San Silvestre Salmantina hab√≠a llegado y, como todos los a√Īos, Francisco se levant√≥ exclusivamente para participar de la carrera que comenzaba a mediod√≠a. A pesar de llegar solo, no parec√≠a importarle dada la actitud de los otros competidores quienes con sonrisas, gritos de √°nimo y una que otra palmadita de energ√≠a en la espalda le hac√≠an sentir un c√°lido grado de pertenencia. Una vez concluida la contienda, se detuvo a contemplar un momento aquella postal de personas cansadas y felices que pasaron la meta. Tras ello, camin√≥ tranquilamente al cementerio para volver a descansar con la satisfacci√≥n de cumplir con la promesa que se hizo en vida.

# 268 Vianny Liesel Correales López

 

A vuelo de colibrí

Sacud√≠a su cuerpo como un resorte bailar√≠n. Una ma√Īana reg√≥ mi caf√© sobre los panecillos. Ismael, con su corpulento armaz√≥n de quince a√Īos, se pavoneaba por el comedor del hotel donde me hospedaba en Salamanca. Proven√≠a de La Alberca y se preparaba para la carrera San Silvestre. Durante esa semana lo hab√≠a visto entrenar en mis recorridos que realizaba cerca del hotel para intentar alargar alg√ļn pedacito de vida en mi ajado cuerpo. Era como ver un colibr√≠ sacudiendo sus alas en cada paso que asentaba a mi lado. Corr√≠a con tanta voracidad que mi cuerpo se arrastraba en su remolino de pasos. El d√≠a estaba soleado, Ismael triste porque su madre no vendr√≠a me pide que lo acompa√Īe y grabe la carrera, con voz quebradiza acepto. No sent√≠ cuando inici√≥, solo corr√≠ a su lado. A vuelo de colibr√≠ mi cuerpo se desvaneci√≥ mientras sus pies ganaban la carrera.

# 267 Rafael Norberto Pérez Valdés

 

Mis dos sue√Īos

Cuando me acost√© preocupado, lleno de dudas, le ped√≠ a mi subconsciente que trabajara sin descanso para ayudarme a cumplir dos sue√Īos colosales en la San Silvestre Salmantina. Uno es completar el recorrido, sin importar si llego √ļltimo. Cada paso tit√°nico que realice ser√° una dedicaci√≥n a JuanK, mi inigualable cu√Īado, fallecido el s√°bado, a causa de un infarto, a sus j√≥venes 62 a√Īos. El otro es utilizar mi bloc de periodista, pues yo tengo una corazonada: podr√© ver all√≠ como observador, por ser √©l practicante de las carreras, al famoso novelista estadounidense Stephen King (gran maestro). Ser√° un honor tratar de entrevistarlo en medio de la multitud. No s√© qu√© me deparar√° el d√≠a, pero estoy listo para enfrentarlo. Y cuando pude llegar a la meta tuve otra sorpresa estupenda: Stephen King estaba all√≠, sonri√©ndome y aplaudiendo mi logro. ¬°Los sue√Īos pueden hacerse realidad en la San Silvestre Salmantina!

# 266 JUAN PABLO L√ďPEZ TORRILLAS

 

Al pasar la meta

Fue al pasar la meta, en aquella √ļltima tarde del a√Īo, cuando le vino de golpe a la cabeza todo lo acaecido desde que naci√≥ su hijo Marcos en febrero del veinte; busc√≥ a su mujer, la localiz√≥, sali√≥ a su encuentro y el abrazo fue arropado por una lluvia de aplausos, ya ven, tan sencillo como la vida misma, tan m√°gico, tan hermoso ver a don Antonio cruzar la meta, treinta y uno de diciembre de dos a√Īos despu√©s: despu√©s de coger la Covid, de quedar postrado en una silla de ruedas (¬°ay, los trombos!), de tirarse un a√Īo entero peleando con el fisioterapeuta, un a√Īo cargado de esfuerzo, de sacrificio rehabilitador para volver a, no solo andar, sino a correr, su deporte favorito; y ya ven, don Antonio abrazado a su mujer, tras la meta, y Silvestre, el santo, en el Paseo de su hermano Antonio, tambi√©n santo.

# 265 José Samuel Manzanares García

 

Juramento

¬ŅCu√°nto tiempo me habr√© alejado de San Silvestre? Mucho, sin duda. Pero el viento sigue siendo el mismo y las calles siguen siendo las mismas, el mismo tiempo sigue siendo uni√≥n para sus a√Īejas piedras y en la campana distingo el mismo ta√Īido bronc√≠neo. Y yo quisiera ser el mismo, una persona id√©ntica a la que un infarto oblig√≥ a abandonar la √ļltima carrera tantos a√Īos atr√°s. Es imposible. Los corredores ya se alinean en el punto de partida: calientan, brincan, estiran; sus mentes, concentradas; sus m√ļsculos, templados por la costumbre del entrenamiento. ¬°Ninguna otra sensaci√≥n se le parece! Mientras duraba mi reclusi√≥n en el hospital jur√© presenciar de nuevo la carrera, aunque ya no pudiera competir. Los doctores hicieron todo lo posible, pero no son sino humanos. Mi cremaci√≥n est√° programada dentro de unas horas, pero ten√≠a un juramento que cumplir. Por fin, la se√Īal de salida.

# 263 Arnaldo Enrique Altuve Oropeza

 

Sue√Īo en Salamanca

Y ah√≠ iba, corriendo junto aquellos extra√Īos. Su deseo fue concedido. Ten√≠a la mirada fija en el horizonte: algo de esta tierra que surcaba le recordaba a su querida √Člide. Al parecer no se percataban de su presencia, pero eso no lo perturbaba, sabia que era obra de Zeus. Present√≠a que en la marcha lo acompa√Īaban panaderos o sacerdotes como √©l. Miraba con emoci√≥n como retumbaban las zancadas en la meseta de Salamanca. El fervor popular de aquella carrera llenaba de l√°grimas sus ojos azules: esos ojos que reflejaban las costas del mar J√≥nico y ser√°n testigos de las numerosas carreras que deparar√° la historia, marcadas con su triunfo en el Olimpo. Al pasar el Puente Romano lo despert√≥ la voz de Zeus: ‚ÄĒ ¬°Hombre! No pediste gloria, ni riquezas, sino sabidur√≠a, ahora con m√°s raz√≥n, tu nombre, Corebo de √Člide, se escuchara a lo largo de la historia.

# 262 Nuria Hernández García

 

La misión

Lo har√≠a. Respir√≥ profundo, se concentr√≥, y dej√≥ la l√≠nea de salida a toda velocidad, dejando al resto de corredores en clara desventaja. Mientras corr√≠a solo pensaba en su objetivo: llegar el primero. Pronto las fuerzas comenzaron a flaquearle. Vio pasar de largo a otro corredor. Luego vendr√≠a otro, y otro m√°s. Finalmente tuvo que admitir que era un buen velocista o estaba muy motivado, pero no tan buen fondista. Aun as√≠, no se rindi√≥ y cruz√≥ la meta el √ļltimo. "¬°El √ļltimo!", se dijo, sin poderlo creer. Pero r√°pidamente se recuper√≥. La segunda parte de su misi√≥n era la m√°s importante. Se quit√≥ la camiseta y ense√Ī√≥ su pecho sin tapujos. "QUEREMOS PAZ. LA PAZ ES LA META" pod√≠a leerse en letras rojas en su pecho. Se llev√≥ una gran ovaci√≥n.

# 261 Claudia Gómez Zaragoza

 

Retroceder para avanzar

Me encontraba en el Paseo de San Antonio a las 12:30 AM del 31 de diciembre dispuesta a emprender mi marcha. Sin titubear, me dirig√≠ a la Plaza de Cuatro Caminos para enfilarme hacia el Paseo del Rollo y torcer hacia la Avenida de los Comuneros... Realizaba la carrera inversamente porque estaba retrocediendo en lo acontecido en este 2023 a raz√≥n de 3 meses cada 2.5 Km. A medida que avanzaba iba repasando desde enero hasta d√≠a de hoy los buenos, malos y momentos de los que deb√≠a aprender en un recorrido en el que mi mente trabajaba m√°s que mi cuerpo. Acab√© llegando al punto donde comenc√© para tener un nuevo inicio. Ahora son las 12:30 PM y estoy lista para empezar la San Silvestre Salmantina mirando hacia adelante en el tiempo con los valores de energ√≠a, esfuerzo y compa√Īerismo para 2024.

# 260 Juan José Sánchez Benito

 

La San Silvestre, gran recuerdo charro.

No hab√≠a salido nunca del pueblo y la primera vez que visit√≥ Salamanca vio que por la calle corr√≠a mucha gente con camisetas de vistosos colores y deportivas de las que √©l nunca tuvo. Un escalofr√≠o jam√°s notado recorri√≥ su cuerpo. Al volver a su chiquitina aldea empez√≥ ahorrar para comprarse aquel calzado y le pidi√≥ a los padres que √©l tambi√©n quer√≠a correr. Le impresion√≥ tanto como los hermosos monumentos. Particip√≥ a√Īo tras a√Īo pero en la mili no le dieron permiso y se escap√≥. No se la pod√≠a perder. Se acordaba que si un Rey dijo que Par√≠s bien val√≠a misa, por la San Silvestre no le importaba un arresto. La guardia qued√≥ cubierta porque se la hizo un amigo y gan√≥ pero no pudo festejarlo pues la polic√≠a militar se lo llev√≥ nada m√°s cruzar la meta. No pas√≥ nada. Con m√°s de cincuenta a√Īos sigue corriendo.

# 259 M DOLORES RODRIGUEZ CANILLAR

 

El color de las suelas

El calor comenzaba a hacerse latente en aquella ma√Īana de invierno en la que pronto dar√≠a comienzo la San Silvestre Salmantina. Hac√≠a ya tiempo que las mangas largas hab√≠an quedado escondidas en alguna esquina del armario. El pistoletazo de salida inund√≥ de colores la ciudad, visitando en cada zancada los monumentos que tanto la representaban. A su paso por la catedral, las g√°rgolas se retorcieron para no perderse el evento. Asombradas, observaron como las calles empedradas se hab√≠an te√Īido de colores. Los corredores, con la ilusi√≥n que los caracterizaba, solamente se percataron de ello cuando, al llegar a la meta, exhaustos por el calor, observaron sus pies casi desnudos. Ahora, s√≠, dijo alguien, era hora de tomarse en serio el cambio clim√°tico.

# 258 Martin Etchegaray

 

Educación de calidad

Entrenar tres veces por semana, desv√≠ar la mirada frente a mi boller√≠a favorita, lavar camisetas que huelen a algo que me niego a reconocer como propio. Todas las semanas del a√Īo, hasta llegar a la Salmantina. ¬ŅPor qu√© lo hac√©s? - pregunta mi hija, la de catorce. Noto en su voz una nota reprobatoria. No respondo. La carrera est√° por comenzar y no es hora de enzarzarse. Aparco en un hueco de la Plaza Parra y enfilo hacia el Paseo San Antonio. Ella se pone los cascos y se pega al m√≥vil. S√© que viene detr√°s m√≠o, pero de todas maneras tuerzo el cuello para estar seguro. Hora y media m√°s tarde, atravieso la l√≠nea de llegada. Unas manos an√≥nimas me acercan un vaso de papel con agua. Bebo mientras siento la sangre latir en mi o√≠do. All√≠ est√° mi hija. Me llama sonriente. Al fin s√© que decirle.

# 257 Andrés Fuentealba

 

Nubes plomas de invierno

El gélido sol de invierno iluminaba las calles inquietas. Yo esperaba el aviso para salir y demostrar mi dedicación, la dedicación que tanto me había costado. Anunciaron la salida y por mi propio cordón me tropecé, cayendo hacia un costado. Y ahí en el suelo pude ver cómo las personas avanzaban sin mi, vi cómo mi esfuerzo caía y era aplastado por los miles de pies indiferentes y vi como mi entusiasmo se esfumaba hacia el sol triste.

# 256 Paula G. D.

 

Dale, Lola

Casi no tengo fuerzas. Cada instante que pasa noto c√≥mo los dem√°s me pasan de largo poco a poco, como si los viera a c√°mara lenta. Como si yo estuviera caminando hacia atr√°s. Da igual lo que sienta; no me arrepiento de haber venido. Pero si me sigo emocionando de esta manera va a llegar un momento en el que las l√°grimas me nublen por completo la vista, una ya no es lo que era. ¬°Dale, Lola! Las voces que me animan entre las gradas me atraviesan todo el cuerpo y me llegan a los pies en forma de descarga el√©ctrica. No debo girar mucho la cabeza, pero s√© que mis nietos est√°n por esta zona y, durante los escasos segundos en los que me permito mirar de reojo, incluso me parece verles d√°ndome √°nimos. Este a√Īo es mi √ļltima y, sea como sea, la voy a terminar.

# 255 Jes√ļs L√≥pez Berzosa

 

Prop√≥sito de fin de a√Īo

El pistoletazo de salida reson√≥ por la avenida y un fuerte clamor recorri√≥ las filas del p√ļblico mientras daba comienzo la carrera. Miles de almas se lanzaron impulsadas por una ciega voluntad entre las calles de Salamanca el d√≠a de San Silvestre. Una de ellas era Luc√≠a. Hasta hac√≠a una semana no se le habr√≠a ocurrido participar en aquella vor√°gine fren√©tica, pero hab√≠a descubierto algo que la hab√≠a impelido a hacerlo. Hab√≠a pasado un a√Īo desde la prematura muerte de su madre. La chica de veinte a√Īos por fin se hab√≠a atrevido a entrar en su dormitorio, a√ļn intacto, y hab√≠a encontrado un diario entre sus cosas. Luc√≠a supo entonces de la tristeza oculta de su madre, a√Īo tras a√Īo, por no haber completado todav√≠a su primera salmantina por culpa de las sesiones de quimioterapia. Luc√≠a lleg√≥ la √ļltima a la meta. Un aullido brot√≥ de su garganta: ‚ÄĒ¬°Hecho, mam√°!

# 254 Cristina Filardo Llamas

 

La piedra blanca como testigo

La ma√Īana amaneci√≥ g√©lida. Un aire helado enrojece orejas, acatarra puntas de nariz, entumece dedos de los pies. Camisetas t√©rmicas, zapatillas ligeras de alto rendimiento, brazaletes con auriculares inal√°mbricos. Sombreros de lana entre el publico, bufandas coloridas abrigan miradas que aplauden, sonrisas que sostienen. Es su primera carrera, la primera competici√≥n tras el √ļltimo tropiezo, la en√©sima reca√≠da. A√Īos de sufrimiento, dependencia y adicci√≥n. Familias rotas, ilusiones quebradas, fracaso y decepci√≥n . Un silbato anuncia el inicio. Piernas que corren, corazones que galopan y una piel que se eriza con cada palabra de aliento, con cada palmada para infundir valor. Est√° decidido. La San Silvestre ser√° el final de la lucha contra su enfermedad. El comienzo de una nueva vida. Las torres de la Catedral, la Clerec√≠a de fondo, la piedra blanca como testigo.

# 253 Miguel √Āngel Caballo Cuesta

 

Amanece en Salamanca. Corre. Sue√Īa.

Amanece en Salamanca. Se despierta temprano, cierra sus ojos. Comienza a so√Īar. Me confes√≥ un sue√Īo retenido en su memoria. Puerta de Zamora, Plaza Mayor, Puente Romano, Paseo de San Antonio. Destellos dorados sobre fr√≠a piedra salmantina. Oro viejo. Melod√≠a de zapatillas sobre negro asfalto. Recuerdos de una tierra al comp√°s de la dulzaina. A√Īoranza. Brisa suave y tenue entra por la ventana. Contin√ļa so√Īando. Me dibuj√≥ una sensaci√≥n archivada en su memoria. Magia, est√≠mulo, pasi√≥n, deseo de sentirse vivo. Sabor a despedida del a√Īo que termina. Uvas y campanas. Carrera de 7887 latidos que marcan el pulso de la provincia charra. Lienzo en blanco para el a√Īo que arranca. Esperanza. Abre los ojos. ¬ŅTe acuerdas? Este a√Īo quisiera convencerte. Los sue√Īos est√°n hechos de eso. Realidad. Corre. Sue√Īa.

# 252 paulo molleda puente

 

PAPA

Se lo debo a mi padre. Y a mi madre que tiene que aguantar sus malos humores desde que qued√≥ condenado a vivir esclavo de una silla de ruedas. √Čl que hab√≠a corrido tant√≠simas veces la San Silvestre, ahora estaba postrado sinsalir de casa. Cada a√Īo, durante los √ļltimos seis, encend√≠a la televisi√≥n, pon√≠a la radio y se asomaba a la ventana s√≥lo para no perderse ni un minuto de su carrera favorita. Y el a√Īo pasado vimos como se levant√≥ de la silla y avanz√≥ dos peque√Īos pasos antes de que rendido se desplomara sobre la silla. ‚Äď¬ŅQu√© haces, Pap√°? ‚ÄďLe dije ‚Äď ¬ŅNo ves que puedes hacerte da√Īo? ‚ÄďEntrenar para correr la San Silvestre contigo ‚ÄďDijo Ahora estoy en la salida, agarrando su silla, para correr y empujar todo lo que pueda. Me conformo con llegar y que √©l, con sus brazos abiertos cruce la meta.

# 251 M.Carme Marí Vila

 

Carta certificada

A la atención de la organización de la San Silvestre Salmantina. Ha llegado a mis oídos que un inscrito en la carrera piensa jugar sucio. Primero echará líquido de hacer la permanente a las calles del recorrido para que se llenen de ondas en movimiento, quedando cuesta arriba para los participantes en cabeza, y luego surfeará sus rizos cogiéndolas curvadas hacia abajo a su paso. Tras conseguir dejar atrás a sus adversarios con esta técnica, esparcirá queratina para alisar el tramo final, con ello podrá mantener la distancia ganada y alcanzar la meta en solitario sin complicaciones. Urdió el plan observando a su mujer en la peluquería y él, pese a ser calvo, ya ven que no tiene ni un pelo de tonto. Les envío este aviso para que puedan detenerlo en su intento y así brindarnos, al resto de corredores, opciones de triunfo. Cordialmente, el marido de la peluquera.

# 250 Víctor Manuel Riego Gato

 

√Ācido aminobut√≠rico

Siempre me ha costado dormir la noche antes de una carrera y la San Silvestre Salmantina de este a√Īo no iba a ser una excepci√≥n. Un amigo me hab√≠a comentado que tomando una cerveza antes de irme a la cama el alcohol actuar√≠a sobre el √°cido aminobut√≠rico, un neurotransmisor que inhibe los impulsos entre las c√©lulas nerviosas y tiene un efecto calmante, y que podr√≠a conciliar el sue√Īo sin problema alguno. Pues no s√© si fue el neurotransmisor, la c√©lula nerviosa, el √°cido gamma o la falta de costumbre en la ingesta de alcohol pero, tras dos latas de cerveza para asegurarme el efecto somn√≠fero, la noche transcurri√≥ pl√°cida y el sue√Īo result√≥ reconfortante y placentero, tanto que cuando Morfeo me solt√≥ de sus garras quedaban diez minutos para el comienzo de la competici√≥n. Creo que para la pr√≥xima edici√≥n obviar√© el l√ļpulo.

# 249 David Alexander Hernandez Quintero

 

Ese es el código

La vor√°gine de eventos que se cernieron sobre su vida le ten√≠an aturdido, pero se incorpor√≥. Como una oleada de ruido, que se quiere evitar, pero es imposible, llegaron a su mente cada uno de los recuerdos. Su esp√≠ritu se sofocaba con dolor recalcitrante, arrepentimiento inescapable y melancol√≠a. Se puso de pie, porque ese era el c√≥digo. Continu√≥ la carrera. "Un paso a la vez" repet√≠a para s√≠, mientras armonizaban sus jadeos y esa m√ļsica extra√Īa que producen los zapatos al chocar contra el suelo. Momentos m√°s tarde, era anunciada la llegada del competidor 1622 quien hab√≠a alcanzado el vig√©simo s√©ptimo puesto. Pocos entender√°n lo parad√≥jico que es encontrar descanso en el agotamiento y paz en la violencia del pulso al correr. El competidor 1622 no gan√≥ una medalla, pero sobrevivi√≥ a s√≠ mismo; a su cotidianidad.

# 248 Jose Luis Hornero Puente

 

PENSANDO CON LOS PIES ANTE UNA NUEVA NORMALIDAD

Empezaron a tranquilizarnos nombr√°ndola como "nueva normalidad" pero realmente no sab√≠amos que significar√≠a. Pasado un tiempo se dej√≥ de hablar de ella. Lo cotidiano retom√≥ su lugar entre necesidades, problemas, disputas y soluciones... Recuperamos poco a poco, los que pudimos, casi todo lo abandonado durante m√°s de dos a√Īos, con algunos nuevos matices que no tuvieron demasiada repercusi√≥n. Eso no me preocupa ahora en exceso, si no fuera porque antes de ese tiempo inesperado mis pies corr√≠an reaccionando con prontitud al contacto con el suelo mientras imaginaba nuevas gestas de superaci√≥n. Sin embargo hoy me calzo mis zapatillas y me cuesta bastante m√°s. Mi cabeza sigue so√Īando como anta√Īo pero ellos me piden, por favor, que no les obligue ante su "nueva normalidad" algo m√°s envejecida. Ha llegado mi momento de pensar con los pies y no con la cabeza

# 247 Ruy Garcia Irizar

 

Cazo y Corro!

Salimos al amanecer en grupo lanzados por un premio. Corro. Corro contra el viento. Contra todos! Salto. Corro. Acelero la marcha. Corro m√°s r√°pido. El grupo se ha disgregado. Corro solo. Salto una rama ca√≠da. Corro. Quiero ser el primero en llegar al vado. All√≠ est√°n las presas bebiendo agua fresca. No habr√° presas para todos. Debo ser el primero. Me arrastro sigilosamente en el pastizal acerc√°ndome a la meta. Preparo mi lanza. Me pongo de pie. Me arqueo y mi grito gutural acompa√Īa la jabalina hasta la presa sorprendida. Todos aplauden en el estadio. Has logrado una corona de laureles y una presea valiosa en tu pecho. Los noticieros hablar√°n de ti! Ma√Īana, temprano, cuando salga el sol, ya estar√© corriendo. Contra el viento. Contra todos. Hacia el vado.

# 246 Ra√ļl D√≠az Barrios

 

Un tío preparado

Bueno, pues a ver qu√© nos encontramos este a√Īo, porque vaya tela. Cada vez es peor. Yo no se en qu√© piensa la gente. Mira esa, que pintas, a m√≠ nunca se me ocurrir√≠a venir as√≠. Y ese otro... Esta juventud no aprende, madre m√≠a. Ten√≠an que fijarse en m√≠, un t√≠o preparado, con su edad, pero preparado, como Dios manda. Que sabe c√≥mo hay que presentarse en estos eventos. Si es que siempre lo digo: ¬°a la Sansil se viene disfrazado! Uy que se me cae la cola de dinosaurio...

# 245 ALBERTO ROMAN CARPIO

 

MOVIMIENTO GANADOR

Creo que poseo las cualidades necesarias para por fin conquistar este a√Īo la San Silvestre; ¬ŅPor qu√© digo eso? Porque me pongo en marcha en seguida, porque acelero el paso para coger el ascensor y no coincidir con alg√ļn vecino, porque salgo pitando de misa, porque me he corrido medio mundo, porque pongo los pies en polvorosa ante una situaci√≥n problem√°tica, porque en mi trabajo vuelo, porque salgo zumbando a tomar una ca√Īa cuando me llama cualquier amigo, porque no piso el freno nunca, porque voy a todo correr en mis relaciones amorosas, porque salgo disparado en cu√°nto advierto al jefe cerca, porque alargo el paso cuando veo que pierdo el bus, porque no paro quieto ni en ning√ļn sitio. Seguro que te ha quedado claro ya porque pienso que puedo ganar la carrera, ¬Ņno? Pues esp√©rame ah√≠ un momento, que tengo alas en los pies y te lo explico.

# 244 Maite Berrueta Santos

 

¬°Tente, necio|

Sali√≥ bien, en el segundo caj√≥n. La cuesta de Oviedo hizo su selecci√≥n natural y fue al empezar a bajar por la calle Veracruz cuando vio algo raro. Una muchedumbre corr√≠a hacia √©l, todos con el rostro desencajado. Empujones, gritos... ¬ŅUn bramido? De repente, entre la algarab√≠a se alz√≥ una voz clara, firme, imperativa: ¬°tente, necio! Su reacci√≥n inmediata, y la de los dem√°s corredores, fue detenerse. Un silencio sepulcral invadi√≥ el casco hist√≥rico pero, transcurridos apenas unos segundos, el silencio dio paso a v√≠tores y gritos de j√ļbilo. Como si despertara de un sue√Īo, comenz√≥ de nuevo a correr. Al final de Libreros vislumbr√≥ el p√ļblico que reaparec√≠a a ambos lados de la calle. Horas despu√©s busc√≥, in√ļtilmente, en la prensa digital los resultados de la San Silvestre. Todos los titulares destacaban la haza√Īa del fraile Juan Gonz√°lez, natural de Sahag√ļn.

# 243 Luis Javier Ruiz Lería

 

Héroe

Luces. M√ļsica. Gritos. Abrazos. Tiendas hiperactivas. Valientes en pantal√≥n corto desafiando al fr√≠o. La niebla imponiendo su dictadura invernal‚Ķ No sol√≠a fustigarse con su situaci√≥n, pero el a√Īo reserva amargas sensaciones para su despedida: recuerdos de tiempos 'normales‚Äô convertidos en afilados pu√Īales. La mente tampoco edulcora su realidad: soledad, tristeza, rechazo‚Ķ repite insistentemente. Contempl√≥ el puente S√°nchez Fabr√©s. Un escenario id√≠lico para cerrar una existencia prescindible. Desde la barandilla se despidi√≥ de la ciudad. Al fondo, el dorsal 002 de la San Silvestre cruzaba en soledad el puente. Esa noche, ambos alcanzar√≠an sus metas. Salt√≥. El Tormes le cort√≥ la respiraci√≥n. Previsible. No como la mano que le agarr√≥ alej√°ndole del fondo. Era un rostro familiar. El del cartel de la carrera. √Čl tambi√©n encontr√≥ un brazo amigo en alta mar, le confes√≥ en la orilla. Desde entonces no hab√≠a dejado de ganar carreras. -Esta es la mejor-, le sonri√≥.

# 242 Sergio Capit√°n

 

La bisagra de una vida

Este a√Īo cumpl√≠ cincuenta. La bisagra de una vida, siendo optimista. Muy optimista. Mientras soplaba las velas mir√© a mi mujer, ausente, y a mis hijos adolescentes, que tuvieron la decencia de quitarse los cascos durante la cena. Lo de los m√≥viles lo dej√© para otra ocasi√≥n, hubiera tensado demasiado el ambiente. De repente son√≥ mi tel√©fono de empresa. Como siempre, una llamada urgente de un trabajo mal pagado y poco motivante. ¬ŅQu√© hago yo con esta vida que no quiero? Antiguamente, los hombres superaban la crisis de los cincuenta flirteando con veintea√Īeras o comprando una moto. Ahora hay alternativas m√°s sanas y as√≠ decid√≠ empezar con el deporte. Ayer debut√© en la San Silvestre Salmantina. La experiencia fue brutal. Vi durante la prueba un local libre en el que podr√≠a montar mi propia panader√≠a. Y, lo mejor, los ojos del morenazo que me dio el avituallamiento en meta.

# 241 Miguel Rafael Pérez Hernández

 

Huellas de osadía

Entre los corredores de la San Silvestre Salmantina, destaca la determinaci√≥n de Lourdes, quien se ha preparado para este d√≠a. A su lado, Santiago, un joven entusiasta, muestra una sonrisa a pesar del cansancio. Tambi√©n est√° Luisa, una corredora apasionada que enfrenta el desaf√≠o con coraje y gracia. Los tres amigos se adentran en la carrera y tras recorrer el kil√≥metro seis, Lourdes, Santiago y Luisa se apoyan mutuamente. Cada paso es testimonio de amor por el deporte. El sonido de los tambores resuena en sus o√≠dos y el aliento de la multitud los impulsa hacia delante. Sus piernas arden, pero su esp√≠ritu los apura y llegan a la meta. Lourdes, Santiago y Luisa se abrazan, celebrando el logro. Han demostrado qu√© con determinaci√≥n y apoyo mutuo, pueden alcanzar los objetivos que se propongan. En las calles de Salamanca, esta haza√Īa ser√° distinguida como un ejemplo de amistad.

# 240 JOS√Č ANTONIO LE√ďN LLORENTE

 

CADA UNO EL SUYO

Aquella ma√Īana fr√≠a la esperaba llena de dudas y temores. Su medio siglo nunca hab√≠a sentido aquel bullicio. Multitud de experimentados la rodeaban hasta hacerla sentir fuera de s√≠. Los disparos de salida resonaron, sumergi√©ndola por completo en la marea de corredores. Cada paso, un desaf√≠o; cada aliento, un recordatorio de su falta de preparaci√≥n. Pero algo dentro de ella se negaba a capitular. Record√≥ a su padre, quien siempre le dec√≠a que la perseverancia era la clave de todo. El agotamiento amenazaba con vencerla, pero se oblig√≥ a continuar. El empedrado se extend√≠a ante ella, lleno de reflejos centelleantes que parec√≠an gui√Īarle un ojo c√≥mplice. Cuando finalmente cruz√≥ la l√≠nea de meta, una oleada de emoci√≥n la invadi√≥. Hab√≠a superado su miedo y sus l√≠mites. Aquella no solo fue una carrera, tambi√©n una lecci√≥n de vida. Un homenaje a la superaci√≥n de los obst√°culos. Cada uno el suyo.

# 239 Alvaro García Pariente

 

Sin ti

Cuando oigas este mensaje estar√© corriendo la San Silvestre. S√© que t√ļ primera reacci√≥n ser√° de sorpresa, luego de incredulidad y por √ļltimo de rabia que aliviar√°s cerrando los pu√Īos y golpeando nuestra foto. No lamento haberte enga√Īado, ahora me resulta c√≥mico, cuando sal√≠a para visitar a mi madre, en el bolso escond√≠a la ropa de deporte. Entrenaba en soledad, la misma que he sentido estos a√Īos contigo. Hoy estar√© arropada por todos los participantes, juntos por las calles de Salamanca. No importa nuestro pasado, procedencia, angustias o miedos, nos une correr, disfrutar de la competici√≥n y de la ciudad. No volver√©, no me busques, no quiero nada tuyo, qu√©date hasta el perro, cuidarlo te ayudar√° a madurar. Gracias a mi esfuerzo, y sin tu apoyo, cruzar√© la meta, y ser√° el banderazo de salida a mi nueva vida.

# 238 Nieves Pérez Moreno

 

PONER PIES EN POLVOROSA

Corro cuando siento a mi marido llegar. Corro para esquivar susurros ahogados y torpes besos macerados en alcohol. Me impulso para no pisar mi autoestima herida, ajada como la hojarasca en descomposici√≥n. Me ato los cordones y pongo pies en polvorosa, zancada tras zancada, aspiro el aire de la ma√Īana que me hace flotar sobre la triste realidad. Cruzo el puente sobre el r√≠o Tormes, tengo miedo de no poder enfrentarme al verraco de piedra que espera impasible como un coloso descabezado. Una compa√Īera me tiende su mano contagi√°ndome de confianza, y ahora s√≠‚Ķ acelero olvidando la pena en el otro lado, corro r√°pido, muy r√°pido, para recuperar mi vida perdida. Cruzo la l√≠nea de meta y no puedo parar‚Ķ y es que esto no ha hecho m√°s que empezar. Ma√Īana no ser√° cualquier a√Īo, ser√° un ¬°FELIZ A√ĎO NUEVO!.

# 237 Josefina García Garrido

 

La verdadera cuenta atr√°s

Adela lleg√≥ como pudo a casa, dej√≥ los ramos de flores y el reloj de mu√Īeca, que sus compa√Īeras le hab√≠an regalado despu√©s de 35 a√Īos de servicio en la Administraci√≥n local Salmantina. Se calz√≥ las zapatillas, se puso su bata azul perla, y se sent√≥ en su sill√≥n orejero. Toda una vida trabajando y ahora qu√©. Mir√≥ su tel√©fono, WhatsApp, felicitaciones sobre su nueva vida. Decidi√≥ cerrarlas. Trasteando con el m√≥vil se activ√≥ la pantalla, donde apareci√≥ un reloj digital marcando una cuenta atr√°s. Le llam√≥ la atenci√≥n los colores rojos, negros y amarillos de la convocatoria donde aparec√≠a un reloj que no dejaba de descontar el tiempo. Ley√≥ detenidamente: las inscripciones comenzar√°n el d√≠a 3 de noviembre a las 00 horas. Dej√°ndose llevar. Fue rellenado datos y dio a enviar. El 31 de diciembre estar√≠a empezando una verdadera cuenta atr√°s en la San Silvestre Salmantina. Ya estaba feliz.

# 235 Javier Castrillo Salvador

 

EL √öLTIMO RETO

EL √öLTIMO RETO Este a√Īo me hab√≠a propuesto un nuevo y complicado reto en la Sansil. Sal√≠ fuerte, sorprend√≠ a todos. Me puse en cabeza durante los primeros quinientos metros y, poco a poco, empec√© a ceder terreno. Hacia el Puente Romano me situaba a medio pelot√≥n. Estaba disfrutando de lo lindo, viendo c√≥mo me rebasaban juniors, damas y seniors, a m√≠, a una promesa. Pero no iba a ser tan sencillo. A mis espaldas se perd√≠a de vista la hilera de corredores que empezaban a pasarlo realmente mal. Fui bajando el ritmo y animando a cada uno de ellos cuando me rebasaba. En el Alto del Rollo, cuando ya cantaba victoria, gir√© la cabeza y comprob√© que un veterano sub√≠a renqueando. Afloj√© al m√°ximo. En Cuatro Caminos est√°bamos casi a la par. Esprint√≥ y me gan√≥. Fui el √ļltimo. Recib√≠ mi mejor ovaci√≥n.

# 234 Carolina S√°nchez de la Torre

 

200 METROS

Por fin hab√≠a llegado el d√≠a que Carla llevaba esperando desde hac√≠a dos a√Īos. El 31 de diciembre, y no porque fuese el √ļltimo d√≠a del a√Īo; sino porque llevaba dos a√Īos prometi√©ndole a su padre que iba a correr la San Silvestre Salmantina. Desgraciadamente, su objetivo era correr la carrera con su padre, pero en verano sufri√≥ un accidente que arruin√≥ esos planes. Desde ese entonces, Carla se hab√≠a dedicado todos los d√≠as a entrenar y a practicar el recorrido, deseando que llegase el d√≠a. Se hab√≠a apuntado en el primer caj√≥n, no estaba muy segura, pero quer√≠a hacerlo. Quedaban 200 metros para la meta. Carla iba segunda y se acord√≥ de lo que su padre le dijo en estas ocasiones: ve lo m√°s r√°pido que puedas, sin pensar. Carla aceler√≥ y cruz√≥ la meta dejando al otro corredor atr√°s. Hab√≠a ganado.

# 233 José Agustín Blanco Redondo

 

Los vientos del invierno

Un frío de escarcha se aprieta en los párpados de Antonia, entumece sus labios, arrastra el rubor de la sangre hacia sus mejillas. La emoción de la carrera riela en esa mirada que se desliza sobre la cuesta del Palacio de Congresos, sí, puedes lograrlo, ahora. Una mirada esclava del compromiso que supone involucrarse en aquella prueba. No ha sido por solidaridad, ni por divertirse, tampoco por cobijar la gloria de la victoria. La Plaza Mayor soporta el frío con la hermosura inerte, monumental de sus soportales. La bajada de san Pablo y del Puente Romano se enreda con los vientos primerizos del invierno. Y tras tanto esfuerzo llega el descanso, esa tregua tan deseada, tan merecida. Porque esta carrera, Antonia se la dedica a Carmen, sí, acaba de regresar a casa después de tres meses en el hospital. Carmen, abuela, es para ti.

# 232 Mayte Blasco Bermejo

 

Guepardo

‚ÄúSi pudieras pedir un deseo, ¬Ņcu√°l elegir√≠as?‚ÄĚ, te pregunt√≥ tu hijo mientras jugabais a Aladino con la vieja l√°mpara de aceite que la abuela guardaba en el desv√°n. ‚ÄúCorrer como un guepardo‚ÄĚ, respondiste. ‚Äú¬ŅNo preferir√≠as ser un galgo o un caballo?‚ÄĚ, te pregunt√≥ √©l. Ahora, con un ins√≥lito aceler√≥n inicial, te colocas el primero de la carrera. ‚ÄúLos guepardos ganan siempre porque pueden acelerar de cero a noventa en cuesti√≥n de segundos‚ÄĚ, le explicaste al ni√Īo aquella tarde. Una brisa seca, demasiado c√°lida para estas fechas y estas latitudes, te roza la cara. Pronto dejas atr√°s al resto de corredores. El suelo adoquinado se llena de un polvo amarillento y los edificios renacentistas adquieren la forma arb√≥rea de viejos baobabs. Una pelambrera punteada asoma bajo tu dorsal con el n√ļmero veintiocho y, a escasos metros, un avestruz inquieto amenaza con robarte el primer puesto de la meta.

# 231 Silvia Cervellon Rovira

 

Muerte y resurrección en la San Silvestre Salmantina

- ¬ŅAna? - ¬ŅDime? ¬ŅNo puede esperar? Quiero llegar entera a la meta. - Espero que cuando lleguemos me sigas diciendo que s√≠. - ¬ŅQu√© s√≠ a qu√©? - Hace 2 a√Īos, corriendo √©sta misma carrera todo se desvaneci√≥ y lo √ļltimo que pens√© fue en ti. Quiero darte las gracias por estar siempre a mi lado, por ayudarme a superar todos los obst√°culos, por ser t√ļ y habernos encontrado. - ¬°Me diste un susto de muerte! - Ya, nunca mejor dicho. Ese humor tuyo es miel. ¬ŅEntonces s√≠? - No s√© de qu√© me hablas, quedan 500 metros, mejor me dices al llegar. Traspasada la meta Juan la cogi√≥ de la mano, se puso de rodillas (siempre le gust√≥ lo teatral) y le pidi√≥ que se casara con √©l. Ella, aunque jadeando, dijo que s√≠, claro.

# 230 Leonardo Fabián Berbesí Quintero

 

Resurrección.

El Sistema nos dice que consumamos bollos, galletas, Coca Cola, harinas refinadas, licores y eso nos intoxica y nos enferma. Tambi√©n nos dice que vivamos para trabajar, para aplastar a los otros, llegando a ser los mejores y as√≠ poder comprar coches e hipotecarnos con el banco, para adquirir una casa acorde con nuestro elevado status social. La mayor√≠a hemos hecho eso durante a√Īos y nos hemos engordado, envejecido, llen√°ndonos de cosas materiales y perdiendo lo mejor de la vida. Eso me sucedi√≥ a m√≠. Cuando mi esposa me dej√≥, llev√°ndose a mi hijo, me qued√© solo, obeso, deprimido y enfermo. Me quer√≠a suicidar. Pero el deporte me rescat√≥. Ahora estoy corriendo todas las ma√Īanas y me siento un hombre nuevo, he rebajado, estoy m√°s √°gil y sano, me siento m√°s seguro de m√≠ mismo, he encontrado un mejor trabajo y tengo un nuevo amor. Correr ha sido mi resurrecci√≥n.

# 229 María Rosa Mesa Méndez

 

Sanando heridas

Mi padre fue un psic√≥pata. √Čl no dejaba que yo saliera a la calle a jugar, por lo que no tuve amigos y no aprend√≠ a nadar, ni a patinar, ni a correr. Todo me lo prohib√≠a. Una vez me vio intentando montar bicicleta y delante de mis primos me grit√≥, se quit√≥ el cintur√≥n y me golpe√≥. Aquello fue un infierno. Y algo que ten√≠a olvidado en el subconsciente, es que se met√≠a en mi cama y abusaba de m√≠. Mi madre tambi√©n fue v√≠ctima y la he perdonado. Al final, mi padre nos abandon√≥. Ahora s√© que tengo secuelas, pero he estudiado, soy arquitecta, estoy casada, tengo un hijo sano y con cuarenta a√Īos estoy haciendo deporte. As√≠ que correr me est√° ense√Īando a curar las heridas de mi ni√Īez, a comprender que soy muy fuerte mentalmente, que nada es imposible, que merezco ser valorada y ser libre.

# 228 Paola Lizbeth Sandoval Bermudez

 

El Eco de la Despedida

Me par√© en la l√≠nea de partida. Mis zapatillas tocaron el asfalto fr√≠o, mi aliento se mezcl√≥ con el de miles de corredores ansiosos. La emoci√≥n palpitaba en m√≠, como los latidos de un reloj que marcaba los segundos que quedaban en el a√Īo. El disparo retumb√≥ en el aire, y me lanc√© a la carrera. Cada paso era un eco de los d√≠as que dejaba atr√°s, con alegr√≠as y desaf√≠os, amores y despedidas. La meta se alzaba como un faro en la distancia, igual que un nuevo a√Īo lleno de promesas. El sonido de las zapatillas golpeando el pavimento se convirti√≥ en una canci√≥n de despedida y bienvenida. Cuando cruc√© la l√≠nea de llegada, abrac√© el futuro con el mismo fervor con el que dejaba atr√°s el pasado. La San Silvestre no era solo una carrera; era un ritual de renovaci√≥n, una celebraci√≥n de la vida en constante movimiento.

# 227 Carlos Andrés Soto Vargas

 

3 A.M.

Despierto s√ļbitamente y compruebo que son las 3. Creo que la emoci√≥n de correr la San Silvestre Salmantina me tiene algo inquieto. No ha pasado m√°s de una hora desde que me despert√© y sigo sentado en mi cama, solo y cada vez menos presente en esta vida. Repaso algunos recuerdos importantes y cuando vuelvo a la realidad, ya estaba rumbo a la carrera. En 15 minutos inicia la san silvestre. Tomo mi lugar tan emocionado como siempre. Se dio la partida y sal√≠ corriendo agresivo, con todas mis fuerzas, para despu√©s regularme y buscar un remate potente. Voy corriendo y mirando esos paisajes tan queridos para mi, recordando otras careras de otros a√Īos, competidores que frecuentemente veo, nuevos participantes y claro, aprecio la ciudad. En esta ocasi√≥n estaba orgulloso de ser el √ļnico espectro en estar corriendo y de pronto lo supe: al cruzar la meta, desaparecer√≠a.

# 226 VIRGINIA RODR√ćGUEZ CASTRO

 

CORRER M√ĀS QUE EL TIEMPO

Sim√≥n ya no era Sim√≥n. Hac√≠a muchos meses que dej√≥ de serlo. En el momento en que se te olvida tu nombre, uno parece que desaparece. Ya no pod√≠a conducir, recordar su DNI o de qu√© color ten√≠a los ojos su madre. ¬ŅC√≥mo iba a saber qu√© hac√≠a all√≠? De repente un: ¬°Vamos pap√°! Una voz que le son√≥ de antes y de ahora a la vez. Su hija le miraba y sonre√≠a desde la acera, en la l√≠nea de salida. Recordaba lo que √©l no. Y correr la Salmantina siempre fue para √©l de obligado cumplimiento. As√≠ que le inscribi√≥ en la carrera, le endos√≥ las zapatillas de deporte y dese√≥ con todas sus fuerzas que la memoria que le quedaba no corriera m√°s deprisa que √©l. Cuando dio comienzo, Sim√≥n no se movi√≥. Se gir√≥, mir√≥ a su desconocida fan y le dijo: GRACIAS. Y empez√≥ a correr.

# 225 Roc Esquius Miquel

 

la belleza

la belleza Conc√©ntrate. S√≥lo ser√°n dos minutos. Est√° ah√≠, justo cuando termine la calle Zamora. Me duele el pie. Conc√©ntrate. Has mirado mil veces las fotos, los videos, la has visitado doce veces este a√Īo, una por mes. No te volver√° a pasar, este a√Īo no. Tienes que seguir corriendo. Ya llegas. Ah√≠ est√°n las arcadas‚Ķ Para arcadas, las que tuve el a√Īo pasado. ¬°Maldita s√≠ndrome de Stendhall! ¬°Conc√©ntrate, Jorge! Este a√Īo no vas a quedarte pasmado mirando la Plaza Mayor, vas a cruzarla, s√≥lo ser√°n dos minutos, y continuar√°s corriendo hasta llegar a la calle del Poeta Iglesias. Tienes que conseguir correr la San Silvestre Salmantina entera. Por Marta, porqu√© ella ya no puede correrla, y porqu√© ella te ense√Ī√≥ la aut√©ntica belleza de‚Ķ ‚Ķ Marta, voy a quedarme dos minutos aqu√≠ y sigo corriendo. Hay que saber correr y hay que saber parar. Qu√© bonita es la Plaza Mayor.

# 224 Ainhoa Rivero Martin

 

Dispara por favor

Dispara por favor Zapatillas, calcetines, pantal√≥n, camiseta ,imperdibles y dorsal, ya estoy esperando en la l√≠nea de meta. Me mezclo entre los dem√°s corredores y empiezo a sentir mi coraz√≥n. Cada vez m√°s r√°pido, cada vez m√°s fuerte. Cuenta atr√°s ,10,9,8,7, ...el disparo de salida suena y mi cabeza empieza a desconectar por las calles de Salamanca. Pienso en ti y que me estas mirando desde las nubes que esta ma√Īana ocultan el sol. Me aplaudes y te sonri√≥. Cierro mis ojos y vuelo , vuelo hasta el final .

# 223 Silvana de F√°tima Santacruz Burbano

 

agorería

el atleta lleva abnegadamente, al lado izquierdo del n√ļmero 13, el √ļltimo aliento.

# 222 jhon felipe benavides narvaez

 

artificio

Esta ser√≠a la √ļltima vez que le ganar√≠a. Decidida a superarlo, vestir√≠a sus m√°s c√≥modas prendas para mejorar ostensiblemente su trote. La guada√Īa en su mano izquierda ser√≠a un artificio de m√°s para hacerla lucir mejor.

# 221 Daylet Brizeida Méndez

 

La Reina Del Atletismo

Estaba con sus dedos cruzados frente al televisor, viendo a la selecci√≥n masculina de voleibol competir en los juegos ol√≠mpicos y al levantarse se dio cuenta que ella tambi√©n pod√≠a ser una atleta. Al d√≠a siguiente se dirigi√≥ al gimnasio con la determinaci√≥n de inscribirse en la disciplina de voleibol, pero que decepci√≥n no hab√≠a instructor, cabizbaja caminaba hac√≠a la salida, cuando oy√≥ que le preguntaban ‚ÄĒ¬ŅTe gustar√≠a practicar atletismo? Y desde ese momento no dej√≥ de correr y saltar, convirti√©ndose entonces en la reina del atletismo mundial.

# 220 Cristina S√°nchez Manzano

 

La carrera Mortal

En la San Silvestre Salmantina, una festiva carrera, un corredor fue asesinado, sumiendo a la multitud en horror. La v√≠ctima, un desconocido, yac√≠a inerte con una daga en el pecho, deteniendo la carrera y movilizando a la polic√≠a. Pero la sorprendente resoluci√≥n lleg√≥ de manera inesperada cuando otro corredor, an√≥nimo, se√Īal√≥ al enmascarado ganador como el culpable. Bajo la m√°scara, se escond√≠a un desconocido. En un giro impactante, el enmascarado confes√≥ el asesinato, desvelando una disputa misteriosa. A pesar del trauma inicial, la San Silvestre Salmantina del a√Īo quedar√≠a marcada por el crimen y su enigm√°tica resoluci√≥n.

# 219 Juan Lirio Castro

 

Las otras

Por fin lleg√≥ la fecha en que nos encontraremos con √©l. ¬ŅC√≥mo le habr√° ido este tiempo?, ¬Ņhabr√° rehecho su vida? Esperemos que no porque, a veces, eso supone que no acuda a nuestra cita. Somos conscientes de que nos esconde de las miradas de los dem√°s y que, habitualmente, queda con otras m√°s j√≥venes y modernas que nosotras, pero‚Ķ ¬°ninguna podr√° ofrecerle lo que hemos compartido todos estos a√Īos! Es lo que tiene tener experiencia. Conste que eso es lo que compensa su abandono habitual y que no nos saque nunca a pasear. Pero claro para eso est√°n las otras, las oficiales, las nuevas, las que todo el mundo valora por estar de moda y ser deseadas. Pero hoy es la san silvestre salmantina y nada evitar√° que nos encontremos. A fin de cuentas‚Ķ ¬°somos las zapatillas con las que siempre ha ganado todas las pruebas de atletismo!

# 218 Emilio del Prado Benito

 

Volver a juntarnos

Hab√≠a llegado al famoso paseo donde todo comienza, justo al lado del patio del colegio, el mismo en el que hasta hace poco las agujas de mi reloj daban miles de vueltas entre l√°pices, cuadernos, juegos y sue√Īos. Ahora notaba el aliento de todo el grupo, cada latido de mi coraz√≥n rememoraba im√°genes mentales de compa√Īeros, algunos hoy a mi lado...son√≥ el disparo. Mi coraz√≥n que lat√≠a a mil por hora....se par√≥ en seco. Mi cuerpo cay√≥ contra el asfalto. Ladrillo a ladrillo, aquella barricada que nos iba a proteger, se desmoronaba mientras lo retrasmit√≠an los informativos. Aquel patio no me imagin√≥ cambiando l√°pices por balas, aquel reloj no pens√≥ que tuviera que pararse aquella ma√Īana. El mundo me miraba, pero no me ve√≠a‚Ķlos speaker de verde caqui segu√≠an dando instrucciones en la pantalla. ¬ŅPero yo? ¬Ņpor qu√©? Si no me apunt√© a esta carrera. Escuela n¬ļ21 Chernihiv, Ucrania.

# 217 Francisco Javier Alameda Barrasa

 

El reto de un veterano

Un viento g√©lido y desapacible helaba los huesos y el alma. El clima fr√≠o que experimentaban las tierras charras, especialmente a estas alturas de finales del mes de diciembre, tampoco ayudaba. Daba igual. Ten√≠a un objetivo y lo iba a dar todo para conseguirlo. No importaba ni la temperatura ni la fatiga. Atr√°s quedaron los temores. Atr√°s quedaron las operaciones y las prolongadas convalecencias hospitalarias. S√≥lo importaba una cosa: llegar a la meta. Cuando par√≥ su cron√≥metro sinti√≥ una felicidad extrema. S√≠, hab√≠a llegado al final exhausto y clasificado en √ļltimo lugar. No importaba. A sus ochenta y cinco a√Īos reci√©n cumplidos, completar la San Silvestre Salmantina ya era todo un regalo y una inolvidable experiencia.

# 216 Joan Comas Vidal

 

La llama eterna

Me dispon√≠a a correr la ya conocida carrera de San Silvestre de Salmantina, cuando un anciano me dijo: ‚ÄúBuenos d√≠as joven, le veo muy en√©rgico‚ÄĚ. ‚ÄúClaro, debo prepararme para ganar‚ÄĚ-respond√≠. ¬ŅY desde cuando el primero en llegar es el √ļnico vencedor? -replic√≥ entre risas- ‚Äú¬ŅAcaso disfrutar de esta jornada deportiva junto a familia y amigos no es un premio en s√≠? ¬ŅNo debes centrarte en buscar una buna marca y tratar de mejorar tu tiempo? ¬ŅNo has pensado en aprender a respirar correctamente, a usar una estrategia? Si solo persigues que te cuelguen una medalla, en vez de querer disfrutar y el √°nimo de mej√≥rate, como deportista has perdido, pues solo es un trozo de metal con cinta; pero los valores son joyas que brillaran eternamente‚ÄĚ. Tras aquellas palabras, me dirig√≠ a la salida con otra mentalidad; pues not√© como el esp√≠ritu de la llama ol√≠mpica lat√≠an en m√≠.

# 215 Alejandra Torron Fari√Īa

 

La carrera del a√Īo

Hab√≠a dormido fatal. Aquella noche, el viento no paraba de mover las copas de los √°rboles que parec√≠an bailar al comp√°s que les marcaba la batuta de un director de orquesta. Hab√≠a entrenado a conciencia para aguantar todo el recorrido de la carrera sin que me diese un s√≠ncope. Estaba nervioso puesto que ya no era un chaval. Con mis canas al viento y mis rodillas a punto lo dar√≠a todo por llegar a la meta. Con el dorsal 53, camin√© con paso decidido hacia el punto de salida. No hab√≠a visto tanta gente desde hac√≠a mucho tiempo. Brazos arriba, palmadas, risas nerviosas dibujadas en las caras de los participantes que aguardaban ansiosos el pistoletazo de salida. 3, 2, 1 ¬°Ya! La cinta se parti√≥ y con el coraz√≥n a mil dese√© con todas mis fuerzas que este a√Īo ten√≠a que ser mi a√Īo.

# 214 PILAR ALEJOS MARTINEZ

 

UTOP√ćA

Ya no utilizo la escritura como excusa para no hacer ejercicio. Ahora s√© que vivir es mucho m√°s que contar una historia sobre un papel. Por eso hoy, participo en la ¬ęSan Silvestre Salmantina¬Ľ. Con el pistoletazo de salida arranca la carrera en el Paseo de San Antonio. A medida que avanzo por sus calles, desaparecen los nervios y afloran los recuerdos. Los a√Īos de estudio, de amigos y risas en la universidad. En la Glorieta de los Milagros, me aferro a tu mano y a nuestro primer beso con sabor de futuro para dos. Al sue√Īo de un hogar compartido. Al deseo de ser padres. Al miedo a lo desconocido. A esa mirada de la ni√Īez con su universo infinito. S√© que parece imposible ganar la carrera, pero tampoco voy a rendirme. Me basta con nuestras alas para cruzar la meta y afrontar mi diagn√≥stico de ELA.

# 213 J.L. Ba√Īos

 

SIETE VIDAS

He vivido varias vidas en las cuales he completado no pocas sansilvestres salmantinas. Recuerdos y m√°s recuerdos que se agolpan en mi peque√Īa cabeza. Nunca se me olvidar√° aquella ma√Īana en el Paseo de San Antonio cuando Antonio, acompa√Īado de su bonita gata persa, me anim√≥ a voz en grito antes de comenzar la carrera; o cuando en Rector Esperab√© me esperaba Esperanza, amiga de acoger en su casa mininos callejeros, para ofrecerme un trozo de pescado con el que coger energ√≠as y continuar la carrera; o cuando en Poeta Iglesias un poeta en ciernes compuso unos hermosos versos en mi honor; o cuando en Compa√Ī√≠a me rodearon algunos universitarios para acompa√Īarme durante el resto del recorrido; o cuando‚Ķ Y es que yo, el lindo gatito Silvestre, seguir√© participando en esta carrera, que lleva mi nombre, hasta concluir mi s√©ptima y √ļltima vida.

# 212 Cristina Asenjo Fern√°ndez

 

POR HABLAR DEMASIADO

La celebraci√≥n se prolong√≥ hasta esta espl√©ndida ma√Īana de diciembre. Las tres parejas estamos animad√≠simas y muy contentas, aunque yo no recordaba nada de la fiesta. Segu√≠a disfrazado de bucanero, con mi cimitarra de pl√°stico colgada al cinto, rodeado de hombres y mujeres vestidos con variopintos disfraces de enfermeros, bomberos, m√©dicas, Dr√°culas con caras blancas y amplias capas negras de elevado cuello; estos eran mayor√≠a. La alegr√≠a era contagiosa; las calles cortadas al tr√°fico, y los atletas ‚Äúde verdad‚ÄĚ preparando sus m√ļsculos con genuflexiones, saltos y estiramientos. A mi me llevaron en volandas hasta el caj√≥n n√ļmero 4; all√≠, mis colegas me pusieron el dorsal a la espalda. ‚Äú¬ŅPero es que vamos a participar?‚ÄĚ ‚ÄúTranquilo ‚ÄĒme dijo Paco‚ÄĒ Es poco m√°s de 1 kil√≥metro. Lo que hablamos ayer. La apuesta sobre la carrera. Que la San Silvestre Salmantina de este a√Īo te la ganabas t√ļ, dijiste. ¬°A correr te toca!‚ÄĚ.

# 211 JOS√Č CARLOS

 

150 palabras

150 palabras para definir la enorme ilusi√≥n que cabe en mi camiseta. Tambi√©n para definir la alegr√≠a que me provoca participar con toda esta gente. Si supieran lo que significa para m√≠. Yo. Atrapado en esta ciudad por el encantamiento de aquel moro desde la batalla de Simancas, en el que el miedo natural a la muerte me llevo a correr como alma que se lleva el diablo y claro, corriendo me qued√©. Y ahora salgo a la luz cuando alguien corre, aunque sea por diversi√≥n y no por necesidad como corr√≠a yo. Algunos que corren en la noche, creo me perciben, y se sobresaltan sin saber por qu√©. En la multitud, paso totalmente desapercibido, aunque algunos parecen notar mi pisada. Nunca puedo cruzar la meta, porque no llevo dorsal, ¬Ņo ser√° porque no quiero acabar y as√≠ asegurarme que sigo en esta mi ciudad eternamente?.

# 210 Manuel Gonz√°lez Delgado

 

Zancadas

En esta fresca y bulliciosa Salamanca, mis pasos se entrelazaban con los de miles de corredores, todos anhelando cruzar la l√≠nea de meta y dar la bienvenida al nuevo a√Īo en plena vitalidad. El esp√≠ritu festivo de la San Silvestre impregnaba el aire, y las risas y los v√≠tores de la multitud creaban una sinfon√≠a de entusiasmo que me guiaba a trav√©s de la carrera. Al llegar al tramo final, desplegu√© todo mi esfuerzo. Cada zancada, cada latido, representaban un desaf√≠o superado y un paso hacia adelante en la vida. La algarab√≠a de la multitud anunci√≥ la cercan√≠a de la meta. Fue entonces cuando en la eternidad de un segundo, reflexion√© sobre todo el esfuerzo invertido estos √ļltimos a√Īos, esboc√© una sonrisa de gratitud y dej√© que mi gu√≠a cruzara primero.

# 209 Miguel √Āngel S√°nchez Cuello

 

UN AMOR DE INVIERNO

No puedo evitarlo, no puedo ni quiero contener la emoci√≥n, no puedo dejarte y quiero jugar contigo a lo eterno, treinta y nueve a√Īos no son nada. Una vez m√°s acudir√© fiel a nuestra cita, otra ma√Īana en la que cada segundo viajar√° por siempre en el tiempo, viviremos nuestro amor en cada kil√≥metro, en cada zancada, en cada choque con un ni√Īo esperando que sea el relevo generacional necesario para continuar con la tradici√≥n, para que sigas viva. A la ma√Īana siguiente, cuando despierte, seguir√© so√Īando contigo, sabiendo que ya queda un d√≠a menos para volver a encontrarnos, siempre en esta ciudad, la tuya, la m√≠a, la que tiene algo que te engancha, que te atrapa con su belleza ancestral, la misma que nos vio dar nuestros primeros pasos, y que sigue siendo testigo de este amor de un d√≠a, ese que regresa el √ļltimo domingo de cada a√Īo.

# 208 Alejandro Miguel Toledo Arruego

 

DESAPARICIONES

Suena el pistoletazo de salida. Los aspirantes a la victoria han tomado ventaja. Yo, desde las √ļltimas filas, espero mi turno para empezar. Comienzo a correr, me lo tomo con tranquilidad, mi objetivo es no quedar el √ļltimo. Cuando doblo la segunda calle, miro atr√°s, me quedo petrificado. Seg√ļn voy avanzando las calles, con sus edificios, farolas, coches aparcados y sus gentes, van desapareciendo a mi paso. Acelero hasta el que me precede, le supero, cuando estimo que le llevo una cierta ventaja, me giro, ha desaparecido. Sigo acelerando, el coraz√≥n se me va a salir del pecho. √öltimos doscientos metros, veo la meta, si la supero, quiero creer que todo volver√° a su ser. Cruzo la meta. Cuando recupero un poco el fuelle, me vuelvo, un suspiro sale de mi alma. Por fortuna, todo es normal. El a√Īo que viene, renuncio a ser hipnotizado para evitar el cansancio.

# 207 NATALIA RINC√ďN FERN√ĀNDEZ

 

Mi recuerdo

Lo hab√≠an conseguido. Como cada a√Īo, hab√≠an cruzado la l√≠nea de meta de la San Silvestre de Salamanca, pero este a√Īo era distinto. Ella se ahogaba y empez√≥ a toser as√≠ que se llev√≥ la mano al pecho para coger m√°s aire. No estaba, le faltaba algo que le hab√≠an quitado hace meses. Entonces, se acord√≥ de la operaci√≥n y de la quimio. Mir√≥ a su alrededor y vio a los dem√°s corredores cruzar la meta a su lado, entre ellos destacaba la cara de felicidad de su hija. Era por ella por lo que se hab√≠a esforzado tanto estos meses, porque dentro de s√≠, sab√≠a que no volver√≠a a vivir ese momento. Se acerc√≥ a su hija, le cogi√≥ la cara con las dos manos, la mir√≥ a los ojos y guard√≥ cada detalle de ese momento para siempre en sus recuerdos y en su coraz√≥n.

# 206 Iban Jorge Reina

 

Síndrome de Galatea.

¬ęEn la vida, hay que tener metas¬Ľ, repet√≠a una y otra vez mi obstinada madre. ¬ęHaz de la terquedad tu principal virtud, y las alcanzar√°s¬Ľ, sentenciaba Do√Īa Galatea, como la conoc√≠an en el vecindario. Sin embargo, mi venerada mentora no incluy√≥ el matiz diferenciador entre ¬ęambici√≥n¬Ľ y ¬ęamor¬Ľ en sus influyentes ense√Īanzas. Quiz√°s por esta raz√≥n, sea incapaz de comprender por qu√©, a mis ochenta a√Īos, sigo empe√Īado en recorrer las calles de mi Salamanca natal con el dudoso convencimiento de subir al caj√≥n. Mi terapeuta dice que es por Do√Īa Galatea. Yo, por contra, cada d√≠a estoy m√°s convencido de que es por amor.

# 205 Javier García Cristina

 

El sombrero de copa

No s√© cuanto llevo corriendo y estoy reventado, pero no pienso aflojar. Los dos polic√≠as vienen pis√°ndome los talones y no puedo permitir que me alcancen. Doy un vistazo r√°pido. Por detr√°s viene mucha m√°s gente, pero esos no me preocupan, est√°n bastante alejados. La verdad es que √©ste traje a rayas de presidiario no es el mejor para correr, y menos con el sombrero de copa. Hice bien asegur√°ndolo con la goma. Peor lo tiene el pirata con el sable y est√° adelantando a uno de los polic√≠as. ¬ŅC√≥mo me he metido en √©ste l√≠o? Aquel concierto, esa noche, esos ojos, esos besos... Y luego ella, tan misteriosa: 'si te interesa volver a verme, corre en la San Silvestre Salmantina, disfrazado. Y si llegas el primero, seguro que te estar√° esperando m√°s de un premio...' Uf, ya llego. Espero que se me vea bien con el sombrero.

# 204 Aranzazu Polo Margareto

 

AMOR NAVIDE√ĎO

Estoy en la San Silvestre y Marisa me coloca el dorsal. Despu√©s de las fiestas navide√Īas con su familia la acompa√Īo a la carrera. En el Paseo de San Antonio me vienen a la boca los aperitivos, entrantes, platos principales y dulces navide√Īos. Por el Bulevar, recuerdo las brochetas de mel√≥n con crujiente de jam√≥n con la crema de puerros, la lubina al horno y el flan de huevo de Nochebuena. Le digo a Marisa que siga a su ritmo, en el Paseo del Rollo, porque me vienen a la mente los bombones crocantes de foie, el aguacate con langostinos y el pavo con pasas que dejaron paso al brownie de Navidad. Me van adelantando los corredores que se convierten en polvorones, mazapanes y porciones de turr√≥n. Arrastr√°ndome llego a la meta donde Marisa me besa. Por amor, se come y se corre.

# 203 Noelia Poblete García

 

Vencedores vencidos

Logra adelantarse suficiente, aunque el muslo izquierdo molesta de nuevo. No recuerda desde cu√°ndo arrastra esa lesi√≥n. Quiere ganar, as√≠ es que aprieta el paso. Inspira profundamente para cambiar el ritmo de su respiraci√≥n y estira las zancadas. Una fuerza ancestral tensa sus fibras. Corre m√°s r√°pido, le va la vida en cada metro conquistado. Se funde con el sonido del viento, la densidad de la calzada que pisa, hasta que la luz del cielo se apaga. La inercia la empuja hacia adelante mientras cae. Intenta levantarse, pero no consigue despegar la cabeza del suelo. Siente el contraste de su carne fr√≠a con la tibieza de la sangre manando desde la herida abierta en su pierna izquierda. Ve a las fieras detenerse, oler su rastro de sangre, acercarse sigilosas. Deber√≠a hacer algo, cualquier cosa. Mantener los ojos abiertos ya es demasiado, entonces se deja vencer por la blandura del sue√Īo.

# 202 Noelia Poblete García

 

Vencedores vencidos

Logra adelantarse suficiente, aunque el muslo izquierdo molesta de nuevo. No recuerda desde cu√°ndo arrastra esa lesi√≥n. Quiere ganar, as√≠ es que aprieta el paso. Inspira profundamente para cambiar el ritmo de su respiraci√≥n y estira las zancadas. Una fuerza ancestral tensa sus fibras. Corre m√°s r√°pido, le va la vida en cada metro conquistado. Se funde con el sonido del viento, la densidad de la calzada que pisa, hasta que la luz del cielo se apaga. La inercia la empuja hacia adelante mientras cae. Intenta levantarse, pero no consigue despegar la cabeza del suelo. Siente el contraste de su carne fr√≠a con la tibieza de la sangre manando desde la herida abierta en su pierna izquierda. Ve a las fieras detenerse, oler su rastro de sangre, acercarse sigilosas. Deber√≠a hacer algo, cualquier cosa. Mantener los ojos abiertos ya es demasiado, entonces se deja vencer por la blandura del sue√Īo.

# 201 CARMEN TERESA S√ĀNCHEZ GUILL√ČN

 

POR QU√Č CORREMOS

El otro d√≠a, mientras tom√°bamos vermut, un amigo me coment√≥ que no entend√≠a por qu√© la gente corr√≠a. ‚ÄúCon la de formas que uno puede hacer ejercicio‚Ķ‚ÄĚ comentaba mientras se mojaba los labios. No le prest√© mucha atenci√≥n, la verdad. Pero al llegar a casa me acord√© otra vez de la conversaci√≥n. Entonces pens√© en mi amiga Carlota, que todos los a√Īos corre la San Silvestre Salmantina. Lo hace desde que falleci√≥ su prima en un accidente de tr√°fico hace unos a√Īos. Ella ni siquiera es de Salamanca, pero su prima s√≠ que lo era. ¬ŅTendr√≠a sentido pararse a pensar el por qu√© para ella era importante? Me pregunt√© entonces el significado de correr, el de las promesas que uno hace al cielo y el de las que uno se hace a s√≠ mismo. Supongo que cada uno lleva su propia respuesta dentro.

# 200 Ariana Reategui

 

La Carrera de la Esperanza

Correr y tiempo, son dos palabras que han marcado vida. He crecido sabiendo, que cada gota de sudor, y el tic tac del reloj, son el sentido del esfuerzo y la dedicaci√≥n. El atletismo me ense√Ī√≥ a luchar por mis metas y a encontrar la fuerza para seguir adelante, incluso cuando todo parec√≠a una cuesta empinada. Hoy, ya no tengo m√°s miedo, porque estar aqu√≠ rodeada por el entusiasmo de esta comunidad, es un sue√Īo hecho realidad, cruzar la l√≠nea de meta en medio de aplausos, representa m√°s que una victoria atl√©tica, es un recordatorio de que el esfuerzo y la pasi√≥n pueden superar cualquier adversidad. La carrera no solo simboliza una competencia, sino un faro de esperanza y valores que me ayudaron a superar los desaf√≠os sentimentales de mi juventud, y me record√≥ que incluso en los momentos m√°s dif√≠ciles, siempre hay una luz brillante que gu√≠a el camino.

# 199 √ĀNGEL ESTEBAN CENTENO

 

PERDEDORES Y GANADORES

Viv√≠a en Salamanca, era estudiante de derecho. La carrera de San Silvestre era mi objetivo, ya que nunca pude ganar, la primera vez qued√© s√©ptimo, al a√Īo siguiente no pude participar y el a√Īo pasado me clasifiqu√© cuarto. El d√≠a de la inscripci√≥n y entrega de dorsales me puse a la cola, cuando... detr√°s de m√≠, se situ√≥ una m√°gica chica, la mir√© y un extra√Īo rubor me invadi√≥, ella ten√≠a esa vers√°til m√ļsica que parec√≠a proceder del inventario de alguna deidad, su sonrisa era como un mech√≥n que hace olvidar la tristeza del d√≠a, su voz era un clarear elucidado como si proviniese de un eclipse, cuando la dicha se hace alborada. Ninguno de los dos ganamos, sin embargo, hoy somos un matrimonio enormemente dichoso. Lo importante no es solo participar, es... GANAR LA CARRERA A LA FELICIDAD

# 198 Tania Leon Gomez

 

Primeros pasos

Por fin lleg√≥ el d√≠a, le pido a mi madre que me coloque el dorsal en la espalda, ya estoy preparada, me miro al espejo y asiento. Hace seis meses cuando empec√© a correr casi por llenar el tiempo que √ļltimamente me estaba engullendo, dejando las horas pasar frente a una pantalla no me imaginaba que ese d√≠a que me calc√© las primeras zapatillas y corr√≠ el primer minuto iba a cambiar mi vida. Tras ese d√≠a vinieron otros, sume minutos, sume kil√≥metros, sume pensamientos los primeros eran sobre que no iba a ser capaz y luego los cambie por igual s√≠ que puedo. Ahora estoy en la l√≠nea de salida, 1070 metros me separan de la del final, mi primera carrera, mi primera San Silvestre Salmantina. Una sonrisa dibuja mi rostro mientras caliento, un pensamiento se instala en mi mente, - ¬°Puedo, claro que puedo!

# 197 Miguel √Āngel Dom√≠nguez Dom√≠nguez Garc√≠a

 

El regalo de Cronos

Daba comienzo la XXXIX edici√≥n de la San Silvestre Salmantina. Un anciano con el dorsal noventa en su espalda, pantal√≥n azul y camiseta blanca, situado en la l√≠nea de meta, comenzaba la carrera al rev√©s, corriendo de espaldas hacia la salida. A medida que avanzaba la prueba se iba cruzando con los otros corredores. Cada contacto con alguno de ellos causaba debilidad y cansancio en sus cuerpos y un n√ļmero se sumaba en sus dorsales. Ya finalizada la carrera, lleg√≥ corriendo hacia atr√°s hasta la l√≠nea de salida un joven atl√©tico con el n√ļmero veinte en su espalda, camiseta blanca y pantal√≥n azul. Un misterioso remolino dorado giraba brillando con gran fulgor sobre su mu√Īeca. Solo un testigo lo vio parar su extra√Īo cron√≥metro y decir: ‚ÄĒNo est√° mal para tu edad, jeje. ¬°Gracias Cronos!. Nos vemos en otros setenta a√Īos. Luego se perdi√≥ entre la multitud.

# 196 Iv√°n Parro Fern√°ndez

 

La promesa

- La Sansil, amigo Yuri, tienes que correr la Sansil. No terminaba de entender muy bien tanto aspaviento y esas palabras tan raras. - Mi no entender mucho. T√ļ me explica a m√≠. Yuri hab√≠a llegado a Salamanca en primavera huyendo de la guerra en su pa√≠s. Fue acogido en un piso donde coincidi√≥ con Oleg, el cual una tarde le invit√≥ a hacer deporte. A la ma√Īana siguiente Oleg se present√≥ portando una caja. Se la entreg√≥ a Yuri. La abri√≥. Aparecieron unas zapatillas de vistosos colores. - Con estas seguro que ganas amigo. Oleg explic√≥ a Yuri con m√°s detalle lo que era la Sansil y juntos se fundieron emocionados en un efusivo abrazo. - S√≠, pero t√ļ corres conmigo. Juntos. Si no, nada. Hoy siguen entren√°ndose cada d√≠a como buenos atletas con constancia, tes√≥n y generosidad. Pronto les veremos en la l√≠nea de salida cumpliendo aquella promesa.

# 195 Jordi Castro Defente

 

Hacer historia

Maldito Chuso. Inmersos en aquella √©poca estudiantil nuestra, convalidando suspensos con amor√≠os varios entre vinos, me incit√≥ a correr la San Silvestre Salmantina. Encajamos las manos desconociendo lo que me esperaba. Exigentes entrenamientos dictaminaron que bajar de cinco minutos el quil√≥metro para un ne√≥fito era inequ√≠vocamente una heroicidad imperecedera. Lleg√≥ la hora de partir y de no preparar m√°s esa emblem√°tica carrera en unos parajes que me vieron progresar en todos los aspectos. Diez a√Īos despu√©s de mi debut, desconociendo c√≥mo, me plant√© de madrugada en las pistas de atletismo de Terrassa. Doscientas cincuenta vueltas aguardaban. Emocionado cruc√© la meta recordando lo que Salamanca y Chuso hicieron por m√≠. Meses despu√©s sufr√≠ un brote psic√≥tico y debido al litio abandon√© las largas distancias y con ello lucir dorsal, pero jam√°s el orgullo de haber sido aquel corredor que a su manera en su d√≠a hizo, y hoy sigue haciendo, historia.

# 194 REGINO ON√ČSIMO MORENO

 

SUE√ĎO DE UN ATLETA VALLISTO

Viento frio en los cerros de Catamarca, en Argentina. Sentado al lado de un card√≥n me limpio la transpiraci√≥n. Miro el campo a mis pies por donde vine trotando. Pienso. Ese pedazo de papel que trajo el viento hablaba de una importante carrera, la San Silvestre Salmantina, parece que es un lugar de Espa√Īa. Miro mis sandalias de cubierta de auto ce√Īidas con tiento de cuero de chivo que hizo mi padre, gastadas porque me gusta correr por los cerros. Me propongo ir a participar en la carrera de San Silvestre, sea donde sea esa Espa√Īa. Bajar√© al Valle de Yokavil, vender√© tunas maduras, flores perfumadas de amancay, ramos de jarilla para los huesos. Ir√© y volver√© trotando as√≠ me preparo y buscar√© alguien que conozca Espa√Īa y me pueda llevar. Lo √ļnico que lamentar√© ser√° que no podr√© estar en las fiestas de fin de a√Īo con mis padres.

# 193 Javier López Vaquero

 

Carrera inacabada.

Cuando un interrogante se cern√≠a en el horizonte, Ulises acud√≠a al or√°culo de Pizarrales, vecina de su abuela, que en un cuarto atestado de recuerdos atend√≠a a la clientela. Ese a√Īo debutaba en la San Silvestre y quer√≠a saber como acabar√≠a. "Terminar√°s en buena posici√≥n" Y alentado por los buenos presagios, la v√≠spera de la carrera sali√≥ con sus compa√Īeros de la tuna a celebrar la navidad. Resacoso, ni siquiera pudo levantarse de la cama el d√≠a de la competici√≥n. Responsabilizaba a Dioniso de su desdicha. Los a√Īos siguientes repiti√≥ la rutina, pero primero una pelea con otro corredor, culpabilizando del altercado a Ares y luego al pararse a socorrer a una atleta lesionada, que rob√≥ su coraz√≥n por mediaci√≥n de Afrodita, acabaron haci√©ndole desistir de correr la carrera salmantina porque los dioses estaban empe√Īados en entrometerse en su destino.

# 192 Claudio Gastón Bon Maidana

 

Esfuerzo, meta y superación

Me levanto a las 5 am para correr desde hace 1 a√Īo, pero corro desde hace 2 a√Īos, y es necesario para mi plan: superarme. Cuando empec√© a correr en las noches era p√©simo, pero lo intentaba y a veces tropezaba, pero me levantaba y segu√≠a corriendo para superar la marca del d√≠a anterior. Actualmente, marcas que hace meses me resultaban imposibles, ya no son relevantes. La √ļltima carrera en la que participe fue hace un a√Īo, la ‚ÄúSan Silvestre Salmantina‚ÄĚ, pero demore mucho. Este a√Īo volver√© y ver√© la mejor√≠a. En la salida con los dem√°s, todos parecen experimentados y me siento inc√≥modo, pero s√© que no hay avance donde hay comodidad. Escucho el estruendo y salimos disparados. Empiezan los adelantamientos, pero mi carrera es contra m√≠ mismo y me centro en mantener un ritmo. Si no hago un buen tiempo, no pasa nada‚Ķ la pr√≥xima ser√°.

# 191 Isaac Belmar García

 

A los pies de la cama

Empecé a correr para hacerlo más que mis problemas, más que mis recuerdos, más que los remordimientos que venían hasta los pies de la cama cada noche, justo antes de dormir. Me apunté a todas las carreras, me dieron igual la lluvia y el viento, aprendí a amar el cansancio, los pulmones ardiendo, la maravillosa sensación de terminar o intentarlo hasta que no pude más. Un día, no recuerdo cuál (supongo que uno cualquiera como son todos los importantes), me detuve y tomé aire con las manos en las rodillas. Y entonces me di la vuelta en dirección contraria y seguí corriendo. Hacia mis problemas, hacia mis recuerdos, hacia esos remordimientos a los pies de la cama.

# 190 Rocío Hernández García

 

El dorsal crotal

Estando trabajando lejos de Salamanca desde hace a√Īos, intento regresar cada a√Īo a pasar la Navidad, y el a√Īo pasado quise volver a participar en su famosa San Silvestre. Como no ten√≠a la oportunidad de recoger el dorsal con antelaci√≥n, le ped√≠ el favor a mi padre, un hombre de campo de toda la vida y para nada deportista. As√≠, √©l confundi√≥ el "dorsal" (n√ļmero del corredor) con el "crotal" (n√ļmero del ganado). A toda la familia nos di√≥ un ataque de risa cuando nos contaba como hab√≠a ido a recoger el crotal... Pero en mi mente se dibuj√≥ una buc√≥lica escena del pastor San Silvestre guiando a todas sus ovejas corriendo por Salamanca.

# 189 Tom√°s Daniel Cuesta Cuesta

 

Modestia

Sabiendo que la competici√≥n tambi√©n era mental, la plusmarquista se gir√≥ hacia sus rivales nada m√°s plantarse ante los arcos de la Plaza Mayor y con sonrisa impostada declar√≥ que la medalla de oro era ya suya. Son√≥ el disparo de salida y se adentraron con determinaci√≥n feroz en el plateresco eterno. Pero a pesar de la potente zancada algo parec√≠a frenar su avance. Apenas cubierto un tercio de carrera, entre los puentes bajo los cuales el Tormes hac√≠a fluir lo que fue y de lo que ser√°, comprendi√≥ que no lideraba la prueba. Entonces solo pudo continuar gracias a las bandas de m√ļsica y al clamor de la ciudad. En el podio no pudo ocultar su confusi√≥n. "No lo entiendo, he corrido m√°s lenta que en los entrenamientos". La joven ganadora se inclin√≥ hacia ella y le susurr√≥: "Has ido m√°s lenta por llevar tanto oro encima".

# 188 Frederic Borja Aguilar

 

DRAMA QUEENS

El a√Īo pasado su marca super√≥ la m√≠a en tres segundos. Ahora no lo veo en la salida. Quiz√° est√© lesionado. O igual trabaja a turnos y no ha podido cuadrar el horario; es un d√≠a complicado. Pero estoy enfilando la Cuesta de Oviedo y ya lo tengo a mi lado, acompasado a mi ritmo, mimetizando mi respiraci√≥n. Como la √ļltima vez. Aunque he aprendido a dosificarme. Cruzar√© la meta antes que √©l. Seguro. Esa proyecci√≥n mental, que aparece como un fantasma entre los aplausos de √°nimo de la gente, se volatiliza en un instante. En la brizna de tiempo en la que la suela de su zapatilla trastabilla y cae. No s√© por qu√© he parado. No s√© por qu√© le estoy ayudando a levantarse. No s√© por qu√© sonr√≠o. Solo s√© que cuando les cuente la historia a nuestros hijos me dir√°n que somos unos drama queens.

# 187 Sofía Gómez Gutiérrez

 

LAS ESTELAS DE LOS SUE√ĎOS

La g√©lida brisa acariciaba mi tez y el sol desprend√≠a sus √ļltimas centellas. Comenc√© a visualizarme corriendo en mis queridas calles de Salamanca, con las que desped√≠a cada a√Īo vivido. Era una tradici√≥n familiar. Escuchaba, entre el concurrido bullicio de la multitud, la cuenta atr√°s que marcaba el reloj de la salida, quedaban segundos. Tres, dos, uno‚Ķ Me despert√≥ el estrepitoso ruido del monitor card√≠aco. Mis pulsaciones se aceleraban por momentos. El m√©dico, inquieto, se acerc√≥. R√°pidamente intuy√≥ que hab√≠a tenido un sue√Īo agitado, enlazamos una ef√≠mera mirada y me dijo: ‚ÄĒ El pr√≥ximo a√Īo, estar√°s haciendo lo que m√°s te gusta en la San Silvestre ‚ÄĒ

# 186 Patricia Ruiz López

 

Un A√Īo M√°s Al Paso

Un santo que no corre como el viento sino que corre mucho m√°s, todo un a√Īo en un trayecto por lo m√°s bello de la ciudad. Volviendo la vista atr√°s en este a√Īo me sorprendo de lo que encuentro, el valor para haber salido adelante de una lesi√≥n que, por meses, me priv√≥ de movimiento. Me veo sentada, con andador y muletas, me veo nerviosa antes de la operaci√≥n y pidiendo parar en cada sesi√≥n de rehabilitaci√≥n. Si miro hacia atr√°s me gusta lo que veo, que los a√Īos pasan y que, este a√Īo vuelvo a la carrera de nuevo. Si los dem√°s corren, yo ando; si los dem√°s galopan, yo voy al paso; poco importa cu√°ndo llegue si este santo llega a mi lado; no corremos como el viento pero, con este trayecto, otro a√Īo m√°s que hemos superado.

# 185 David Rabanillo Prado

 

La final

La final estaba a punto de empezar. Los corredores se iban colocando en la l√≠nea de salida atentos al juez. La carrera comenz√≥ trepidante, con los corredores pugnando por coger la posici√≥n en el grupo de cabeza. Al finalizar la primera vuelta el ni√Īo ya lideraba el grupo con un ritmo que pocos aguantaron. Poco a poco se distanciaba del resto, la duda era si aguantar√≠a ese ritmo hasta el final. Las vueltas ca√≠an y la fatiga mord√≠a sus piernas, empezaba el momento de la verdad. El chico lo estaba dando todo pista, regulando sus fuerzas en cada zancada para no desfallecer, no miraba atr√°s porque esta era su carrera. El ta√Īido de la campana anunciaba la √ļltima vuelta y la emoci√≥n se apoderaba de una persona en la grada. Carlos corri√≥ como nunca, aguant√≥ los nervios y cruz√≥ la meta en primer lugar radiante de felicidad.

# 184 Fabián Mauricio Martínez Ramírez

 

Su primera carrera

Nacida en 1984, hermosa naci√≥, Mam√° culp√≥ el fuerte sol de ese d√≠a. Adulta se inscribi√≥ a su gran primer reto, un sue√Īo que aliment√≥ con entrenamiento y madrugadas para no afectar su vida de madre y laboral. Un disparo y cada paso con distancia de cart√≥grafo usando el metatarso sin impactar el tal√≥n, Su conciencia estaba enfocada en no cometer errores. La cinta de meta vio, un gir√≥ de cabeza esperando que nadie la siguiera y al volver la visi√≥n se convirti√≥ en borrosa, los pensamientos en preocupaci√≥n y m√ļsculos en lenta reacci√≥n, casi de rodillas, un corredor le tom√≥ de la mu√Īeca, se rode√≥ el cuello, ella sinti√≥ una bocanada refrescante recuperando la visi√≥n, enfocando la meta y entregada a su nuevo apoyo, luch√≥ hasta juntos cruzar. Al Cruzar se desmay√≥. D√≠as despu√©s, record√≥ que no le pudo agradecer a ese personaje e dorsal ‚ÄúSilvestre‚ÄĚ con n√ļmero 7887.

# 183 Analía Juan

 

Promesas

Hace treinta a√Īos acompa√Ī√© a mi madre, cruzamos la meta y subimos al podio. Ella recibi√≥ su medalla; y yo, el testimonio de una promesa. Siete meses despu√©s, me nombraron Silvestre. Mi esposa asegura el dorsal sobre mi pecho y aguarda impaciente. Acaricia su vientre deseando saber de una buena vez c√≥mo se llamar√° nuestro hijo.

# 182 Sebastian Inga Y√°√Īez

 

Siguiendo tus pasos

Entre la multitud ansiosa de la San Silvestre Salmantina, un chiquillo observaba a su padre, su √≠dolo, en la l√≠nea de partida. Inspirado, se aline√≥ junto a los dem√°s corredores pero a un lado del camino. Al sonar la se√Īal, se lanz√≥ con ellos. Con zancadas torpes, intent√≥ seguirles el ritmo. Y aunque su edad lo relegaba al final, no se rindi√≥. Dio cada uno de sus siguientes pasos lleno de determinaci√≥n. M√°s firme y seguro, el eco de su juventud resonaba al avanzar. La meta todav√≠a estaba lejana cuando alcanz√≥ al √ļltimo de los participantes, luego a otro, y as√≠ sucesivamente hasta sobrepasarlos a todos. Y cuando tom√≥ conciencia, hab√≠a cruzado la l√≠nea de meta. Dio la vuelta y vio a su ahora anciano padre corriendo hacia √©l, con l√°grimas de felicidad llenando su su rostro mientras gritaba a toda voz: ¬°Ganaste!

# 181 Alexis Navarro

 

Nosotros

Nosotros somos muchos y estamos en muchas partes, en todo barrio, pueblo y naci√≥n, tenemos reglas simples, pero firmes, en resumen, jam√°s nos rendimos, siempre avanzamos, aunque nuestro cuerpo no quiera, o aun este paralizado, seguimos adelante, somos y hemos sido el fuego que permiti√≥ esta civilizaci√≥n y lo seguiremos siendo. Somos corredores, no nos doblegamos ante las injusticias, luchamos, quiz√°s no nos hayas notado, porque podemos ser ricos o pobres, de muchas razas y credos. ¬ŅQu√© f√°cil, crees que cualquiera lo es, solo debe correr? no, amigo, no te equivoques, ac√©rcate y m√≠ranos bien a los ojos, no somos alguien que corre, no solo corremos, ahora ya lo pillas? cuando lo entiendas, y solo t√ļ sabr√°s cuando suceda, nos reconocer√°s como tus hermanos al pasar por cualquier calle, entonces vuelve a leer esto, porque ser√°s de los nuestros, y correr√°s.

# 180 Rafael Nivisela

 

En La Retina

No me prepare, no voy a competir si participar. Ni siquiera pensar√© en el p√≥dium, peor en dejar atr√°s a otros competidores o en irle ganando metros al tiempo que ha corrido todas las veces m√°s veloz que yo. Tampoco quiero posar para la foto, ni pasar mi historia por los lectores del jurado. Quiero caminar y ver el colorido del d√≠a, a los amigos que se apoyan desde el filo de la calzada, al que desiste, al que insiste, al que se esfuerza al m√°ximo, al que sue√Īa, al que llora, al que r√≠e, al que va solo, al que el barrio entero lo acompa√Īa, al que nadie creer√≠a que puede participar, al que me venci√≥ el a√Īo anterior, al nuevo y a todos los dem√°s. He llegado a la partida, c√°maras, gritos, vivas, aplausos; alguien grita; Si dije, me llevar√© la carrera en la retina.

# 179 ALBERTO DE FRUTOS DAVALOS

 

VICTORIA SEGURA

Dorsales en el pecho, zapatillas, gorras de visera o gorros de Pap√° Noel, brazos cubiertos o desnudos, manos con y sin guantes, y hace fr√≠o en Salamanca. Colores, muchos colores en el hormiguero, y en los laterales el p√ļblico que aplaude y busca un rostro familiar con el ojo de Polifemo de sus c√°maras. Es mi primera vez, y he entrenado poco, pero no tengo aspiraciones. Solo quiero ser una gota m√°s en ese Tormes que cruza mi ciudad como un c√≥digo secreto, y bailar hacia delante y boxear con el aire. No siempre he estado bien, pero ahora estoy bien, y escucho los consejos del animador, y celebro la cuenta atr√°s de ese lanzamiento horizontal, tres dos, uno‚Ķ; y, de repente, una alfombra de cuerpos en movimiento se tiende sobre el paseo de San Antonio, y soy feliz as√≠, bebi√©ndome el aire y solo el aire.

# 178 Jorge Isaac Linares Martínez

 

El Valor del Hoy

¬ŅQue si fui feliz? Tuve la fortuna de ganar m√ļltiples medallas en el deporte que m√°s amo, y por si fuera poco, mis amistades sinceras las encontr√© en las competencias que participaba. Recuerdo perfecto la an√©cdota que m√°s me ha llenado el coraz√≥n. Era la San Silvestre Salmantina 1986, conoc√≠ a un chico que me cont√≥ los sacrificios que hab√≠a hecho para llegar al evento. Su historia se resum√≠a en que renunci√≥ a todo para llegar a dicha instancia, que justo cuando estaba por llegar como primero a la meta, no dud√© en cederle mi lugar para que √©l tuviera ese puesto. Ver a sus padres, apoyarlo con l√°grimas en los ojos entre la multitud y recodar lo que mencion√≥ me conmovi√≥. Ahora, desde esta silla de ruedas, me doy cuenta de lo que era la verdadera riqueza, sentir la libertad de correr como un ave en el vuelo.

# 177 PATRICIO DE ANDRES GOMEZ

 

LA MEJOR CARRERA DE MI VIDA

Ya estoy cerca del final, mis piernas no sienten frio ni dolor. Se mueven lo m√°s r√°pido que pueden, son aut√≥matas y no me hacen caso. Atr√°s quedan los codazos, los dem√°s corredores y las ganas de aflojar. Ahora todo es furor superaci√≥n y saber que delante de m√≠ no hay nadie, ¬°nadie! Que subid√≥n, no corro por ganar pero la posibilidad me hace volar. A veces pienso demasiado mientras corro. Que ganas tengo de terminar y abrazar a mi familia, aunque me quede tirado en el suelo con las piernas temblando y sin poder juntar mis mand√≠bulas. ¬°Dios unos metros m√°s! Siento en la nuca el aliento de alguien. No voy a mirar, es igual, lo voy a conseguir. ‚Äú¬°Vamos!‚ÄĚ Me grito sin cesar. Aqu√≠ estoy abrazando a los m√≠os, todos llenos de alegr√≠a. La sensaci√≥n es reparadora. Un sue√Īo hecho realidad.

# 176 Alejandro Ismael García Lobato

 

√öLTIMA

Cuando levant√≥ la mirada vio las caras de las pocas personas que a√ļn quedaban. Algunas de indiferencia, otras de hast√≠o, pero sobre todo caras de sorpresa al ver que ella se acercaba a la meta completamente sonriente pese a su posici√≥n. Para irritaci√≥n de los √ļltimos organizadores, anduvo los √ļltimos metros hasta la meta tranquilamente, disfrutando del contraste del fr√≠o de diciembre con el calor de su cuerpo tras el esfuerzo. Y retras√≥ el √ļltimo paso previo a cruzar la l√≠nea con el fin de atesorar esos √ļltimos segundos antes del final. Qued√≥ √ļltima. √öltima. En el √ļltimo d√≠a del a√Īo, del que se supon√≠a ten√≠a que haber sido su √ļltimo a√Īo de vida.

# 175 IRIS DEL CARMEN CA√ĎA PADILLA

 

Mi madre me ense√Ī√≥ a correr

Mi madre corr√≠a para protegerme. Me ense√Ī√≥ a correr nada m√°s pude sostenerme sobre mis piernas, y desde entonces, corremos todos los d√≠as para salvar la vida. A mi madre la ense√Ī√≥ a correr su padre, y a este el suyo. Correr forma parte de la vida que conozco, y sin ello carecer√≠a de sentido. Despu√©s de todo, huir de otros depredadores es esencial para poder continuar con vida. Hoy ya no corro para sobrevivir. Hoy corro porque quiero, porque me gusta, porque es una forma de vida que escojo. Adem√°s, ahora puedo correr por y para beneficio de otros. Puedo correr cuando quiero, haga sol o sombra, haga frio o calor. No concibo la vida sin correr, desde que mi abuelo ense√Ī√≥ a mi madre, y ella me ense√Ī√≥ a mi.

# 174 Jorge Juan Codina Ripoll

 

Los √ļltimos ser√°n los primeros

En la recta final, todos iban por delante. Nunca me afect√≥ ser el corredor gordito: siempre sal√≠a y llegaba el √ļltimo. ¬ęLo importante es participar¬Ľ. Vi que, en vez de alejarse, se acercaban corriendo de espaldas y lo supe. Mir√© el cron√≥metro de meta: 1:35:46; y un segundo despu√©s (o un segundo antes, seg√ļn se mire), 1:35:45. Lo ten√≠a calculado para mitad de enero, pero el Universo late caprichosamente y empez√≥ a contraerse a las 13:00:48.26746 UTC del 31 de diciembre de 2023. Y la l√≠nea de tiempo con √©l: el sudor regresaba a los poros, las pulsaciones bajaban, los bidones volv√≠an a las manos de los corredores y los confetis a las del p√ļblico. En la San Silvestre final (o inicial, seg√ļn se mire) fui el vencedor: primer astr√≥nomo gordito de la nueva Historia en cruzar la l√≠nea de salida.

# 173 JUAN IGNACIO SANCHEZ HERNANDEZ

 

1.070 METROS

El reloj marca ya 70 a√Īos en las primaveras de Tom√°s, que ha conocido todas ellas instalado en las profundidades de una silla de ruedas. Una artritis autoinmune fue la prisi√≥n que le confin√≥ como eterno observador de su tan deseada San Silvestre Salmantina. Aquella carrera que anhelaba poder correr, desde que en 1984, vi√≥ al primer participante pasar como un galgo bajo su ventana. Pero un vuelco del destino le ha regalado una segunda oportunidad. Su perseverancia y la medicina, han logrado abrir su celda, y aunque pesaroso y con limitaciones, le han permitido escapar de esas cadenas que le postraban. Aqu√©l a√Īo Tom√°s corri√≥. A pesar del fr√≠o, corri√≥ aquellos 1.070 metros que la vida le hab√≠a negado. Arranc√≥ en Prosperidad, surcando Delicias, San Isidro, y henchido de orgullo ante sus vecinos del Rollo; para seguir volando por Canalejas y romper a llorar sobre el Puente Romano.

# 172 Hugo Jes√ļs Dom√≠nguez

 

El sabor de la llegaa

Fue persiguiendo las huellas: las perfectas, las grandes, las ef√≠meras, las que poco se ve√≠an y las profundas. Cuando lleg√≥ a la meta sinti√≥ que el sol de Salamanca lo acariciaba entre aplausos y felicitaciones, all√≠ comprendi√≥ que ser √ļltimo eran tan importante para la carrera como ser primero.

# 171 ISIDORO BRAVO ROM√ĀN

 

"SAN SILVESTRE INOCENTE"

28 de diciembre de 2014. Salida. Advertencia del presidente: ‚Äúcontrol antipodaje para los primeros en llegar y algunos m√°s, elegidos al azar‚ÄĚ. La concentraci√≥n y el nerviosismo dificulta la correcta traducci√≥n para la mayor√≠a. Una excepci√≥n significativa: el corredor Inocencio Armstrong advierte s√ļbitamente la excesiva aceleraci√≥n de su pulso, una sudoraci√≥n fr√≠a y una repentina lluvia de ideas (eso que llaman ‚Äúbrainstorming‚ÄĚ) ofuscan su cabeza. Hab√≠a desayunado muy bien, con alg√ļn complemento ‚Äúextra‚ÄĚ y se consideraba uno de los favoritos. A mitad de carrera, sin saber muy bien cu√°ndo, c√≥mo ni por qu√©, decide reducir el ritmo y alejarse considerablemente de los primeros. Una vez cruzada la meta, se percata de la inocentada y se queda mudo tras exhalar un ¬°menos mal! entre dientes. Semanas despu√©s, es pillado ‚Äúin fraganti‚ÄĚ recogiendo sustancias dopantes que recib√≠a por correo y, posteriormente, distribu√≠a. Condena, retirada de la licencia federativa durante varios a√Īos‚Ķ

# 170 Carlos Sala Soler

 

Los primeros 600 metros

Cuando son√≥ el pistoletazo de salida, aceler√© como un loco y no tard√© mucho en colocarme en cabeza. No daba cr√©dito. Los m√°s experimentados me miraron con desprecio, pero tanto me daba, quer√≠a ser el primero en la San Silvestre Salmantina, y lo estaba consiguiendo. Los primeros 300 metros fueron f√°ciles. Mir√© hacia atr√°s y vi las peque√Īas cabezas de los dem√°s tan lejos que me envalenton√© y empec√© a creer de verdad que pod√≠a ganar. ¬°¬°Iba a batir todos los r√©cords!! A los 500 metros las fuerzas empezaron a fallarme. ¬°Vamos!, gritaba, pero nada. A los 600 metros ya no ten√≠a nada que hacer. Energ√ļmeno, me grit√≥ el primer corredor que me pas√≥. Y ten√≠an raz√≥n, pero durante 600 metros‚Ķ ¬°fui el cabeza de carrera de la San Silvestre Salmantina! y eso no me lo pueden quitar nadie. Durante esos 600 metros fui un ganador, qu√© importa el resto.

# 169 Laura Pilato Rodríguez

 

Entrenamiento diario

No s√© c√≥mo me he dejado convencer por esa peque√Īaja. Le insist√≠ en que, sin entrenar, era imposible correr la San Silvestre Salmantina. Pero me contest√≥ que, gracias a ella, entrenaba a diario: "corres para llevarme al colegio. Corres, para no perder el autocar de la excursi√≥n. Corres, para no llegar tarde a nataci√≥n..." Y corriendo, corriendo, aqu√≠ estoy, a punto de cruzar la meta. Y ah√≠ est√° ella, corriendo a abrazarme y gritando: -" lo has logrado, abuela".

# 168 Madelín Zeida Pupo Santiesteban

 

La carrera del inconforme

‚Äď ¬ŅPor qu√© corres?‚Äďle pregunt√≥ el gato a In√©s mientras corr√≠a a su lado. ‚ÄďEs la carrera Salmantina, entren√© todo el a√Īo para la San Silvestre, y t√ļ ¬Ņpor qu√© estas aqu√≠? ‚ÄďPues yo te vi entrenado en el patio, pens√© que ser√≠a divertido acompa√Īarte; aunque me est√°n doliendo las patas ahora soy solidario contigo, vine a animarte; al final lo haces por deporte, no creo la gente corra por su vida como nosotros. ‚ÄďEso dices t√ļ, sin embargo te metiste anoche en mi cocina y probaste mi sopa. ‚ÄďY si a ti te gusta probar siempre lo mismo y que todos los d√≠as sean iguales: ¬ŅPor qu√© entrenas todo el a√Īo y corres hoy? A m√≠ me pasa lo mismo con tu estofado, puedo conformarme con lo que me das pero entreno todo el tiempo para robarte el placer de correr por tu cocina.

# 167 Miguel√°ngel Flores

 

Just do it

Despu√©s de llevar horas en la misma postura, se puso de pie unos instantes. Cuando el patr√≥n se ausentaba por momentos, se cubr√≠an unos a otros, y esa era la √ļnica forma de aliviar el cansancio. Balance√°ndose, se masajeaba las corvas de las piernas con unas manos de dedos entumecidos, pegajosos de encolar y sujetar esas sonrisas est√ļpidas a unos zapatos que, seg√ļn contaban, en algunos pa√≠ses se usaban para correr y jugar. Como si para eso, pensaba √©l, lo imprescindible fuera llevar calzado. Meses despu√©s, a miles de kil√≥metros, en la San Silvestre Salmantina, otro ni√Īo cruzaba la meta con esas mismas deportivas de marca, fabricadas lejos y con tanto sacrificio. Emocionado, buscaba a su abuela, que siempre crey√≥ en √©l y que, con su peque√Īa pensi√≥n, se las hab√≠a regalado. Para que pudiera correr como el que m√°s, dec√≠a ella, y en las mismas condiciones que los otros.

# 166 Jorge Dominguez Berenguer

 

Palabras de √°nimo que entristecen el alma

Sudo. Quedan pocas horas para acabar el a√Īo, y el viento es frio en Salamanca, pero sudo. Agito la cabeza, confundido. No se por que he parado. Iba en el primer grupo, llevaba buen ritmo, no estaba cansado. Pero he parado. Miro a mi alrededor. Estoy sobre el puente romano. La gente que viene a vernos, a animarnos, grita. Me giro y observo la catedral. Intentan motivarme, apoyarme. Pero ellos no lo entienden. ‚Äú¬°√Ānimo, ya casi estas!‚ÄĚ, ‚Äú¬°Vamos! ¬°Que ya no queda nada!‚ÄĚ. Creen que son fuerzas lo que me falta. Pero ellos no lo entienden. A veces las palabras con buena intenci√≥n son las que m√°s duelen. No son √°nimos ni fuerzas las que escasean. Son kil√≥metros. Miro a la gente de nuevo y sonr√≠o. Ahora entiendo por que he parado. No quiero que acabe. Empiezo a correr de nuevo, y disfruto cada metro como si fuese el √ļltimo.

# 165 Gustavo Forcada Chabrera

 

Las ma√Īanitas

Mi cu√Īado solt√≥ la frase a bocajarro con esa mirada abigarrada que igual despierta compasi√≥n como condescendencia: ‚Äúlas carreras se ganan la noche antes‚ÄĚ. Y aunque tu mente esprinte para olvidar ese dechado de perfecci√≥n, lo tremendamente pu√Īetero es que esa noche, ahora, dos y media de la madrugada, sus sentencias comienzan a dar zancadas por la almohada. A ‚Äúpor R√ļa Antigua ya te sacar√© tres minutos‚ÄĚ le sigue, muy de cerca, un ‚Äúno acabo de ver que est√©s progresando con ese amigo tuyo mexicano que va de entrenador‚ÄĚ. Y as√≠, se van picando todas sus ocurrencias hasta el punto kilom√©trico de las cuatro de la ma√Īana cuando hace acto de presencia el demoledor comentario que un d√≠a me susurr√≥ a la oreja palme√°ndome la espalda: ‚Äúte haces mayor para la San Silvestre‚ÄĚ. Llamo por tel√©fono. Las cinco. Espero que los mariachis no se equivoquen de chalet. Este a√Īo, gano.

# 164 √Āngeles Ramos Gonz√°lez

 

Gadget "inteligente"

1 de enero 2024, Gaceta del ‚ÄúTesnoruner‚ÄĚ. Este a√Īo la San Silvestre Salmantina sigui√≥ en la vanguardia tecnol√≥gica y distribuy√≥ generosamente un gadget inteligente entre sus participantes: ‚Ķ ¬°Qu√≠tate de en medio,so lento! ¬°Voy a empeorar mi marca en 10 segundos!... ¬°Pero d√≥nde ir√° ese ‚ÄúKipchoge‚ÄĚ, parece que va explotar!... ¬°C√≥mo corre la t√≠a, a ver si aguanto su ritmo hasta el Puente Romano y me declaro!... ¬°Qu√© dominguero! Con esas zapatas chillonas se le ve en la meta desde el Alto del Rollo, ¬°Con tal de fardar, seguro se ha pulido la extraordinaria de Navidad! ‚Ķ ¬°Voy a ganar!, ¬°te lo dedico abuelo!, ¬°gracias por ense√Īarme a correr en el Aldehuela junto a ti! Acabamos este articulo con una reflexi√≥n: ¬ŅEstamos seguros de que la camiseta ‚Äúinteligente‚ÄĚ, capaz de detectar TODA la actividad neuronal de los corredores y proyectarla en sus espaldas, ha sido una buena idea?

# 163 Daniel Solaguren

 

Caucho y Amor

Mi madre practicaba atletismo desde que yo era peque√Īo y a menudo me sorprendo a m√≠ mismo recordando con nitidez, en los momentos en los que me entrego a la dolorosa actividad de la memoria, el aroma del caf√© por la ma√Īana, la textura de la licra de su malla, el trayecto en coche hasta el recinto y los gritos euf√≥ricos del p√ļblico. Si ganaba o perd√≠a era lo de menos; yo era feliz viendo a mi madre correr alrededor de la pista de caucho. Al pasar por la grada donde me encontraba, me lanzaba un beso al aire; yo lo atrapaba y se lo devolv√≠a. Ella sonre√≠a. Pero ahora ella ya no est√°, y sin embargo recuerdo su rostro cada vez que me topo con una pista de atletismo. En esos momentos siento su abrazo tierno, su caricia al despertarme, y su olor a caf√© y amor. Mucho amor.

# 162 Jose Antonio Hernandez Coria

 

DISFRUTANDO CADA KIL√ďMETRO.

El primer kil√≥metro, con la emoci√≥n, los empujones y el manejo del puls√≥metro que me compr√© en el Black Friday, ni soy consciente de haberlo corrido. El segundo es cuesta abajo. El tercero, de puente a puente y corro porque me lleva la corriente. En el cuarto adelanto a mi vecino que est√° federado. En el quinto est√° el avituallamiento. En el sexto puedo ver el balc√≥n de mi casa. En el s√©ptimo me espera aplaudiendo mi hijo. En el octavo me ayudan todos los Santos porque vuelve a ser cuesta abajo. El noveno dicen que te lo da la carrera. Y el √ļltimo es para disfrutarlo. Y de postre una naranja‚Ķ

# 161 Giovanna de la Hoz Ba√Īos

 

Esa era su victoria

No pudo contener la sonrisa al enfilar la √ļltima recta. La l√≠nea de meta al fondo, el p√ļblico entorno al vallado, el speaker anunciando su llegada. Tuvo que pellizcarse para demostrarse que no estaba so√Īando. Apenas unos metros m√°s. Al borde de la p√°jara y con una t√©cnica de carrera ya inexistente, consigui√≥ sacar fuerzas para no detenerse. Se supo ganadora antes de cruzar la l√≠nea de meta. Los gritos de √°nimo de los presentes. Hab√≠a conseguido batirse a s√≠ misma. Antes de que le diagnosticaran un c√°ncer, ella nunca hab√≠a corrido, pero tras la amputaci√≥n se prometi√≥ que har√≠a con una pierna lo que nunca hizo con dos. Y lo hab√≠a logrado. Esa era su victoria. Continu√≥ corriendo, brazos en alto, directa hacia el grupo de corredores que ya hab√≠an concluido la carrera. Hab√≠a terminado su primera San Silvestre con una pierna.

# 160 Pedro Calafat Deliperi

 

Un regalo para Martina

Oye, tambi√©n Pap√° Noel se equivoca a veces. Ya sabes, ahora hay millones de ni√Īos esperando sus regalos y las cartas le llegan por correo, email, chat y hasta por v√≠deo. Adem√°s, no solo deja los regalos en las chimeneas, sino que tiene puntos de entrega y lockers. Pero lo importante era que Martina, que estaba enferma, recibiera su regalo. La pobre se hab√≠a llevado un chasco enorme al ver el calcet√≠n vac√≠o. As√≠ que Pap√° Noel se puso las pilas y corri√≥ hasta Salamanca con su bolsa a la espalda. ¬°Y vaya sorpresa se llev√≥ al ver a tanta gente anim√°ndole y vitore√°ndole! Incluso le dieron una medalla. Despu√©s sigui√≥ su camino y logr√≥ entregar el regalo a Martina. Al d√≠a siguiente, los peri√≥dicos titulaban: "Pap√° Noel gana la San Silvestre Salmantina, y Martina por fin tiene su regalo".

# 159 SALVADOR VAQUERO MONTESINO

 

OTO√ĎO

Esperando que m√°s pronto que tarde dejes de llorar por √©l, regreso cada d√≠a. Y te encuentro ah√≠, sentada a su lado, aunque se pase el tiempo mirando ensimismado a las musara√Īas, ajeno a tus muestras de amor, como deseando escuchar de nuevo los aplausos de cuando gan√≥ la San Silvestre salmantina, haza√Īa que nos ha repetido tantas veces. Sabes que nada volver√° a ser igual, pero te conformas con esos momentos en que todo lo parece y te mira de reojo sin atreverse a dirigirte la palabra, como cuando se sentaba detr√°s de ti en el instituto. Te he visto agarrarle de la mano y acariciar su rostro, susurr√°ndole palabras de amor, en esos instantes de ef√≠mera lucidez en los que sue√Īas con verle correr de nuevo, mientras observas su rostro ilusionado en el espejo de la habitaci√≥n, junto a la tarta y las velas por su noventa cumplea√Īos.

# 158 ESTEBAN TORRES SAGRA

 

LA ESTRATEGIA DE LA ADRENALINA

Me ha parecido reconocer a Mario en la salida, pero se me perdi√≥ entre mil rostros que no paraban de subir y bajar acompa√Īando los saltitos del calentamiento. Luego cre√≠ verlo adelantarme por la derecha. M√°s tarde fui yo quien rebas√© su posici√≥n; aunque, como el sudor en los ojos me escoc√≠a, no podr√≠a jurarlo. Llevaba sin saber nada de √©l desde que me dej√≥ por Marga. Ralentizo mi ritmo para que me alcance. ¬°Ya viene! Cuando se pone a mi altura, cierro los ojos y le digo todas las perrer√≠as que llevo guardando desde entonces. Cuando abro los ojos, despu√©s de insultarle a ciegas, me disculpo avergonzad√≠sima con el pobre se√Īor, porque no es √©l, y me alejo como una centella por la adrenalina, como si acabara de empezar la San Silvestre. Es mi arma secreta para el arre√≥n final. El a√Īo pasado, con esta misma estrategia, qued√© quinta.

# 157 Jackelin Velasquez Hernandez

 

Corriendo por sus sue√Īos

Conoc√≠ aun ni√Īo con una peculiar personalidad, su nombre es David, un d√≠a sabado su mejor amiga lo invito a sus practicas de atlestimo, √©l para apoyarla dijo que si. Llego a la hora y √©l entrenador se dirigi√≥ y le pregunto si le gustaria entrenar, l√© parecio buena idea nunca habia corrido. Mir√≥ la pista y sus piernas temblaban eran muchos metros, ese dia se anuncio que tendrian una primera Competencia en muy pocos dias, sin muchas practicas decidi√≥ aceptar el reto. Llego el dia esperado nervioso palpitaba su coraz√≥n, la voz de su hermana gritando euforica! Empezo a correr era verlo brillar, ganando el segundo lugar, se acerco a √©l una Campeona de Atletismo a felicitarlo por el esfuerzo que hizo lo motivo, quiere ser como ella, ser un campeon, es un ni√Īo con un gran alma corriendo por sus sue√Īos y ahora sigue so√Īando para correr.

# 156 Verónica Alonso Goday

 

Logros

Era un d√≠a fresco y soleado en Salamanca. ¬ŅPor qu√© no? Le pregunt√≥ √©l. Creo que mi cuerpo no lo va a resistir, me da un poco de miedo, respondi√≥ ella. ¬ŅMiedo? Sabes que podes abandonar cuando quieras, no le tenes que demostrar nada a nadie coraz√≥n, dijo √©l. Si lo s√©, pero solo quedan dos meses para la inscripci√≥n, no creo que logre entrenar para llegar a tiempo, aleg√≥ ella. Ma√Īana mismo empezamos, acot√≥ √©l con entusiasmo, y vamos progresando semana a semana, yo voy a entrenar a tu lado, afirm√≥ √©l. Es que no creo que pueda, dijo ella bajando la mirada. √Čl la tom√≥ del ment√≥n y se asegur√≥ el contacto visual. Amor, si lograste dejar de fumar, puedes lograr cualquier cosa. Y la beso.

# 155 Angel Toribio Sevillano

 

Lazarillo de Tormes

La sensaci√≥n de estar en otra San Silvestre m√°s se desvanece al cruzar los arcos de la Plaza Mayor. Hasta ese momento la ma√Īana es g√©lida, el sol no templa lo suficiente y el cuerpo no ha entrado todav√≠a en calor. Es entonces cuando se experimenta un desbordamiento emocional, similar al del s√≠ndrome de Stendhal, por sobreexposici√≥n a decorados maravillosos: las vistas desde el Puente Romano, el encuentro fugaz con el p√≥rtico de la Catedral desde Libreros, la admirada ranita de la fachada de la Universidad, el imponente cruce de la Casa de las conchas y una Fonseca que sigue igual de triste y sola. Al cruzar la meta me fundo en un abrazo con mi compa√Īero, amigo y lazarillo, al que no podr√© agradecer lo suficiente que me preste sus ojos para so√Īar los paisajes, y este, sin duda, ha sido un marco incomparable.

# 154 Goretti Pérez Ruiz

 

La carrera de su vida

La estuvo buscando por toda la casa. Debajo de la cama, en el cuarto de la lavadora, incluso en la caseta del perro, pero no aparecía. No le hacía falta correr para sudar como una desesperada, que es lo que estaba pasando, porque la realidad era que si la zapatilla no salía a tiempo de su escondite ella iba a tener un problema. Otro más. Rebuscaba en el armario de la entrada cuando, de repente, escuchó el sonido de la llave en la puerta y el sudor frío invadió todo su cuerpo. Aterrorizada, tomó la decisión de salir de allí por la puerta del balcón, decidida a hacer la carrera de su vida, con una zapatilla menos o con ninguna.

# 153 Xavier Pérez Escobar

 

EL BALANCE DE SAN SILVESTRE

Aunque tengo una f√©rrea fuerza de voluntad con mis estudios, el ingl√©s o incluso la guitarra, √©sta se desvanece en cuanto mi determinaci√≥n consiste en hacer ejercicio. Soy incapaz de cumplir el objetivo de mejorar mi forma f√≠sica, salvo con la san silvestre salmantina. Llevo ya seis a√Īos participando y recordando que el prop√≥sito, aunque incumplido, contin√ļa vigente. Me gusta acabar el a√Īo corriendo. El fr√≠o me hace sentir vivo y, mientras corro, repaso mentalmente el a√Īo que acaba de pasar. Lo positivo y lo negativo. Me sirve de terapia para ordenar mis ideas. Tengo la sensaci√≥n de que las piernas son aut√≥nomas de mi mente y, mientras ellas avanzan, mi cabeza aprovecha para hacer un balance de lo vivido. Finalmente, llego a la meta con un resultado modesto, pero me siento triunfador. Objetivo conseguido, cuerpo y mente me lo agradecen.

# 152 Jose Antonio S√°nchez Sayago

 

Una Meta En Lo Nada Imposible

Los demonios de la depresi√≥n se com√≠an mi mente. Me vi envuelto en un peso que no me hac√≠a verme feliz. Perd√≠ la fe. ¬°Hagamos un reto!, dijeron mis amigos. Prep√°rate para la San Silvestre Salmantina. No tengo fuerzas, dec√≠a mi debilitada autoestima. ¬°T√ļ puedes!, dec√≠an los que nunca me abandonaron. Tras luchas encarnizadas contra mi cerebro, consegu√≠ saldar el reto. No importa si primero o √ļltimo. Ah√≠ estuve y nunca olvidar√© a esa joven chica de las inscripciones que me dijo, ¬°Suerte, todo ir√° genial!. Corrillo de mis amigos aplaudi√©ndome con sus rostros llenos de rabia y semi l√°grimas ante lo que hab√≠an vivido despu√©s de tantos esfuerzos por mi bienestar. Hoy, por suerte, eso es una an√©cdota de mi pasado. Una an√©cdota que me ense√Ī√≥ de que siempre hay un punto de partida para resolver los problemas y el m√≠o fue Salamanca y su particular San Silvestre.

# 151 Sa√ļl

 

Fiesta Navide√Īa

Es verano los ‚Äúartistas‚ÄĚ dise√Īan el mejor cartel, viene el oto√Īo con ‚Äúescritores‚ÄĚ que activan sus neuronas para expresarse con un peque√Īo fragmento. En noviembre apertura de inscripciones, nadie quiere quedarse sin dorsal. Diciembre, los ‚Äúpro‚ÄĚ optimizan el entrenamiento, ‚Äúdomingueros‚ÄĚ reservan la cita, ‚Äúprincipiantes‚ÄĚ ilusionados con terminar, ‚Äúcarnavaleros‚ÄĚ buscan su mejor disfraz, las c√°maras se ponen a punto para las mejores fotos. Llega la fecha y todos est√°n nerviosos por participar. ¬°Preparados! ¬°listos! ¬°ya! Diez mil metros por delante, corredores, aficionados, fot√≥grafos, p√ļblico y viandantes de la ciudad diez kil√≥metros para correr, aplaudir y animar a cada participante. La ciudad se echa a la calle y multitud de personas son felices derrochando alegr√≠a en un ambiente navide√Īo de mucha diversi√≥n. Al final todos consiguen el objetivo. DISFRUTAR.

# 150 Gustavo

 

El rumoroso viento

Esa voz, constante y a veces molesta, como un suspiro en mis momentos de incertidumbre, me convoca, disimuladamente a ser un héroe para mis propios pasos, para mi andar cansado, a dar el siguiente movimiento, sentir la brisa en el rostro, a pesar del cansancio, sin importarme a donde el rumbo me lleve, solo me dejo ir. La misma voz que me produce nostalgia, una deliciosa que me calienta los órganos, no dejo de escucharla y ella no deja de susurrarme poemas de salvación, noches de risas y un sol radiante en la orilla de la playa. Seguir adelante, correr, triunfar sobre mis huesos viejos y me mente consumida.

# 149 Margarita del Brezo

 

CARRERA DE RELEVOS

‚ÄĒCu√°nto falta, mam√° ‚ÄĒes la en√©sima vez que lo pregunta. El sudor le empapa las pesta√Īas; tambi√©n alguna l√°grima atrevida que se apresura a borrar con las manos. Le ajusto el dorsal. Resopla. Tiene los mofletes colorados por el esfuerzo. La herida de su rodilla ha dejado de sangrar. Cuando le echo hacia atr√°s el pelo que se le pega en la frente me dedica una min√ļscula sonrisa. ‚ÄĒ¬ŅQueda mucho? Corro a su lado adaptando mis pasos a los suyos. Hacemos una parada y damos buena cuenta del avituallamiento. Al dejar atr√°s el Paseo del Rollo es √©l quien tiene que adaptar sus pasos a los m√≠os. En el √ļltimo repecho me coje de la mano y tira de m√≠ con suavidad. ‚ÄĒYo ya he cruzado la meta, hijo. Ahora sigue t√ļ. ‚ÄĒA medida que se aleja, desafiando todas las leyes de la f√≠sica, se hace cada vez m√°s grande.

# 148 Alba Díaz López

 

Carrera de abrazos

Hab√≠a una vez en Salamanca una tradici√≥n muy querida: la carrera de San Silvestre. Cada a√Īo, el √ļltimo d√≠a de diciembre, toda la ciudad se llenaba de emoci√≥n y alegr√≠a. Desde d√≠as antes, los corredores comenzaban a prepararse, entrenando para esta especial competencia. El d√≠a de la carrera lleg√≥, y el ambiente vibraba con energ√≠a. Miles de personas se reunieron en la Plaza Mayor, donde se daba la salida. El sonido del disparo llen√≥ el aire y los corredores se precipitaron hacia las calles de la ciudad. Los espectadores los alentaban con aplausos y v√≠tores, creando un ambiente festivo. En el recorrido, los corredores pasaban por los bellos monumentos y calles de Salamanca, sintiendo el esp√≠ritu navide√Īo y la emoci√≥n del fin de a√Īo. Al llegar a la meta, una gran ovaci√≥n los recib√≠a, premiando su esfuerzo y dedicaci√≥n.

# 147 ERATO

 

CUESTI√ďN DE SUPERVIVENCIA

CUESTI√ďN DE SUPERVIVENCIA No dudo que tu aceleraci√≥n supere a la m√≠a ni que en la lucha cuerpo a cuerpo no puedo esperar favor de la fortuna -pensaba el hombre de las cavernas mientras hu√≠a del oso hambriento-. (Vista la cosa as√≠ se dir√≠a que la suerte del corredor estaba echada, pero en esta lid las cartas estaban marcadas, la fiera no sab√≠a que persegu√≠a adem√°s de al atleta m√°s r√°pido de la aldea, a un tramposo.) Tengo tomada la medida de este cross -pensaba el atleta-, dosificar√© el esfuerzo y justo cuando est√©s ante la pen√ļltima zancada el enramado de ca√Īas aguantar√° mi peso pero t√ļ caer√°s vencido al foso trampa. Acudir√°n entonces los atletas m√°s lentos (lo importante es participar) y vali√©ndose de piedras har√°n el resto (cuesti√≥n de supervivencia). ¬ŅQui√©n dijo que correr es de cobardes?

# 146 Ignacio Hormigo de la Puerta

 

Por qué corro

Escucho el pistoletazo de salida y corro. Corro por el puro placer de hacerlo, corro por la dicha de sentir el baile enloquecido de las endorfinas en mi cerebro, corro porque si no lo hiciera, la vida tendr√≠a mucho menos sentido. Avanzo empujado por un hambre acuciante, una necesidad irrefrenable de devorar un metro detr√°s de otro hasta lograr que sumen diez mil, sin buscar otra recompensa en ello que la de saberme vivo. Siento la respiraci√≥n de un animal con miles de cabezas acarici√°ndome la nuca, pero no pienso mirar atr√°s. Me limito a disfrutar de la inmensa suerte de estar aqu√≠ y ahora, dej√°ndome llevar por el aliento del p√ļblico y por la cadencia que marcan mis zancadas al percutir en el asfalto de Salamanca. Cierro los ojos, alzo los brazos y dejo que la cinta de meta me abrace el pecho como lo har√≠a una madre.

# 145 María Cristina Leites Rodríguez

 

San Silvestre Salmantina

Hace cincuenta y tres a√Īos que no corro, desde ese accidente que cambi√≥ mi vida y me llen√≥ de miedo. Sin embargo, aqu√≠ estoy, desde hace un tiempo me estuve preparando, hoy corro en la San Silvestre Salmantina. Desde el punto de salida veo a toda la gente alrededor y aunque ellos no lo saben me acompa√Īar√°n a volver a sentirme vivo. Comienza y mientras toca el aire en mi frente, siento que mis piernas se hacen m√°s ligeras. Noto mis manos j√≥venes y me veo de diecis√©is de nuevo, mientras corro hacia la meta mi coraz√≥n late r√°pido no solo por el ejercicio tambi√©n por la emoci√≥n. No tengo prisa en llegar, este es el premio que disfruto.

# 144 Jes√ļs Alberto Cabrera Hern√°ndez

 

COMO UN NI√ĎO CON ZAPATOS NUEVOS

Como si del mejor regalo de Reyes se tratase. As√≠ fue como recib√≠ la noticia que el profesor de gimnasia me dio aquel diciembre del 83: D√≠az, ma√Īana te unes al grupo para correr en el Cross de Navidad. Cuarenta a√Īos despu√©s a√ļn recuerdo la cara de aquel ni√Īo plet√≥rico por competir y por qu√© no, por ganar. Alguien tendr√≠a que hacerlo y yo estaba entre los elegidos para intentarlo. Hoy, prepar√°ndome para estrenar mis nuevas zapatillas y participar en mi segunda carrera, percibo un bis a bis entre mis nervios y unos escalofr√≠os que invaden este lesionado cuerpo. No es por el fr√≠o de Salamanca, no, igual me suceder√≠a en la media marat√≥n de S√£o Paulo. El paso del tiempo me ha puesto otra vez en la l√≠nea de salida, pero en esta ocasi√≥n mis sentimientos son distintos. M√°s viejo s√≠, con menos ilusi√≥n, no.

# 143 JUANA YANGUAS ROMERO

 

"EL CAMPE√ďN"

No tengo remedio, y lo s√©. Y conste que lo digo con orgullo. Esta ma√Īana mi mujer me ha preparado la ropa y me ha dicho que en esta edici√≥n ella tambi√©n corre conmigo. El a√Īo pasado, Luis, nuestro hijo, se resfri√≥ y cuando le subi√≥ la fiebre, no pudo venirse. Corr√≠ y qued√© de los √ļltimos. Nos estuvimos riendo todo el d√≠a porque yo le hab√≠a asegurado que lo har√≠a fenomenal. Pero en esta ocasi√≥n, puede que la suerte nos acompa√Īe. Mi hermano estar√° entre el p√ļblico con nuestro hijo. Todo est√° preparado para la carrera, incluida mi silla de ruedas y mi ilusi√≥n.

# 142 Francisco Jimenez Vilchez

 

Pisadas en el Puente Romano

En cada v√≠spera de A√Īo Nuevo, la San Silvestre Salmantina despertaba la ancestral Salamanca. Mientras el sol doraba la Universidad y la Plaza Mayor, los corredores se preparaban, respirando la historia que flotaba en el aire. Julia, una m√©dica local, at√≥ sus zapatillas recordando a aquel paciente que le habl√≥ de la importancia del deporte para el coraz√≥n. No solo el √≥rgano que late, sino tambi√©n el que siente. Corriendo sobre el Puente Romano, sinti√≥ la fuerza del r√≠o Tormes bajo sus pies, el susurro de la piedra y el compromiso de cuidar ese aire puro para generaciones futuras. Al cruzar la meta, con el sudor mezclado con la brisa salmantina, Julia no solo celebr√≥ una carrera. Celebr√≥ la salud, la historia y un Salamanca siempre verde.

# 141 Miguel √Āngel Moreno Ca√Īizares

 

Gente de carrera

Desde ni√Īo su vida ha sido una continua carrera. Incluso en el feto, le bull√≠an las ganas de nacer cuanto antes. Tal vez por eso fue sietemesino. A su madre maldita la gracia le hizo, como que con apenas un a√Īo diera los primeros pasos y se recorriera la casa a toda prisa. Desde entonces no ha parado, como quien dice. Culo inquieto, le llamaban. No siempre en la buena direcci√≥n. Corre que te corre, con 13 a√Īos y por malas influencias, sali√≥ escopetado de la tienda de m√ļsica con los walkman de √ļltima generaci√≥n. Le siguieron los Mp3, smarthphone, Iphone, tambi√©n zapatillas de marca‚Ķlo que surgiera. Nadie le alcanzaba. El tiempo le ha convertido en un corredor de fondo reinsertado. Hoy ha ganado la San Silvestre Salmantina y, tras recibir el trofeo, ha seguido corriendo hacia Topas. Se echaba encima la hora y a√ļn no tiene el tercer grado.

# 140 José Alberto Ruiz Cembranos

 

El triunfo de la amistad

Marta, una apasionada fot√≥grafa, quiso inscribirse en la San Silvestre Salmantina para poder documentar gr√°ficamente la actuaci√≥n de Teresa, una favorita a la victoria. Aunque Marta no era deportista, quer√≠a inmortalizar lo que esperaba ser el gran d√≠a de su amiga. Sorprendentemente, Marta logr√≥ seguir el ritmo de Teresa, quien hab√≠a entrenado rigurosa y disciplinadamente para el evento. Captur√≥ cada paso de la carrera de su amiga con unos primeros planos impresionantes. Mientras avanzaban por las calles de Salamanca, Marta tambi√©n aprovech√≥ para registrar desde un punto de vista √ļnico el esp√≠ritu festivo que inundaba la ciudad. A medida que se acercaban a la l√≠nea de meta, Marta, emocionada por el ambiente, quiso adelantarse para capturar la victoria de su amiga desde una perspectiva privilegiada. Lo que finalmente fotografi√≥ fue la expresi√≥n de incredulidad de Teresa al observar que Marta era la primera participante en cruzar la l√≠nea de llegada.

# 139 Natividad Villar Martínez

 

CARRERAS QUE PERDURAN

Mientras Roberto se abrocha las deportivas, la emoci√≥n le embarga como la primera vez. La noche previa hab√≠a preparado minuciosamente sus pantalones cortos deportivos, as√≠ como su camiseta transpirable. De pronto es consciente de un √ļltimo elemento que cumplimente su indumentaria, el dorsal, este a√Īo lo har√° con el ochenta y cuatro. El reloj marca las once, a solo media hora hay que partir para empezar con el calentamiento. Intenta dirigirse a la puerta de salida de la habitaci√≥n pero sus piernas no responden, en ese momento irrumpe en la habitaci√≥n la cuidadora que acaba de iniciar turno. -Roberto, buenos d√≠as, ya le acerco su andador y no se sofoque que llegamos con tiempo, hemos puesto la televisi√≥n en el comedor y a√ļn los locutores est√°n retransmitiendo los datos preliminares a la carrera. -No olvide mi dorsal, lo hice ayer en manualidades, lleva el a√Īo que corr√≠ por primera vez.

# 138 Jorgelina Mercedes Guadalupe Contreras

 

No le des cuerda

Quiero decirte que si me ves correr, no es porque me guste, no es porque sea buena en atletismo, y tampoco tiene que ver con vos; es el tiempo quien me impulsa. Quiero correr porque la infancia es como una carrera de velocidad, desde los primeros pasos, que mi adolescencia fue una carrera de vallas y algunas no las llegue a saltar, que mi juventud se asemeja a una carrera de medio fondo, exigiendo resistencia, esa que duele, esa que no te permite avanzar, que la adultez se convierte en una maratón, una prueba de persistencia, pero yo me quede sin paciencia y llega la vejez, que se compara con una carrera de relevos, porque somos testigos de cada momento, testigos de la vida y testigos de este tiempo que nos obliga a correr, a caer, a olvidarnos, a cambiar, ese tiempo que queda y ese tiempo que no tengo.

# 137 Rafael Fuentes Pardo

 

Tocarse

Coincidimos en la salida de la San Silvestre, me llamó la atención que estuvieran tan juntos pero no se dirigiesen la palabra o intercambiaran miradas. Parecían en buena forma física pero ajenos por completo a la competición, como si estuvieran allí por cualquier otro motivo que no fuera correr. Se limitaron a trotar, manteniéndose en medio del pelotón, conmigo a cuatro cuerpos de distancia, siempre juntos, sin llegar a perder el ritmo o el aire, como si ensayaran una coreografía. Tras entrar en la meta por fin se separaron y no volví a verlos hasta dos semanas después. Fue en las páginas de sucesos, los abogados del marido de ella alegaron que los había cogido infraganti, pero los forenses no encontraron restos de intercambio de ADN y las fotografías de los cadáveres solo mostraban todo lo cerca que pueden estar dos personas sin llegar a tocarse.

# 136 Eugenio Quintanilla Alfaro

 

CAROL, YA NO SE ESCAPA, CORRE

Carol es una ni√Īa de diecis√©is a√Īos y corre desde siempre, sin ser cons-ciente de ello o quiz√°s s√≠. Naci√≥ con una discapacidad intelectual leve. Con cuatro a√Īos fue diagnosticada con un trastorno del neurodesarrollo. Desde muy peque√Īita, mi hija sufre acoso escolar. Como conducta de evitaci√≥n, como catarsis, salta la valla de su colegio y se va a la playa y corre, atrapada en su inquebrantable necesidad de huir. Corre como acto reflejo, con su esp√≠ritu in-domable. Yo soy su padre y su entrenador. Creamos v√≠nculos indisolubles. Carol ya no salta la valla. Cambiamos los c√≥digos. Entrenamos juntos, en la playa y al salir del colegio. El deporte desde lo esencial,con sus sensaciones y el entrenamiento como la mejor terapia para aumentar su autoestima. Con toda esa alegre efervescencia, cuando el tiempo se detiene y solo est√° la atleta y su excusa para ser libre.

# 135 Jes√ļs Jim√©nez Reinaldo

 

Mar de alcance

Recuerdo cientos de besos antes de quedarme dormido, acogido en los brazos de un mar en calma. Cuando despert√©, d√≠as despu√©s, conservaba un rastro salino en los labios. No todo hab√≠a sido un sue√Īo. Del oc√©ano de palabras y gestos la marea me trajo los restos de aquella traves√≠a y deposit√≥ en la arena de mi espejo unas deportivas y el n√ļmero de un dorsal tal vez como salvoconducto al para√≠so. Y ahora estoy aqu√≠, engullido por esta multitud acuosa, lanzado a la inmensidad de la bola de cebo, sin m√°s orientaci√≥n que la que marca el cardumen, busc√°ndote como un n√°ufrago, tabl√≥n al que me asir√© para no ahogarme. La noche castellana es fr√≠a y seca. Mis mejillas, enrojecidas, a√ļn sienten la nostalgia de tus branquias y mis ojos te buscan entre los nadadores oscuros. Ser√≠a una victoria llegar a la meta contigo o, incluso, detr√°s de ti.

# 134 Rosa Mateos García

 

HASTA QUE LA VIDA NOS SEPARE

A mi marido le encanta la San Silvestre Salmantina. Por eso, todos los a√Īos sale de su tumba para participar en ella. La primera vez que vino a casa, me asust√≥. Pero ahora mido el tiempo en latidos de coraz√≥n, deseando verlo de nuevo. Y a su llegada nos amamos como dos adolescentes. Despu√©s le doy su ropa de deporte y le gasto alguna broma: "corre con cuidado, no sea que resbales y te mates". Y una galerna de risas y besos azota nuestro hogar. Tras la carrera, vamos a comer, porque el pobre se ha quedado en los huesos. Y, al caer la tarde, nos acercamos al cementerio y all√≠ nos despedimos hasta nuestro pr√≥ximo reencuentro. Pero anoche todo mi mundo cambi√≥ y ahora me siento feliz. Porque s√© que este a√Īo correr√© la "San Sil" con √©l.

# 133 Angel Cristobal Noriega

 

La ciudad que nos lleva

La Puerta de Zamora nos recibe a√ļn frescos y nos abre la ciudad. La Plaza Mayor respeta que hoy no paremos, pero San Pablo y San Gregorio s√≠ que acompa√Īan nuestro descenso. El Puente Romano nos franquea el cruce del Tormes, que nos aplaude su doble paso. San Vicente nos da alas desde el Cerro haci√©ndonos volar por la Vaguada de la Palma hasta rodear el Palacio de Congresos. Fray Luis de Le√≥n nos aplaude al paso por la Universidad mientras la rana, orgullosa, nos condecora licenci√°ndonos un curso m√°s. Las Conchas replican nuestras pisadas mientras nos vamos alejando del centro y subimos Villamayor para descender luego la Avenida de Portugal. En la Plaza de Espa√Īa nos esperan nuestros amigos Comuneros para llevarnos en volandas hasta el Alto del Rollo. En el paseo nos espera el mism√≠simo San Silvestre, feliz de acompa√Īarnos a meta para dar fin a este 2023.

# 132 Eva Fern√°ndez Artime

 

Huellas imborrables

Veo muchas huellas humanas repartidas por el suelo y en grandes grupos que se suceden hasta los diez kil√≥metros. Percibo la esencia de un olor a valent√≠a, sudor, esfuerzo y compa√Īerismo que se extiende por un largo recorrido y que me gustar√≠a poder llegar a sentir. Una tradici√≥n protagonizada por seres del pasado que sacrificaban su esp√≠ritu y daban lo mejor de s√≠ en una carrera, a la vez que compart√≠an una gran pasi√≥n por el arte de correr. Es el a√Īo 3054, y mi equipo de historiadores y yo estamos tratando de averiguar qu√© es este hallazgo para poder recrear la misma sensaci√≥n de felicidad que origin√≥ ese momento. Durante los √ļltimos siglos la tristeza se ha apoderado de las civilizaciones y esto podr√≠a darnos un atisbo de esperanza. Tras unas horas de reflexi√≥n, ¬°empezamos a correr!

# 131 Inca Ripoll Ribera

 

Corre, no importa el porqué

¬°Ah√≠ est√°, no la mires, hazte el duro! - piensa Hugo al verla corriendo unos metros por delante de √©l. Se yergue, hace un esprint y la adelanta, fingiendo que 2250 metros no son nada para √©l, aunque s√≠ lo son. La √ļltima vez que tuvo que correr fue en clase de Educaci√≥n F√≠sica, y fingi√≥ una torcedura de tobillo para escaquearse. Pero la necesidad agudiza el ingenio, y merecer√° la pena, si as√≠ logra que Paola se fije en √©l. ¬°Lo que tiene que hacer uno por amor! Lleva ya dos kil√≥metros, le queda solo el pico, y ya siente como el coraz√≥n le palpita en la sien, casi igual de r√°pido que cuando la conoci√≥, el primer d√≠a de clase. Doscientos‚Ķ¬°Doscientos cincuenta! ¬°Lo he conseguido! ¬°Guau, qu√© subid√≥n! Oye, pues me ha gustado, no est√° tan mal esto de correr, voy a darle una oportunidad.

# 130 Pedro Calafat Deliperi

 

Un regalo para Martina

Oye, tambi√©n Pap√° Noel se equivoca a veces. Ya sabes, ahora hay millones de ni√Īos esperando sus regalos y las cartas le llegan por correo, email, chat y hasta por v√≠deo. Adem√°s, no solo deja los regalos en las chimeneas, sino que tiene puntos de entrega y lockers. Pero lo importante era que Martina, que estaba enferma, recibiera su regalo. La pobre se hab√≠a llevado un chasco enorme al ver el calcet√≠n vac√≠o. As√≠ que Pap√° Noel se puso las pilas y corri√≥ hasta Salamanca con su bolsa a la espalda. ¬°Y vaya sorpresa se llev√≥ al ver a tanta gente anim√°ndole y vitore√°ndole! Incluso le dieron una medalla. Despu√©s sigui√≥ su camino y logr√≥ entregar el regalo a Martina. Al d√≠a siguiente, los peri√≥dicos titulaban: "Pap√° Noel gana la San Silvestre Salmantina, y Martina por fin tiene su regalo".

# 129 Maximiliano Schneider Valenzuela

 

La Escapada

La casa amaneci√≥ con un grito de espanto, ¬°Abuelo no est√°! Buscamos por todos lados en vano, mi madre alterad√≠sima me orden√≥ buscarlo afuera; era extra√Īo. El viejo, siempre postrado, no aparentaba mucha vitalidad ni futuros a√Īos de vida, y a√ļn as√≠ desconoc√≠amos su paradero. La calle me asalt√≥ repleta de transe√ļntes, un mar de personas ba√Īadas en una algazara pese al fr√≠o de diciembre. Apoyado sobre un muro encontr√© el bast√≥n del abuelo, me sumerg√≠ entre la multitud que llenaba la calle Valladolid y forzado, segu√≠ el trote de las personas. Lo v√≠, ¬°El viejo estaba trotando! entusiasmado saludaba a los vecinos y la gente le vitoreaba. ‚Äď ¬°Te lo dije! ‚Äďgrit√≥ sonriendo cuando me pude abrir paso cerca suyo ‚Äďno me perder√≠a mi √ļltima carrera de San Silvestre por nada. Fue el momento de su vida. Y ese recuerdo lo llevo conmigo siempre cuando la carrera est√° por comenzar.

# 128 Carlos Santiuste Romero

 

Ciclo de la vida

Nada m√°s llegar a la meta de la San Silvestre salmantina, una corredora levanta una botella de agua como si fuera un trofeo. El sabor a sangre en la boca le recuerda que ha logrado su prop√≥sito, llegar sin una gota de fuerza. No ha sido f√°cil, nadie sabe lo que ha sufrido. Abre la botella y sorprendentemente el agua desaparece, como si un esp√≠ritu la hubiera absorbido. Miles de a√Īos antes, en el cerro de San Vicente, una chamana levanta con ambas manos un cuenco vac√≠o mientras canta al esp√≠ritu del oso cavernario. La tribu observa con sorpresa c√≥mo un chorro de agua aparece de la nada y llena el cuenco. No ha sido f√°cil, nadie sabe lo que ha sufrido. A la chamana no le sorprende la aparici√≥n del agua, pero s√≠ escuchar las pisadas de cientos de hombres y mujeres corriendo a trav√©s del tiempo.

# 127 Eyrela Urbina Valdelomar

 

Sorda y ciega

No miro nada a su alrededor, por m√°s que busco e intento, hasta que se qued√≥ quieta, alguien le ayudo, la instruyo, le ense√Īo a mirar con las manos y a escuchar con el coraz√≥n. Logro ganar grandes campeonatos y merecidos reconocimientos, aunque al principio mucha gente dudo y a pesar que ciega y muda naci√≥ no fue raz√≥n para que su voz no llamara la atenci√≥n.

# 126 MAR√ćA SOLEDAD GARC√ćA GARRIDO

 

A LA DESESPERADA

El rumor corri√≥ como la p√≥lvora y a ninguno de los que est√°bamos all√≠ nos hizo gracia alguna. Un rato antes de comenzar la carrera, mientras calent√°bamos dando saltitos para espantar el fr√≠o de Salamanca, todos comentamos que era mezquino que el colega participase en la competici√≥n, que era como si P√©rez Reverte se presentara al certamen de microrrelatos de la San Silvestre Salmantina o, como solt√≥ Pep√≥n, si Shakira se personase a un casting de monitora de zumba de la Asociaci√≥n de Vecinos del Barrio Oeste. El menda ten√≠a a media ciudad revolucionada, y el alcalde estaba plante√°ndose ponerle una placa en alg√ļn lugar destacado. Yo nunca perd√≠ la esperanza de llegar el primero. Llevaba todo el a√Īo entrenando, por eso, cuando avist√© la meta, camuflado con mi peluca blanca, no dud√© en dar un empuj√≥n a Usain Bolt y esprintar como alma que lleva el diablo.

# 125 Yolanda Nava Miguélez

 

UNA SANSIL DIFERENTE

El recorrido est√° marcado. La fecha se acerca. En mi est√≥mago la emoci√≥n burbujea esperando el momento. Cuando llega el d√≠a me lanzo a la carrera y, aunque bajo mis pies no hay asfalto, mis pasos son, si cabe, m√°s firmes que nunca. Llego a la meta feliz, no he vacilado en ning√ļn momento. He rodeado el palmeral, he recorrido la zona de c√©sped que hay m√°s abajo para continuar por la playa hasta llegar al mont√≠culo rocoso que marcaba el final. He sido el primero. Ventajas de ser el √ļnico poblador de esta isla y, aunque el escenario no ha sido el de otros a√Īos, el sentimiento ha sido el mismo.

# 124 María Luisa López González

 

El Milagro de San Silvestre.

Entonces me pesaba tanto el alma, que podr√≠a decirse que padec√≠a ¬ęlastimosidad m√≥rbida¬Ľ. Con suerte lograba dar unos pocos pasos arrastrando los pies. Eso, si consegu√≠a levantarme. Aquella ma√Īana, a la altura del Paseo de San Antonio, me invadi√≥ una suerte de euforia indescriptible. Algo prendi√≥ dentro de m√≠. Algo rugiente y poderoso que me impuls√≥ a correr desatada. A cada zancada se iban desprendiendo, primero, la capa externa, la m√°s gruesa. Luego le siguieron todas las dem√°s. Llegu√© a sentir tal ligereza, que os juro que mis pies despegaron del suelo. Vol√©. Por supuesto, a pesar de alcanzar el primer puesto, fui descalificada por carecer de dorsal y culminar en pa√Īos menores. Poco importa. El caso es que se obr√≥ el milagro: el milagro de San Silvestre. Desde entonces, no hay meta que se me resista.

# 123 Juan Santos C√°novas Carayol

 

Un a√Īo de espera, diez mil metros so√Īando

Deportivas limpias, pantal√≥n doblado y el dorsal sobre la camiseta, ligeramente perfumada. Quince a√Īos participando, prepar√°ndola con mimo durante meses, doce en realidad. Entrenando por caminos y parques. Al acercarse diciembre retiraba grasas y az√ļcares de su dieta, iba a la peluquer√≠a y se cortaba el pelo ya encanecido. La noche anterior no dorm√≠a. Llegaba temprano. Saludos, √°nimos, an√©cdotas. Saludos, nervios, m√°s saludos... Calentaba, se situaba nervioso en las filas delanteras y comenzaba con su ritmo lento, constante. Le adelantaban... le adelantaban... le adelantaban... Entonces aparec√≠a, le miraba y sonre√≠a, como si el cansancio no fuese con ella. Hechizado, devolv√≠a la sonrisa y realizaban la carrera juntos, sin hablar, acompasando su coraz√≥n, mir√°ndose a los ojos, sonriendo durante casi diez mil metros, hasta que la l√≠nea de meta los despertaba. Los felicitaban por separado, y la luz de sus ojos se apagaba lentamente hasta la pr√≥xima San Silvestre Salmantina.

# 122 Modes Lobato Marcos

 

VADE RETRO

Soy un paria, un leproso del que todos se alejan. Y mi √ļnico deseo es ser aceptado por alg√ļn corredor, en la San Silvestre Salmantina. Sin embargo, mi sue√Īo se esfuma, como una cencellada en verano, cuando me arrojan al basurero de los rechazados. Entonces quiero llorar, pero no puedo hacerlo. Porque solo soy un dorsal. Un dorsal que lleva impreso el n√ļmero 13.

# 121 Bego√Īa Rodriguez Pereira

 

Sue√Īos

Era un domingo de verano, hac√≠a calor, en √©poca de siembra es el √ļnico d√≠a que no se trabaja, que dir√°n los vecinos. Despu√©s de echar la siesta y cuando ya baja el calor, voy a sentarme en el banco con la Puri y la Maria, a la fresca. Nos re√≠mos y recordamos de cuando √©ramos j√≥venes, la Mar√≠a era la presumida, con sus joyas, y la Puri, la que siempre llegaba tarde. - Recuerdas, de cuando √≠bamos al baile, los chicos no se arrimaban mucho, eran muy respetuosos. (Risas) Se abre la puerta y all√≠ estoy, viendo a la nada y reviviendo ese verano del a√Īo 1948, porque no recordar√© mi nombre, pero los recuerdos de juventud regresan para alegrar mi mundo descolocado

# 120 Jes√ļs Franc√©s Due√Īas

 

X

El cronista salmantino, famoso por su proverbial pasi√≥n por los detalles m√°s nimios, su amor enfermizo por las sutilezas, su tendencia al matiz min√ļsculo y a la balad√≠ menudencia, cual obsesivo miniaturista medieval, ubic√≥ al protagonista en la recta final del √©xito, gozando de los adjetivos (esdr√ļjulos generalmente) propios de la gloria: √©pico, m√≠tico, hist√≥rico. Etc√©tera. El ganador corr√≠a a paso firme, sabi√©ndose triunfante de una Sansil dura pero brillantemente contada por el narrador omnisciente, que ya notaba en sus sienes el peso leve de los laureles y el otro peso, no tan leve, del oro colg√°ndole del cuello. Y fue poco antes de la meta, donde acaba el p√°rrafo y empieza la tragedia, que el periodista cuidadoso tropieza con su borr√≥n sin cuenta nueva y escribe que el corredor inspira y expira y esa equis maldita mata por descuido al ganador justo antes del punto final de la cr√≥nica.

# 119 Teresa Rodríguez Mendo

 

Un intento, nada m√°s

Su primer intento hab√≠a sido un impulso. No lo hab√≠a meditado, simplemente salto. Aquel d√≠a un corredor lo vio y no dud√≥ en lanzarse a las g√©lidas aguas del Tormes a por √©l . Unos meses despu√©s, se lo cruz√≥ mientras corr√≠a por el paseo fluvial. Corr√≠a sin control para olvidarse de su asco de vida y centrarse en respirar. Cuando par√≥ para recuperar el resuello, Miguel lo alcanz√≥. Le ofreci√≥ entrenar dos veces por semana con √©l. Fue un maravilloso comienzo. Empez√≥ a entender su cuerpo; por fin ten√≠a una meta clara cuando se levantaba de la cama. Quer√≠a correr una de las grandes con Miguel, solo quer√≠a terminar la San Silvestre. Los imperdibles le temblaban en las manos, lo hab√≠a logrado, hab√≠a terminado. Aquel primer intento se qued√≥ en eso, en el √ļnico intento. Miguel lo sac√≥ del r√≠o y el atletismo le devolvi√≥ la vida.

# 118 Manuel Gonz√°lez Leyte

 

Corriendo para no dejar de correr

Ser√°n silvestres las normas. El per√≠metro del ombligo del mundo. Ser√°n diez mil segundos. Metro a metro. Pelo suelto. Correremos una marat√≥n en nuestro metro cuadrado. Yo empujo, t√ļ te deslizas suavizando. Tus pasos dentro de mis pasos. Suma de latidos. Tu coraz√≥n contagiando al m√≠o. Al ritmo de nuestra bater√≠a gira la percusi√≥n de suelas y adoquines. Tu cara oculta, visibles los dorsales. Te hago llegar im√°genes. El bote de sal que el sudor arranca de las camisetas a los colores. Te hago llegar sonidos. Roce, codos, cordones. Estornuda de nieve la ma√Īana. Ilusi√≥n, vaga felicidad. Escalofr√≠os en la piel caliente. Espiral de cipreses blancos. Se estira mi vientre, los minutos, los metros. Iones, discusiones, geles, contradicciones. Zancadas con eco. Cu√°driceps arriba, Tormes abajo. Las carreras pasadas, c√≥mo vendr√°n las que vengan. Siempre discontinua la l√≠nea de meta, siempre deseando que contin√ļe y regrese, corriendo para volver a empezar‚Ķ

# 117 Angelina Betsabeth Salas Obando

 

El retrato

-Magnifica- lo √ļnico que pude expresar ante este deleite de arte. Un regalo de mi querido taita en paz descanse, la imagen de una bella dama que te cautivaba al instante ,todos me halagaban por el pedazo de cuadro que adornaba mi morada .Se me hab√≠a vuelto una obsesi√≥n verle cada d√≠a desde la ma√Īanita hasta la llegada del alba ,en mi mente solo estaban esos ojos tan profundos que se te entraban hasta el alma .Mis compadres asombrados por mi porte de huesos me dijeron -deja esa obsesi√≥n de obs√©rvala- .Hasta el d√≠a que ella sali√≥ de su cautiverio jal√°ndome y con una sonrisa entre sus labios me dijo :- ahora eres t√ļ quien adornara ese retrato- march√°ndose mientras yo solo pod√≠a observarla.

# 116 Maria Silvia Barro

 

Por mí y para ella

Su abuela hab√≠a sido una atleta muy reconocida, con escasos recursos econ√≥micos pero con mucho apoyo y acompa√Īamiento familiar. Las medallas y trofeos a√ļn estaban expuestos en una vitrina en el comedor de la antigua casona. La admiraci√≥n de Felipe hacia su abuela Clara era gigante. So√Īaba despierto con ser como ella, aunque ya no pudiera estar para acompa√Īarlo, el coronavirus tambi√©n lo hab√≠a privado de su presencia. Lejos de desanimarse, el dolor redobl√≥ sus sue√Īos, se prepar√≥ √≠ntegramente, todos los d√≠as, super√°ndose cada vez. La inscripci√≥n a la competencia estaba por finalizar, s√≥lo faltaba un √ļltimo suspiro para animarse. Esa ma√Īana, al despertarse con el primer rayito de sol entrando por la ventana, pudo vislumbrar a trav√©s de la misma, que el gran cactus de su abuela hab√≠a dado una flor hermosa, blanca, aterciopelada... no hab√≠a dudas que ella lo estaba acompa√Īando para dar el gran paso.

# 115 Ingrid Arbussé

 

DOBLE VICTORIA

En la agotadora carrera de San Silvestre, Mart√≠n se debat√≠a entre la euforia y el agotamiento. Sus piernas ard√≠an, pero su arrojo lo impulsaba hacia la meta. Sin embargo, un grito lo detuvo. En medio de la multitud, un hombre mayor tropezaba y ca√≠a. Mart√≠n dud√≥ un segundo, su r√©cord personal en juego, pero sus instintos le dominaron. Retrocedi√≥ y levant√≥ al hombre. Era Don Emilio, un veterano atleta que nunca se hab√≠a perdido una San Silvestre. El p√ļblico rug√≠a con entusiasmo cuando Mart√≠n y Don Emilio cruzaron la meta juntos, brazo a brazo. La ovaci√≥n fue ensordecedora. Mart√≠n hab√≠a perdido la carrera, pero hab√≠a ganado algo m√°s valioso; la admiraci√≥n de todos y la satisfacci√≥n personal de haber aprendido una lecci√≥n. En la carrera de San Silvestre, la verdadera victoria no siempre est√° en cruzar primero la l√≠nea, sino en la humanidad que mostramos en el camino.

# 114 RAFAEL

 

TRAS LAS HUELLAS DEL √ČXITO

Era mi primera carrera y los nervios me atenazaban antes de la salida. Quer√≠a creer que me encontraba f√≠sicamente preparado para terminar la San Silvestre. Sin embargo, un veterano corredor me advirti√≥ de la importancia de la resistencia ps√≠quica. De evitar que los pensamientos negativos relativos al cansancio, al esfuerzo, al sinsentido del sufrimiento banal ocuparan mi mente. Por suerte, al llegar al Paseo del Rollo, las mallas negras que envolv√≠an unos gl√ļteos espectaculares absorbieron mi atenci√≥n. Llevaba mi mismo ritmo y en la camiseta luc√≠a su nombre -Cris- bajo una melenita rubia, corta y suelta, como a m√≠ me gusta. Con los codos defend√≠ mi posici√≥n de privilegio hasta la meta y concentr√© mis percepciones en esos cadenciosos y cimbreantes movimientos de un cuerpo de ensue√Īo. Al terminar, de entre el p√ļblico una voz llam√≥ su atenci√≥n: ¬°Cristian! Y un mozo con bigote rubio, corto y suelto se volvi√≥.

# 113 Javier Cabello Urquia

 

Su carrera

Llevaba todo el a√Īo prepar√°ndose para la primera carrera de su vida, so√Īaba con el premio. El estallido de las 12:30 desat√≥ el j√ļbilo, pero √Āngel pens√≥ que lo mejor era dosificar sus fuerzas en los kil√≥metros iniciales. Al entrar en la Plaza Mayor, algunas farolas comenzaban a iluminarse. Absorto, sigui√≥ hacia delante. Al pasar por la Casa de las Conchas, una densa niebla cegadora invad√≠a la Calle de la Compa√Ī√≠a. Crey√≥ que era el momento de acelerar para colocarse en cabeza. Bajaba como un rayo el Paseo de la Estaci√≥n. De las viviendas surg√≠a olor a lechazo asado y unas voces televisivas familiares‚Ķ ¬ŅEran las de Ramonchu y Anne Igartiburu? √Āngel avanzaba ensimismado, directo hacia la meta. Cuando la atraves√≥, en solitario, pens√≥ que hab√≠a quedado en primera posici√≥n. De repente, decenas de fuegos artificiales explotaron en el cielo estrellado. Hab√≠a ganado, estaba seguro‚Ķ ¬ŅQu√© otra cosa podr√≠a ser?

# 112 Enrique Manuel Milanés León

 

Promesa

Goloso de aventura, el escritor se inform√≥ sobre la San Silvestre y, entre an√©cdotas y laureles, encontr√≥ la historia del atleta inveros√≠mil que, tras laborioso sedentarismo, pretend√≠a pagar la promesa hecha a sus dioses √≠ntimos: si frenaban el c√°ncer de su peque√Īa, nada le parar√≠a hasta la meta. Le cumplieron; ahora deb√≠a hacerlo √©l. El d√≠a lleg√≥ trotando. Los corredores parec√≠an segadores de aplausos entre surcos de salmantinos. Con m√°s sudor que ideas, el escritor buscaba c√≥mo tachar los calambres. Apuraba las zancadas cuando apareci√≥ a su lado un rival, pleno de libras y hu√©rfano de pulmones, que le desafiaba descaradamente sobre el asfalto. Enseguida lo reconoci√≥: era el hombre de la promesa. Fingi√≥ ajustar una zapatilla. Lo vio achicarse rumbo al objetivo. Ninguno de los dos ganar√≠a trofeo, pero √©l sinti√≥ que nadie ten√≠a derecho a disputarle un lugar al campe√≥n que buscaba el abrazo de su hija.

# 111 JOS√Č LUIS BARROS JUSTO

 

Meta y final

Correr la San Silvestre Salmantina es como rememorar mi propia vida. La salida es un c√ļmulo de emociones, estoy lleno de energ√≠a y tengo un largo camino por delante. El primer tramo resulta f√°cil, como esa infancia feliz, ajeno a los problemas que me esperan. La carrera contin√ļa, el recorrido empieza a ser complicado. Me recuerda a una madurez en la que tuve que hacer frente a las dificultades y seguir adelante sin tirar la toalla. El √ļltimo trayecto es el m√°s duro. La meta est√° ah√≠, muy cerca, y el tiempo ha pasado demasiado r√°pido. Como esa vejez, en donde las fuerzas flaquean, y no sabes si llegar al final es una victoria.

# 109 Lola

 

LA CENA

El ciervo ya est√° en la olla, con sus n√≠scalos y sus pi√Īones. Mientras espero a que suba la v√°lvula de presi√≥n miro por la ventana de la cocina. Siguen pasando por la calle cortada. Cada vez menos. Cada vez a un ritmo m√°s cansado. ¬ŅLlegar√° a la meta toda la gente que se apunta? La San Silvestre Salmantina. Cuando viv√≠a mi madre siempre baj√°bamos a jalear. Ella se empe√Īaba en llevar un cencerro. A m√≠ me avergonzaba un poco tanto ruido. Sube la v√°lvula. Apago. Dos gotas caen sobre la encimera de la cocina: una, por el sudado del vaho en el cristal; la otra, de mi interior. Mis ojos desbordan nostalgia de mi madre.

# 108 Gabriel Camero Martin

 

Trayecto hacia la línea de salida

Sin zapatillas estir√≥ las piernas contra el salpicadero. Remueve sin ganas la fiambrera con tallarines que cocin√≥ la noche anterior mientras su padre conduce sin decir esta boca es m√≠a y en batalla por bajar decibelios a la radio e imponer su m√ļsica cl√°sica. Ambos se dirigen hacia la l√≠nea de salida. Surge una se√Īalizaci√≥n: que en menos de cien kil√≥metros llegar√°n a Salamanca. Y todos los nervios posibles se van acumulando en aquel habit√°culo tras meses de entreno y series de fuerza, cuadrar horarios y robar tiempo a la vida para preparar aquella carrera: la San Silvestre. - No tengo hambre - dijo al fin. Una ganader√≠a de bravo a la izquierda del paisaje, con el pasto helado. - Recuerda lo que te ocurri√≥ el a√Īo pasado... Suspir√≥. Observ√≥ los tallarines rehogados en el aceite de una lata de at√ļn, se palp√≥ con fuerza los m√ļsculos de las piernas y mascull√≥ algo para s√≠.

# 107 María Nieves Angulo Salazar

 

Persevero, ergo sum

Quod natura non dat, Salmantica non praestat. ¬°Ay! Bien lo s√© yo, eterno alumno de Cl√°sicas a quien el lat√≠n se le atragant√≥ all√°, a comienzos de sus estudios universitarios. Pero el lat√≠n, como Dios, aprieta pero no ahoga. As√≠ pues, con el resuello que a√ļn me queda, voy a intentar, de nuevo, una proeza que me rehabilite a ojos de los parientes, la comunidad educativa y mi propia estima: participar√©, otra vez, en la San Silvestre Salmantina. Porque, eso s√≠, la naturaleza me ha dotado de grandes dosis de constancia y la ciudad me presta regularmente oportunidades de demostrarlo, tanto en el √°mbito deportivo como en el acad√©mico. Y, a lo mejor, un a√Īo de estos gano la carrera. Y, a lo mejor, un a√Īo de estos incluso apruebo lat√≠n. No olvidemos que Animus hominis quicquid sibi imperat, obtinet.

# 106 Manuel García Sierra

 

My Only Friend, The End

Ella siempre usa m√ļsica para aislarse de los espectadores. Con las primeras notas de Light My Fire, enfila la recta y descubre que va rezagada. Las corredoras experimentadas saben que cada carrera son varias carreras, atravesando portales: la puerta celestial de segregar endorfinas, la puerta atormentada de intentar olvidar las punzadas, la puerta tentadora que invita a la deserci√≥n y, por fin, la puerta del paroxismo que conduce al otro lado. Break On Through. Ampl√≠a la cadencia. Los pulmones comienzan a enviar se√Īales de alarma y el dolor desgarra. ¬ęM√°s, un poco m√°s¬Ľ. Aparece la reducci√≥n tubular del campo de visi√≥n, la descarga interna con ese efecto casi imposible de explicar salvo a otros atletas, un par√©ntesis entre la l√≥gica de la capacidad fisiol√≥gica agotada. Entonces, sus piernas dejan de ser suyas y en pleno √©xtasis de inmersi√≥n‚Ķ se oye un llanto. La matrona exclama: ¬°Ni√Īa, es una ni√Īa!

# 105 Fran Nore

 

Pies alados

Empezar a paso lento no era seguramente una idea que tuvieran en mente los dem√°s participantes de la carrera. Intent√© con determinaci√≥n precipitarme lo m√°s r√°pido posible rasgando el aire ante la mirada at√≥nita de los jueces que descubrieron que volaba en el espacio. Los competidores respiraban agobiados, exhaustos y angustiados de no poder ni lograr alcanzarme. He so√Īado esto antes, que tengo pies alados, ahora en esta competencia este sue√Īo es real.

# 104 Iraldo Ramírez Tapanes

 

Los sue√Īos se hacen realidad

El joven viv√≠a con su abuela en una isla del Caribe.Desde ni√Īo ten√≠a sue√Īos guardado en un lugar especial. Pero era rebelde, fumaba y beb√≠a. M√°s de una vez tuvo problemas con la polic√≠a,sin embargo ha decidido practicar atletismo. Tendido sobre la verde grama del estadio so√Īaba con los ojos abiertos " Los sue√Īos se hacen realidad"-le dec√≠a su abuela. Lleg√≥ a Madrid y fue recibido sin quitarse el polvo del viaje, entonces se interes√≥ por la carrera de Silvestre Salmantina, cumpli√≥ con los requerimientos y recibi√≥ el dorsal de competencia con el mismo n√ļmero que portara uno de los grande de su pa√≠s en las Olimpiadas de Montreal en 1976.No ten√≠a presentesiones de ganar. Lo importante era correr para atrapar los sue√Īos guardados en un lugar especial, el coraz√≥n.

# 103 Gerardo B√°ez

 

Con los pies en el aire

A mitad de la carrera La San Silvestre Salamantina, Daniela siente retumbar su cuerpo entero. En cada zancada, en cada inhalación y exhalación. Gotas de sudor implacables saltan al vacío. No era una atleta profesional, pero había entrenado duro para este momento. Se detiene en La Plaza Mayor de Salamanca, miles de corredores avanzan a su lado. A lo lejos, escucha la celebración de la comunidad. Alguien le ofrece hidratarse, y al hacerlo se recarga también con la euforia de la gente que le recuerda cuál es la verdadera recompensa. Con cada zancada, Daniela siente sus pies en el aire. Siente que todo el esfuerzo vale la pena.

# 102 MARIA NIEVES SORIA SOMOLINOS

 

LA GANADORA

La ranita fue la primera en cruzar la meta. Todos la vieron pasar como una exhalación entre los corredores. Nadie se lo explica. Ella jura y perjura que escuchó la voz de Unamuno diciéndole: Corre, vence y convence.

# 101 MIGUEL PAZ CABANAS

 

LOS ROSTROS

Muchos se preguntan por qu√© sigo corriendo a mis ochenta a√Īos. Podr√≠a sugerir que por h√°bito, por superar un reto Guinnes, o por puro tes√≥n. Tambi√©n -lo cual, es cierto- porque creo que te hace sentir en comuni√≥n contigo mismo y el mundo. Pero hay otra raz√≥n que nunca he revelado. Cuando corro, me acuerdo de sus rostros. Me refiero a los j√≥venes que sal√≠an de las trincheras. La gente ignora que, en las guerras, lo que hacen los soldados la mayor√≠a del tiempo no es combatir, sino correr: escapando de las balas, del miedo, del horror. Muchas veces, para salvar a otro compa√Īero. Yo me acuerdo de las caras de aquellos que salv√© o me salvaron y, tambi√©n, de quienes no siguieron. Sobre todo, de las de estos √ļltimos: es como si, corriendo al final de mi vida, les otorgase una segunda oportunidad.

# 100 Tomás Piedra Pérez

 

Foto finish

Los datos tienden a ser fr√≠os. Diez mil metros son diez kil√≥metros, seis millas y pico, m√°s de treinta mil pies. M√°s all√° de equivalencias, diez mil metros es la longitud exacta de la San Silvestre salmantina y la distancia correspondiente a una prueba de fondo; no a una de esas competiciones de velocidad en las que los corredores dan zancadas en el aire y llegan tan igualados que parece que por fin se encontraron con su hermano siam√©s separado al nacer. Tras casi diez mil metros en cabeza, yo descubr√≠ un segundo cuello pegado al m√≠o y que me sal√≠a otra pierna derecha de la cintura a escasos cent√≠metros de cruzar la meta en el paseo de San Antonio. Dicen que no hab√≠a sucedido jam√°s. Qued√© segundo por media u√Īa o un suspiro fuera de lugar. Los datos son fr√≠os, pero la foto finish te congela el alma.

# 99 Alfonso Pliego Santos

 

Dejad a los ni√Īos

Los ve a todos desiguales, √ļnicos, ejemplo de la riqueza que hay en la diversidad; sin distinci√≥n de sexo, raza, condici√≥n social. Caras alegres, ansiosas, emocionadas: todas con deseo de participar y ganar ‚Äďo perder, no les importa‚ÄĒ esa carrera de 1070 m. Siente que todos son sus hijos, como tambi√©n lo son los que masacra a diario el sionismo en Palestina ocupada. Entendi√≥ hace mucho que quien tiene un hijo sabe que toda ni√Īa y ni√Īo son sus hijos, todos hermosos, fulgurantes, hasta que el mundo del adulto los va prejuiciando, uniformando mentalmente. Cuando los mira esperanzados en esa l√≠nea de salida en Salamanca, comprende las razones del carpintero aquel de Galilea que ordenaba que los dejaran acerc√°rsele, ya que ver tantos rostros vivaces es como asomarse al reino de los Cielos. Ahora, con los ojos ah√≠tos y h√ļmedos, el viejo puede dormir‚Ķ eternamente.

# 98 Edgar Romero Cabrejos

 

Ella

No me importa si ella gana. Yo la admiro m√°s que nadie y estoy siempre en la meta, esperando que llegue, sea primera o entre las √ļltimas. Me encanta verla correr, porque es igual a una gr√°cil paloma alzando vuelo, hermosa como ninguna otra. Tengo mi cuarto repleto de fotos de ellas. En todas las carreras me he tomado selfies a su lado porque me encanta el brillo de sus ojos, su sonrisa y su carita de √°ngel. Ella no se molesta que le tome tantas fotos y siempre r√≠e y hace fulgurar sus pupilas tanto o m√°s que los luceros. Hoy estar√© all√≠, tambi√©n, en la San Silvestre Salmantina, aup√°ndola a ganar, vivando su nombre y me tomar√© otra foto, apenas cruce la meta. Y seguramente ella me dir√°, coqueta y sin dejar de re√≠rse, "ay pap√°, t√ļ siempre apoy√°ndome" y volver√© a ser feliz, a√ļn ella no gane.

# 97 Alejandra Matute Emperador

 

GALOPANTE ETERNO

La luz del alba y el g√©lido fr√≠o del invierno salmantino me acompa√Īaban en las primeras horas del d√≠a. Hab√≠a llegado el momento. Le promet√≠ que su tradici√≥n nunca morir√≠a. Pap√° me pidi√≥ cuarenta y cinco d√≠as antes que continuara galopando la ‚ÄúSan Silvestre‚ÄĚ por √©l. Unos minutos despu√©s dej√≥ de respirar. Ese maldito c√°ncer me lo arrebat√≥, pero jam√°s se marchar√≠an sus ganas de acudir a la cita del √ļltimo domingo del a√Īo. El recuerdo me invadi√≥ de dolor y emoci√≥n contenida. Una l√°grima cay√≥ por la mejilla hasta salar mis labios. Durante mis 36 a√Īos de vida le esper√© en la meta. Ahora era yo quien cog√≠a su testigo, segura de que mi galopante eterno me guiar√≠a y acompa√Īar√≠a por las calles de alma robusta de la dorada Salamanca de Unamuno.

# 96 Silvia Oller Jurado

 

LAS HUELLAS DEL PASADO

Mariano, un anciano de cabellos plateados, cuidaba un rinc√≥n especial en su hogar: un altar de fotos de sus hijos y nietos. Sin embargo, una imagen destacaba sobre las dem√°s: una fotograf√≠a en blanco y negro de la San Silvestre Salmantina. Mariano sol√≠a correr como el viento en su juventud, y aquel evento era su glorioso escenario. Cuando contemplaba esa foto, una sensaci√≥n de anhelo y satisfacci√≥n lo invad√≠a. Recordaba la brisa fresca, la euforia de la carrera y la alegr√≠a en su coraz√≥n. Esa imagen era un v√≠nculo con su juventud dorada, un recordatorio de que el tiempo no pod√≠a borrar por completo aquellos momentos. En su mirada, a√ļn ard√≠a el esp√≠ritu del corredor que alguna vez fue, conectando su pasado con el presente. Esa foto era su mayor tesoro, un portal a su juventud que siempre perdurar√≠a en su coraz√≥n.

# 95 Paula Hern√°ndez Burguete

 

Los milagros de San Silvestre

Dejaba atrás el paseo de San Antonio y avanzaba a paso ligero hacia el siguiente nivel del recorrido. En el Bulevar San Francisco, descubrió un gatito a punto de ser aniquilado por un viejo tubo de escape. Tiró de él suavemente y el animalillo comenzó a seguirle. Poco a poco se fueron uniendo otros mininos a la carrera. En la Plaza de San Antonio, se cruzó con dos hombres que llamaron su atención. Uno era ciego de nacimiento, pero trataba de seguir el curso de la carrera, hasta que, con su bastón, palpó las harapientas vestiduras del flautista de Amelín gatuno. La primera imagen que vieron los ojos del invidente fueron las de otro lisiado, también con su bastón, saltando de alegría. ¡Saltando! ¡Un paralítico! Ambos se miraron, dubitativos, y se preguntaron si aquel vagabundo que cruzaba la línea de meta con su séquito de gatos sería realmente San Silvestre.

# 94 Giovanni

 

Pasos de perseverancia

Era la ma√Īana del √ļltimo domingo del a√Īo y las calles de Salamanca estaban llenas de corredores ansiosos por participar en la San Silvestre Salmantina. entre ellos se encontraba Luna, una joven so√Īadora y disciplinada que no dejaba pasar la oportunidad de sumarse a esta carrera emblem√°tica. Mientras avanzaba por el recorrido, Luna sinti√≥ un tir√≥n incomodo en el calzado izquierdo. Mir√≥ hac√≠a abajo y se dio cuenta de que las agujetas de su zapato se hab√≠an aflojado. a pesar de la molestia, decidi√≥ no detenerse y seguir corriendo. En medio de la competencia, reflexion√≥ sobre la vida que llevamos. Nadie ni nada es perfecto, siempre habr√° obst√°culos en nuestro camino. Sin embargo, debemos aprender a seguir adelante con lo que tenemos, sin dejar que los peque√Īos contratiempos nos detengan. Con el viento en su rostro y el sonido de los aplausos de los espectadores, Luna logr√≥ llegar a meta.

# 93 Miguel Escudero

 

El a√Īo que triunf√© en la San Silvestre

Voy a ganar la San Silvestre Salmantina, me dije. Todo es una cuesti√≥n de confianza. El entrenamiento, y la gen√©tica, tampoco vienen mal. Pero sobre todo confianza. Que tengo 46 a√Īos y el colesterol alto, pues m√°s grande es el reto. La vida son retos. As√≠ que ah√≠ estaba yo, en la salida, con mis zapatillas nuevas y mi barriga prominente. A mitad de recorrido, cuando mi confianza brillaba por su ausencia y estaba a punto de abandonar, conoc√≠ a Maite. Y corr√≠ a su lado hasta la misma l√≠nea de meta. Despu√©s me dio una lipotimia y casi me muero. No hay triunfo sin sacrificio.

# 92 BRAYAN ESTIVEN OSPINA ALVAREZ

 

El amor a movernos

El movernos es ese motor que nos levanta, lo que hace que avancemos hacia adelante sin detenernos, orientados con el √ļnico prop√≥sito de dar todo de nosotros, de dejar hasta la √ļltima gota de sudor, que aunque tengamos dolores y calambres no nos rindamos, no decaigamos ante la lucha, aunque nos quedemos sin energ√≠a hay que terminar, no rendirnos hasta completar nuestro recorrido, porque as√≠ somos, apasionados, enfocados y mentalizados en alcanzar nuestro objetivo, porque es m√°s que una simple carrera, es una prueba personal de que podemos lograr lo que nos propongamos y salir ganadores.

# 91 Mar√≠a Mora Mu√Īoz

 

Una vez m√°s

Justo sobre la l√≠nea de salida, una vez m√°s. Tan solo una √ļnica vez m√°s. Cierro los ojos y respiro profundamente. Miles de recuerdos se agolpan en mi mente. Lleg√≥ el momento de decir adi√≥s, de cerrar el c√≠rculo que abr√≠ hace ya sesenta y un a√Īos. En esta ciudad donde todo empez√≥. Aquella carrera no la gan√© pero jam√°s olvidar√© el orgullo en el rostro de mi madre. Desde aquel momento revivo la adrenalina de los minutos antes de la salida, la satisfacci√≥n de llegar a la meta y el abrazo de mi madre al terminar la carrera una y otra vez. Hoy, en la San Silvestre Salmantina a la que acudo a√Īo tras a√Īo, me despido de una vida llena de disciplina, ilusi√≥n, superaci√≥n y retos. Anhelando aquellos a√Īos de oro ol√≠mpico que trajeron la m√°s profunda felicidad a mi familia arraigada en la cuna de la humildad.

# 90 Javier Rodríguez Rodríguez

 

TAN CERCA

S√© que no me ha visto, por eso me permito el lujo de pegarme a ella hasta conseguir que las punteras de mis zapatillas laman casi los talones de las suyas. Todo esto es muy raro. S√≠, correr una San Silvestre detr√°s de la mujer que te acaba de abandonar, ‚ÄĒpero de la que sigues enamorado‚ÄĒ, as√≠, de inc√≥gnito, sin que ella no pueda ni siquiera imagin√°rselo, es realmente muy extra√Īo, pero tambi√©n es verdad que, si el amor mueve monta√Īas, c√≥mo no va a mover a un sedentario irredento como yo‚Ķ Pasado mi arre√≥n inicial, me deja atr√°s con facilidad. La veo alejarse, al igual que lo ha hecho en mi vida. No puedo m√°s, no terminar√© la carrera. Da igual, √©sta nunca podr√≠a ganarla.

# 89 MAR√ćA SERGIA MARTIN GONZALEZ

 

La vida que te inventé

Me encomend√© a San Silvestre antes de comenzar la carrera. Bes√© mi dorsal. Te mir√©. Me miraste y, de improviso, sinuosas monta√Īas blanquearon sus cimas. Pero no eran nieves, sino los claroscuros de Plaza de Espa√Īa. Tampoco volaban grullas, aunque algo m√°gico agit√≥ el aire cuando en Esperab√© roc√© tu mano y todo se precipit√≥... Te ped√≠ matrimonio en la Charrer√≠a. Dijiste que s√≠. Nos besamos en Balmes. Tuvimos una preciosa hija. Se hizo escritora. Nos dio dos nietos. El peque√Īo, m√ļsico. Para nuestro aniversario compuso Veracruz, una hermosa sonata. La mayor, arquitecta. Construy√≥ una casa en Comuneros. Como so√Ī√°bamos. Me sonre√≠ste con picard√≠a en Cuatro Caminos, segundos antes de que una inoportuna zancadilla me hiciera trastabillar frente a la meta. Te vi alejarte entre ovaciones y flashes; sin volver la cara; abrazada a un tipo que, de rodillas y con una est√ļpida banda de m√ļsica, acababa de pedirte matrimonio.

# 88 AL√ćNIZ

 

EL ABUELO DOMINGO

¬ęPara m√≠ ser√≠a un orgullo, Manol√≠n, que mi nieto corriera la San Silvestre Salmantina. Correrla digo, ¬Ņeh?, tampoco hay por qu√© llegar el primero¬Ľ. Escuchas eso una vez y vale, pero lo escuchas mil‚Ķ porque el abuelo Domingo es capaz de aburrir a las amapolas. ¬ęYa est√° abierto el plazo de inscripci√≥n¬Ľ, volvi√≥ a la carga un d√≠a; y otro, y otros m√°s. As√≠ que, aqu√≠ estoy, peleando en la carrera. Y ah√≠ tengo al abuelo, aguard√°ndome para hacer juntos el Puente Viejo, ¬°qu√© ocurrencia, por favor! 213 nos adelantan en el trayecto, pero qu√© le vas a pedir a sus 86 a√Īos. Al final, me clasifico el 728. Pero si a 728 le restas 213, no est√° mal para casi no haber entrenado. Adem√°s, puede que los 213 del Puente Romano fueran m√°s, que no estoy yo muy seguro. El pr√≥ximo a√Īo tendr√© que poner m√°s atenci√≥n al contar.

# 87 Guillermo Sanz Lahoz

 

La luz bajo la puerta

Inquietud, incertidumbre, oscuridad. Mil miedos, mil temores al acecho. De peque√Īo a grande tanto en edad como en tama√Īo de tus miedos, pero siempre sales ileso. Una lesi√≥n evitada, un familiar o amigo que tarda en llegar, una casa en silencio o el sentimiento de un domingo por la tarde. Mil sensaciones y mil alivios. Recuerdas que tras una salida hay una llegada, que tras un paso va el siguiente, que tras un susto hay relajaci√≥n y que, como cuando eras peque√Īo, siempre acabas viendo c√≥mo se enciende la luz bajo la puerta.

# 86 Nagore García Velázquez

 

Adelante, uno m√°s

Una persona muy sabia me regal√≥ una vez el consejo m√°s valioso que haya recibido jam√°s: cuando creas que no puedes m√°s, que las piernas no responden sino a la extenuaci√≥n y la traidora inercia, contraria a toda f√≠sica, invita a frenar y rendirse, tan solo piensa en dar un paso. Uno. As√≠ he aprendido que cualquier tarea, desaf√≠o, cualquier distancia, se doblega silenciando el paralizante miedo al horizonte y fijando una nueva meta en lo inminente. No te detengas, un paso m√°s. Uno. Con esa consigna grabada a fuego me enfrento este a√Īo, con ilusi√≥n a raudales, a la que va a ser mi primera carrera de atletismo tras aciagos a√Īos condicionados por la enfermedad. Dudas razonables me invaden pero no impedir√°n la zancada que persigue a la anterior. No ganar√©, s√© que vencer√©. No perder√©, s√© que llegar√©.

# 85 Luis

 

CONDUCTOR BORRACHO

CONDUCTOR BORRACHO Encontrarse all√≠ y sentir las mariposas en el est√≥mago era una sensaci√≥n √ļnica, le encantaba, pero aquella San Silvestre Salmantina ser√≠a especial, su hijo Alejandro la correr√≠a por primera vez tras el accidente. Era el momento y lo mir√≥ con orgullo de padre. Se gui√Īaron el ojo c√≥mplices. -Te echo una carrera abuelete ‚Äďle laz√≥ el reto con desverg√ľenza. -Nos vemos en la meta -le contest√≥ justo en el momento en que sonaba el pistoletazo de salida. Ambos disfrutaron el uno del otro, el invierno salmantino te regala las ganas de correr en un entorno cuyo recorrido es evocador y hermoso. El camino recorrido hab√≠a sido duro, miles de horas de rehabilitaci√≥n en las que hab√≠an trabajado, sufrido y llorado juntos, Alejandro como paciente, su padre como fisioterapeuta. Hab√≠an logrado eludir las ruedas de por vida, y aunque sus tiempos fueron alejados del primer clasificado ambos se sent√≠an vencedores.

# 84 Joice Chila√ļle

 

Mente y cuerpo sano.

Salí con Una botella de água, exhalé el dolor del sol y apreció la belleza de la naturaleza: corriendo, caminhando y saltano. Me quedé en un rincón del campo, teniendo control sobre mi cuerpo. Me disfrazé de Silvestre Salmantina corriendo en una pista, para ser Estrella en la compentición, y gané Una mente sana, en un cuerpo sano.

# 83 Alejandro Chang Hern√°ndez

 

¬°Victoria!

¬°La visi√≥n se torna borrosa! ¬°Los latidos del coraz√≥n se suceden como alocado galope de corceles! ¬°Los pies se niegan a seguir adelante! La respiraci√≥n entrecortada obliga a acelerar las inspiraciones, buscando el m√°ximo de aire que inunde los pulmones. ¬°Cu√°nto dolor y calambres en cada m√ļsculo del cuerpo! Los ojos se levantan buscando anhelantes la tan ansiada l√≠nea de cal que indica el final del tormento. En un √ļltimo esfuerzo, el cerebro env√≠a una orden espartana a todo el sistema nervioso: ¬°adelante, no importa el cansancio ni las cortantes punzadas! Diez metros, nueve, ocho... ¬°Victoria!

# 82 Ana Isabel Rodríguez Vázquez

 

SIN PENA NI GLORIA

Los √ļltimos veinte a√Īos de mi vida, he participado en la San Silvestre Salmantina. Esta vez es un poco diferente, quiz√°s sea mi √ļltima oportunidad. Me cost√≥ levantarme, pero aqu√≠ estoy, rodeado de corredores que no reparan en mi presencia. No es nada nuevo, siempre he sido un tipo discreto, de los que pasan desapercibidos. Corro ligero, ser√° que no me pesan las carnes. Me entrego en cuerpo y alma y llego a la meta entre los diez primeros. Despu√©s regreso al lugar que me corresponde. Estoy muerto, pero hago un √ļltimo esfuerzo y coloco con cuidado la l√°pida de m√°rmol que lleva mi nombre. Me duelen todos los huesos. Seguro que ma√Īana estar√© hecho polvo.

# 81 Sebastian Alejandro Venancio Garfunkel Ruades

 

Su primera vez

La anciana visti√≥ deportiva para saldar aquella promesa: no morir sin correr la San Silvestre Salmantina. Curvada en primera fila, apoyada en su bast√≥n, avanz√≥ al o√≠r la se√Īal, dej√°ndola atr√°s la multitud y golpe√°ndola el 13 sin intenci√≥n, haci√©ndola tropezar. Vengativa, apur√≥ el trote, sin quitar vista de aquel borroso corredor de n√ļmero indescifrable para su miop√≠a. Se agit√≥, oxigen√≥ sus venas y sud√≥ por primera vez en a√Īos. Sus varicosas piernas vigorizaron y su cadera enderez√≥ chasqueando, lanzando un berrido y dentadura postiza, aliviando el nervio ci√°tico. Quemaba calor√≠as y sus ri√Īones filtraban como refiner√≠a, bajando el colesterol, subiendo la presi√≥n y apur√°ndola su incontinencia. Aceler√≥ rejuvenecida, alcanz√°ndolo a metros del final, para sorpresa del 13, decorando su rostro surcado una diab√≥lica y desdentada sonrisa. Le atraves√≥ el bast√≥n ‚Äúfortuitamente‚ÄĚ, tumb√°ndolo, y cruz√≥ la meta, obteniendo el primer puesto, salud abundante y una denuncia penal.

# 80 M Salvador Mu√Īoz

 

Alma de piedra

Desde su p√©trea existencia observa durante decenios la San Silvestre. Los mortales, con su cansino trotar, le exasperan, podr√≠a vencerlos sin dificultad, mas no es tiempo para un condicional. Con tit√°nico esfuerzo arranca su cuerpo del capitel y se deja caer sobre el pavimento. Con fiereza le quita el dorsal a un incauto disfrazado de rana que, saltando, huye despavorido. Todos alaban su disfraz. ¬ęVosotros, s√≠ que est√°is disfrazados, carne perecedera en vuestra fugaz existencia¬Ľ, piensa con una mueca ir√≥nica. Ante el j√ļbilo de los presentes se alza victorioso. Con ansiedad saborea el triunfo, pero el tiempo apremia y la oscuridad ya se cierne sobre la catedral. Con premura trepa por la fachada hasta su lugar de descanso, junto a √©l, su trofeo perdurar√° ya para la eternidad. En el silencio de la noche se escuchan lamentos quejumbrosos: cong√©neres del campe√≥n retorci√©ndose de envidia esperando su oportunidad el pr√≥ximo a√Īo.

# 79 Maria Cruz Lorenzo Luengo

 

La carrera de invierno y contra el invierno.

Como cada diciembre, cientos de atletas se disponen a celebrar la fiesta del atletismo charro. Desde lo alto del Cerro de San Vicente, pero tres mil a√Īos antes, un grupo de cazadores tambi√©n prepara una batida. Un disparo y un grito del l√≠der marcan la salida. Los p√°jaros cercanos, asustados, levantan el vuelo. Unos activan sus puls√≥metros mientras otros agarran sus lanzas, y comienzan a correr contra el crono y el hambre. Las pisadas en la nieve y las agitadas respiraciones resuenan como una locomotora. El fr√≠o viento de la sierra convierte las exhalaciones en el humo del convoy. Tras diez kil√≥metros, unos vislumbran la meta; otros un mamut en las g√©lidas aguas del Tormes. Al d√≠a siguiente habr√° deportistas con tendinitis y alg√ļn cazador muerto bajo las patas del enorme paquidermo. La llegada es ajustada pero la foto finish no deja dudas: Este invierno habr√° carne y grasa suficiente.

# 78 Víctor Valdesueiro Bernabé

 

La ciudad de las carreras eternas

Antes de la cena familiar, de las uvas y del champ√°n; nada mejor que rendir homenaje al a√Īo que agoniza corriendo la San Silvestre. Y para carreras, como Salamanca ninguna. Ciudad emblema de carreras y grados, de medallas y medallones, y de monumentos que reflejan la luz como el metal del vencedor. Por sus calles corrieron grandes atletas. Como por ejemplo Francisco de Vitoria, que gan√≥ su carrera contra los que no quer√≠an derechos para los ind√≠genas americanos. O los comuneros de Castilla, que participaron en una temeraria competici√≥n frente a los musculosos corredores de un Rey. O el inmortal Miguel de Unamuno, quien intent√≥ vencer a un futuro que iba a te√Īir de sangre su pa√≠s y, en la recta final, viendo que no le quedaba resuello para el sprint, alz√≥ la voz desde el Paraninfo de la Universidad y su grito alcanz√≥ la eternidad: ‚ÄĒ ¬°Vencer√©is, pero no convencer√©is!

# 77 Ramón Ferreres Castell

 

El devoto

A√ļn pervive en nuestro recuerdo la emoci√≥n del bueno de Juan cuando nos propuso apuntarnos a la San Silvestre de aquel a√Īo, un entusiasmo que desapareci√≥ de su rostro al cruzar la meta el √ļltimo de nuestro grupo de amigos. Tras el decepcionante debut, decidi√≥ prepararse a conciencia visitando a diario cuantas iglesias pod√≠a ‚Äēhay una vasta oferta en Salamanca‚Äē para pedirle a San Silvestre que le diera fuerzas. Como todav√≠a no ten√≠a carn√©, iba corriendo de una a otra sin importar el calor, la lluvia o el fr√≠o. Al a√Īo siguiente nos gan√≥ a todos. Convencido de que el santo era el √ļnico responsable de su logro, mantuvo el ritual diario hasta convertirse en una firme promesa del atletismo salmantino, y llegaron las ofertas para hacerse profesional; pero el bueno de Juan ya hab√≠a decidido cambiar las zapatillas y la camiseta por las sandalias y el h√°bito.

# 76 Marcos Manuel

 

RECORRIDO HIST√ďRICO A PLENO PULM√ďN

Es la primera vez que me enfrento al reto de recorrer lugares emblemáticos de la ilustre ciudad de Salamanca participando en la San Silvestre Salmantina. Esta ruta deportiva por la ciudad monumental me abrirá los ojos y podré contemplar tanta belleza respirando a pleno pulmón los aires que abrazan sus murallas medievales. Cruzaré el puente romano sobre el Tormes dejando a un lado los restos de la iglesia de San Lorenzo y seguiré camino agradeciendo no haber experimentado calambres o un bajón de glucosa. Sé que mi mirada se distraerá bordeando el Parque Arqueológico del Botánico junto a las fachadas de un convento y una iglesia evocadores. Espero estar a la altura del recorrido y cuando pase por el Palacio de Monterrey, que sea con suficientes fuerzas para poder terminar la carrera dignamente. ¡Mucho ánimo! Disfrutemos juntos del deporte y de esta noble y hospitalaria ciudad de Salamanca.

# 74 Diego Cruz Guerrero

 

Non plus ultra

Al percatarse el escritor de que apenas dispon√≠a de 150 palabras para llevar a su protagonista a la gloria de la San Silvestre Salmantina, sin pensarlo dos veces lo coloc√≥ varios metros m√°s adelante de la l√≠nea de salida para asegurar, sin dificultades ni demoras, la victoria. El protagonista advirti√≥ aquella considerable ventaja y su ser competitivo le hizo retroceder m√°s all√° de la l√≠nea, quedando muy por detr√°s de todos al arrancar. Esta decisi√≥n desajust√≥ el resto de la trama que ten√≠a prevista el escritor, quien, para evitar controversias sobre su trampa fallida, se desentendi√≥ del microrrelato. Contra todo pron√≥stico, el protagonista, mientras tanto, remont√≥ la carrera, pero por m√°s que corri√≥ nunca vislumbr√≥ la l√≠nea de meta. Previsiblemente, al renunciar el escritor a su creaci√≥n, no hab√≠a ya un punto final que alcanzar. Cuentan que los espectadores quedaron, en la meta, esperando al ganador de este a√Īo.

# 73 Daniel Esteban Cardoso

 

¬ŅQu√© hay de ellos? Mande Bushemich

A lo largo de los a√Īos la gente siempre ha recordado de los ganadores de la San Silvestre, pero ¬Ņy qui√©n se acuerda de los no ganadores? ¬ŅQu√© hay de ellos? Aquellos que vuelven con las manos vac√≠as despu√©s de no haber conseguido su objetivo tras a√Īos de dedicaci√≥n. La gente suele decir que, por lo menos, lo han intentado, que ya lo conseguir√°n, que solo hay que esperar. Pero no sabemos lo que es levantarse al d√≠a siguiente, de ver que no has pasado la meta el primero sabiendo que te has esforzado al m√°ximo, pero no ha servido para nada, pensando que no sirves para esto. Porque hay qui√©n participa para pasar el rato con amigos, pero tambi√©n est√°n los que se jugaban mucho y no lo han logrado, que han perdido su oportunidad, que nunca podr√°n superarlo mentalmente. ¬ŅQu√© hay de ellos? 3 segundos, Mande Bushendich.

# 72 María Daniela Larrea Bustos

 

Mi orgullo

El paseo de San Antonio est√° repleto. No cabe un alfiler. Le doy la espalda a la iglesia, me apretujo entre la gente para ver m√°s de cerca a los corredores. Los familiares y amigos los alientan con gritos y pancartas. Los ni√Īos peque√Īos se suben a los hombros de los padres para participar de la fiesta callejera y ondear al viento sus banderines. Busco en la multitud a mi padre, un hombre septuagenario al que la vida no lo logra botar. Un hombre que despierta cada ma√Īana y entrena su cuerpo cansado buscando estrujarle hasta la √ļltima gota de vitalidad y que busca desaf√≠os cuando tiene la vida resuelta; un hombre que no se rinde y que se esforzar√° por cruzar el list√≥n de la meta con los brazos en alto y una sonrisa. Buscar√° en el p√ļblico la aprobaci√≥n en los ojos de su hija. Me encontrar√° orgullosa.

# 71 Ramón Adriano Rivera Salvador

 

La carrera

La carrera -Avanza muchacho, avanza. -Ponle coraz√≥n a esas piernas. -Aprovecha la bajada, d√©jate rodar, no tengas miedo. -Hazlo como lo entrenamos al subir, todo el cuerpo, que tus dientes, tus orejas contribuyan. -Falta poco, estas muy atr√°s, debes pasar s√≥lo cien o ciento cincuenta atletas. -No me averg√ľences, eres hijo de un campe√≥n. -¬°Son doscientos mil d√≥lares co√Īo! -Me juraste que ser√≠an nuestros. -T√ļ Madre estar√≠a orgullosa. -! Esfu√©rzate, marica! Esas palabras le hirieron profundo. Ten√≠a dos opciones: dejar la carrera, decepcionar a su padre, a su madre muerta, e irse de su casa quien sabe a d√≥nde, o esforzarse hasta desfallecer; quiz√° morir.

# 70 Leire Verdugo Peri√°√Īez

 

L√ćNEA DE META

Sali√≥ de la consulta en estado de shock. Fue una noticia inesperada. Sin dudarlo un segundo y, a pesar de sentirse exhausta, cogi√≥ las zapatillas que hab√≠a guardado meses atr√°s y se present√≥ en la San Silvestre. Siempre participaba, pero precisamente ese a√Īo no era una opci√≥n que hab√≠a podido valorar. Esa ser√≠a una carrera √ļnica, aquella que le hab√≠a otorgado la vida sin preguntar. Su objetivo no era llegar la primera, sino cruzar la l√≠nea de meta. Inici√≥ el trayecto con un semblante radiante. El pelot√≥n se reflejaba sobre la marea de sus ojos. Con dificultad, pero manteni√©ndose firme, lleg√≥ al final, desliz√≥ las manos con decisi√≥n hacia la nuca y deshizo el nudo. Aprovech√≥ la suave brisa para hondear su pa√Īuelo en se√Īal de victoria. Llevaba la paciencia, la valent√≠a y la perseverancia por bandera. No le import√≥ llegar la √ļltima; fue la primera en nacer ese d√≠a.

# 69 Gustavo Martínez Fernández

 

Es el camino lo que importa

Un tropez√≥n inoportuno, y sus huesos en el suelo. Hab√≠a parado el golpe con las manos y, ahora, el dolor le parec√≠a insoportable. Mir√≥ sus rodillas y vio algo de sangre. A pesar del panorama, se resist√≠a a abandonar; permaneci√≥ en una inevitable postura de genuflexi√≥n para tratar de recuperar sus fuerzas mientras escuchaba el sonido de su respiraci√≥n inundando el aire. Se dijo que no pod√≠a m√°s. ‚ÄĒ¬°Vamos, abuelo, que ya se ve el Paseo de San Antonio! ‚ÄĒexclam√≥ impetuosamente una voz junto a √©l. Levant√≥ la cabeza y vio a su nieto. Ocupado como estaba en sus negocios, no acostumbraba a participar en esos eventos, pero‚Ķ all√≠ estaba. Acept√≥ su mano, se incorpor√≥ y reemprendieron la marcha. La cortina de humedad en sus ojos apenas si le permit√≠a vislumbrar la pancarta de meta, pero no importaba‚Ķ

# 68 Paloma Hidalgo Díez

 

El indispensable apoyo familiar

Tras meses de exhaustivo entrenamiento, ya solo faltaban dos noches y un d√≠a para la San Silvestre. Y ah√≠ estaban los m√≠os para ayudarme a estar relajada. Los ronquidos de Juan, estridentes como pocas veces, las pesadillas de la peque√Īa, Los ladridos de Connor (tener gatos en celo en el vecindario le desbarata), la emisora de radio que escucha mi padre para conciliar el sue√Īo, al volumen necesario para hacerlo sin aud√≠fonos, y la llamada del mayor, a las cuatro de la madrugada, para decir que su coche no arrancaba, consiguieron que ayer cayese redonda a las ocho de la tarde, que haya dormido esta √ļltima noche del tir√≥n, y que ahora, espere la salida en este caj√≥n m√°s fresca que un pimpollo, ilusionada con brindarles, si ya no una victoria, soy optimista pero no tanto, s√≠ una llegada a la l√≠nea de meta aunque sea con la lengua fuera.

# 67 Pola Gutiérrez Alegre

 

Atleta africano de élite.

Javi me tiene preocupada. Ahora dice que ser mec√°nico est√° bien pero que lo que √©l realmente quiere es ser un atleta africano de √©lite. ¬ŅAtleta africano? ¬°¬°Pero si naci√≥ aqu√≠, en Salamanca!! Dice que todos los d√≠as entrena para correr la San Silvestre de este a√Īo. Da tres o cuatro vueltas a la manzana antes de ir al taller, y ya se ha comprado unas superzapatillas, supercaras, que pesan menos de cien gramos y una camiseta biom√©trica de compresi√≥n. Le queda algo ajustada para sus noventa y tantos kilos, que no son precisamente de m√ļsculos, pero dice que en cuanto se quite de las tapas y de las ca√Īas de cerveza conseguir√° el peso adecuado. En la √ļltima media marat√≥n que particip√≥ consigui√≥ llegar a la meta. En que puesto no me lo dijo. √Čl est√° ilusionado y feliz. Y yo estoy muy preocupada.

# 66 ANTONIO BELIZON REINA

 

PEGASO

PEGASO Se acercaba el d√≠a. Lo ten√≠a casi todo preparado. Hab√≠a memorizado el circuito, las calles, las avenidas, las plazas, paseos, bulevares, cuestas y la meta. Lugares donde coger una botella de agua, sitios donde aumentar el ritmo, momentos donde dejarme ir y disfrutar. Zapatillas Puma, con garras para pisar fuerte sobre el asfalto. Camiseta con publicidad, esta vez era la ONCE qui√©n patrocinaba. Tan solo faltaba el factor m√°s importante, aquel por el que estuve luchando durante a√Īos y por fin, al cumplir los quince, me lo permitieron y lo adiestr√© a base de entrenamientos antes de la carrera. Mi media naranja, mi perro Pegaso, iba a tirar de m√≠, me conducir√≠a a trav√©s del laberinto de mi mente, de mis ojos ciegos y me llevar√≠a hasta el final, esperando los v√≠tores de aliento de los aficionados. Ese ser√° mi premio, terminar y besar a Pegaso. Se lo merece.

# 65 vanessa sahagun frontela

 

ZAMORANOS AUUU

ZAMORANOS AUUUU Levantandose por la ma√Īana, cinco amigos de zamora se dispon√≠an a participar otro a√Īo mas en la prueba ‚Äú SAN SILVESTRE SALMANTINA‚ÄĚ, estos amigos pasaban ya de los cincuenta y muchos a√Īos, ten√≠an achaques, dolores lesiones duras del pasado laboral de cada uno, pero llegados el momento se presentaron bien equipados deportivamente, con sus relojes cronometros, y llegando a la meta inicial y mirandose unos a otros se dijeron en voz alto: ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎQUE SOMOS ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎZAMORANOS ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎAUUUUUU Terminaron la carrera con un gran tiempo 47 minutos 30 segundos, a una med√≠a de 4,6 el kilometro, contentos de poder hacerla cada a√Īo con salud y energ√≠as renovadas dieron un abrazo a todos los participantes como grandes compa√Īeros que se consideraban y pidieron perd√≥n por esa muestra de ‚Äú Exaltaci√≥n zamorana‚ÄĚ. FIN

# 64 JOAQUIN JOSE SANTOS LOPEZ

 

Venceré

El pitido indicaba el inicio de la San Silvestre Salmantina, siempre la hab√≠a corrido y pese a las dificultades de este a√Īo estaba decidida a llegar a meta. Corr√≠a lentamente, relajada, disfrutando de los monumentos de mi bella ciudad. A mitad del circuito mi cuerpo empez√≥ a flaquear, todav√≠a estaba recuper√°ndome de la √ļltima quimio y sent√≠a una especial dificultad ante aquel esfuerzo. Los gritos de aliento de mis familiares alejaban la flaqueza y me imprim√≠an fuerzas renovadas, pod√≠a continuar. En el √ļltimo kil√≥metro apenas pod√≠a caminar, a tan s√≥lo unas decenas de metros de la meta avanzaba tambale√°ndome en zig zag. Ca√≠ de rodillas, escuchaba los gritos de √°nimo, me arrastr√©, al menos esto no iba a cambiar, este a√Īo volver√≠a a pisar la l√≠nea de meta. Exhausta y atendida por los servicios sanitarios una enorme sonrisa iluminaba mi rostro. Hoy s√≠ hab√≠a ganado.

# 63 Nicolás Cabrera García

 

El Legado.

Mientras avanzaba con buen ritmo, con paso firme e inquebrantable, me perd√≠ entre mis elucubraciones: Tanto esfuerzo, las corridas en las madrugadas, al sol y al agua para hacer los mejores tiempos y medir los progresos, ahora, al fin, estaba a punto de triunfar, respiraba al son de mis pasos, jadeaba, segu√≠a a√ļn con fuerza, la Salmantina ser√° m√≠a. Volv√≠ de mis pensamientos, los asistentes coreaban mi apellido, quedaban poco menos de 100 metros, tome mi √ļltimo aire, apresur√© el paso, la l√≠nea de meta estaba a dos brazadas, cruc√© el list√≥n, gan√©, ganamos, solt√© la radio con la que le estaba haciendo el seguimiento a mi hijo, entre la multitud lo alcance a ver, a lo lejos le grit√©: _ Lo hicimos, nuestro apellido quedar√° en la historia. Aunque el atleta era mi hijo, era como si hubiese corrido yo, √©l hab√≠a hecho realidad mi sue√Īo, ganar la carrera.

# 62 Brenda Hormiga Batista

 

Veo La Pértiga

Quise darme por vencido tantas veces. Lo hice porque he marchado y lo he hecho sin parar. Me he atrevido a saltar m√°s que las vayas, los obst√°culos, las situaciones, o problemas con las que me enfrento a diario. Salt√©, corr√≠‚Ķ Y aun as√≠, quise dejarlo todo a la mitad. Pero me levant√©, me super√©, resist√≠, y solo no mire atr√°s ni me rend√≠, porque constantemente veo la p√©rtiga. Veo a mi familia, a todos aquellos que est√°n para sujetarme, cuando pr√°cticamente siento que se me viene el mundo en cima. Y eso me motiva a insistir. Porque de todo p√ļblico que un atleta como yo pueda tener para avanzar, ellos son mis pilares fundamentales a la hora de apoyarme, impulsarme y hacerme descansar. Por ello, aunque a veces puedan menguar las fuerzas, me lo creo, creo que puedo hacerlo y mejor que como ya lo he hecho.

# 61 Nacho Tapia Vicente

 

La Triplista

Ella era atleta profesional. En su pa√≠s, los beb√©s que reun√≠an condiciones gen√©ticas para alguna especialidad atl√©tica, eran entrenados duramente desde la infancia. En su caso, triple salto. El problema de tal especializaci√≥n era el casi nulo desarrollo de otras disciplinas. Se hab√≠a trasladado a Salamanca este a√Īo. Y la convencieron para correr la San Silvestre. Comenz√≥ la carrera y, tras quince pasos de aceleraci√≥n, se impuls√≥ para efectuar los tres saltos de marras. Aterriz√≥ en el duro y fr√≠o asfalto; unos rasgu√Īos, pero ten√≠a af√°n de superaci√≥n. Se levant√≥ y, de nuevo, procedi√≥ con la rutina. M√°s de doscientas repeticiones despu√©s, consigui√≥ atravesar la l√≠nea de meta. El atronador aplauso del p√ļblico compens√≥ con creces el dolor de su cuerpo, desollado tras tantos intentos. Estaba tan euf√≥rica, que recomendar√≠a la experiencia para el a√Īo siguiente a sus mejores amigos compatriotas: Mirun, disc√≥bolo y Sargiil, saltador de p√©rtiga.

# 60 VICTOR BAILON LORENZO

 

CARRERA MARCHA ATRAS

CARRERA MARCHA ATRAS En una ma√Īana fria de invierno, dos amigos ya sesentones se dispon√≠an a correr como otro a√Īo mas la habitual ‚Äú san silvestre salmantina‚ÄĚ, despu√©s de sus estiramientos calentamientos y series cortas , empezaron a trotar y con la referenc√≠a del Garming de uno de ellos iban a una med√≠a de 5,30 el kil√≥metro, pasando el primero uno de los amigos dijo al otro ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ Es curioso la cicatriz que me hice el a√Īo pasado, me ha desaparecido del brazo‚Ķ. Pasando el segundo kil√≥metro el otro amigo coment√≥: ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎTambien es extra√Īo las molestias que me empezaron aparecer por condromalancia hace dos a√Īos, ya no las tengo ni las siento‚Ķ‚Ķ. Y asi cada kilometro algo extra√Īo suced√≠a en sus cuerpos cuando al final llegaron a la meta despu√©s de 10 kilometros, y alguien que les conoc√≠a dijo: ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎ‚ÄĎNo puede ser posible son Lucas y Miguel pero con 10 a√Īos menos. FIN

# 59 MARIACRUZ CHAVARRIAS MARTIN

 

Trazando caminos

El esperado d√≠a finalmente hab√≠a llegado. Estaba en la l√≠nea de salida, una mezcla de nerviosismo y emoci√≥n recorriendo todo mi cuerpo. A pesar del fr√≠o penetrante que calaba hasta los huesos, sent√≠a c√≥mo las gotas de sudor se deslizaban por mi espalda. Entonces, de repente, el mundo se detuvo cuando reson√≥ la se√Īal de partida. Mi mente se despej√≥ y en un instante, reviv√≠ todos los acontecimientos que hab√≠an marcado este a√Īo. Fue un a√Īo desafiante, marcado por una ruptura que dej√≥ cicatrices profundas. Pero, entre las sombras, lo m√°s valioso fue el encuentro con personas extraordinarias durante mis carreras nocturnas. La brisa fresca acariciando mi rostro y la tensi√≥n en mis m√ļsculos por el esfuerzo actuaban como un b√°lsamo para mi mente, permiti√©ndome finalmente conciliar el sue√Īo. Gracias compa√Īeros de la noche, vuestros relatos inspiradores me han dado la luz en medio de la oscuridad.

# 58 Marco Antonio Fondevila Gil

 

CORRE, VIVE

Nunca fue muy constante en sus prop√≥sitos hasta esa fr√≠a noche de febrero, tirado en el suelo, dolorido, intentando entender porque en un segundo pasas de cruzar la calle a salir volando por encima de un coche. Tambi√©n agradeci√≥ poder ver sus ojos, los de sus peque√Īos, los de ella, -gracias- repiti√≥ una y otra vez. Camino al Hospital supo entender que no hay que perder tiempo, quiz√°s no haya una segunda oportunidad, se acord√≥ de su amigo Javi, -no dejes de correr- le dec√≠a. Sin duda no recuerda una sensaci√≥n tan placentera como el d√≠a que finalizo sus primeros 21 kil√≥metros de entreno. De acuerdo amigo, como siempre hablamos: nos veremos en Salamanca, vamos a la San Silvestre. Hay algo m√°gico en esta ciudad, no te temo Cuesta de Oviedo, solo temo no poder correr, no poder verte Salamanca, no poder buscaros en la meta, recuerda vivir‚Ķ ¬°CORRE!

# 57 Marta Guerrero Mancilla

 

El corredor silencioso

Andy, un hombre de pocas palabras, siempre hab√≠a sido conocido por su silencio. A pesar de ello, su coraz√≥n lat√≠a con una pasi√≥n inquebrantable por la San Silvestre Salmantina. Durante a√Īos, la hab√≠a observado en silencio, sintiendo una conexi√≥n profunda con los corredores. Un a√Īo, decidi√≥ participar en la carrera. Vestido con su camiseta negra y pantalones deportivos, se uni√≥ a la multitud, quien se preguntaba por qu√© hab√≠a decidido correr. A medida que se acercaba a la meta, Andy sac√≥ un papel arrugado del bolsillo. En ese papel, que despleg√≥ con cuidado, hab√≠a escrito un mensaje: "Correr es mi forma de hablar". Todos quedaron conmovidos y lo recibieron con un aplauso ensordecedor. Andy demostr√≥ que, a veces, las palabras pueden ser innecesarias para expresar lo que llevamos en el coraz√≥n.

# 56 Jesus Maria Tadeo Venturini Madrigal

 

LA BATALLA

Compartir√© un campo con muchos, a cada uno enfrentar√©, tomar√© mis armas, blandire mi alma, a cada uno derrotar√©. Partir√© ma√Īana, rodeando el alba, camino a batalla, camino a vencer. Preparado voy, por a√Īos entrene, conociendo de esta grandiosa lucha, a la cual mi vida dedique. Voy sin lugar a dudas, a esta contienda ruda, afrontando el destino para el cual me forme. Hurgando en mis fuerzas, desenvaino potencia, la cual uso con paciencia en el transcurso de la competencia, llev√°ndola con ritmo, corazon y valor. Momento a momento lo tomo con vigor, compito en tus calles, en tu plaza y jard√≠n, compito en San Silvestre Salmantina, competencia que devuelve vida y otorga valor al combatir.

# 55 Rafael Soriazu Gual

 

RIVALES

Se conoc√≠an.Hab√≠an tenido sus m√°s y sus menos a lo largo de los √ļltimos a√Īos y a veces no muy deportivamente.Los dos iban ligeramente destacados,solo quedaban unos metros para finalizar pero...Uno tropez√≥ y cay√≥.F√°cil lo ten√≠a el rival,pero √©l no ganaba de esa manera.El tropel de corredores les super√≥,mientras el rival ayudaba a su compa√Īero a levantarse.Juntos cruzaron la l√≠nea de meta entre los aplausos del p√ļblico.

# 54 MARCELO GALB√ĀN GALB√ĀN

 

Pasos ancestrales

Hab√≠a quedado rezagado, cuando un callej√≥n oscuro apareci√≥ a mi derecha. Algo me hizo desviarme del trayecto establecido, y aparec√≠ en una plaza que no recordaba haber visto antes. All√≠, bajo un arco de piedra, descubr√≠ una imagen inquietante: un retrato de m√≠ mismo, en la San Silvestre; junto a √©l, otro corredor, una figura borrosa. Intrigado, segu√≠ las pistas que el cuadro suger√≠a. De plaza en plaza, callej√≥n tras callej√≥n, explor√© Salamanca como un laberinto tridimensional. Finalmente, llegu√© a un antiguo edificio que ocultaba un secreto. Al entrar, encontr√© un vasto archivo lleno de fotograf√≠as. El misterioso corredor borroso era un antepasado m√≠o. Este hallazgo revel√≥ que la carrera ten√≠a profundas ra√≠ces en mi familia. Horas m√°s tarde cruc√© la meta, pero ya no quedaba nadie all√≠. Di los √ļltimos pasos y mir√© a mi alrededor. Mis antepasados conclu√≠an tambi√©n, felices, fantasmales y cansados, levantando sus brazos, sus carreras.

# 53 Miguel Angel Zarzuela Ramírez

 

LA CINTA

Se coloca los auriculares, estira calcetines y cu√°driceps, calienta t√≠midamente y aborda la cinta. Con la mente puesta en la carrera de Salamanca, cierra los ojos. Hoy corre hacia el Sur. Llega a una playa tranquila de arenas blancas situada, esta vez, en la costa de Syldavia. Se cruza con Luis, su compa√Īero de trabajo, que le regala un gesto m√≠nimo de complicidad. A continuaci√≥n, son sus hijos los que corren en direcci√≥n opuesta mientras le ignoran y discuten por la consola. Y, precedida de una lluvia fina, aparece tambi√©n Amanda, la divorciada del tercero... Tras la ducha, ataca el d√≠a con energ√≠a, satisfecho con el progreso de su preparaci√≥n para la carrera de Navidad. Protagoniza la reuni√≥n de las nueve y recibe la felicitaci√≥n de su jefe. Y observa que, en las suelas de los impecables mocasines negros de Luis, a√ļn queda un poco de arena‚Ķ

# 52 Antonio Fern√°ndez Salamanca

 

Suave y Ligero

Es previsible imaginar que esta locura acabe en urgencias, y yo conectado a un pulm√≥n artificial. En plena decadencia cincuentona, y renegando del tiempo, tr√°fico, pol√≠ticos, gur√ļs iluminados, colesterol, y mis bolsillos vac√≠os, me acabo de ‚Äúdisfrazar‚ÄĚ de atleta. No voy a dar detalles del cuerpo. Mi forma f√≠sica huy√≥ despavorida hace a√Īos cuando se me ocurri√≥ calzarme unas zapatillas, y realizar un simulacro de estiramientos. Otra cosa bien distinta es mi esp√≠ritu: competitivo y ganador. Un le√≥n enjaulado. La √ļltima vez que corr√≠ fue en una manifestaci√≥n antinuclear en los 90, pero este Fin de A√Īo Salmantino va a suponer un punto y aparte en mi camino al Olimpo. Un pedacito de gloria, un sue√Īo para enmarcar. Al menos, que un amigo benevolente, me haga una foto en la salida ¬°En la salida, eh!

# 51 UVA

 

FORMULA MAGISTRAL

La receta del Doctor Collado lleg√≥ a la Farmacia con el tratamiento. -Corra usted la San Silvestre Salmantina y se le pasar√°n todos los males. La farmac√©utica dud√≥ si decirle que de eso all√≠ no ten√≠an. -Le preparar√© su f√≥rmula magistral. En la rebotica mezclaron trozos de zapatilla, pizcas de dorsal, onzas de sudor y un diente de prisa. El sabor final era amargo, pero nadie hab√≠a dicho que curarse no requiriera sacrificio. Tragaba a cucharadas soperas. Preguntaba si ya era el d√≠a, con la esperanza de que al correr, ir√≠a dejando atr√°s hasta las piedras del ri√Ī√≥n. Sali√≥ hacia la meta casi volando. Al terminar la carrera declar√≥ que se le hab√≠an pasado todos los males (los antiguos) pero que le dol√≠an los huesos a rabiar. Y que no era de recibo tener que esperar un a√Īo (hasta la siguiente San Silvestre Salmantina) para tener vida.

# 50 UVA

 

FORMULA MAGISTRAL

La receta del Doctor Collado lleg√≥ a la Farmacia con el tratamiento. -Corra usted la San Silvestre Salmantina y se le pasar√°n todos los males. La farmac√©utica dud√≥ si decirle que de eso all√≠ no ten√≠an. -Le preparar√© su f√≥rmula magistral. En la rebotica mezclaron trozos de zapatilla, pizcas de dorsal, onzas de sudor y un diente de prisa. El sabor final era amargo, pero nadie hab√≠a dicho que curarse no requiriera sacrificio. Tragaba a cucharadas soperas. Preguntaba si ya era el d√≠a, con la esperanza de que al correr, ir√≠a dejando atr√°s hasta las piedras del ri√Ī√≥n. Sali√≥ de la meta casi volando. Al terminar la carrera declar√≥ que se le hab√≠an pasado todos los males (los antiguos) pero que le dol√≠an los huesos a rabiar. Y que no era de recibo tener que esperar un a√Īo (hasta la siguiente San Silvestre Salmantina) para tener vida.

# 49 Juan Luis Gómez de Antonio

 

Dorsal 016

La decisi√≥n est√° tomada, hoy es el d√≠a, d√≠a en el que otro comienzo se abre paso a trav√©s del ansiaso final. Salgo de casa y me topo con gente, mucha gente corriendo. Caigo en la cuenta de que hoy es la San Silvestre Salmantina. En el suelo hay un dorsal, el 016, lo cojo y corro; pero no es una huida, solo es urgencia por abrir una nueva puerta. Los √ļnicos golpes que quiero escuchar a partir de ahora son los de las zapatillas contra el asfalto, los de mi acelerado coraz√≥n alcanzando la salida, la salida a una nueva vida. (016 tel√©fono de atenci√≥n a v√≠ctimas de violencia de g√©nero)

# 48 Jose Alvarez Nu√Īez

 

"La Meta de la Esperanza"

En la oscuridad de la fr√≠a noche salmantina, Paula, una corredora inquebrantable, se desvanec√≠a, sus pasos titubeaban. La San Silvestre parec√≠a una ilusi√≥n distante, pero su mirada fija en el arco de meta irradiaba un anhelo inquebrantable. A su lado, Carlos, un joven voluntario, sinti√≥ la determinaci√≥n de Paula y, con voz suave, le brind√≥ aliento. "Vamos, est√°s casi ah√≠, no te rindas".Con l√°grimas de esfuerzo y determinaci√≥n, Paula apret√≥ los dientes, cada paso resonando con la voluntad de vencer. El resplandor de la meta se acercaba, y una multitud se uni√≥ para animarla. Cruz√≥ la l√≠nea con un √ļltimo aliento, abrazando a Carlos en gratitud.En ese instante, comprendi√≥ que la San Silvestre no solo era una carrera, sino un s√≠mbolo de resiliencia y apoyo, donde cada zancada era un paso hacia la esperanza y la superaci√≥n.

# 47 Natalia Díaz S.

 

Correr por el c√°ncer

Nunca había corrido, sobre todo porque me daba pereza, pero todo cambió: tras el diagnóstico de síndrome de Lynch, decidió que correr era la mejor opción, y empezó a practicar todas las tardes. Su primera gran carrera fue la San Silvestre salmantina, aquel mes lleno de vida. En su memoria, aquellos tiempos de hospital, aquellas tardes donde creyó que todo estaba perdido. El sol de la ventana. Y desde aquel día, puedes verla cerca de la Catedral, siempre corriendo, y siempre viviendo.

# 46 Maria Mercedes Pailles Vergara

 

Sobre mi pecho retumban los corazones

Recib√≠ del abuelo su amor al deporte. F√©rrea disciplina llev√°ndolo a caminar sobre las manos a los ochenta a√Īos. Su se√Īorial cuello de oso y porte de atleta se asomaba entre sus pasos. Los a√Īos de campe√≥n ol√≠mpico fueron despertando un mundo de posibles. Dentro de la gimnasia r√≠tmica, los aros requieren toda la coordinaci√≥n y destreza. Aquella foto del abuelo jugueteando con los amigos despu√©s de la pr√°ctica cotidiana, se fue metiendo a mi alma. Su historia de campe√≥n ol√≠mpico despacito me habit√≥ Sus aros se volvieron mis piernas y delirantes ante el vuelo por el atletismo les crecieron alas. La disciplina del atletismo me salv√≥ una y mil veces. Cuando rendida, sent√≠a perderme, pensar en el abuelo me llevaba a tomar vuelo y no claudicar. La gran carrera Salmantina est√° cerca, late entre los corazones de los concursantes y mi pecho retumba, m√°s all√° de esta vida.

# 45 Iraldo Ramírez Tapanes

 

Los sue√Īos se hacen realidad

Los sue√Īos se hacen realidad Javier viv√≠a con su abuela en una isla. Desde joven ten√≠a sue√Īo guardados en un lugar especial, el coraz√≥n. Pero era rebelde,fumaba y beb√≠a. M√°s de una vez tuvo problemas con la polic√≠a, sin embargo, ha desidido practicar atletismo. Tendido sobre la verde grama del estadio so√Īaba con los ojos abiertos. Son√≥ el dispar√≥ y arrancaron los corredores..." Los sue√Īos se hacen realidad"-le dec√≠a su abuela. Espa√Īa. Lleg√≥ a Madrid y fue recibido sin quitarse el polvo del viaje, entonces se interes√≥ por la carrera de San Silvestre. Lleno la inscripci√≥n y pago lo estipulado.Recibio el dorsal con el mismo n√ļmero que portara uno de los grandes de su pa√≠s en las Olimpiadas de Montreal en 1976. Hab√≠a hechos cambios en su vida.No ten√≠a pretensiones de ganar. Lo importante era correr para atrapar esos sue√Īos guardados en un lugar especial,el coraz√≥n.

# 44 José Gómez Rodríguez

 

Carrera por la vida

Mientras corr√≠a rememor√≥ la firme determinaci√≥n que le impuls√≥ a practicar atletismo meses atr√°s. El objetivo no era reducir la obesidad ni mejorar el estado f√≠sico, sino insuflarse de optimismo para poder transmitir las ganas de luchar a la persona que m√°s amaba. Quiso reservar fuerzas y disminuy√≥ el ritmo. Daba igual si lo superaban, el √ļnico prop√≥sito era mostrarle que la rendici√≥n no era una opci√≥n. Cerca del final aument√≥ la velocidad. Cuando la vio entre el p√ļblico se despoj√≥ del gorro rosa que cubr√≠a su cabeza, rapada esa misma ma√Īana. Al reconocerlo, ella rio por primera vez en mucho tiempo y correspondi√≥ quit√°ndose el pa√Īuelo que ocultaba la ca√≠da del cabello por efecto del tratamiento. Acept√≥ la invitaci√≥n a acompa√Īarle abrazados y, en suave trote, llegaron felices hasta la meta de aquella San Silvestre que ser√≠a el inicio de la carrera por la vida que juntos ganar√≠an.

# 43 Juan Antonio Vicente García

 

TERAPIA

Llevaba unos d√≠as con ciertas molestias en los pies, pero lo de esta ma√Īana ha sido concluyente. Me he levantado con este picor, escozor, o qu√© s√© yo, que conozco de otras veces. Una vez que empieza va subiendo poco a poco por las piernas. La sensaci√≥n es extra√Īa, placentera por la activaci√≥n creciente de los tejidos y de la circulaci√≥n sangu√≠nea, e inc√≥moda, porque cuando empieza a ser excesiva, solo se calma si me muevo. S√© c√≥mo va a acabar esto, levant√°ndome cada ma√Īana y saliendo a correr, as√≠ aguanto el resto del d√≠a. Cuando veo a otras personas que corren me pregunto si lo har√°n tambi√©n como terapia. Este mal, como mi contrato, es indefinido discontinuo, empieza en septiembre y acaba con la San Silvestre Salmantina. Nadie tiene una respuesta m√©dica, bueno s√≠, mi psiquiatra, todo est√° en mi cabeza y el poder de atracci√≥n de la carrera.

# 42 Ramon Gonz√°lez Reverter

 

El corredor del fondo

EL CORREDOR DEL FONDO ¬ŅQu√© mejor manera de acabar el a√Īo que participando en una ‚ÄúSan Silvestre‚ÄĚ? De modo que me he inscrito en la popular carrera salmantina. Sin embargo, debo advertir que no soy un corredor de fondo, la √©lite de atletas profesionales cuyo tes√≥n les convierte en centauros del asfalto que devoran kil√≥metros hasta la meta, sino el corredor del fondo. S√≠, hab√©is le√≠do bien. Soy de los de atr√°s del caj√≥n de salida, en las √ļltimas filas. No pretendo ganar, ni siquiera competir para mejorar marca. Mi prop√≥sito es disfrutar de la actividad f√≠sica y compartir experiencias con cuantos me rodeen a lo largo del recorrido. Tan solo deseo mantener encendida la llama de la esperanza para sentirme vivo, porque cada d√≠a es un regalo que debemos aprovechar y la vida es demasiado preciosa para abandonarla sin haberle sacado todo el jugo.

# 41 Mari Jose Olite Merino

 

RECUERDOS

Comienzo la San Silvestre por esas calles plenas de embrujo. Giro levemente la cabeza para contemplar la imponente fachada de la Universidad Pontificia donde resuenan los ecos de las clases de anta√Īo. Me invade una cascada de emociones. Han transcurrido treinta a√Īos desde que mis sue√Īos vagaran por esos pasillos. Me ruborizo al pasar por la Casa de Las Conchas, testigo c√≥mplice de mi primer amor. Bajo la tenue luz de las farolas imagino una carroza que porta una bella dama hacia su cita prohibida; los caballos al galope, el cochero embozado en su negra capa. Vislumbro la meta, el cansancio aparece, un √ļltimo esfuerzo ante la estatua del que en otro tiempo anunciaba su regreso con aquel "dec√≠amos ayer...". Sonr√≠o y pienso: el tiempo no existe.

# 40 Carlos Miguel Herrera Molpeceres

 

¬° Recordando a √Āngel Basas !.

¬° Todos los a√Īos disputaba la San Silvestre de Salamanca, acompa√Īado o s√≥lo, el √ļltimo domingo del a√Īo; la prueba m√°s ilustre del atletismo salmantino !. ¬° El hab√≠a sido una vieja gloria del atletismo charro !. Campe√≥n de Espa√Īa de triple salto y ahora en los servicios m√©dicos de la "Real Federaci√≥n Espa√Īola de Atletismo" ;laboraba como fisioterapeuta. Una persona y un atleta excepcional, amigo de sus amigos, y que irradiaba felicidad y alegr√≠a; as√≠ era √Āngel Basas al que todos echaremos en falta. ¬° Descansa en paz amigo √Āngel, tu hijo tambi√©n, y la joven ciclista vallisoletana, Estela Dom√≠nguez, tambi√©n !. ¬° Qu√© pena, fallecidos en la maldita carretera !.

# 39 Francisco

 

EL OBJETO M√ĀGICO

Aquel era un gran d√≠a. Tras tres intentos fallidos, era su momento. Hab√≠a llegado a Salamanca en 2019 en busca de una vida mejor. Pero hasta ese a√Īo, poco hab√≠a cambiado. Un mes antes de la San Silvestre, su sue√Īo se hizo realidad. Esa ma√Īana se arm√≥ de valor y march√≥ hacia la jungla. Nunca hab√≠a estado en un sitio as√≠, lleno de tiendas en las que la gente gastaba demasiado. No los juzgaba, √©l iba a hacer lo mismo. Anhelaba aquel objeto m√°gico que le har√≠a flotar. Y all√≠ estaban, tras una pared de cristal, relucientes, llam√°ndole para que se hiciera con ellas. Los meses de sacrificio hab√≠an llegado a su fin. Sus ojos las anhelaban, ten√≠an que ser suyas. Como salidas del horno, con ese desconocido olor a nuevo, Bongani se enfund√≥ sus zapatillas y sinti√≥ como sus pies rug√≠an de felicidad. ¬°Estaba listo para volar!

# 38 Nelson Acevedo Betancourt

 

Retrato velado

Feliz la nieta con el regalo pensando en la ‚ÄúSalmantina‚ÄĚ y las fotos, aunque m√°s feliz el abuelo ajustando el obturador. Muy prolijo le ense√Īa el arte de insertar el rollo y como captar bellos paisajes. _ Hija, hazle un paneo al km 38, dicen que la carrera termina por aqu√≠ y prep√°rate bien para el evento como lo har√≠a la mejor competidora. ¬°√Čsta la ganamos! Luego de rotas las cintas; _ Abuelo, tres de las buenas se velaron, se est√°n saliendo del recuadro. Mejor ser√° que las bote. Me viene m√°s el atletismo. Y abstra√≠do el abuelo; _ gu√°rdalas hija, son las mejores. En ese velo va el aliento y la zancada de los que ya no est√°n;... ¬Ņalcanzas a ver a la gran Ana Isabel, los tenaces Basas, y la buena de Aljomar? _ S√≠ abuelo, guard√©moslas, hoy aprend√≠ que sin pasado no se retrata el presente.

# 37 Jorge David B√°rcena Vallejo

 

Tiza y piedra

En la trig√©sima carrera San Silvestre Salmantina conoc√≠ a Poli. Se hab√≠a tropezado y se encontraba dolida de su tobillo izquierdo, como solo me hab√≠a inscrito por diversi√≥n, me detuve a apoyarla. No era nada grave y con una venda que llevaba en mi rodilla envolv√≠ su tobillo, recordando mis clases de preparatoria de primeros auxilios, pero realmente fue el efecto placebo el que m√°s influy√≥ a que ella continuara con la carrera. Acabamos lo poco que faltaba a paso lento, era igual a la Maga de Cort√°zar, si hubiese le√≠do Rayuela despu√©s y no antes de conocerla, me hubiera deprimido m√°s el desenlace. Fantaseaba en todo momento, su pasado era parecido e incluso era madre soltera de un peque√Īo ni√Īo. Le pregunt√© si su hijo estaba enfermo. Contest√≥ que no. Lo m√°s impresionante es que su segundo nombre era Luc√≠a. Espero no convertirme en Oliveira.

# 36 Luis San José López

 

OFERTA

Hubiera dado la otra pierna por poder correr, otra vez, la San Silvestre Salmantina junto a ella.

# 35 Silvia Asensio García

 

La carrera de la vida

A sus casi ochenta a√Īos, Jorge se prepar√≥ para la carrera que siempre so√Ī√≥, la San Silvestre. Mientras avanzaba por el camino, su cuerpo se volv√≠a m√°s ligero, sus arrugas se suavizaban y su cabello se oscurec√≠a. El tiempo se desvanec√≠a y √©l retroced√≠a d√©cadas. De repente, estaba en su juventud, corriendo hacia sus amores perdidos y sus sue√Īos. Pasaron los a√Īos en un parpadeo y se encontr√≥ en la infancia, trotando hacia la casa de sus padres y el olor a comida casera envolviendo el aire. Continu√≥ avanzando, atraves√≥ el umbral de su nacimiento, donde sus padres lo recibieron con amor y alegr√≠a. Las risas de los amigos y familiares llenaron la estancia mientras el beb√© Jorge lloraba. Finalmente cruz√≥ la l√≠nea de meta donde los v√≠tores y aplausos lo rodearon. √Čl mir√≥ hacia atr√°s con una sonrisa agradecido por la ayuda de Caronte.

# 34 HEBERT POLL GUTI√ČRREZ

 

VICTORIA

En sus marcas, listos, fuera y‚Ķva en b√ļsqueda de la gloria. La San Silvestre Salmantina cambiar√° su vida. Es m√°s positivo que nunca, si ha derrotado tres veces en otras competencias a los casi invencibles Alberto S√°nchez Pinilla, √Āngel Fernando Oliva y al doble campe√≥n ol√≠mpico Eliud Kipchoge, sin utilizar sustancias prohibidas, no hay dudas, ser√° el nuevo campe√≥n. Se acerca a la recta de la verdad. El p√ļblico grita su nombre. El triunfo est√° cerca. Sus adversarios no pueden alcanzarlo. De repente, sale de su carril, brinca una valla, se agarra de un fornido polic√≠a y grita como tenor en concierto: ¬°Asilo Pol√≠ticoooo! Todos lo maldicen. Pero a Luis no le importa nada. Sonr√≠e y mira al cielo: Madre, lo logr√©. Soy libre‚Ķlibre‚Ķlibre.

# 33 Joaquín Iborra Mateo

 

Silvestre, veterano corredor

Mi padre, seg√ļn una tradici√≥n muy arraigada en el mundo rural, me puso el mismo nombre que a mi abuelo y a mi bisabuelo: Silvestre. Ya se pueden imaginar que el nombrecito me ha perseguido toda la vida. Decir que el nombre me ha marcado ser√≠a excesivo, pero es que Silvestre tiene muy mala abreviatura en espa√Īol, ni Silves ni Vestre funcionan. Cuando gan√© mi primera san Silvestre, ya en la categor√≠a de veteranos, el comentario inevitable al entregarme el trofeo era ¬ę¬°con ese nombre estaba claro que ten√≠a que ganar!¬Ľ. En cada san Silvestre que he ganado desde entonces el comentario se repite. Se repite tan inevitablemente que ya tengo preparada una respuesta para la ocasi√≥n: ¬ę¬°L√°stima no haber nacido mujer y que me hubieran puesto de nombre Olimpia!¬Ľ.

# 32 MARCOS P√ČREZ BARREIRO

 

El espíritu final

La soledad del corredor de fondo es la ant√≠tesis de Carros de fuego. Es decir, en la primera pel√≠cula, uno corre para ganar √©l y, en la segunda, uno corre para que ganen todos. Algo parecido sucede en la San Silvestre Salmantina. Uno corre para ganar √©l, pero, en realidad, uno corre para celebrar que corren todos. Ya que, cada vez que llega el veintis√©is de diciembre, yo corro para sentirme acompa√Īado. Porque me importa mucho lograrlo, y, adem√°s, deseo participar de una experiencia de entusiasmo m√ļltiple. De una fecha, que est√° marcada en el calendario de la cocina de mi casa, en color blanco. El blanco de un dorsal que me recordar√°, cuando finalice el a√Īo que, por fin, lo he conseguido. He conseguido alcanzar el esp√≠ritu de dos pel√≠culas tan fundamentales que, su salida, es la meta de un a√Īo, en el que he vencido a la soledad.

# 31 Felipe Mu√Īoz Natera

 

La grande bellezza

En medio del estruendo de zancadas y el palpitar de su coraz√≥n, avanzaba por las calles de Roma. El suelo caliente quemaba sus pies descalzos, pero √©l no se deten√≠a. Cada paso era un tributo silencioso a su infancia en Etiop√≠a, donde corr√≠a para cuidar a sus cabras y escapar. El mundo se maravillaba ante su haza√Īa, pero pocos conoc√≠an su lucha. Hab√≠a superado la adversidad, incluso una par√°lisis temporal que amenaz√≥ con robarle la capacidad de correr. Cerrando los ojos por un breve instante, record√≥ esos d√≠as oscuros en el hospital, con una fuerza de voluntad inquebrantable para recuperarse. Cuando cruz√≥ la l√≠nea de meta autom√°ticamente se convirti√≥ en un s√≠mbolo de la resiliencia humana. No solo hab√≠a batido r√©cords, hab√≠a demostrado que ning√ļn obst√°culo era insuperable. La multitud rugi√≥ en admiraci√≥n, pero la verdadera victoria de Bikila todav√≠a estaba por venir...

# 30 Ana Isabel Velasco Ortiz

 

Sin pausa

Segu√≠a corriendo. Era lo √ļnico que pod√≠a hacer. Primero fue el calor intenso que sec√≥ r√≠os y fuentes. Luego, la lluvia persistente que trajo tormentas y huracanes. Al poco, la tierra se hel√≥ bajo mis pies. Todo qued√≥ destruido, naturaleza, pueblos, ciudades y gentes. Los supervivientes hu√≠amos en busca de cualquier refugio inexistente. Sab√≠a que aquello era el final, deb√≠a encontrar la salida y sent√≠a que a√ļn me quedaban fuerzas para alcanzar el destino deseado. Una luz tenue me lleg√≥ e intu√≠ que deb√≠a aprovechar ese resquicio de vida. Mi cuerpo rasg√≥ la pantalla y, sin dejar de correr, atraves√© el patio de butacas entre murmullos y miradas at√≥nitas. Alcanc√© la calle y me incorpor√© a la San Silvestre salmantina.

# 29 Antonio Ruano Gómez

 

La noche de las zapatillas

La noche de las zapatillas. Bajo un cielo estrellado y el c√°lido resplandor de las farolas, la ciudad de Salamanca cobr√≥ vida en la noche de San Silvestre. Enfundados en sus mejores zapatillas deportivas, llenos de energ√≠a y entusiasmo. El rugido de la multitud anunci√≥ la salida de la carrera. Luces destellantes de linternas y zapatillas iluminaban las calles mientras los corredores avanzaban. A lo largo del recorrido, bandas de m√ļsica tocaban melod√≠as festivas y espectadores vitoreaban a los participantes. El coraz√≥n de Salamanca lat√≠a con fuerza. La San Silvestre se convirti√≥ en una noche de solidaridad, superaci√≥n y alegr√≠a, donde j√≥venes y mayores compart√≠an el esp√≠ritu de la competici√≥n. Al cruzar la meta, los corredores se abrazaban, exhaustos pero felices. Salamanca demostr√≥ que la uni√≥n, la pasi√≥n y el esfuerzo pueden crear un evento inolvidable que une a una ciudad y la llena de magia en la v√≠spera de un nuevo a√Īo.

# 28 RA√öL GARC√ČS REDONDO

 

INFLUENCER

Antes de tomar posici√≥n en la l√≠nea de salida, le record√≥ las instrucciones a su pareja una vez m√°s. Era muy importante que las siguiese a pie juntillas. Tener tant√≠simos seguidores implicaba una gran responsabilidad. En avenida Mirat, fotograf√≠a de frente, a la altura de la Plaza Mayor instant√°nea desde atr√°s, llegados al Puente Romano, una panor√°mica general, primer plano de las zapatillas en Libreros ‚Ķ. Cuando finaliz√≥ la carrera, envuelta en sudor y las pulsaciones martille√°ndole la sien, decidi√≥ que el a√Īo pr√≥ximo tambi√©n ella participar√≠a en la San Silvestre.

# 27 Jes√ļs Espeso Arroyo

 

Renacer

El √ļltimo d√≠a del a√Īo, la San Silvestre Salmantina aguarda. En la l√≠nea de partida, mi coraz√≥n galopa al comp√°s de la multitud. La carrera comienza con un estruendo. Los primeros kil√≥metros se pasan entre risas y √°nimos, pero la fatiga llega al ecuador. Lucho contra mis propios demonios, en compa√Ī√≠a de desconocidos que se vuelven camaradas. La Cuesta de Moneo parece insuperable, pero la euforia de la multitud me impulsa. A un kil√≥metro de la meta, el agotamiento acecha, pero recuerdo la resiliencia que esta carrera ha ido forjando en m√≠. Cruzo la meta con una sonrisa, rodeado de v√≠tores. No es solo una carrera, es un viaje emocional, una lucha contra uno mismo, una celebraci√≥n. Cada a√Īo regreso para renacer y descubrir la fuerza que habita en m√≠.

# 26 Rodrigo García Barquín

 

Abuelo

En la √ļltima tarde del a√Īo, Salamanca se llen√≥ de corredores ansiosos por la San Silvestre. Ana, una joven atleta, se encontraba nerviosa en la l√≠nea de salida. La carrera representaba un desaf√≠o personal y una oportunidad para honrar a su abuelo. La multitud rugi√≥ cuando comenz√≥ la carrera, pero Ana no estaba sola. A su lado, su abuelo, con canas y sonrisa en el rostro, la acompa√Īaba. Juntos, cruzaron las calles de la ciudad, compartiendo risas y esfuerzo. Cada zancada era un v√≠nculo entre generaciones. A medida que se acercaban a la meta, la emoci√≥n llenaba sus corazones. Cruzaron la l√≠nea de llegada tomados de la mano, una imagen de amor y unidad. En esa noche m√°gica, Ana comprendi√≥ que la San Silvestre Salmantina era mucho m√°s que una competici√≥n; era una oportunidad para compartir momentos especiales con aquellos que amaba.

# 25 Ana Bernal

 

La Tribu

Siempre he corrido entre bosques de hayas de casta√Īos; prana de √°rboles que recorre mi cuerpo y me llena de vitalidad y presencia. Hoy, sin embargo, participo en la carrera urbana de las Navidades. Nunca se me ocurri√≥ pensarla como una carrera donde una se descubre a s√≠ mismo, como cuando corro entre √°rboles. Y nunca , pero nunca, se me ocurri√≥ sentir a la masa de p√ļblico como a mi tribu q con sus gritos de √°nimo me dec√≠an que estaban conmigo en mi dolor y en mi reto, y q al fin y al cabo, ellos y yo‚Ķ ¬°√©ramos lo mismo!

# 24 ANTONIO OLMOS BELMONTE

 

no tuve mas remedio que parar

Llegando al antiguo puente romano no pude menos que admirar el maravilloso e ic√≥nico verraco de piedra gran√≠tica. Esto a su vez me hizo recordar el pasaje del Lazarillo de Tormes que, cuando iniciaban su camino aqu√≠ mismo, antes de cruzar el puente, el ciego le gasta una broma haciendo que L√°zaro se acerque a la piedra y le da un gran coscorr√≥n. Pensar esto hizo que me diera la risa y no tuve m√°s remedio que parar. Y ya parado, admirar embobado el impresionante puente de piedra que dicen construy√≥ el mism√≠simo H√©rcules. ¬ŅQui√©n me puede reprochar tomar el tiempo necesario para contemplar tan enorme belleza? ¬°Vale que estoy corriendo la San Silvestre! Pero ¬Ņy qu√©? esta carrera se hace cada a√Īo, pero admirar aquello s√≥lo‚Ķcuando me apetezca, que soy de Salamanca. Nada, no cuela. De aqu√≠ a meta se me ocurrir√° alguna escusa mejor.

# 23 Pablo Pérez Moya

 

Yo al igual

Una gota de sudor frio resbalando por tu cuello lo es todo. El instante previo a cruzar la l√≠nea; los v√≠tores, la emoci√≥n, la hermandad. Sientes como desciende y tragas, previo al √ļltimo esfuerzo. Al otro lado te esperan. El tiempo se congela y ves sus expresiones. Alegr√≠a, orgullo, √°nimos. Les pertenece a quienes al delante permanecen y a los que a√ļn est√°n por cruzar. Y te pertenece a ti, que has esperado todo un a√Īo para llegar hasta ah√≠. Cruzas y la gota termina de caer junto a las dem√°s. Sonr√≠es y el j√ļbilo y la realizaci√≥n tambi√©n se apoderan de ti. Lo celebras junto a quienes abrazas. El primero ya cruz√≥ la l√≠nea hace mucho. Pero eso da igual. Las sensaciones te invaden de la misma forma. Porque esta tambi√©n es tu carrera.

# 22 Manuel Benito Ingelmo

 

Debajo del reloj, como siempre

Los chicos de mi colegio ten√≠amos poco en com√ļn, solo que CRECIMOS juntos. En Navidades nos gusta quedar para ver c√≥mo panzas y calvas crecen de forma acompasada. Un a√Īo, Paco, al que hab√≠amos perdido la pista, nos cit√≥ en esas fechas. Como siempre quedamos debajo del reloj, el domingo a las 12. Ninguno sab√≠amos que ese d√≠a era la San Silvestre. Cuando llegamos, unas vallas nos imped√≠an reunirnos. Empezaron a llegar los primeros atletas y unos minutos m√°s tarde de las 12 pas√≥ Paco. Le reconocimos r√°pido. Ven√≠a corriendo con otros 5.000 atletas y con una pancarta que dec√≠a: ‚ÄúUna ca√Īita en la meta‚ÄĚ. Nos choc√≥ la mano uno a uno, a cada lado de la valla. Ahora cada a√Īo quedamos debajo del reloj. Y despu√©s de correr 10 kil√≥metros, nos tomamos una ca√Īa, y si se tercia, un cocido. CRECIMOS juntos y en paralelo.

# 21 Miguel Marinovic Sfeir

 

Flash

¬°Bang! Adrenalina a tope. Pulso musical. Frente sudada. Brazos meci√©ndose. Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Flashback: punzada en el aductor. Flashback: grito desgarrador. Flashback: suelo fr√≠o. Flashback: luz en el quir√≥fano. Flashback: silla de ruedas. Flashback: rehabilitaci√≥n. Flashback: pasos de beb√©. Flashback: disciplina. Flashback: perseverancia. Flashback: pasos de hombre. Flashback: entrenar. Camiseta mojada. Sorbo de agua. √öltimo kil√≥metro. Mente turbada. Visi√≥n difusa. Ritmo inestable. Piernas temblorosas. ¬ŅY el aductor? ¬°El aductor! Ve la meta. Le aprieta el pecho. No se detiene. Un poco m√°s. Le queman los pies. Otro poco m√°s. Se tambalea. Cruza. ¬°Lo logr√≥! Detiene su cron√≥metro. Se deja caer. Mira al cielo. Sonr√≠e. Respira. Baja las palpitaciones. Se levanta. Est√° tieso. Camina con dificultad. Abraza a su familia. Derrama l√°grimas. Agradece. Sin podio, pero campe√≥n. Flash forward: ¬°Bang!

# 20 Juanma Velasco Centelles

 

Temblores de iniciación

Me sobrecoge mi timidez de principiante. Y lo masivo de indumentarias deportivas. He preferido correr en solitario pese a la numerosa oferta de lazarillos. Medio estiro. Las doce y veinticinco. Apenas cinco minutos para el comienzo de la San Silvestre de mi Salamanca, mi debut competitivo. Evoco las palabras del neur√≥logo y sonr√≠o. El hormigueo, como radiaci√≥n de fondo, sigue acantonado en la pierna derecha. A mis 34, menos todav√≠a que popular por mi pobre nivel atl√©tico, pero m√°s que singular por mi nueva condici√≥n fisiol√≥gica, debuto con la pretensi√≥n de reiterarme en sucesivas ediciones, pero el destino dicta sentencias con ojos vendados. ‚Äď Desaconsejo tu participaci√≥n. No podr√°s terminarlo ‚Äďrestallan ahora esas palabras en mi consciente temeroso ante lo inminente. Se equivocaba. El diagn√≥stico, tres meses atr√°s, de Parkinson prematuro ha vuelto implacable mi determinaci√≥n de concluir esta trig√©sima edici√≥n. Arrecia un disparo. Me estremezco y no interviene el fr√≠o.

# 19 ANA MAR√ćA ABAD GARC√ćA

 

CUATRO ESTACIONES

√öltimamente he estado teniendo sue√Īos extra√Īos. En primavera me despertaba de madrugada con la absurda sensaci√≥n de tener cuatro patas y haber pasado la noche recorriendo las llanuras a galope tendido. Cierto hormigueo en mis pies me dejaba un regusto inquietante, aunque mi mujer parec√≠a complacida con mi mayor fogosidad en el lecho. En verano dorm√≠a mal, agitado, siempre con un arrollador impulso de saltar por la ventana y planear sobre las casas. La aparici√≥n de plumitas pardas por los rincones no contribu√≠a a mi tranquilidad de esp√≠ritu. En oto√Īo, el rumor de los riachuelos me anegaba el cerebro y me impel√≠a a nadar contra corriente. Mi piel se desescamaba continuamente, y un ligero tacto membranoso en los dedos me ten√≠a preocupado. Finalmente, el invierno me devolvi√≥ el sosiego: ni aletas, ni alas, ni cascos, tan s√≥lo dos piernas y la San Silvestre, tan s√≥lo un corredor m√°s entre tantos.

# 18 Rafael Souza Farquharson

 

Atletas

Sudor, esfuerzo, frío, calor, intensidad, transición, cambio, adaptación, dolor, alegría, Pasión, motivación, voluntad, permanencia, constancia, precisión, firmeza, perseverancia, control, fuerza, destreza, inteligencia y al final atletismo.

# 17 Marcos Maggi

 

LA PERSECUCI√ďN

Nunca te conoc√≠, pero sigo corriendo contigo en la San Silvestre Salmantina. Voy siempre en el pelot√≥n del medio, procuro no perderte de vista y que t√ļ no me veas. Es la costumbre, porque si fuera a tu lado, tampoco me reconocer√≠as, aunque tal vez notarias demasiado el amor en esta mirada, en los gestos, en la proximidad de mi carrera con la tuya. Por eso cada a√Īo me escondo entre el grupo mayor de atletas y, ni bien atraviesas la meta, finjo cansancio, abandono y me marcho por un costado del circuito. Soy detective. Me enamor√© de ti hace 10 a√Īos, cuando tu esposo me contrat√≥ para seguirte.

# 16 Gloria Fern√°ndez S√°nchez

 

TODO EL MUNDO MIENTE

Aparca la moto. Llega desde el campus Miguel de Unamuno: el doctor House se dispone a correr la San Silvestre. No importan el infarto muscular de su pierna derecha, ni el bast√≥n en llamas, pues el tratamiento de ketamina va a funcionar hasta fin de a√Īo. Por si acaso, porta con √©l su alijo de Vicodin. Pero las normas son de obligado cumplimiento. Con buenos modales le retiran el bast√≥n. Corre en √©xtasis bajo la euforia de quien se ha visto paralizado. Intuye las se√Īales de llegada como en un trance on√≠rico. Es el tercero en traspasar la meta. Se acercan sanitarios para la prueba de t√≥xicos. ‚ÄĒ¬ŅC√≥mo se atreven? ¬°Hace mucho que dej√© las drogas! ‚ÄĒgrita en un aceptable castellano. Ante su prestigio, se retiran. Sube al p√≥dium, exhausto. Y mientras le colocan su medalla, sonr√≠e. ¬ęTodo el mundo miente. Todos. Todos‚Äļ‚Äļ.

# 15 Mauricio Gerardo Rodríguez Cobas

 

Superando la paradoja de Zenón.

Primeros cien metros, mi sangre hierve como nunca. Esta presión en mi pecho, con la mirada fija sobre la meta, hace que mis piernas cobren vida propia. Con cada paso me siento estático, y que en cambio empujo a la tierra misma con las pisadas que doy. A pesar de estar rodeado en una multitud enorme, con mismos objetivos, en este coloquio no hay fiereza suficiente para acallar mi embestida; en la pista, es así. En un instante que el mundo desaparece, a tan solo 100 metros de la meta, con cada segundo que pasa, la pesadez en mi cuerpo entero me grita que descanse, pero ese fue el pecado de Aquiles en aquella paradoja con la tortuga, y a tan solo cien metros de atraparla, no perderé el mismo ahínco con que comencé. De pronto, 10 metros, un centímetro, he llegado, ¡y la multitud enloquece en San Silvestre Salmantina!

# 14 Francisco Leal Amado

 

Una duda

Estaba at√°ndole los cordones cuando sali√≥ con aquella ocurrencia. -Papi, ¬Ņtambi√©n hay una carrera que se llama San Piol√≠n? -¬ŅC√≥mo? -respond√≠. -Si esta es la San Silvestre, con m√°s raz√≥n habr√° una del pajarito, ¬Ņno? Es a √©l al que persigue el lindo gatito -argument√≥. -Pero a nosotros no nos persigue nadie, cari√Īo. -¬ŅY eso qu√© tiene que ver? -contraatac√≥. Raz√≥n no le faltaba. En todo. Ya preparados para la salida, me acord√© de √©l, que me hab√≠a inculcado la tradici√≥n de correr esta carrera en familia. Y no pude sino sonre√≠r, con amor no disimulado. Algunas preguntas comprometedoras m√°s tarde, la carrera arranc√≥ y mir√© a Jorge, que sali√≥ como una centella hacia adelante. -Vamos, pap√°. ¬°Me pido Piol√≠n! -¬°Ven aqu√≠, pajarete! -grit√© mientras corr√≠a hacia √©l, con una intensidad media para no llegar desfondado a la meta. Y en esta ocasi√≥n lo pill√©. Este ni√Īo est√° para com√©rselo.

# 13 ENRIQUE SANTANA SOTO

 

LA RALIDAD

Mis padres apuntan que para qu√© corro. Marchar a Salamanca, nada m√°s para correr, no lo entienden. Llevo meses prepar√°ndome para correr el fin a√Īo, despu√©s de que me lastim√© la rodilla en una bajada escurridiza, cuando un perro quiso morderme, lo hizo. Mis hijos y mi esposa creo que me comprenden. Al menos no me objetan, me regalaron unos tenis el d√≠a de mi cumplea√Īos. Me acompa√Īan con la dieta. A veces, me levantan cuando suena el despertador y no me despabilo. S√© que puedo desplomarme en los primeros kil√≥metros, pero tengo la preparaci√≥n y la voluntad para seguir adelante. Enfrentar mis pensamientos de Mi sue√Īo es terminar en primer lugar. Mi realidad es terminar la carrera. Esto es suficiente.

# 12 Esperanza Tirado Jiménez

 

¬ŅCorrer√≠as?

Mirar al cielo de Salamanca, entre las torres. Y entonces despistarte de la ruta trazada, casi perder tu dorsal y pisarte los cordones de las zapatillas por querer seguir los pasos de tantos ilustres an√≥nimos que dejaron su huella por las piedras de estas calles. Doblar cada esquina, imaginando encontrar a un ajado Lazarillo hambriento de justicia, o a un Unamuno so√Īando con formaciones de cocotas nada vulgares. Colarte en un jard√≠n de la mano de una Celestina, en pos de un ‚Äėapa√Īo‚Äô. Despertar al fr√≠o de la ma√Īana invernal, ara√Īando tus latidos. Y concentrarte en tus pasos; adentr√°ndote en una marabunta de almas en movimiento, gritos de √°nimo y disfraces a todo color. Si t√ļ estuvieras all√≠, en diciembre, ¬ŅCorrer√≠as?

# 11 CARMEN

 

MI GRAN PRUEBA

Algo marcha mal. Hace rato que dieron la salida de la Sansil, y estoy retrocediendo en lugar de avanzar. Llevo prepar√°ndome todo el a√Īo para este d√≠a y, sin embargo, no he podido evitar regresar por donde vine. Los que se hayan percatado estar√°n pensando que no estoy bien de la cabeza. Un t√≠o como yo, atleta habitual de esta carrera, con varios primeros puestos, ocupando un lugar privilegiado en la cabeza del pelot√≥n y, llegado el momento, entorpeciendo la salida, para abrirme paso entre la marabunta y correr en sentido contrario. ¬°Debo estar majara! Aparte de descalificarme y sancionarme, estoy seguro de que me prohibir√°n volver a participar. ¬°Madre m√≠a!, pero ¬Ņpor qu√©? Ha sido algo instintivo. Not√© un runr√ļn en mi cabeza, un malestar en el est√≥mago. ¬°Dios m√≠o, ya recuerdo‚Ķ! Dej√© un fuego encendido. Mi hijo duerme. Suenan las sirenas. Acelero. Debo llegar antes que ellos.

# 10 √Āngel Saiz Mora

 

CIFRAS Y LETRAS

Los altibajos de su cerebro son imprevisibles, pero all√≠ est√°bamos, con pantal√≥n corto, en el caj√≥n de salida de la San Silvestre Salmantina. Rodeada de n√ļmeros, mi madre sonre√≠a. Antes de que yo ajustase el dorsal a su camiseta con imperdibles, ella hab√≠a sumado la cifra, tambi√©n las de otros corredores, un c√°lculo m√°s divertido que los ejercicios recomendados por la doctora para retrasar su demencia progresiva. Pasada la alfombrilla de salida, vino a su memoria que en el paseo de San Antonio se le declar√≥ mi padre, que en el del Rollo dije mi primera palabra. El ejercicio suave sobre calles empedradas y asfalto mejoraba su estimulaci√≥n cognitiva. Nunca pens√© que las dos entrar√≠amos juntas en una l√≠nea de meta, llena de gente que aplaud√≠a a una anciana entra√Īable y a su hija. Esa noche se acost√≥ emocionada, no menos que yo, despu√©s de escribir este microrrelato.

# 9 Socorro Retamero Olmos

 

La mascota de San Silvestre

Bajo el fr√≠o sol de San Silvestre, los atletas atraviesan la ciudad engalanada de navidad. Corren dichosos, sudorosos, orgullosos‚Ķ triunfantes todos. Desde lo m√°s alto del campanario de la catedral, una triste cig√ľe√Īa, sola en el nido, otea la marea de corredores. Sus viejos ojos se confunden: ¬ęsu bandada ya migra hacia tierras m√°s c√°lidas¬Ľ, piensa, y, uni√©ndose al esfuerzo colectivo, se pone en pie sobre sobre sus patas reum√°ticas, despliega sus cansadas alas, e inicia el vuelo. Desciende despacio, sobrevuela a los participantes m√°s r√°pidos en sentido inverso, se sit√ļa a la cola, y los sigue hasta la meta.

# 8 Gerardo Guinea Gonz√°lez

 

Se mete en la madriguera

Las gotas saladas que hab√≠an nacido en mi frente, dorm√≠an esparcidas sobre el asfalto. Mi coraz√≥n, como un caballo desbocado, bombeaba sangre a mis rodillas magulladas. En lo alto, la Cruz de San Ignacio, parece apiadarse de m√≠. Literalmente, cruc√© la meta volando para caer unos metros m√°s adelante sobre el alquitr√°n del Paseo de San Antonio. La voz de mi infancia resuena en mi cabeza. Aquella que me dec√≠a, cuando me ense√Īaron a atarme las zapatillas, ‚Äúy el conejo, despu√©s de dar una vuelta al √°rbol, se mete en la madriguera‚ÄĚ. En mi pie, un cord√≥n desatado, culpable de mi tropiezo, se r√≠e burl√≥n.

# 7 ISABEL GARC√ćA VI√ĎAO

 

POR UN CRUCE DE MIRADAS

Julio, un corredor veterano de la San Silvestre Salmantina, durante las navidades, visita todos los d√≠as la rana de la fachada de la Universidad de Salamanca. La leyenda dice que ayuda a contraer matrimonio. Sin embargo, su deseo es el contrario: separarse. Separarse de su mujer insoportable que le recrimina su comportamiento en la Salmantina: Que si eres amable y atento con los corredores y la organizaci√≥n; colaborador, respetuoso y franco; demasiado buen compa√Īero y servicial ‚Ķ Pero conmigo, ¬°que si quieres arroz Catalina! Llega el √ļltimo domingo de diciembre. En el calentamiento preliminar de la carrera, Julio cruza su mirada con otra veterana. Salta la chispa. Esa mirada, que le produce la sensaci√≥n de que varios ciempi√©s bailan en su est√≥mago, le da las fuerzas para separarse y el batracio para volverse a casar. ¬°Nunca es tarde ni para carreras ni para otros menesteres!

# 6 JUAN CARLOS REBOLLO HERRERA

 

√öLTIMO D√ćA DEL A√ĎO

La piedra dorada de los edificios perd√≠a su genuino color, los rayos de sol eran escasos en el frio invierno que ya era pleno pero las calles se llenaban de colorido el √ļltimo d√≠a del a√Īo, los corredores surcaban animados las calles y r√ļas helm√°nticas. C√°mara en mano, camino despacio por la Compa√Ī√≠a, a lo lejos, atisbo una masa colorida que se acerca rauda hacia m√≠ y aprovecho para captar el momento, una, dos, ...cientos de instant√°neas en muy corto tiempo. A mi llegada a casa, reviso todas las fotos en mi ordenador, me sorprende una de ellas, doce conchas como doce uvas formaban el fondo de aquel encuadre repleto de corredores en primer plano, ¬ŅFue casualidad?. El nuevo a√Īo se acerca ya.

# 5 Miguel √Āngel Carcel√©n Gand√≠a

 

EL TRIUNFO.

Hab√≠a trastabillado nada m√°s comenzar el cross y el dolor que sinti√≥ al doblarse el tobillo se hizo casi insoportable a mitad del recorrido. Miraba el cron√≥metro y los ojos se le aguaban. Intent√≥ centrarse en la bonita imagen que conformaba la niebla sobre los humedales, pero los continuos adelantamientos lo devolv√≠an a la realidad. Su intenci√≥n de lograr una meritoria posici√≥n dentro de la categor√≠a de veteranos se alejaba a pasos agigantados. ¬°Qu√© p√©simo broche para toda una carrera dedicada al medio fondo! Rebasaba en m√°s de una hora el tiempo previsto, pero no abandon√≥. Aunque fuera a rastras, pero estaba decidido a terminar la √ļltima competici√≥n de su vida. Y lo logr√≥. Lleg√≥ el √ļltimo. Y entonces lo comprendi√≥. Como siempre, junto a la l√≠nea de meta, vio a su mujer, aplaudiendo, animando, sonriendo, orgullosa‚Ķ As√≠ hab√≠a sido siempre, aunque √©l hubiese necesitado d√©cadas en percatarse de ello.

# 4 Florentina Gonz√°lez Martin

 

Superhéroes

Nunca olvidar√© aquella primera vez que llev√© a mi hijo a la San Silvestre salmantina. Me hab√≠a costado horrores convencerlo para participar, porque...si no hab√≠a cole, ¬Ņ para qu√© le hac√≠a madrugar? Y siempre era m√°s apetecible ver los "dibus" en la enorme pantalla del sal√≥n y disfrutar de sus Superh√©roes preferidos,a los que siempre quer√≠a imitar. - ¬°Mira,Hugo,acabamos de adelantar a Superman! - ¬°Arre,arre,pap√°! -me espolea mi reanacuajo de cuatro a√Īos,entusiasmado-¬°Que nos pilla la tortuga Ninja! -se√Īala a mi derecha con su dedo regordete, ri√©ndose sin parar, mientras observamos c√≥mo nos sobrepasa un caparaz√≥n verde con m√°scara violeta para los ojos. -¬°A por ellaaaa...! -exclamo, dej√°ndome llevar por su ilusi√≥n -¬°Que no escape! -¬°Eh,t√ļ√ļ√ļ√ļ...!¬°Donatello! -grita a pleno pulm√≥n desde mi grupa y ante mi sorpresa -¬°Que mi h√©roe es mi pap√°√°aa...!

# 2 Julio Isaac S√°nchez Villanueva

 

GEN√ČTICA Y MENTALIDAD

Ragh√ļ se preparaba para correr por en√©sima ocasi√≥n la carrera de ‚ÄúSan Silvestre Salmantina‚ÄĚ, la reflexi√≥n en su mente era el dilema de no aceptar sus circunstancias anteriores concibiendo otro fracaso m√°s en su historia deportiva, pues al recordar sus eventos anteriores, en los que, aunque efectuaba importantes variaciones, siempre volv√≠a a perder, como si se tratar√° del ‚Äúur√≥boros‚ÄĚ que, al concluir de devorar su cola, se convert√≠a en un incesante volver a empezar. Pero ahora, el d√≠a promet√≠a una gran sorpresa, pues en su laboratorio de biolog√≠a experimental hab√≠a logrado fortalecer su gen√©tica como un ‚Äúguepardo‚ÄĚ, por lo que, el ser m√°s r√°pido ya no era un concepto ajeno e incomprensible y ganar la carrera era ahora posible, sin embargo, la complejidad del hecho le perturbaba, pues estaba latente la posibilidad de no poder romper la continua apat√≠a de no triunfar al no cambiar su presente mentalidad.

# 1 Gonzalo Prieto Barrera

 

PROP√ďSITOS IGUALES

-¬Ņ..Porqu√© corriste...? -Por salud- Jadeante respondi√≥ el obeso ejecutivo, devor√≥ el √ļltimo bocado antigrasa y se fue escoltado por imponentes guardaespaldas. -..¬Ņ Y t√ļ porqu√© corriste...? -Por salud- Jadeante respondi√≥ el escu√°lido hombre, devor√≥ el √ļltimo bocado de un mendrugo y se fue escoltado por demacrados polic√≠as.

 

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